jueves, 2 de diciembre de 2010

Una barbarie que someter

[Reseño hoy en La Gaceta el último diario de JJL, Los cuadernos de Rembrandt. La página es una maravilla, con una gran semblanza del maestro por Dani Capó, y dos hermosas fotografías.]
Dentro del auge del género del diario en los últimos decenios en España, destacan, junto a los de Andrés Trapiello y José Luis García Martín, los de José Jiménez Lozano (Langa, Ávila, 1930). Éstos se inclinan hacia el glosario, donde el “yo” del escritor queda en un segundo plano. Los primeros que publicó, en 1986, ya fueron “cuadernos”, Los tres cuadernos rojos.

Los abría una larga cita de Jünger, como una exposición de motivos: “El llevar un diario, es decir, la puesta en orden de acontecimientos y pensamientos que afluyen, forma parte de la tarea que se ha asignado al escritor. Es también un consuelo solitario del que siente necesidad. En un momento en que el técnico dirige el Estado y lo modela según su idea, no solamente están amenazadas de supresión las digresiones artísticas y metafísicas, sino también la simple alegría de vivir. […] Ahora se considera como un lujo ese carácter propio del individuo que Heráclito llamaba el daimon del hombre. Nuestra lucha por defenderlo y nuestra voluntad de conservarlo es uno de los temas más grandes y más trágicos de nuestro tiempo”.

Los diarios de Jiménez Lozano se inscriben, pues, desde el principio, en esa lucha trágica y con esa voluntad. Como en anteriores entregas, se parapeta el autor en la que considera su familia literaria, formada por Pascal y los señores de Port-Royal, Simone Weil, Edith Stein, Nadiezha Mandelstam, William Faulkner, Flannery O’Connor y René Girard, y a la que se han incorporado G. K. Chesterton, Christian Bobin o Nicolás Gómez Dávila. Con ellos se pone del lado de los seres de desgracia, abomina insistentemente tanto de las glorias literarias como de los grandes del mundo y defiende una literatura escrita desde el dolor y que se acerca con suma precaución a la belleza, temerosa de sus seducciones y de su poder.

Una novedad de esta entrega es que en ella el tiempo nos alcanza. Escrita entre 2005 y 2008, habla de acontecimientos casi contemporáneos, como los terribles abusos de las clínicas abortivas o el atentado de Barajas, y de personajes reconocibles, como el juez Garzón o Zapatero.

El tono general es, por tanto, muy pesimista. La lucha para conservar el daimon está perdida en nuestra sociedad actual, piensa; y cita a Louis Auchincloss en El rector de Justin, para lamentar que en una riada (y eso es la modernidad para Jiménez Lozano) no se puede escoger lo que se salva. Acaba el libro reafirmándose, a pesar de todo, en el combate, con las luminosas palabras de Rémi Brague: “Ser romano es tener, aguas arriba de sí, un clasicismo que imitar y, aguas abajo, una barbarie que someter”.

26 comentarios:

Juan Pablo López dijo...

Estimado Enrique, acabo de terminar de leer "El azul sobrante" que también me ha parecido una delicia de libro. Sin duda, ninguno de sus cuentos te deja indiferente.

Muy buena su reseña, en breve me acercaré a mi librería a por la nueva entrega de los diarios de D. José, una de las mentes más lúcidas en la España de hoy.

Un cordial saludo,
JPLT

Rafael G. Organvídez dijo...

¡Qué grande es don José!

marinero dijo...

No conocía la frase con la que EGM cierra su artículo; supongo que el que la destaque incluso en el titular significa que le encuentra aplicación a la situación española actual.
No quisiera pensar que la "barbarie" a la que hay (nada menos) que "someter" sea la de quienes, simplemente, no comulgamos con el propio EGM (y con Jiménez Lozano) en sus ideas conservadoras. ¿Basta con eso para ser "bárbaro"? Y, en ese caso, ¿no le parece que debiera plantearse más bien la necesidad de convivir con esos supuestos "bárbaros", desde el mutuo respeto a las convicciones respectivas; o, en todo caso, tratar de convencerlos de la razón que en su opinión le asiste?
Porque semejante calificativo, y el apelar a la necesidad, no de convivir o convencer, sino (nada menos, repito) de "someter" (¿y cómo? ¿Por la violencia, acaso?), refiriéndose a quienes, simplemente, no piensan como uno, me perdonará EGM -que sin duda no piensa así, aunque aquí pueda parecerlo- si le digo que me parece, ésa sí, una muestra de auténtica barbarie.

