martes, 4 de febrero de 2014

Bestiario, de Carlos Pujol



Al reseñar Magnificat, me di cuenta de que con los vértigos y desconciertos de entonces, acostumbrado a que él me mandase sus libros, se me pasó Bestiario, el penúltimo libro de Carlos Pujol, publicado también en Cálamo, en el 2012. Lo he conseguido enseguida, para completar mi colección de su obra y por puro gusto. 

Al libro se le podría hacer una reseña muy bien, que lo incluyese en el modus operandi de Carlos Pujol. Su sobriedad de rigor --poemas sin título y versos blancos--, su técnica distanciadora, aquí con textos dedicados a animales, donde vuelve a abundar el monólogo dramático, un poema que es un autorretrato con personaje interpuesto (pág. 14), varias punzadas de ironía contra la vanidad del hombre (pág. 23, entre otras) y el orgullo de sus próceres (pág. 16, entre otras), para acabar con un giro a lo trascendente en el poema final, dedicado chestertónicamente, al burro. 

Pero como esta vez no escribo una reseña me limitaré a resaltar y, sobre todo, a agradecer los golpes de emoción intensa que este poemario Bestiario me ha deparado.  

[Dice el pavo real:]
... basta con mi presencia 
para que el mundo se haga alarde y pompa, 
y a mi paso triunfal, irresistible, 
se desvanezcan jaulas y corrales, 
ese prado anodino: 
donde yo abro mi rueda es un jardín. 

[Dice el tiburón disecado, correlato objetivo:]
Puedo perderlo todo, 
pero el desdén jamás,

[Dice el ruiseñor:]
Mi vocación ha sido ser John Keats

[Dice el poeta:]
La salamandra añora aquellos tiempos 
en los que se tenía por seguro 
que habitaba en el fuego sin quemarse. 
Hoy en día la ciencia nos prohíbe 
creer cosas así, 
imposibles  y bellas, 
[…]

[Dice una rana de goma, que se estira, con ojos como pelotas:]
Si no os reís conmigo, 
¿de qué os vais a reír? 
No será de vosotros, ¡eso nunca!