viernes, 22 de abril de 2011

El nazarenito y su padre

Del clarín estridente al son grotesco
cruza una cofradía el Altozano,
bajo el brillante cielo sevillano,
en desorden alegre y pintoresco.

Un flamenco cetrino de aire hampesco
marcha a compás, llevando de la mano
un chiquitín con túnica de hermano
al sol el rostro de ángel picaresco.

Un viejo que pregona lo que vende
apoya su canasto en una silla,
el niño mira al padre, él lo comprende,
de avellanas le compra una perrilla,
le entrega el cucurucho, le da un beso
y vuelve a andar acompasado y tieso.

“En 1930 se publica un librito de 40 páginas bajo el título Lirios y claveles. Lo firma ‘El Bachiller Fulano de Tal. Capillita sevillano’. Prácticamente desconocido para la mayoría de los lectores —y para las minorías, para qué vamos a engañarnos— este poemario es todo un hallazgo”. Así nos presenta Francisco Robles, compilador de la espléndida antología literaria Semana Santa, a  ese misterioso poeta que salió a luz pública con un velillo ocultando su rostro, como los penitentes que retrata. Firma “un capillita” como esos monjes que firmaban “un cartujo”sus tratados ascéticos, porque la humildad es la misma, aunque la vocación y el talante sean muy distintos. Nuestro capillita observa bien el mundo, con el que se mezcla y confunde. Sin hacer de menos a la perfección formal de sus versos, su mayor mérito consiste en la amplitud y a la vez en la minuciosidad de su mirada, que va desde la emoción religiosa más álgida hasta el detalle chusco, y sin perder detalle. En el soneto escogido hay una asombrosa mezcla de guasa de sal gorda y de ternura delicada, que nos explota en el pecho en forma de emoción. “El Bachiller Fulano de Tal”: poco importa no saber quién fue si sabemos qué es: un poeta como la copa de un pino. 
*
¡Y cuántos han escrito de la Semana Santa…! Un somero repaso, aquí
*
Después de leer el soneto, entenderéis por qué, de entre todas las espléndidas fotografías de Ramón Simón, me ha emocionado especialmente ésta: El nazarenito y su madre. 


4 comentarios:

Ramón Simón dijo...

Muchas gracias, Enrique, por tu carta.

Me emocioné con tus palabras.

Y no sabes bien cuánto te lo agradezco.

Un abrazo.

Ignacio Trujillo dijo...

¡Verdaderamente patético estar ante el ordenador un Viernes Santo en Sevilla! Pero llueve a mala idea y por ahora no ha salido ninguna. Los oficios, impresionantes,del día ya terminaron y ahora ¿qué hacer? Los niños corretean por la casa y la tarde está destartalada. Pero me a animado mucho el enlace sobre poesía de semana Santa. ¡Magnífico¡ Que certera la del nazarenito, el padre, las avellanas... Y las fotos de R. Simón esplendidas, geniales...EL cielo continua plomizo y plata, pero ha escampado. ¿saldrá todavía alguna? La esperanza es lo último que se pierde. Gracias por el buen rato.

Anónimo dijo...

Esta entrada parece una procesión, con su sucesión de pasos: poema, reflexión, artículo, canción y fotos de Ramón. Todo con su ton, ton, como corresponde.
Esa simpatía alrrededor del Misterio, como la del soneto, tiene siempre una "gracia" especial.
Muy buena salida y entrada en el templo de la Semana Santa! J

E. G-Máiquez dijo...

Gracias a todos. Veo en tu blog, Ramón, que sigues superándote. Hay toda una serie de manos impresionante. Y los niños. Y gran foto la de la pareja de turistas angloalbinoancianos junto a un penitente de negro. Nos has llevado a (o traído) Sevilla.