miércoles, 20 de marzo de 2013

Silbo



Qué bestias los amantes de la naturaleza. 

Lo escribí sin haber leído esto.

8 comentarios:

ACdR dijo...

Qué bien visto ese hilo, Enrique. Una de las partes que más me gusta de este gran libro es "Viendo volar vencejos", en la que cada poema abre la misma ventana y anota las peripecias de esos pájaros mes a mes, desde marzo a septiembre, lo que además de dar encanto narrativo nos conecta con el ritmo de la naturaleza. Esa tensión entre lo natural y lo humano que mencionas surge también en otros lugares del libro. Dos ejemplos no más:

"Yo soy un ruiseñor,
un pájaro, no un símbolo,
y simplemente canto
para decir aquí estoy yo.”

Y, sin embargo, el pájaro hace de puente, lo que lleva al poeta a concluir más adelante:

“yo celebro la magia
del canto de esa verdecilla
que invita a hablar a dos extraños
cuando despunta el día.”

Como ahora mismo, ¿no?

Anónimo dijo...

No es silbo, pero me lo ha recordado. No sé si supiste de esta historia y lo que desencadenó este video tomado por una de las mamás a la puerta de la guardería.


Enrique García-Máiquez dijo...

Me encanta el vídeo.

Y qué reseña de Jaulas hemos escrito a medias, ACdR. "Vuelo en el tiempo", la podíamos titular, y la clave es lo que has visto, y a mí se me había pasado (volando): Los meses y las golondrinas. El hablar de dos extraños, como ahora, aunque no somos extraños. Gracias por poner la segunda ala a este comentario.

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Puede que el enlace funcione mal, o será cosa de mi ordenador. Ça ne fait rien. En todo caso, feliz día a todos. Mañana empieza la primavera, al menos sobre el papel. Nadie sabe cómo ha sido, pero el caso es que ¡¡¡ ha venido !!!

Anónimo dijo...

A mí una de las cosas que más me gustan de este blog son los comentarios del anfitrión (¡qué buena sombra! http://www.elimparcial.es/contenido/14514.html).

Saludos

Enrique García-Máiquez dijo...

Qué luminoso poema el de Foronda que enlazas. Y una idea estupenda de El imparcial la de una poesía cada día. Da gusto.

Gracias de parte de mi sombra.

Anónimo dijo...

Una belcantista en formación en Alemania se quedó admirada al oír un ruiseñor. Y más todavía cuando se percató de que estaba cantando una pieza de Rossini. No se sabe si más o menos sorpresa le produjo descubrir que a quien estaba oyendo era a su maestra de canto. No recuerdo los nombres de ninguna de las dos.
Jilguero (por mi parte)

María dijo...

Que emocionante todo.