jueves, 31 de marzo de 2011

Prada eres y en Prada te convertirás

Seamos sinceros, como José del Río Sanz cuando confesó: “He recibido banquetes y homenajes, una puñalada y una flor natural, que es lo que más me duele”. Diré que esa adscripción a la estela de Prada, del que no pude terminar casi ningún artículo nunca aunque lo intenté varias veces, sí es un inesperado golpe de ceniza en mi frente. Bueno, estando en cuaresma, no dejará de serme útil.

Por lo demás, que un señor que sueña 
con Baltasar Garzón de presidente de la tercera república o que lee el diario Gara con hondas cabezadas de asentimiento ponga ciertas objeciones a mis ideas, me parece lo más natural del mundo. Lo chocante sería lo contrario. Como ese señor es, fuera aparte, uno de los mejores críticos literarios de España, lo que me importa es esto: "Enrique García-Máiquez, un poeta a la vez ingenioso y hondo, un prosista tocado por el dedo de la gracia", que le agradezco de veras.

miércoles, 30 de marzo de 2011

La impotencia del poder

Por favor que no parezca que califico esto de buenas noticias por optimismo antropológico. En verdad, nada puede alegrar más a un partidario del Estado de Derecho que ver al poder ejecutivo limitado por el poder judicial. Esa impotencia de los emisarios y los etarras que reflejan las actas vale su peso en oro. También hay un motivo personal: comprobar que asistir a aquellas manifestaciones convocadas por las víctimas sirvió de algo. La sospecha de la insignificancia es el gran peligro del compromiso social. Estos ánimos nos vienen bien. El domingo estuvimos en la plaza del Ayuntamiento del Puerto convocados por Derecho a Vivir. Algunos entusiastas corearon esta aleluya: 
Contadnos bien: 
estamos más de cien. 
A la que uno estaba tentado a responder:
Aunque quizás 
no muchos más. 
Pero conste que con orgullo. Como Heráclito el Oscuro, no hay que hacer nunca del número una cuestión esencial. Lo importante es estar y tener razón.

martes, 29 de marzo de 2011

Al fondo de la foto

Propone Suso que engorde un poco en solidaridad con mi embarazadísima mujer. ¡Qué deliciosamente ingenuas son estas amistades virtuales! Nadie a doscientos kilómetros a la redonda me diría eso, porque no hace falta, ay, decirlo. Y encima no he llegado a este estado por solidaridad, sino por glotonería. Si hasta me como los rotuladores…
Con todo, Suso, se agradece.

Lección de estilo

Más o menos es menos.

Automatismo

Nuestro embarazo sigue avanzando, y ya se nos nota mucho. En Leonor, salta a la vista. Nadie duda ahora si habrá engordado un poco y por fin la felicitan directamente, sin prudentes circunloquios.  Y a mí me salta la vista tras todos los que me cruzo. He adquirido el hábito mental de imaginármelos en estado de buena esperanza, quiero decir, en situación fetal, cuando eran esperados por sus santas madres, tan chiquititos e inocentes, tan indefensos y puros. Me cruzo con un ejecutivo y lo pongo, sin chaqueta y sin corbata, a palpitar, tan tranquilo, sin estrés, en su ecografía de los tres meses. O adelanto —bajándome de la acera— a un vejete y no puedo evitarlo: pienso en sus padres del año del catapún, jovencísimos, cogidos de la mano, cuando lo esperaban con tanta ilusión…, tanta que setenta y tantos años después aún le nimba la figura encorvada. Si me cruzo con algún tipo feúcho, me lleno de ternura, pues sé lo guapo que lo encontraría su madre en el momento luminoso de darlo a luz. Sé que debería ver a todos mis prójimos como hijos de Dios, y lo intento, repitiéndome al oído la teoría. En la práctica sentimental, hasta hace poco sólo llegaba a verlos como hijos de vecino. O en ciertos instantes a recordar intensamente a Montaigne, cuando decía que todos son condenados a muerte y por eso había que tratarlos con piedad y concederles sus últimos deseos. Ahora para mí son los viejos hijitos de sus padres. Y siendo un paso atrás en el tiempo, es un progreso, aunque todavía me queda mucho que avanzar, claro. 

