sábado, 11 de diciembre de 2010

Rosales, en la segunda fila

Suele ser queja muy habitual que los escritores de derechas gozan de menos predicamento que los de izquierdas. Y entre los airados ejemplos, sale a relucir invariablemente Luis Rosales, de cuyo nacimiento celebramos el centenario este año.

Aunque ganó premios de postín, entre ellos el Cervantes, nada menos; y fue académico de la Española; y publicó en las más importantes editoriales; y tuvo siempre alrededor un puñado de admiradores rendidos; y aunque, lo que es más raro, fue un poeta auténtico y poderoso, es verdad que la figura de Rosales ha quedado un tanto desdibujada y brumosa, en una segunda fila. Dos ejemplos. En Madrid, el poeta vivió en la calle Altamirano, donde sucede su libro capital, La casa encendida. En esa calle hay una espléndida librería literaria que se llama… “Rafael Alberti”. En Granada, en la casa familiar de los Rosales, donde transcurre buena parte del libro El contenido del corazón, hay, ahora, un restaurante exquisito, que se llama… “El rincón de Lorca”. ¿A qué se deben esas pretericiones?

En 1936 su amigo García Lorca se refugió en su casa, de la que fueron a arrancarle, y Luis Rosales trató de salvarle con riesgo de su propia vida. A partir de entonces y hasta el final de sus días, sin embargo, tuvo que soportar todo tipo de acusaciones, directas o veladas. Dispuesto a no sacar rédito de aquella canallada, calló; y aquí cometió un fallo de “política comunicativa”. Su silencio, hecho de dignidad ofendida y de meticuloso respeto a los muertos, acabo pareciendo el mutismo de una conciencia culpable.

Por otra parte, su propia evolución política, pasando de su inicial catolicismo al falangismo y, luego, al escepticismo y, finalmente, al monarquismo (llegó a pertenecer al Consejo de don Juan), hizo difícil que con él se identificará ningún grupo ideológico. Desconcertaba a todos. Otros escritores falangistas (Sánchez-Mazas, Panero, Foxá, García Serrano) han tenido en el fervor de unos cuantos lectores (no en los reconocimientos oficiales de los que, ya digo, Luis Rosales no puede quejarse) mejor suerte. Quizá ningún sector ideológico pueda identificarse con un elusivo Rosales, definido por Pablo Neruda como “gran antipolítico”.

Pero en lo literario Rosales tampoco dio facilidades. Lo suyo es una constante evolución. En Abril (1936) dio comienzo al soneto garcilasista que tanto éxito tendría tras la guerra civil, pero él apenas reincidiría. En Rimas (1951) pasó al poema existencial, confusa la historia y clara la pena; y, para mayor confusión, ese libro anterior se publicaría con posterioridad a La casa encendida (1949), eclipsando parcialmente su radical novedad. Ese logro se había conseguido gracias al trabajo de un extraordinario libro de poemas en prosa sobre la muerte de la madre, titulado El contenido del corazón, que se publicó veinte años después de escrito: en 1969, con lo que la línea del desarrollo quedaba enterrada. Las desordenadas publicaciones iban seguidas de largos años de silencio. Su carrera literaria acabó con un proyecto hercúleo, llamado La carta entera, que quedó incompleta. Iba a ser una tetralogía de poesía total, que anudaba narración, ensayo y autobiografía con un versículo poderoso, a ratos surrealizante, a ratos humorístico, siempre trágico. Dio las tres primeras entregas, dejando la última inédita. Ésta tenía un título profético de resonancias lorquianas: Nueva York después de muerto.

La profesora Noemí Montetes-Mairal acaba de editar en Cátedra tres libros de Rosales en un volumen: Rimas / La casa encendida / El contenido del corazón. La experta añade dos motivos más que explican el misterio de por qué Luis Rosales no está en la primerísima línea de poetas españoles, a pesar de su calidad y de su condición de cabeza de la generación del 36.

Revisaba sus versos de una manera compulsiva, de manera que hay muchas versiones distintas en periódicos y revistas, además de las variantes entre diversas ediciones. Eso ha forjado un laberinto para cualquier estudioso. La asombrosa falta de estudios críticos quizá venga explicada, por tanto, por cierta prudencia profesoral.

Por otra parte, Rosales es un poeta que queda mal en las antologías. Su obra es unitaria y entre narrativa y cinematográfica. En foto fija, se le entiende mal. Pero el público de poesía suele seleccionar en antologías a los autores que leerá luego con más detenimiento.

Son explicaciones muy inteligentes y ciertas; aunque no excusas absolutas para no adentrarse en una obra esencial. Ahora, que la política de su tiempo se ha apagado y, sobre todo, que podemos ir encajando en su sitio las desordenadas piezas de sus libros, debería verse clara la importancia y la coherencia de su poesía. Quizá para escribirla el autor necesitó un cierto esquinamiento y ese dolor que la cruza de parte a parte. Hemos de estar muy agradecidos, si fue para eso, a la extraña dosis de marginación que Luis Rosales supo atraerse con habilidad implacable. Su obra merece la pena.

16 comentarios:

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Absolutamente de acuerdo. Un abrazo.

viñamarina dijo...

Muy cierto. Hay que acercarse mucho a él para rastrear el hilo conductor en tan sabio desorden.

viñamarina dijo...

Muy cierto. Hay que acercarse mucho a él para rastrear el hilo conductor de tan sabio desorden. Y es que se daba traza para irse por las ramas y dejar cabos sueltos.

Ignacio dijo...

