lunes, 26 de octubre de 2009

Penuel

Todas las mañanas me levanto más cansado de lo que me acuesto. Suena el despertador y amanezco con dolor de huesos, de cabeza, con malhumor, entumecido. ¿Para qué me acostaría, entonces?, pregunto angustiado, haciendo una concesión a la retórica. Ayer lo averigüé todo. El muslo me dolía, bajé cojeando, casi arrastrándome, a desayunar y allí, sentado y taciturno ante un tazón oscuro, reconstruí la noche. Me había enfrentado a un ángel. Él quería decirme el nombre que yo no quiero oír, mi nombre propio. Le exigí primero el suyo, y se negaba, hiriéndome. De pronto llegó el alba (el alba llega siempre tempranísimo) y se quiso ir y yo traté de retenerlo y se fue, se fue como se va —ahora lo sé— todas las madrugadas. Aunque inmenso (sus dos alas oscurecen la noche), probablemente sea el ángel de mi guarda, aquel de las cuatro esquinitas de mi cama antigua al que rezaba con mi madre. Igual que yo, ha crecido; pero él pretende seguir, insobornable y terrible, guardándome. Me resisto. Ahora, en la vigilia, no me explico por qué. Esta noche intentaré vencerme, rendirme. Sería lo mejor. Así descansaría.

4 comentarios:

Verónica dijo...

Tu anécdota del combate contra tu ángel de la guarda -como Jacob- me recuerda a la que cuenta un biógrafo de Flannery O'Connor, y que reproduce José Jiménez Lozano, en el frontispicio de su novela "Las señoras". Al parecer, la escritora era una joven devota y rebelde que, cada día, se retiraba a una habitación cerrada con llave, donde hacía muecas, dando vueltas con los puños cerrados, para poner fuera de combate a su Ángel Custodio.

Miguel Angel dijo...

Eso te ocurre por soñar con ángeles, pues los hay –como diría Juncal- con muy mala leche.
Afortunados aquellos a los que la hipoteca les quita el sueño, al menos mañana podrán huir cuando les nombren.

Miguel García Castaño dijo...

Luchar con ángeles es de las cosas más gratificantes que existen a día de hoy. Mejor no te rindas...

Puestos, es preferible oir tu propio nombre dicho por tu ángel de la guarda que por Dios sabe quién.

Maria dijo...

Pero ¿como dices que algo te duele por haber soñado con un ángel? Más aún con tu Ángel.
En casa decimos "que sueñes con los angelitos" a modo de bendición, no a mala idea.
Yo aún no lo he logrado, el mío me tiene que tener un poco de manía: yo le doy mucha lata y soy pesada tela. Así que cuando yo duermo, él descansa. Supongo.
Y otra cosa: él sguro que pronuncia bien tu nombre, no te dirá garcía márquez, ni nada de eso.
Ánimate hombre!