domingo, 1 de mayo de 2011

Beato ille

Pensando mi artículo me di cuenta de que el poema de d'Ors "Toda la verdad sobre Juan Pablo II" es todavía mejor de lo que yo siempre había admirado (y no hace falta decir que era muchísimo). Además de recoger notarialmente las críticas de entonces a JPII y de neutralizarlas, el poema hace el vivo retrato del desconcierto que la magna personalidad del papa produjo en el mundo. 
.............TODA LA VERDAD SOBRE JUAN PABLO II
Qué sabrá él de la vida de la gente diaria
siempre retirado allá en lo alto del Vaticano
si apenas conoce nuestro mundo occidental
y casi nunca está en el Vaticano qué irresponsabilidad
tanto viajar de un sitio para otro
porque cómo podrá comprender otras culturas
si sólo conoce el mundo occidental
y lo que dice interesa únicamente a cuatro viejas
pero siempre se pone del lado del capital
y a qué viene todo ese fanatismo masivo de los jóvenes
ni que fuera los Rolling Stones
qué pesado siempre con los obreros los obreros
amargándonos la vida
tan conservador
que hasta se ha empeñado en imponer cambios
en las costumbres tradicionales de la curia
siempre tan débil dejándose influir por lo que dice el Opus
que viaje todo lo que le dé la gana a mí me es indiferente
y es tan autoritario que nunca tiene en cuenta lo que le dicen
y además no soporto que esté siempre viajando de un lado para otro
Gracias a un encargo, he vuelto a leer El taller del orfebre y es todavía mejor de lo que siempre había admirado (y no hace falta decir que era muchísimo). 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Con ocasión de algún viaje del Papa recién beatificado oí decir en tono de crítica: ¡Hay que ver, con lo mal que se encuentra, y lo que le gusta viajar a este hombre! (más o menos).
Tantas cualidades, tantos ataques.
Jilguero.

José Luis dijo...

Qué bonito artículo, Enrique. Muchas gracias.

¿Habéis visto al Papa rezando ante las reliquias de su amigo? Qué pasada.

Miriam dijo...

Ya de vuelta. Agotada pero feliz.

Precioso poder haber vuelto a reunirnos entorno a JPII.

Sin hablar, sin verlo fisicamente, y nos sigue contangiando su fuerza.