lunes, 5 de octubre de 2009

Aniversario

Leo ahora dos frases que me traen al recuerdo una tarde inolvidable de hace año donde me metí en un jardín (y ya estaba en un Campus) al sugerir que una de las características esenciales de la literatura es su contenido moral.

Pero el arte nunca es amoral, aunque algunas veces sea inmoral, esto es, moral con la moralidad equivocada.

...................................................[G. K. Chesterton]

*

La crítica decrece en interés mientras más rigurosamente le fijen sus funciones. La obligación de ocuparse sólo de literatura, sólo de arte, la esteriliza.
Un gran crítico es un moralista que se pasea entre libros.

.............................................[Nicolás Gómez Dávila]

Ay, si me hubiera sabido bien a mis maestros… Para enseñar, ante todo, ser un discípulo aplicado, mira que me lo tengo dicho.

26 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Mira lo que dice Stefan Zweig:

"La inmortalidad no sabe nada de lo que es moral o inmoral [...] Sólo valora las obras y la fortaleza, exige la coherencia y no la pureza de las personas [...] La moral no significa nada para ella; la intensidad lo es todo."

El asunto es subjetivo. Yo estoy más de acuerdo con Zweig que con Chesterton.

Saludos.

Ignacio dijo...

Yo he sido siempre un defensor de la tesis amoral, pero -como no puede ser menos- tengo mis dudas.

Con lo cual presento mi candidatura al comentario más anodino del mes.

Ángel Ruiz dijo...

No, el más anodino es el de Ridao, sin duda (aunque 'el asunto es subjetivo').

José Miguel Ridao dijo...

Espero que al menos las palabras de Zweig se salven de la insignificancia. Por lo demás, hay quien piensa que 'el asunto es obletivo'.

gironí dijo...

Hola: ¿cómo puedo suscribirme a este blog? No he sabido averiguarlo...

Ángel Ruiz dijo...

Yo no sé qué significa 'obletivo', pero sí sé que las palabras de Zweig son de una tremenda banalidad: LA INMORTALIDAD no es ningún dios que sepa o no sepa algo o nada, valore obras, exija coherencia o considere que "la intensidad lo es todo" (¿y qué quiere decir eso de que "la intensidad lo es todo" y para quién, para La Diosa Inmortalidad?

Ignacio dijo...

No veo que la idea de inmortalidad, usada como metáfora (en este caso del logro artistico, de lo plenamente significativo, lo que perdura) resulte más banal (ni menos) que otras como el cielo o el nirvana.

Y el llamado a la intensidad, si de arte hablamos, no me parece mal traído; todo lo que vale (lo inmortal) tendría tensión interior, pregnancia, vibración, mientras que lo vulgar (lo que no dura) sería fláccido, mortecino, inane. No es el único criterio de valor, y entra en conflicto con el amor a la levedad que muchos profesamos, pero caray, es un criterio serio.

Ignacio dijo...

Centrándome en la cuestión de partida, creo que si de artes plásticas se trata no hay disputa posible: la moral no tiene nada que hacer. Cien estampas de laboriosos campesinos comaprtiendo honestamente el pan no valen ni por asomo lo que un cordón de las botas viejas que pintó Van Gogh.

Y entre una estampita del Sagrado Corazón y una madonna de Bellini la diferencia no es de devoción o fe, sino de ejecución, de fuerza, de equilibrio... de intensidad, sí.

Ahora bien, la literatura... es otro jardín.

José Miguel Ridao dijo...

Obviamente, Zweig habla de la inmortalidad en sentido figurado. La cita está extraída de un ensayo titulado "Drei Dichter ihres Lebens", y hay que situarla en su contexto. Habla, por ejemplo, de la persona y la obra de Tolstoi. Por supuesto que la inmortalidad no es ningún dios, sino una especie de fin de todo artista, la culminación del arte verdadero (nada que ver con la religión), y a ese estadio se puede llegar con o sin moral. Eso es lo que opina Zweig, y yo también.

Y digo yo: ¿no se pueden intercambiar impresiones de forma pacífica? Me ha sorprendido verme tachado de comentarista anodino y que se haya utilizado una errata tipográfica para ponerme en evidencia. Eso he captado, a lo mejor es algo 'subletivo'.

Un saludo.

Ángel Ruiz dijo...

