martes, 29 de marzo de 2011

Automatismo

Nuestro embarazo sigue avanzando, y ya se nos nota mucho. En Leonor, salta a la vista. Nadie duda ahora si habrá engordado un poco y por fin la felicitan directamente, sin prudentes circunloquios.  Y a mí me salta la vista tras todos los que me cruzo. He adquirido el hábito mental de imaginármelos en estado de buena esperanza, quiero decir, en situación fetal, cuando eran esperados por sus santas madres, tan chiquititos e inocentes, tan indefensos y puros. Me cruzo con un ejecutivo y lo pongo, sin chaqueta y sin corbata, a palpitar, tan tranquilo, sin estrés, en su ecografía de los tres meses. O adelanto —bajándome de la acera— a un vejete y no puedo evitarlo: pienso en sus padres del año del catapún, jovencísimos, cogidos de la mano, cuando lo esperaban con tanta ilusión…, tanta que setenta y tantos años después aún le nimba la figura encorvada. Si me cruzo con algún tipo feúcho, me lleno de ternura, pues sé lo guapo que lo encontraría su madre en el momento luminoso de darlo a luz. Sé que debería ver a todos mis prójimos como hijos de Dios, y lo intento, repitiéndome al oído la teoría. En la práctica sentimental, hasta hace poco sólo llegaba a verlos como hijos de vecino. O en ciertos instantes a recordar intensamente a Montaigne, cuando decía que todos son condenados a muerte y por eso había que tratarlos con piedad y concederles sus últimos deseos. Ahora para mí son los viejos hijitos de sus padres. Y siendo un paso atrás en el tiempo, es un progreso, aunque todavía me queda mucho que avanzar, claro. 

3 comentarios:

Suso dijo...

"Nuestro embarazo sigue avanzando, y ya se nos nota mucho. En Leonor, salta a la vista".

A lo mejor debieras engordar la barriga, para ponerte a la par. Unas cuantas patatas más al día, y ya está. Solidaridad conyugal, ¿no?

Ignacio Trujillo dijo...

Muchas veces, cuando veo a un vagabundo, abandonado, durmiendo en unos soportales bajo unos cartones, pienso en su madre cuando lo acunaba en sus brazos. ¿Qué sentiría si lo viese así? ¿Cuanto no daría por volverlo a tener junto a su pecho?
Me pasa como a tí. Por lo menos nos sirve para ser algo menos indiferente.
Aunque todavía me queda mucho que avanzar, claro.

María dijo...

"siendo un paso atrás en el tiempo, es un progreso"
¡Redondo!