martes, 20 de octubre de 2015

Cómo lo diría




...............Mirad, cayó la tarde
...............y se van pronunciando las estrellas.
....................Eloy Sánchez Rosillo, "Quién lo diría", pág. 148, Quién lo diría [Tusquets, Barcelona, 2015]. 


Hoy toca que mis hijos acaben sus trabajos.
Así que si pretendo leer los nuevos versos
de Eloy Sánchez Rosillo, 
he de traer su libro al mismo borde
de esta mesa caótica 
del comedor, donde se afanan ellos.
No se callan. No paran. No trabajan 
y tengo que reñirles, que ayudarles 
como me ayuda a mí 
esta poesía transparente y buena
que, compasiva, suple mi falta de atención. 
Así, ¿podría uno leer a ningún otro?
Me lleva de la mano como yo 
empujo las pequeñas de mis hijos 
que esparcen purpurina, 
que colorean y recortan. 
..........................................Luego, 
leo otro trozo, 
........................casi nunca tanto 
como un poema entero. 
.........................................Sin embargo, a empujones 
van avanzando ellos y avanzo yo también, 
a veces, envidiando 
la vida de poeta del poeta 
—silencio, paz, paseos indolentes 
bajo una luna cómplice 
o junto a un mar inmenso, atento, íntimo—. 
Aunque enseguida la emoción me llama 
y regreso —hijo pródigo— al agradecimiento 
con el solo dolor de haber leído mal, 
con prisas, distraído, enfadado, nervioso... 
Tendría que ir cerrando el libro ya,
pero lo abro otra vez, repasándolo, y veo 
que cayó purpurina entre sus páginas...
Fuegos artificiales, de golpe, me parecen.
O no. Muy quieta y silenciosa es
—la purpurina—
una noche estrellada.