jueves, 8 de octubre de 2015

¿Ya no hay mecenas?


Supongo que la culpa, como de tantas otras cosas, es de la presión fiscal. Ya no hay mecenas como los del Siglo de Oro. Ahora está todo en manos del Estado, del que no puedo esperar grandes ayudas. Así que la posibilidad de encontrar un mecenas como Dios manda no es más que otro sueño reaccionario mío. Y me entretengo a veces en los términos del contrato de mecenazgo: yo cobraría al mes lo que un profesor y me comprometería a trabajar en la literatura 10 horas diarias (de lectura y pensamiento, más que nada, que es lo que me hace falta) y a dedicar todos mis libros muy hiperbólicamente al mecenas. Qué sinceras serían mis dedicatorias...


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Si la culpa es de la presión fiscal, la presión fiscal viene de antiguo. De más de un siglo, al menos. Recuerde usted los versos de Manuel Machado en su "Prólogo-Epílogo", de "El mal poema" (1909). Copio: "En un pobre país viejo y semisalvaje, / mal de alma y de cuerpo y de facha y de traje, / lleno de un egoísmo antiartístico y pobre / –los más ricos apilan Himalayas de cobre, / y entre tanto cacique tremendo, ¡qué demonio!, / no se ha visto un Mecenas, un Lúculo, un Petronio–, / no vive el Arte… O, mejor dicho, el Arte, / mendigo, emigra con la música a otra parte". Me temo que el problema es algo más, y algo más viejo y más hondo, que la Hacienda.

Javier Vicens dijo...

Nosotros, los mecenas, no necesitamos dedicatorias hiperbólicas. La que Góngora dirigió al duque de Béjar en sus Soledades nos satisface por su sencillez.

Anónimo dijo...

Ni me cenas ni me comes.