lunes, 28 de marzo de 2011

Un jugadón

Salgo de misa en los jesuitas. Los alumnos juegan al otro lado de la verja un partido de fútbol. Ha de ser importante, por las equipaciones de gala, por el afán con el que corren, por la cantidad de público y por los gritos de ánimo. Entonces, el balón salta la valla y se pone a botar a cámara lenta, ufano de su travesura, en la calle. Pienso en mi dignidad y no cruzo corriendo para devolverlo… Ya saldrá, me excuso, algún muchacho encantado de su fugaz escapatoria del colegio. Pero aparece en el horizonte una furgoneta vieja de Cárnicas Ortega con un cerdito pintado en su flanco. Veo nítidamente como al conductor se le iluminan los ojos a la vista del balón. Frena. Echa ruidosamente el freno de mano. Pone las luces de posición. Salta de la furgoneta. Corre a la acera. Y con un hermoso estilo, devuelve de un chute perfecto el balón, que dibuja una nítida parábola de vuelta por encima de la verja. Corre. Desenfrena. Quita las luces de posición. Acelera. Los coches de atrás ni tiempo de pitar han tenido. Cuando pasa a mi altura —yo no he dejado de andar durante toda la jugada— todavía va sonriendo.

domingo, 27 de marzo de 2011

Ángel Mendoza 5/4

,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,LLUVIA

Después de largas décadas de sol
(tierra amarga de fiebre, malheridas
praderas, peces muertos, viento gris,
luna sin pozos, nubes descosidas),
está lloviendo azúcar. Mójate
del invierno más dulce de tu vida.
........................................[Inédito. Vía]

Sin marcha atrás

Tengo mis dudas de que el artículo no sea demasiado íntimo-costumbrista-pijillo-falto-de-moraleja, pero se lo leí a Amparo para pedirle permiso, y desde ese momento fatídico ya no había marcha atrás. Le encantó, se rió a mandíbula batiente y lleva unos días preguntándome que cuándo y dónde lo publicaría, cuándo, dónde.

Una curiosidad. ¿Imagináis qué es lo único que objetó Amparo a la cosa?

Nada del sueldo, naturalmente, ni del marquesado. Eso le parece muy bien. Precisó que no tiene especial interés en que trabajemos tanto. Ha prometido, incluso, que si le toca la primitiva nos pagará un viaje, un viaje largo alrededor del mundo, los dos solos, y que no tengamos prisa por volver, que ella se encarga de todo.

sábado, 26 de marzo de 2011

Ángel Mendoza 4/4

................EL EQUILIBRIO

La tuya era de un verde tristón, casi oxidado.
Sobre aquel armatoste de huesos de metal yo te veía
perderte hacia el trabajo con las primeras luces.

La mía era de un rojo vivo, alegre
(los Reyes la trajeron un buen año de pagas).
Me dejé las rodillas, tú la voz, intentando
aprender la imposible lección del equilibrio.

Sueño que es tarde y llega tu hora de volver,
que se acerca, cansada, la bicicleta verde,
y que te estoy esperando, ansioso por contar
que ya he logrado conducir la mía. 
...................................[Pájaro negro. Siltolá, 2010]

La Vanessa, ay, la Vanessa

Portentos de la lírica, ¿quién me iba a decir a mí que en una chica llamada Vanessa, con las risitas que nos traíamos entonces con ese nombre y con otros análogos, iba a recordarme así, con tanta intensidad y ternura, mi primera adolescencia?

Qué gran canción, digo, qué gran poesía de Manel, en 10 Milles per a Veure una Bona Armadura, un disco de hermoso título que homenajea a Shakespeare, nada menos, y a una comedia, claro: Much Ado About Nothing. Pero lean la letra, y verán. En ese "Estáis morenos" que exclama el tío, cuánto verano, Dios mío. Y luego, a pesar de la incipiente adolescencia, todavía la emoción de un juguete nuevo, mejor aún, exótico, y las ganas de hacerlo volar. Y la torpeza total de los trece años, ay, con las manos sudadas. Y el aburrimiento de Vanessa, ¡comiendo pipas! Y la decepción de fondo de Induraín, para teñir de melancolía el aire ardiente. La figura del joven mayor, con "pericia de profesional", era insoslayable. Está todo.

