martes, 18 de febrero de 2014

Otro prisma


Esta tarde Leonor y yo damos una sesión del curso pre-matrimonial de nuestra parroquia. Ella, abrumada por la responsabilidad catequista, el trabajo (fuera, de ejecutiva, y dentro, de directora general) y su deliciosa timidez janeausteneana, que no pierde, me ha dulcemente ordenado: "Bueno, trabajo en equipo: tú hablas y yo, en segunda línea, voy asintiendo". 

Dócilmente he dicho que sí. Aunque me he permitido evocar nuestro propio cursillo pre-matrimonial, hace tres lustros casi. Vino un maduro matrimonio a ilustrarnos sobre lo mismo que nosotros vamos a hablar (intimidad, hijos y vida familiar) y sólo lo hizo él, mientras la mujer cabeceaba a las afirmaciones del marido. Aquello, a Leonor, le causó una mala impresión, casi machista por momentos y, en todo caso, argumentaba, de torpe descuido por la imagen paritaria. "¿Lo recuerdas?", remato. 

"Sí, pero entonces lo veía desde otro prisma".