jueves, 12 de noviembre de 2015

Metatraducción


Siendo el lenguaje cinematográfico o televisivo otro idioma, los adaptadores de una novela tendrían que andarse con ojos de traductores y oídos. La española inglesa me gustó lo suficiente, como digo, pero no del todo, como es lógico. En particular, no me pareció que Macarena García estuviese a la altura, ni que fuese tan guapa como nos la imaginó Cervantes. Y ahí es donde viene el problema de la traducción: tampoco hubiese pasado nada, porque fea no es la chiquilla, pero el guión había trasladado punto por punto todas las alabanzas a su belleza que hace Cervantes en su prosa. No se habían dado cuenta de que el cine las hace innecesarias, superfluas, engorrosas y, finalmente, contraproducentes. El escritor ha de recordar al lector, ciego, las cualidades físicas de sus protagonistas. El cine eso, al menos, lo hace mejor y, sobre todo, solo.