Sí, lo de la errata de 'oblectivo' fue con mala leche, perdón.
Pero perdón sobre todo por el tono faltón; a mí me parece que la cita es objetivamente anodina y por mucha metáfora que Ignacio quiera echarle a la cuestión me lo sigue pareciendo.
Luego ya, que Zweig (que no era tonto en absoluto, aunque tampoco era muy profundo, las cosas como son)), quisiese decir algo más que no se ve en esta cita tan reducida, no lo sé, pero la cita es sí misma, tal como la pones, vale objetivamente poco.
Y la culminación de todo arte verdadero no sé por qué no va a tener que ver nada con la moral o la religión.
Y aunque creo -por muchas experiencias negativas con Ignacio- que no merece la pena discutir con Ignacio, quizá mereciese la pena que revisase/ (séis) el concepto de 'moral' porque creo que lo confunde -(dís) con el de 'sentimentalismo' o el de 'piedad infantil'.
Y siento especialmente ponerme faltón en un sitio tan agradable como lo es el blog de Enrique, pero a veces creo que merece la pena -intentando evitar el tono que he utilizado, que no siempre lo consigo- decir que algo es como es, por ejemplo moral.

Ignacio dijo...

Pues yo no recuerdo malas experiencias discutidoras, así que no me reprimiré de echar otro cuarto a espadas en esta tarde aburrida: el tema me apasiona como pocos.

No importa para el caso que haya bailado entre emoción devota y contenido moral: las dos estampas de mi ejemplo serían equivalentes también en moralidad. Sigamos.

¿Se puede sostener que una estampita moralizante (para no sacar sarpullidos a pieles sensibles dejemos aparte las cristianas, pongamos una escena de hermandad en el koljós) es superior, por su contenido, a una naturaleza muerta, aunque la primera sea obra de un pintamonas y la segunda de Rembrandt?

Ignacio dijo...

Quisiera afinar el ejemplo anterior, ahora que lo releo: no estaba equilibrado.

¿Debe considerase superior el Regreso del Hijo Pródigo, de Rembrandt (con un mensaje moral de perdón y reconciliación) a una naturaleza muerta de su misma mano (que hasta donde se me alcanza no tendría contendio moral alguno)?

Mi respuesta es un no rotundo. creo que quien valore los cuadros por su contenido moral no se ha enterado de qué va el arte.

E. G-Máiquez dijo...

El tema es apasionante, desde luego. La tentación mía es ser agradable y agarrarme a la diferencia, Ignacio, que reconoces entre las artes y la literatura, y punto. Pero sigues hablando de cuadros y haces bien, porque habría que encontrar una respuesta universal. Sobre los cuadros malos de tema piadoso, Ángel te contestará con Flannery, nº 2 y yo con Romano Guardini, que tiene en un ensayito sobre arte y poesía un excelente comentario sobre la altísima moralidad, precisamente, de las botas de Van Gogh. Habla de los trascendentales (ser, verdad, belleza, bondad) y de cómo están unidos entre sí por vasos comunicantes.

Por otra parte, no hay que confundir el tema con el espíritu de una obra. Puede haber un pintor de estampas piadosas que sólo quiera forrorse vendiendo su mercancía a las beatas. Jesús lo correría a latigazos de la puerta del templo, como sabes.

Sobre la moralidad en literatura, Ridao, lo más "objetivo" que conozco (en el sentido de científico) es lo que desarrolla en Teoría de la expresión poética Bousoño, que resulta muy útil, pero que no es suficiente.

Yo más bien creo que el hombre es un ser moral y que sólo se siente interpelado en el fondo por obras que, morales o inmorales, o sea, morales, según el generoso comentario de Chesterton, toquen ese fondo suyo. Acabo de leer el comentario a Homero de Bowra y básicamente es el comentario de un moralista que pone en los valores los máximos logros de la Odisea y la Iliada. Lo que me lleva de nuevo al espléndido escolio de NGD, que es de las pocas cosas claras que yo tengo en este jardín: la literatura despojada de todo lo moral es un espantajo o trampantojo que aburre a las moscas.

E. G-Máiquez dijo...

Muchísimas gracias, Gironi, por el interés. Yo no tengo ni idea de cómo hacerlo. Mis conocimientos informáticos a duras penas me dan para colgar mi entrada diaria. Lo siento. Abrazo fuerte

Auberon Quin dijo...

