miércoles, 19 de febrero de 2014

Triple nacionalidad


He tenido un encuentro 2.0 con un compañero de mis dos años de Colegio Mayor. Me contó que hay que ver cómo era yo ¡que en aquel entonces aspiraba a representar a España en las Olimpiadas en el equipo de vela! No lo recordaba y sospecho que se lo diría al paso, en un pasillo, por recrearme en la suerte. Lo cierto es que las fechas, en plena vorágine pre-92, cuadran y que entonces yo navegaba obsesivamente con José Luis Domecq en flying dutchman. La foto no es nuestra, pero la bandera sí. 



El tipo 2.0 me lo decía con un viento un tanto racheado, como sugiriendo "qué cosas tenías tú". O sea, apuntando más bien al fantasmeo de holandés errante:



Y casi remató con: "... y ahora en lo que has quedado" o lo hizo. Eso me sorprendió muchísimo, porque representar a España en las Olimpiadas me parece un sueño mucho menos ambicioso que ser poeta español, la verdad. El monte Olimpo, con lo que es, que no lo niego, no es tan alto como el Parnaso, ni tan inaccesible. 

Soy ambicioso, desde luego, y más con el tiempo y con tantos sueños ya cumpliéndose. Alguna vez he dicho que el título que más cuadraría que me otorgasen es Barón de Deseos. Aunque antes que el título de marras ("No se ganan, se heredan, elegancia y blasón... / Pero el lema de casa, el mote del escudo,  / es una nube vaga que eclipsa un vano sol, /" etc.), vienen otros deseos, que es donde yo quería llegar en esta entrada confesional que se va a alargando demasiado... 

Mejor que cualquier premio literario o nada, yo me sentiría muy honrado con tener una triple nacionalidad. La española que no me la toquen, por supuesto; pero cuánto me gustaría tener el pasaporte de algún país de Hispanoamérica, de cualquiera de ellos, desde Estados Unidos a Argentina, pasando por los demás. Con el primero que me lo ofrezca, me quedo. Se trata de tener un pie en aquella otra orilla. Y, puestos a pedir, también me gustaría obtener la nacionalidad israelí, en aplicación del principio de reciprocidad. Y por la fuerza de la sangre. Sería tener un pie,  de nuevo, en cada orilla, esta vez del Mediterráneo. 

Cuando dentro de veinte o treinta años me recordéis esta entrada a todo trapo, estoy seguro de que de estas aspiraciones no me habré olvidado. 

4 comentarios:

Cavalcanti dijo...

¿Y si al final resulta que el Monte que quieres escalar es el Tabor?

Enrique García-Máiquez dijo...

Ah, sin duda. Triple nacionalidad y tres montes, tres y uno.

Anónimo dijo...

Hombre, llamar Hispanoamérica a los USA quizá resulte, a estas alturas, un tanto excesivo. Por lo menos, la wikipedia, en la entrada con ese título, no los incluye en su lista de 20 integrantes. Por lo demás, de acuerdo con lo del Parnaso. Entre otras cosas, sus nombres son mucho más perdurables. Hasta quien menos idea tenga de literatura conocerá al menos los nombres de Bécquer o Antonio Machado (por no remontarnos a Cervantes, o aún antes). Y desde luego, quien menos idea tenga de deporte, o incluso quien tenga alguna, difícilmente podrá referirse a deportistas españoles tan remotos como Machado (de los otros ya ni hablamos). Y sus méritos para ser recordados están mucho más vivos: al alcance de cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad e inteligencia. Vamos, que no hay color. De los atletas griegos, quien sobrevive es... su cantor.

Anónimo dijo...

Hagase Argentino, y será un maestro de ironías y paradojas. Deje que lo abrace nuestro río color león, haga de su vida un tango feliz. Un saludo desde el sótano de Beatriz Viterbo.