E. G-Máiquez dijo...

Querido Marinero; no me refería a las izquierdas ni a las derechas. Barbarie me parece matar a los niños antes de nacer, dejar que mueran de hambre en el tercer mundo, cuando podría evitarse, arrear a los ancianos, cuando dejan de ser productivos, una muerte digna, los indices de lectura y demás de nuestros colegiales, nuestros programas de tv, nuestra política en general, etc. La primera barbarie que he de someter, y en la que se me van casi todas las fuerzas, es la mía propia (recuerde a Platón y al caballo negro del mito de la cuadriga). Abrazo, E.

marinero dijo...

Por la respuesta de EGM se traslucen, me temo, algunas cosas en las que se ve que, en efecto, en su "barbarie" se incluyen quienes tienen el gravísimo defecto de no pensar como él y los suyos.
Respecto a lo de, cito, "matar a los niños antes de nacer" (y dejado aparte el hecho de que la palabra "niños", según el DRAE, hace referencia al "período de la vida humana que se extiende DESDE EL NACIMIENTO hasta la pubertad", ergo llama impropiamente "niños" a lo que debiera llamar "fetos", error nada inocente), le recuerdo que en tal categoría de "bárbaros" se incluirían personas como Natalia Ginzburg, Fernando Savater y unos cuantos miles más, a las que cuesta calificar sin más de "bárbaros". Y que las praćticas abortivas no eran nada infrecuentes ni en la Grecia ni en la Roma clásicas, con lo que la oposición "cultura clásica/barbarie" quedaría invalidada por falsa.
Pero es que su manera de enfocar las cosas (toda persona que considere que las prácticas abortivas, que prohibidas o no han existido siempre, no deberían conllevar ilícito penal, lo que conduce a que se realicen en condiciones lamentables..., salvo, naturalmente, para quien tenga medios para pagarse viaje y estancia en un país lo bastante "bárbaro" para facilitarle legalmente las cosas en las mejores condiciones posibles -y acaso volver luego a su país a seguir proclamando que todo aborto es un asesinato-; toda persona que tal piense y diga es, sólo por eso, "asesina de niños antes de nacer", y como tal un atroz bárbaro), deja muy claro que, en éste como en otros asuntos, no hay para EGM opiniones distintas y legítimas, sino una única verdad, la suya (aunque para ello los fetos hayan de ser niños, y los abortos griegos o romanos, inexistentes), y enfrente una camada de atroces bárbaros, se llamen Ginzburg, Savater o como sea.
Digo lo mismo respecto a "los ancianos, cuando dejan de ser productivos", como si las disposiciones relativas a una muerte digna se refirieran a ellos, y no a cualquier persona, joven o vieja, productiva o no, que pueda encontrarse en esa situación, cosa que EGM no puede ignorar.
Lo que él hace, retorciendo de ese modo palabras y conceptos, se llama demagogia, término de raigambre perfectamente clásica.
Y conste que no digo esto porque, como él, yo crea "bárbaros" a quienes no coinciden conmigo. La oposición a cualquier forma de aborto provocado, o a cualquier tipo de eutanasia, me parecen cosas del todo respetables. Lo que le reprocho es esa visión, falseada y parcial, según la cual Natalia Ginzburg era irremediablemente una "asesina de niños" o las regulaciones sobre la muerte digna no tienen otro objeto que quitarse de en medio a los ancianos no productivos.
Precisamente porque sus posturas son del todo respetables, debiera defenderlas sin recurrir a falsificaciones tan crasas de la realidad.

Ángel Ruiz dijo...

Marinero, ¡quita tus sucias manos de mi Ginzburg! (no te quejarás, te hago caso y te doy de comer)

marinero dijo...

