viernes, 27 de mayo de 2011

La divina (diaria) comedia

“Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura”, escribió Rafael Alberti. En cambio, para ir al Paraíso cambiar es lo único que nos hace falta. Dicen, y yo lo creo, que basta con querer salvarse para salvarse. Parece fácil, pero no debe de serlo tanto si hacemos caso a nuestra experiencia. Sé por ella que me basta un rato de oración para poner cada cosa en su sitio, para salir feliz, para rozar con la punta de los dedos una creatividad que en condiciones normales se me escapa de lejos. Y, sin embargo, ay, cuánto me cuesta ponerme, y eso que no abrigo ni una duda sobre sus maravillosos efectos. Es eso: cambiar un poco de sitio y de postura, y ya valdría.

12 comentarios:

Mora Fandos dijo...

La oración es lo único verdaderamente "progresista". Un abrazo

E. G-Máiquez dijo...

Querido JM, no me mates. Que oigo la palabra "progesista", aunque sea con tan loables intenciones como las tuyas, y me desconcierto. Es como aquel título tan Llano: El diablo es conservador, que no me hizo ni pizca de gracia, no porque no quiera conservar lo malo el demonio, desde luego, sino por lo que supone de guiño terminológico a los de siempre.

Ángel Ruiz dijo...

Es verdad, qué aburrimiento la palabra "progresista".

Mora Fandos dijo...

No te mato, no te mato. Disculpa, yo suelo evitar estas etiquetas, aunque respeto que se utilicen. Cuando lo hago es con ironía. Un abrazo.

E. G-Máiquez dijo...

No hay nada que disculpar. La ironía está bien, y me has dado una ocasión inmejorable de refunfuñar un poco, que siempre relaja. Muchas gracias.

Ignacio Trujillo dijo...

Romanos 7:
Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. (…)Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios; pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo. ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?

Menos mal que el mismo Pablo nos da la solución:

¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!

cb dijo...

No quiero mentar a la bicha, pero estoy con JMMF en que es lo único que hace progresar, y regresar, adecuadamente.
Pero sí, lo del sitio y la postura a veces se hace difícil, y rezar en el autobús, aunque dicen que se puede, no es lo mismo. Las rodillas son más o menos a la oración como la métrica a la poesía: sale otra cosa.
Por cierto que antes había un reclinatorio en las casas. Estaba bien, al menos como recordatorio. Ahora sin embargo los están quitando hasta de algunas iglesias, si te empeñas en arrodillarte, al suelo por raro.

Anónimo dijo...

Los maestros de espiritualidad aconsejan para la oración perseverancia y humildad. No es la oración fruto de la voluntad, sino regalo que hemos de aceptar; y en esa aceptación también necesitamos el auxilio de Dios. Sírvanos de consuelo que en los comienzos Santa Teresa de Ávila prefería un instrumento de penitencia antes que rezar el rosario; o cualquier penitencia antes que el tiempo de oración.También tuvo sus dificultades la de Lisieux.
La cita de Trujillo es muy oportuna.
Jilguero

E. G-Máiquez dijo...

Qué bueno lo de las rodillas y la métrica: sale otra cosa. Me servirá. Y me alegra mucho de que estés con JM, claro que sí, que vayamos y volvamos adecuadamente.

Para mí, Jilguero, la penitencia es no hacerla, pero ea, no hay manera. Qué idiota, por más que me consuelan Trujillo y San Pablo al alimón.

Ángel Ruiz dijo...

Estas semanas B16 ha empezado a hablar de la oración: están siendo unos textos espectaculares.
Y dice el 2º día esto sobre el arrodillarse:
«En la dinámica de esta relación con quien da el sentido a la existencia, con Dios, la oración tiene una de sus típicas expresiones en el gesto de ponerse de rodillas. Es un gesto que lleva en sí mismo una radical ambivalencia: de hecho, puedo ser obligado a ponerme de rodillas -condición de indigencia y de esclavitud- o puedo arrodillarme espontáneamente, confesando mi límite y, por tanto, mi necesidad de Otro. A él le confieso que soy débil, necesitado, “pecador”. En la experiencia de la oración, la criatura humana expresa toda su conciencia de sí misma, todo lo que consigue captar de su existencia y, a la vez, se dirige, toda ella, al Ser frente al cual está, orienta su alma a aquel Misterio del que espera el cumplimiento de sus deseos más profundos y la ayuda para superar la indigencia de la propia vida. En este mirar a Otro, en este dirigirse “más allá” está la esencia de la oración, como experiencia de una realidad que supera lo sensible y lo contingente.»
Y hace una semana habló de Abraham y el perdón y eso es otro texto para enmarcar.
Las cuatro audiencias hasta ahora:
uno, dos, tres y cuatro.

Juan Ignacio dijo...

Da para matizar eso de "con solo quererlo". Bien lo has hecho, aunque pensé algunas cosas más.

Ya dijo San pablo que no hacemos el bien que queremos. Eso dice que no basta con querer salvarse, hay que hacerlo.

Quizás la diferencia es más sutil. Quizás se pueda decir que muchas veces no queremos lo que realmente queremos. Si quisiéramos lo que verdaderamente queremos, no nos sería difícil hacerlo. Y allí sí estoy de acuerdo en que si queremos, nos salvamos.

Juan Ignacio dijo...

¡De veras que no había leído al comentarista Trujillo!