Y aún hay más. Dos grandes aciertos narrativos. Cuando se pregunta que si Ignasi se dio cuenta de la mirada admirativa de Vanessa, o sea, que ni se atrevió a hablar de esa humillación con su amigo del alma y compañero de infortunio. Eso desgarra. Y luego, el mensajito final, ya fuera de la canción, a la chica, a la que perdió la pista, que nos avisa: 1) ojo, que esto es verdad, verdadera; 2) otro ojo, cuidado que me dolió, que aún la recuerdo; y también, una gotita de justicia poética, dice 3): mira, Vanessa, que ahora somos famosos, y tenemos, sobre  todo, la pericia de un profesional: mira, mira como el boomerang de nuestra adolescencia, con un poco de muñeca y un juego de brazo, vuelve, vuelve en esta canción.

Rima Berzosa

El Excelentísimo Rector de la Complutense, Berzosa, ha dicho, como gallarda respuesta al ataque sufrido por la capilla de Psicología, que no deberían existir capillas en la Universidad. Ea: la víctima tiene la culpa. Eso es, además, como decir que los árboles tendrían que prescindir de sus raíces o que a los niños les sobran las madres. Como todo el mundo —menos Berzosa— sabe, la Universidad nació en Edad Media de la Iglesia Católica y sus estudios de Teología. En la constelación de blogs cristianos, numerosa y combatiente, se clama por su dimisión. A Berzosa en persona sólo le he visto una vez, cuando inauguraba un congreso sobre Ramón Gaya, uno de los principales pintores y escritores del siglo XX. Dijo que, como él era economista, no conocía a Gaya (comentario muy universitario), pero que había leído algo en Público, único periódico, junto a El País, que sigue, afirmó, fervoroso, como quien reza el credo. Ver a Gaya citado allí le sorprendió grandemente. Nos leyó por encima los datos de la solapa de un libro de Gaya que acababa de comprar: el pintor había nacido en Murcia y tal. No sé cómo lo enlazó, si lo enlazó, pero habló mucho de lo que sufría él con las injustas críticas que le hacían a él los medios de derechas, que iban a por él. Para terminar, reconoció estar emocionado porque había visto, hojeando el índice del libro, que Ramón Gaya hablaba de Miguel Hernández, víctima del franquismo. Ni corto ni perezoso, empezó a leernos la reseña de Gaya a Vientos del pueblo sin darse cuenta de que lo ponía bastante regular. Desde entonces supe que de Berzosa no se podía esperar gran cosa.

viernes, 25 de marzo de 2011

Día envuelto con dos cintas

Desde el avión, cuanto más subía, más cerca veía el Guadalquivir. A contraluz, una cinta de plata. Tan brillante, que no me iba a servir para un poema, desde luego, pero ni siquiera para un artículo o para el blogg, me lamenté. La realidad, a menudo, es demasiado bonita para ser verosímil.

El nombre del avión y su dibujillo me pareció todo un detalle de Iberia (o de la Providencia) para un poeta de jardín que anda releyendo, precisamente, a la Dickinson. 




¿Iba a Madrid? ¿Es ir a Madrid ir a Madrid y no visitar El Prado (y a Jaime tendido allí, entre tantas sensualidades, perfectamente vestido, como en un cuadro, con perdón, de Manet), es ir, ir sin tomarme un café y un croissant y un zumo de naranja natural en Atocha en un cuarto de hora con Cereijo (¡gracias!), ni dejarme recoger y llevar a todas partes por Kiko M-M, ni saludar un poco a mi suegra, ni pagar (en todos los sentidos) visita a Hiperión, quiero decir, a Susana, ni cabrearme en La Casa del Libro, ni cruzar la plaza de España entre palomas y chicas tomando el sol talmente como en provincias, ni charlar a contrarreloj
 con David Arias, mientras visitamos su casa y la de algún amigo suyo y un club, ni cenar en el piso de soltero, ni ver si veo entre horas a CB, ni soñar, sueños son, con una copa con los viejos amigos de Navarra, es o no es ir a Madrid?