Para Ángel Ruiz: es curioso que, habiendo comentado en su blog (10-9-09) el libro de ensayos de Natalia Ginzburg publicado por Lumen, no haga ni la más mínima alusión al artículo que en él se recoge, publicado según creo con motivo de la discusión en el Parlamento italiano de la ley para la despenalización del aborto, en el que se pronunciaba por la afirmativa, es decir, apoyando dicha despenalización. Pues está allí, para quien (al contrario que Ángel, según parece) quiera verlo.
Claro que este comentario mío es, imperdonablemente, "poner mis sucias manos sobre su Ginzburg", que no sólo es exclusivamente suya, y de los suyos, sino que lo es debidamente arreglada para que no diga lo que a él no le conviene.
En fin, habiéndome permitido el atrevimiento de leerla y comentarla en un sentido distinto al Único Posible (exclusivo y excluyente) de Ángel, no puede caber duda de que soy ese "troll" al que él, bondadosamente, "hace caso y da de comer". Cierto que yo doy, aparentemente, datos concretos y argumentos precisos; pero ya se sabe que, si un "troll" (esto es, cualquiera que tenga la inconcebible osadía de no pensar como se debe) aparenta hacer tal cosa, eso no es más que, en efecto, una apariencia: datos y argumentos reales sólo los poseen quienes piensan de acuerdo con la Única Verdad.
No es nada aventurado pensar que, en una España tal como Ángel la imagina y desea, esa sagaz iniciativa suya de no referirse para nada a un texto tan incómodo tendría su reflejo en una censura que no hubiese permitido su publicación. Y es que la libertad bien entendida, según algunos, empieza por la negación de todo lo que no conviene.
Pocas dudas puede haber, si hay alguna, de que (si no lo hubiera hecho ya antes), Ángel se habría cuidado muy mucho de publicar ese anterior comentario mío (y no digamos éste) en su propio blog. Sólo su Verdad tiene derecho a existir y manifestarse. ¡Lástima de los buenos tiempos de la Inquisición, o por lo menos de la censura franquista: quién los viera volver!

E. G-Máiquez dijo...

Marinero, hablamos aquí mismo de esa opinión de la Ginzburg y con ningunas ganas de censurarlas. Aunque reconociendo que desde nuestro punto de vista (y es de suponer que desde el de los fetos) no tuvo su día más lúcido. Creo que usted no abusa de la técnica de los compartimentos estancos (que me encantaría que me aplicase a mí, sin ir más lejos) y que tiende a mezclarlo todo. Tampoco exagera usted con la autoironía. Ángel bromeaba con usted y con la enemistad (un poco de pega) entre los dos. No se me ponga tan inquisitivo. Y perdóneme estos consejos, o póngalos en mi haber reaccionario. Con mi mayor simpatía, E.

Ángel Ruiz dijo...

Marinero, qué barbaridad, qué mal entiendes mi tono de humor. Lo de las 'sucias manos' era una parodia del título de un artículo de A. T. (no te asustes, eh, es pura casualidad).
Y yo que creía que te alegrabas cada vez que te dirigía la palabra, vaya.
No me gustó el artículo de Natalia Ginzburg, pero no comento todo lo que no me gusta: me halagas haciéndome referente moral de toda la realidad, pero yo me limito a decir unas pocas cosas.
Por otro lado, estoy bastante seguro -no tengo la certeza, no- de que a Natalia Ginzburg le horrorizarían tus planteamientos sobre el aborto.
Ya veo que me ves incapaz de razonar y me debes de imaginar como una especie de monstruo de ideas dogmáticas que quiere atizar con ellas a los demás: lo siento; al menos esperaba que tú entrevieses un mínimo de apertura en mis planteamientos vitales.
Mírate lo de la falta de sentido del humor, Marinero, que puede ser un síntoma preocupante.

marinero dijo...