¿Es un artista o un escritor alguien que hace su obra desde una hipotética posición aséptica, neutra, etérea? ¿O la realiza más bien desde, a partir de, instalado en su "visión del mundo" -es decir, su moral, su antropología, su metafísica y hasta su religión -o a-religión-? Incluso cuando el pintor o el poeta "miente" y "finge" lo hace desde esa posición en la que que considera que la obra debe ir por allí y no por otro lado. Quizás, como dice ARP, haya que revisar nuestro concepto de moral. Para Chesterton, desde luego, no se reducía, ni mucho menos, a las normas convencionales de la sociedad victoriana...

Ignacio dijo...

Ah, pero si nos ponemos platónicos y aceptamos que Belleza, Verdad y Bien son idénticos habremos fallado antes de oir a las partes. Porque precisamente lo que se discute es esa identidad.

Yo estuve hace poco mirando durante cinco minutos un limón a medio pelar de un cuadro holandés, y allí no había bien ni mal, si me apuras tampoco belleza, y sólo en cierto sentido verdad. Lo que había, lo que yo creo que hace grande a la pintura, es una pelea a vida o muerte con la Realidad, con el Ser.

Que luego ese limón le puede inspirar a un poeta un canto a lo bien hecho que está el mundo, o a los placeres sencillos, o al valor de lo ácido... claro, pero no es de eso de lo que tratan esos golpes de óleo sobre una tela. Tratan de cosas que no se pueden hablar, y es un error reducirlas a categorías verbales.

Ignacio dijo...

No pierdas de vista, Enrique, que el pintor de estampitas cursis puede estar animado de la más sincera piedad, y no me vale que me digas: "eso se notaría", porque la triste realidad es que no se nota. De buenas intenciones está el infierno lleno.

Luispa dijo...

Enrique, No decía nadie: Que se sabe cuando se empieza a criticar, pero no, cuando se para…
Yo diría que Zweig no suele meterse en los jardines de la moral... El describe, narra, valora y engarza y su lector va afirmando y aceptando. Zweig no juzga, te presenta tal cantidad de datos que es su lector quien juzga. Y no es que las palabras de Zweig sean insignificantes. El problema es que citarle a él, como buen alemán es difícil.
Al hilo de esta entrada y sus comentarios y a riesgo de que ya se haya leído y de recomendar a mis mejores. Yo me atrevo a recomendarte la lectura de "La lucha contra el demonio (título original en alemán Der Kampf mit dem Dämon)" de Stefan Zweig.

Un saludo

José Miguel Ridao dijo...

En efecto, los escritos de Zweig son de todo menos insignificantes, y yo sí pienso que son profundos. Sabemos que es difícil traducir ensayos del alemán. Por ejemplo, al hablar de "arte" y "poeta" hay confusión. En el ensayo que cito, Zweig hace la biografía de tres "Dichter", traducidos como "poetas": Casanova, Sthendal y Tolstoi. La cita está sacada del final del capítulo dedicado a Casanova, "Dichter" inmoral por excelencia. Creo que merece la pena transcribirla entera:

"Cualquier sentimiento absoluto puede llegar a ser productivo, lo mismo la desvergüenza que el pudor, la falta de carácter o el carácter, la maldad o la bondad, la moral o la inmoralidad: lo decisivo para pasar a la eternidad no es nunca la forma del alma, sino la plenitud del ser humano. Sólo la intensidad nos hace eternos, y cuanto más fuerte, vital, coherente y única sea la forma de vivir de un hombre, tanto más absoluto será el modo en que éste se ponga de manifiesto. Porque la inmortalidad no sabe nada de lo que es moral o inmoral, no conoce lo que es el bien ni lo que es el mal; ella sólo valora las obras y la fortaleza, exige la coherencia y no la pureza de las personas, el ejemplo y la figura. La moral no significa nada para ella; la intensidad lo es todo".

Se podrá o no estar de acuerdo, pero... ¿anodino?

Por cierto, curiosamente Chesterton y Zweig fueron coetáneos estrictamente: alcanzaron la misma edad con un desfase de tan solo siete años.

Saludos.

Anónimo dijo...

Quizás deba distinguirse entre la creación artística, que como todo acto humano es susceptible de enjuiciamiento moral; y, por otro lado, la obra creada, que puede perfeccionar a la persona (la música de Salinas en la oda de Fray Luis), o rebajarla (hay músicas para ello).

