domingo, 16 de febrero de 2014

Una hermosa lección


Este es mi artículo de hoy. Ni que decir tiene que la lección ni mucho menos la hermosa sea la que yo doy, sino la que yo me he dado. 

Ayer no más (literalmente), dejaba en Twitter una nueva foto de la flor de la retama y me dolía de una vieja idea: los pintores sí que pueden repetirse, qué fortuna la suya, mientras que los escritores no. Yo escribiría mi artículo a la retama cada vez que paso al lado de una nueva. La de ayer, con la lluvia y frente al viento, olía intensamente: 


Sin embargo, un comentario rezagado a un artículo antiguo mío me hizo releerme y, qué sorpresa, decía prácticamente lo mismo que en el de hoy, vaya. Viví unos minutos de estupor y bochorno que para mí se quedan. Luego, me rehice;y me consolé con esos pintores que dan vueltas a unos pocos temas suyos y contra los que me dejaba caer unas dos horas antes. Son las pequeñas variaciones las que dan la clave: en mi artículo, el cartel de Tarragona o la tremenda cita de Vicente Núñez, por ejemplo. 

Y más que el consuelo particular, la ganancia universal. A partir de ahora veré esos cuadros, además de agradecido, con el ojo avizor para aquellas pequeñas divergencias que hirieron, de nuevo, la sensibilidad del pintor. Eso que me quedo. 




1 comentario:

Caminando dijo...

El repetirse escribiendo es buena señal, a mi parecer, porque es reflejo de nuestra vida, cuantas veces repetimos las mismas frases a las personas que queremos, porque sabemos que les gustan? y no por eso es monotono, lo importante es decirlo como la primera vez....