No conocía el texto de EGM a que él me remite; creo que empecé a seguir su blog en una fecha posterior. Parece, en todo caso, un tanto arriesgado suponer que esa opinión de Natalia Ginzburg, con lo lúcida que era y la importancia que ella misma le da en el artículo, fuese cosa solamente de "un mal día". Por mucho que no la admire (la opinión, digo), cosa que comprendo bien, no debería desvalorizarla así sin más argumentos que el hecho de que a él no le guste. Pero admiro y agradezco que se haya ocupado de ella, aun siendo tan adversa a sus propias convicciones; como digo, no lo sabía.
Respecto a las bromas de Ángel, ojalá no tuviesen, efectivamente, más alcance que el de esa "enemistad un poco de pega"; nadie lo desearía más que yo, que pese a todo sigo leyendo a Ángel y estimando de veras muchas opiniones suyas. Pero, después de haberme "expulsado" (lo pongo entre comillas para quitar solemnidad) por dos veces de su propio "blog", y de intervenir en éste y en otros para denunciarme repetidamente como "troll", sin la más mínima muestra de consideración a unas opiniones, las mías, que podrán ser todo lo equivocadas que cada cual quiera pensar, pero que creo que son, o al menos se esfuerzan en ser, fundadas y respetuosas, me parece que las cosas (por desgracia) no son tan simples.
Yo volvería encantado a intervenir en el blog de Ángel, si él lo permitiera, y desde luego no le guardo rencor (no va con mi carácter); pero me temo que la calificación de "intolerante" que él mismo se daba en la autodefinición que publicó hace unos días sea algo más que una broma.
Me parece obvio que él piensa que esa palabra, en aquel contexto, sólo quiere decir "una persona que tiene convicciones firmes y hondas". No eran menos firmes y hondas, por ejemplo, las de Cernuda, quien todavía al final de su vida, en "Desolación de la Quimera", incluye un poema como "1936", donde a cuenta de un encuentro con un antiguo brigadista se refiere a la causa por él defendida, que, dice, "te aparece / Como en aquellos días: / Noble y tan digna de luchar por ella". Pero también incluye, en ese mismo libro final, el poema "Díptico español", donde habla de la España "tolerante de lealtad contraria, / Según la tradición generosa de Cervantes".
Así me esfuerzo siempre en ser yo mismo, y creo que EGM tiene pruebas sobradas de ello. Pero me temo que Ángel, cuando menos en su trato conmigo, olvide o desdeñe ese importante principio. Tiene mi respeto para sus convicciones, que creo sostenidas con hondura y buena fe; no, en cambio, para su tendencia a despreciar y aun atacar al otro, por el único delito de no compartirlas. Y eso, su intolerancia, hace verdaderamente muy difícil entenderse con él.
Y no lo haría menos difícil si las ideas por él sostenidas coincidiesen con las mías: no es una diferencia ideológica, es una diferencia de temperamento (y de respeto). Y la veo muy complicada de salvar, si como creo falta, por una de las partes, la voluntad de entenderse con el otro.

Ángel Ruiz dijo...

Marinero, ahora -por 3ª vez- estás invitado a comentar en mi blog, pero como he configurado los comentarios para que no puedan ser anónimos, tendrás que crear una cuenta en Blogger (o similar); no hacen falta más datos, basta con que pongas el nombre ('Marinero') y a partir de ahí enviarme mensajes, aunque espero que no sean como este de aquí de las 12:56 PM, que superaba todos los límites de grosería y me presentaba como alguien que oculta torticeramente las verdades que no le convienen. me parece que tu reacción superaba todos los límites; y espero que tu comentario de las 1:58 sea una muestra de que tú mismo te diste cuenta de que te habías pasado varios pueblos.

marinero dijo...