A pesar de mis sesudas reflexiones tuve tiempo de repasar mi clase. Para hablar de lo que un poeta, a pesar de todo, aporta a su país, además de citar a Ezra Pound, recitaría a Antonio Machado:

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago. 
                                                [“Retrato”] 
y a Rafael Alberti: 
Aquella tierra con nosotros
no fue lo buena que quisimos.
Cuántas cosas en ella dejamos.
Cuánto le dimos, amigo. 
                      [“A Pedro Salinas”] 
En un primer momento, me extrañó que, a pesar del paisanaje y la admiración, lo de Alberti me sonase tan antipatiquísimo, mientras que lo de Machado desprendía una dignidad indiscutible. De pronto, en el avión, caí en la diferencia. Alberti exige y exagera: quiere que España ("aquella tierra", señala desde el Paraná) hubiese sido más buena con Pedro Salinas y con él, ea, y presume de que le dieron “cuántas cosas”, cuántas, uf. Don Antonio Machado no pide nada, nada, y sólo dice que ha dado y le debemos lo que ha dado y le debemos: lo que ha escrito. Es la diferencia que va entre un señor y un señorito. (Pues bien, a pesar de verlo tan claro, casi sin solución de continuidad, esa tarde me puse exigentito, que no aprendo ni de mis propias clases.)

Corrí, di (la clase) y volví (a Barajas). No vencí, pero no se trataba de eso: disfrutí.

El avión de vuelta no sé cómo se llamaba, pero por el retraso ya podía ser “mochuelo” o “lechuzo”. Y de eso no me quejé, que me vino muy bien. Había llegado a Barajas sin resuello por la clase y por la hora, y pude respirar. Hondo.



Y respirar más y más.Y tras respirar, resoplar.

Al final (muy al final) despegamos. Por la ventanilla, una autopista iluminada parecía una cinta de oro, hasta con sus lazos perfectamente hechos, que eran los cambios de sentido.

Y supe dos cosas: que tendría que empezar con lo de la cinta de plata del Guadalquivir, por amor a la simetría. Y que, en definitiva, Madrid tiene más placeres, Horacio, de los que añoraba mi amor por las dulces rutinas. 






jueves, 24 de marzo de 2011

Nada es perfecto

La autoironía es un arma defensiva, como se sabe. Pero sólo funciona, ay, si nos hace daño de verdad.

Autonomías

Un momento estelar de la historia de la humanidad ocurrió cuando Cristo, con un denario entre los dedos, lo miró un instante, atisbó la efigie del César y determinó: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Quedaba establecida la autonomía del poder público, gracias a Dios. Se desacralizaba todo ese ámbito.

Aunque menos citado, tampoco fue manco el pasaje en que, instado para que interviniese en el reparto de una herencia entre hermanos, replicó: “¿Quién me ha nombrado juez entre vosotros?”. Esto es, que el derecho privado rige esas cuestiones enfadosas, y al juez competente hay que acudir, aunque lo ideal es evitarlo. Se desacralizaba ahora el derecho civil.

No acaba ahí. El mismo Jesús desacraliza la literatura con una sutileza impagable. Al menos, ese es el sentido que yo le veo a algunas de sus parábolas, tan extrañas, en principio, a su propio código moral. ¿Qué me dicen del tan alabado administrador injusto, o de aquel juez que sólo impartía justicia al final para que le dejasen dormir en paz, o de aquellas vírgenes virtuosas, puede, pero qué egoistonas?

(No hace falta decir que autonomía no es independencia ni soberanía, ¿verdad?)

miércoles, 23 de marzo de 2011

El libro

Le he pedido este poema a mi hermano Jaime para citarlo en la clase que mañana doy en la Universidad Francisco de Vitoria, pero al leerlo no me he podido resistir a traerlo aquí. Es de Otro cantar (Pre-Textos, 2007):
.................EL LIBRO

El tiempo es como un libro que Dios tiene en las manos.
Lo recita en voz alta, o baja, lentamente,
y así pasan las hojas de los pobres humanos
que casi apenas oyen la línea del presente.

