viernes, 19 de abril de 2013

La varita


Ingenuamente pensaba que si fuese rico podría colmar mis ansias lectoras e investigadoras; pero son un pozo sin fondo, oscurísimo -lo veo claro. Qué lujo imposible sería tener un año o dos para escribir un buen trabajo sobre el tema de la varita, por ejemplo. La lleva el ángel del Canto IX del Infierno. ¿Es la misma que la de las hadas madrinas? Seguramente: ambas hacen realidad lo increíble. ¿Y cuál fue la primera, entonces? ¿Cuándo aparece la primera varita mágica, primer encantamiento ella misma, en la literatura universal? ¿Y el cayado de Moisés, tiene algo que decir en todo esto? ¿Dónde está el encanto encantatorio de las varitas que las lleva, volando, de Dante a las hadas y hasta Harry Potter? ¿Qué tiene que ver el bastón de mando con ellas? ¿Nada? No sé, que el poder también consigue (casi) todo lo que quiere y parece hacer prodigios. Quizá de eso sea de lo único que no hable mi hermano Jaime en la conferencia sobre Felipe III a caballo. La dictará hoy a las 12 en la sala 12 del Museo del Prado, y yo --ay, no tengo una varita mágica ni alfombra voladora ni siquiera escoba-- no podré asistir. 



13 comentarios:

Angel Ruiz dijo...

Varita ya había en la Grecia antigua. Circe la usa para convertir en cerdos a los marinos de Ulises (10.238).
Ya me gustaría a mí asistir a esa conferencia, ay.
Muy bonita la definición de poeta como el que está a la intemperie buscando que le alcance el rayo.

Enrique García-Máiquez dijo...

Se me pasó lo de Circe. Que me trae a la cabeza la posibilidad de considerar el mando de televisión como una variante tecnológica.

Angel Ruiz dijo...

Y luego está el caduceo de Hermes.

Enrique García-Máiquez dijo...

Mil gracias, Ángel. Las serpientes del caduceo y la serpiente en que se convierte el cayado de Moisés... Umm, que sean cuatro años en vez de dos los reservados para esa investigación.

BV dijo...

Joe, y nos lo avisas con 45 minutos de antelación...

Ignacio Trujillo dijo...

Una varita de esas querría yo ahora para llevar a los niños modosos y ordenaditos a "la calle del infierno", que es mucho peor que el de Dante...

Ya me gustaría lo dela conferencia, ya...

Lo de la feria sigue en pié si os animais.
Un abrazo

gatoflauta dijo...

Otra pequeña aportación relacionada con el tema de la varita, que traigo porque la relaciona precisamente con Virgilio. En el prólogo a su edición de la Eneida, publicada por Alianza, dice Rafael Fontán Barreiro:

"Vergilius es un nombre gentilicio latino bien implantado en el norte y en otras regiones de Italia [...] Andando el tiempo y ya tan tarde como en los últimos años del imperio, sus lectores habrían corrompido el nombre en Virgilius [...] por una doble vía: de virgo (dado el tímido carácter que le valió el apodo griego de Parthenias), o de virga (por la varita característica de los magos, que esa fama tendría ya entonces nuestro poeta)".

Enrique García-Máiquez dijo...

Bravo por ti, Gatoflauta. Qué hermoso regalo me haces. Te debo una.

Y por cierto, una flauta, ¿no es una varita mágica, como supieron Mozart y el flautista de Hamelin?

gatoflauta dijo...

Uno ha oído hablar del trombón de varas, pero no de la flauta de ídem. También ha oído uno, todo hay que decirlo, que ese empeño de tomar a chiste las cosas serias, para quitarles peso, lleva a hacer chistes malos de todo lo que se le ponga a tiro, y a que le llamen, con razón, pelmazo. Pero en fin, es más fácil señalar los propios vicios que corregirlos. En todo caso, nadie pondrá en duda que Virgilio o Mozart eran magos, con varita o sin ella. El flautista de Hamelin me es menos simpático; no porque no pueda comprender en algún momento su afán de invisibilizar a los niños ("un pedagogo hubo: se llamaba Herodes", que decía Mairena en un momento de comprensible impaciencia), sino porque el verdadero mago, véanse los ejemplos anteriores, crea o revela, no destruye ni esconde. Y vaya rollo que me acabo de soltar. Que sí, que tiene usté razón, y que gracias. Y que no me debe nada, sólo faltaría.

Miriam dijo...

Recordaba aquella varita mágica, que junto con las palabras mágicas "al rico helado de piña para el niño y la niña" nunca conseguía su objetivo mágico.

Que disfrute y disfruten mucho de la conferencia

Anónimo dijo...

De niño me dijeron que en cierta tienda multiproductos vendían varitas mágicas por veinticinco pesetas. Por fortuna, no están en el mercado.
Jilguero.

RETABLO dijo...

Mircea Eliade cita en alguno de sus libros, que no recuerdo ahora el título, la idea de la vara(el cetro, el cayado o el báculo) como símbolo del eje del mundo. No olvidemos que ha sido siempre símbolo de autoridad. De la modesta vara del alguacil a la bengala del capitán general.

Reciba usted mis saludos.

Enrique García-Máiquez dijo...

Muchas gracias por la pista, admirado Retablo. Me la apunto.

Juan Eduardo Cirlot, en Diccionario de símbolos (Siruela, 6ª edición, Madrid, 2002) las relaciona todas y enumera: la vara, el bastón, el cetro, la lanza, el asta pura (lanza sin hierro que se daba como premio en el ejército romano, el signum, el caduceo [gracias, Ángel R.] el tirso, el tridente, e incluso la antorcha.

De la varita mágica dice en concreto que, como toda vara, "representa una línea recta que evoca las nociones de dirección y de intensidad. De ahí las formas derivadas o emparentadas: cetro real, bastón de mariscal, maza de guerra, vara de alcalde, batuta del director de orquesta" (p. 406)