viernes, 5 de abril de 2013

Agradecidas greñas


No es muy habitual dedicar ensayitos de crítica literaria, pero éste lo vi, peludo y chispeante, definitivo y por fin, por fin, paseando por el Campus de la Universidad de Navarra con Santiago de Navascués —más bien corriendo— a la caza de un taxi, y gracias a su inteligente objeción a la escena VIII, que fue la mía hasta ese mismo instante, pero que al ser suya, pude responder. Va por él. 


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Bello y evocador título el de la entrada.
Jilguero

Javier de N dijo...

Hombre, y aquí están las gracias del agradecido (y orgulloso) padre.

Anónimo dijo...

Leo en Misión su artículo "Pasos de Cebra", con el que me siento completamente identificado.
Recuerdo en mi juventud parar a cosultar un mapa en la acera y pitarme un coche que se había parado en el paso de cebra junto al que estaba, sin darme cuenta, para invitarme a pasar.
Me ha hecho reir.
Sólo añadiría una cosa que no menciona: el bien que aprendemos cuando el viandante cruza sin mirar ni agradecer y con una afectada lentitud: aprender a hacer el bien sin esperar recibir nada a cambio. O dicho como nos enseñaron en el ejército: actuar bien por la íntima satisfacción del deber cumplido.
Gracias,

Enrique García-Máiquez dijo...

Muchísimas gracias por leerme en Misión, por la identificación —que me honra—, por tomarse el trabajo de llegar hasta aquí y por recordar la virtud y el ejército, tan caros ambos en esta casa, que es la suya.

Anónimo dijo...

Olvidé comentar que mi anécdota fué en Londres.

...y olvidé poner mi nombre, que es Emilio.

Lo del ejército me vino a la cabeza porque hemos organizado una re-jura de bandera algunos compañeros, que juramos en Marín en 1991