Allí, toda la historia de Roma y los romanos;
las guerras, y las paces al párrafo siguiente,
allí, las experanzas; allí, los cotidianos
susurros y quehaceres del amor de la gente.
Allí, también, mi vida con sus pequeñas cosas,
y la tuya, con todo tu futuro, tu miedo,
tus sueños entrelíneas como en un escondrijo...

Y en el centro del libro, con las letras borrosas
de haber pasado el Padre tantas veces el dedo,
la página que cuenta la muerte de Su Hijo.

martes, 22 de marzo de 2011

Después del perigeo

Luna menguante
que ya nadie celebra
pero que brilla
casi igual que anteayer...
Para mí, más.

lunes, 21 de marzo de 2011

Un epígono de Job

El barbero en Conversaciones de E. M. Cioran:

[Sobre si es reaccionario] Henri Thomas me dijo un día: “Usted está contra todo lo que ha ocurrido desde 1920”, y yo le respondí: “¡No, desde Adán!”
*
Un libro debe ser un peligro.
*
El poder es diabólico: el demonio no fue más que un ángel con ambición de poder.
*
En el momento en que escribes, estás tú solo contigo mismo o con Dios, aunque no seas creyente.
*
Pero, a decir verdad, soy casi incapaz de leer novelas, casi incapaz. […] Nunca he leído ese libro [El ser y la nada]: por culpa del estilo.
*
Hacer la torre de Montparnasse después de haber hecho catedrales: ¿podemos decir que la historia tiene un sentido?
*
¡Ay del libro que podemos leer sin hacernos constantes preguntas sobre el autor!
*
[¿Cuánto tiempo trabajó hasta que su primer libro quedó escrito en francés?] No mucho, pero día y noche durante tres años.
*
Estoy incapacitado para tener fe, pero no soy indiferente a los problemas que nos plantea la religión. La fe va más al fondo de las cosas que la reflexión. A quien nunca se haya sentido tentado por la religión le faltará algo: saber lo que es el bien y el mal. A veces imagino la historia universal como un gran río del pecado original. Leo y releo el Libro del Genésis y tengo la sensación de que eun unas pocas páginas está todo dicho. Es muy emocionante. Aquellos nómadas del desierto tenían una visión completa del hombre y del mundo.
*
Hay que elegir el sitio en que uno quiere fracasar en la vida.
*
He escrito aforismos por repulsión hacia todo.
*
Sin Bach, yo sería un nihilista absoluto.
*
Hay momentos es que, por alejados que estemos de la fe, sólo concebimos un posible interlocutor: Dios.
*
La profundidad es el monopolio de los que han sufrido.
*
Mientras frecuentas la poesía, no te arriesgas al vacío interior. La obra y el lector pertenecen al mismo universo, una intimidad extraordinaria los vincula. Como en el caso de la música, te aproximas a algo esencial que te colma: como una gracia, una complicidad sobrenatural con lo indefinible. El tiempo queda eliminado, te ves proyectado fuera del devenir. Música y poesía, dos aberraciones sublimes.
*
[¿Por qué rompió usted con la poesía?] Por agotamiento interior, por debilitamiento de mi capacidad de emoción.
*
Creer en Dios significaba para mí humillarse. Hay una faceta demoníaca en eso, muy grave, lo sé…
*
Toda mi ambición estribaba incluso en ser un pensador privado, un epígono de Job.
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En general, quienes no tienen ninguna religión tiene una, que es la negación. […] el hombre que se vuelve arreligioso por su propia voluntad se esteriliza y lo más antipático es que eso va acompañado siempre de un orgullo exagerado y desagradable.
*
[sobre la escritura autobiográfica] Todo lo que no es experiencia interior no es profundo.
*
Tengo un auténtico culto por España.
*
Y ahora me preguntan: “¿Por qué ha dejado de escribir?”. ¡Porque estaba harto de hablar mal de Dios y del universo!

domingo, 20 de marzo de 2011

Río ¡bravo!

Hasta cierto punto hasta tiene gracia estos políticos andaluces nuestros queriendo que nos ofendamos mucho por lo del río.

Y el PP que votó a favor del Estatuto, ahora hace un trasvase y se pone la medalla de la sentencia negativa.

¡Qué truchas!, digo, qué tropa.