E. G-Máiquez dijo...

Una defensa de las intenciones. Es la naturaleza caída la que no nos permite ponernos platónicos e identificar el Ser con el Bien y demás. Pero hacia eso clama todo, la belleza estira sus manitas hacia la verdad y viceversa, como Keats vio quizá demasiado claro. La separación entre el fondo y la forma, o, como apunta el anónimo, entre el acto creador y la obra son también lamentables efectos del pecado original.

José Luis dijo...

Y es que todas las artes aspiran a la naturaleza de la música: ser pura forma.

CB dijo...

Con permiso, me he perdido. No entiendo qué relación tienen con el arte y la moralidad ni el texto de Zweig ni las estampitas piadosas.
No es que la comparación no proceda por no levantar sarpullidos, como dice Ignacio, es que de nunca las estampitas han pretendido pasar por arte. Son objetos para el recuerdo y la devoción, lo mismo que la foto de una novia en la cartera, que puede ser tan bella como la Madonna de Bellini, y hasta puede parecerte más intensa, sí, pero que no se te ocurriría traerla a colación, vamos, que no tiene absolutamente nada que ver con el asunto.
Y el texto de Zweig más de lo mismo. Para empezar habla de la inmortalidad pero se refiere a la fama (que como mucho es una larga vida, pero da igual): la cuestión es que famas las hay buenas y las hay malas. Y después el texto no habla del arte, sino de la propia vida como obra de arte y, más bien, por lo que deja entrever el pedacito, de biografías que dejan huella. Por ejemplo, le es perfectamente aplicable a Hitler, de lo más intenso y coherente, artista de su vida y dios de las ajenas, y tan inmortal como Shakespeare.
Sí que tiene que ver con el tema ese limón a medio pelar. Y para lo que se refiere a la moralidad en la pintura, es iluminador leer a Gaya.

Ignacio dijo...

CB, no estaba pensando exactamente en las estampas que se llevan en la cartera, sino en los cuadros que quieren ser cuadros y que pecan, con la mejor de las intenciones, de cursilería o torpeza o ambas.

Piense en una de esas novelas, hay cientos, que se escriben para denunciar injusticias. Lo más frecuente es que sean malas, y me atrevo a decir que no lo son además de sus intenciones, sino precisamente por causa de ellas.

José Miguel Ridao dijo...

Reconozco que la cita de Zweig no aborda directamente el asunto del contenido moral de la literatura, pero sí se refiere a él. Además, si se lee el ensayo entero se observa que Zweig hace continuas referencias a ello. En cualquier caso, la traje como una ilustración de mi opinión, no creo en los "gurús", pero sí tengo en gran consideración a las personas inteligentes, y para mí tanto Zweig como Chesterton (por lo poco que he leído de él) lo fueron.

De hecho, la cita de Chesterton tampoco deja claro si el contenido moral es esencial en la literatura, hay que reconocer que identificar lo inmoral con lo "moral con la moralidad equivocada" es cuando menos generoso, como dice Enrique, aparte de que deja en el aire la posible inmoralidad del arte, se defina ésta como se defina.

He encontrado otra cita de Chesterton que me ha gustado mucho:

"Art, like morality, consists of drawing the line somewhere".

"El arte, igual que la moralidad, consiste en trazar la línea en algún sitio".

Muy aguda observación, aunque tampoco dilucida la cuestión que estamos ventilando. ¿Dónde se traza esa línea y quién lo decide?

Esto da para varios ensayos, y no sé si se llegaría a algo. Me gustaría leer el texto de Bousoño.

Saludos.

E. G-Máiquez dijo...

Bousoño estudia hasta donde podemos admitir otra cosmovisión distinta de la nuestra sin que ello nos impida disfrutar de la obra. Lo hace en un libro magistral en dos tomos que recomiendo vivamente: Teoría de la expresión poética.

Y Chesterton, efectivamente, admitía casi cualquier inmoralidad (moralidad equivocada), pero no la amoralidad. La cita espléndida de la línea que nos traes, incide en eso.

Ignacio, tal vez lo que podría explicar el fracaso de las llamadas "buenas intenciones" en el arte es, precisamente, una falta de moralidad elemental: las segundas intenciones. Al arte, hay que ir con la verdad por delante. Como bien aconseja CB, hay que volver siempre a Gaya.