Hay dos cosas que me desbaratan; una es la clasificación por presunta ideología, que lamentablemente está demasiado instalada en sociedad: bueno si es de los nuestros, malo si es de los otros, o como mucho se le "tolera" eso no acabo de encajarlo yo bien.

Yo soy de pueblo. Mi pueblo, a prudente distancia de Valencia estaba lleno de extrañados; cuando Franco venía a Valencia, todos al cuartel.

Eran anarquistas, y crecí rodeado de ellos, ya imaginas. Me contaban las historias, lo de siempre, y ellos me contaron que, cuando sucedió aquello, desde Radio Albacete, Rafael Alberti lanzo un"saludo a nuestro gran amigo poeta ahora perseguido pero que gracias a las buenas intenciones de otro poeta aunque del otro bando....." con lo que sin decirlo, fué el que delató a Lorca y a Rosales.

Ellos lo vivieron, me lo contaron y yo, les creo.

Anónimo dijo...

Bien, D. Enrique, pero ¿no le parece que el final de la primera frase está pidiendo a gritos un CUYO?

E. G-Máiquez dijo...

El cuyo suyo, d. Anónimo, ya está puesto. Muy agradecido.

Y muchísimas gracias, José Manuel, por ese acuerdo, que me anima mucho.

Lástima, Aquilino, no haber hablado de esa traza que se daba para las ramas y los cabos sueltos. Hubiese redondeado el artículo. Es una apreciación muy aguda.

E. G-Máiquez dijo...

Ah, Ignacio, gracias por el comentario y la información de Radio Albacete. En cualquier caso, la responsabilidad fue de los que lo asesinaron. Abrazo fuerte, E.

Anónimo dijo...

...de cuyo nacimiento celebramos el centenario este año. (El "cuyo" incluye ya el "su")

E. G-Máiquez dijo...

Gracias, san Anónimo. Las prisas por aceptar su consejo me hicieron trastabillarme.

Vicente García dijo...

A mí me impactaron mucho La casa encendida, y muchos otros poemas suyos, desde el primer momento. Quizá escribiera demasiado. En Alianza hay, o había, una excelente antología poética.
García Martin me decía que hoy le parece un poeta algo antiguo. También decía algo así Fernando Ortiz. El tiempo lo dirá. Yo creo que sigue vivo.

Anónimo dijo...

Hola, Enrique.

Cabal todo lo que afirmas con respecto a Rosales. Es más, me gusta el titular, "en la segunda fila", que no "de segunda fila", aunque así ha sido tratado por crítica y público, salvo un puñado de lectores críticos.

Pero sigo pensando que llega algo tarde el torrente de ediciones críticas de su centenario. Rosales no ha sido leído por una inmensa minoría de público lector porque sencillamente no estaban sus libros en colecciones accesibles. Ahora ha llegado a Adonais (de tu mano), a Visor, a Cátedra... Habrá un cambio de perspectiva, sin duda.
¿Quién puede leer hoy día "La casa encendida" sin sobrecogerse? La edición de Seix Barral de hace 20 años no ha resultado suficiente (junto a la de Alianza Editorial), aunque muchos lo leímos gracias a esas ediciones, si no...

De todas formas sigo pensando, como dije en el congreso en que coincidimos, que ha habido cierta dejadez editorial y crítica a la hora de presentar ediciones sobre Rosales. NO me sirve la excusa de que resulta complejo trabajar con sus poemas definitivos (como adujo Montetes-Mairal). Los críticos están también para eso, y jamás debe echar para atrás una edición de un poeta "clásico". El paratexto que presentan estas ediciones, en definitiva, no preocupa más que a un puñado de lectores.

Sobre lo que comenta V.G., quizá sí 12 libros sean demasiados para una obra poética completa de un autor que quiere "permanecer". Muchos de sus libros pueden resultar "prescindibles". Pero a un autor se le considera por ese puñado de libros memorables. No por los prescindibles (si no, ¿dónde estarían R. Alberti o P. Neruda?.).

Abrazos
Ricardo Virtanen

E. G-Máiquez dijo...

Gracias por la visita, Ricardo. Y qué bonito lo que dices del título del artículo, que no me había dado cuenta, y que es así, y lo enriquece.

También agradezco mucho el comentario a VG. El tiempo lo dirá, efectivamente, y nosotros que lo veamos/leamos.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Como Alberti, también los Magos levantaron la liebre: ¿donde está el rey de los judíos...?
No juzguemos.

Anónimo dijo...

Es emocionante leer a Rosales, y me resulta imprescindible para comprenderlo (a mí por lo menos) tu prólogo en Rialp. Si se me permite la broma fácil, Rosales tienes sus espinas: no sé, hay en esa tragedia suya (tan exprimida) -pido perdón de nuevo- una como "mala follá" granadina que resuena como un deje debajo de gran parte de su gran obra. Y después, tanta ambigüedad...: se le ha acabado ahorcando con tanto cabo suelto! Bueno, es un estupendo poeta, qué más dan todas estas cosas. J

Anónimo dijo...

hola Enrique
Soy Ana, unavez más quería agradecerte en nombre mio y del resto de mi familia, tu recuerdo y tus palabras para mi abuelo.
No se si ire a Jerez en navidad, si lo hago, espero verte.
Un beso
Ana

Ignacio dijo...

La comparación con los Reyes Magos no sé si es improcedente, o patética; nada que ver una cosa con la otra: era un delator, movido por la envidia, lo juzgará Dios pero era un delator, como todos los comunistas y su envidia a Lorca y Rosales queda patente en ese hecho.
Juzgará Dios si existe; yo simplemente lo señalo como chivato, y lo desprecio.