sábado, 4 de enero de 2014

Ecos en la biblioteca


Recibo el nuevo Clarín (nº 108), que promete. Ya cumple a la primera: se abre con un "Elogio de las bibliotecas" a cargo de Eduardo Jordá. El elogio está dividido en cinco puntos y a mí me despierta cinco ecos. 

Cuenta Jordá que en su juventud (que fue más o menos la mía) se desdeñaba la lectura, el aprendizaje y la tradición, porque lo que había que hacer era vivir al límite, según decantación de algunas ideas de Nietzsche, del vanguardismo, de la estética beatnick y del rock. Me resulta muy halagador ese punto de vista, que nos excusa un poco y, sobre todo, nos convierte en algo maravilloso: en conversos. 

"No se me ocurre un sonido más hermoso que el rumor que hace una mano cuando va pasando de página". Muy bien, por supuesto. Yo, que leo en la biblioteca de un IES de secundaria, habría apostado por una imagen más beligerante. Es el silencio de las bibliotecas, como el de los templos, la escollera donde van a romper, furiosas y destrozadas,  desesperadas e impotentes, las olas de la tormenta de fuera. 

Gran imagen de Jordá, con un toque Bobin: "Veo al bibliotecario […] rozando los libros con la yema de los dedos como un pianista recién salido del hospital que fuera haciendo escalas por primera vez en mucho tiempo". Más musical Jordá que yo, que siempre he visto mi biblioteca como un gran cuadro abstracto de vivos colores, el único abstracto de mi casa. En ambos casos, la sinestesia. 

Saul Bellow, cuando era pobre y tenía 18 años y vivía en Chicago, se refugió en una biblioteca pública, donde leyó todo lo que quiso, nos cuenta E.J. Yo, que estoy echado a perder por el Derecho, me distraigo con lo difícil que es compaginar el merecido elogio a las gratuitas bibliotecas públicas con tanto rechazo como tienen los mismos elogiadores a la gran biblioteca pública que son los libros descargados de internet.  

"La tarea de mi generación consiste en impedir que el mundo se deshaga", escribió Albert Camus (que un murió un 4 de enero).  Dice Jordá que le parece la mejor definición de la tarea de una biblioteca pública. La tarea de una biblioteca, a mi entender, es impedir que el mundo nos deshaga. 

[Y eso que no hemos abierto los libros, porque ya en las guardas...]