Quiero dar las gracias, pública y claramente, a Ángel Ruiz, tanto por su invitación a intervenir en su blog como por el tono de su última respuesta, ciertamente muy distinto al que yo podía esperar o prever. Respecto a la invitación, no sé todavía si la aceptaré, o mejor dicho si podré aceptarla; mi ignorancia en asuntos informáticos es grande, y desconozco si sabré apañármelas para configurar la cuenta que él dice, y si en efecto es posible preservar, al hacerlo, un anonimato que -como ya expliqué en su momento a EGM, y por las razones de libertad personal que allí le daba- me importa mantener.
Respecto a mi mensaje de las 12:56, pido perdón a Ángel por lo que en él pueda haber encontrado de molesto, y me alegraré sinceramente de equivocarme en mi suposición de que su autoproclamada "intolerancia" es algo más que autoironía. En el mensaje al que yo contestaba con ése mío, dice él textualmente que "me hace caso y me da de comer"; es decir, entiendo, sigue considerándome el "troll" que ya otras veces me ha proclamado. Entendamos también que es una muestra más de su sentido del humor, y que asimismo lo es su referencia a Andrés Trapiello, por quien ya declaré mi admiración, mi abundante lectura (y relectura) de sus cosas y las razones personales que tengo, además de todo ello, para estarle agradecido.
En fin, repare Ángel Ruiz en que intervengo con cierta frecuencia en diversos blogs que él también consulta, y que ninguno de ellos, salvo él (y por dos veces) ha creído necesario expulsarme. Y recuerde también que, por ejemplo, la primera de dichas expulsiones se produjo a raíz de que yo le afease un comentario suyo, relativo a las primeras acusaciones que se hacían a la iglesia católica de ocultar durante años abusos sexuales a menores por parte de algunos de sus miembros. Ángel se despachaba allí, si recuerdo bien, diciendo que quienes criticaban la actitud de la Iglesia (o del Papa: ya no sabría precisarlo) eran "sepulcros blanqueados" (términos particularmente graves y ofensivos en boca de un cristiano, como recogidos de una condena del propio Cristo). Es decir, aseguraba que cualquiera que disintiese de la doctrina vaticana al respecto sólo podía hacerlo por hipócrita maldad. No parecía (y no ha sido la única ocasión) caberle en la cabeza la posibilidad del disentimiento honesto y lúcido, aunque pueda equivocarse: "o estás conmigo o estás contra mí", parecía ser su única alternativa. Si no se trataba también de una broma (y he de confesar que en ningún momento me lo pareció, ni él dijo nunca que lo fuera), ¿qué otra cosa puede ser, sino una muestra de intolerancia?

marinero dijo...

Yo acepto y respeto su fidelidad, aun pareciéndome algo acrítica, a la doctrina vaticana; pero no he visto en él, por ejemplo en esa ocasión, disposición ninguna a aceptar y respetar, en justa equivalencia, planteamientos distintos de los suyos. Mucho me alegrará equivocarme; yo, como he repetido con machacona insistencia, ningún problema tengo en intentar entenderme con quien piensa de modo distinto al mío.
Repare por ejemplo Ángel que, en mi disidencia en este mismo foro con EGM respecto al tema del aborto, en ningún momento le he acusado de nada por la postura que defiende, y que no es la mía (al contrario que él mismo, que con su "barbarie me parece matar a los niños antes de nacer" ni siquiera alude a la posibilidad de que una persona que defienda la despenalización del aborto, como por ejemplo Natalia Ginzburg, pueda hacerlo por otro motivo que la pura barbarie). He señalado, eso sí, lo que sus afirmaciones me parecían contener de intolerantes y/o contradictorias; pero dejando claro mi respeto pleno por su postura, aunque yo no la comparta.
Si Ángel, con su insistencia en el "troll" inclusive, es partidario de igual respeto hacia posturas distintas de la suya, podremos entendernos. (Y desde aquí, y para el futuro, vuelvo a pedirle perdón por cualquier cosa, en mis palabras o en el tono, que puedan disgustarle). Si, en cambio, no ve en quien disienta de él otra cosa que "sepulcros blanqueados", me temo que será imposible; y no por culpa mía.

Ángel Ruiz dijo...

Marinero, para poder discutir contigo primero tengo que saber que eres siempre tú quien habla: por eso te pediría que tengas una identificación inconfundible; una posibilidad que respeta tu privacidad es abrir unacuenta de google , que permite comentar en Blogger y en la que sólo te piden un nombre (por ejemplo 'Marinero'), una dirección de correo -que no aparece luego en los comentarios- y nada más. Con eso, tus comentarios serían intransferibles y sabría sin dudas que eras tú. Yo he recibido anónimos en los que me decían que eras tú el que los escribías: pero no puedo tener la certeza de que sean tuyos o de algún troll; así, es imposible empezar a dialogar contigo.

Otra cuestión es el distinto tono de tus comentarios; a veces eres una persona perfectamente razonable y otras caes en unas acusaciones tremendas; por supuesto que estoy a favor del 'disentimiento lúcido'; lo que no me reconozco es en lo de llamarte 'sepulcro blanqueado', porque si algo no te considero es hipócrita: en todo caso me pueden haber molestado de ti algunos comentarios en los que caen en acusaciones perfectamente gratuitas (p. ej. las las del comentario de las 12:56 PM.).

marinero dijo...

Reproduzco literalmente, para refrescar la memoria del amigo Ángel Ruiz, una frase de la entrada de su blog del 19 de Abril de 2010, titulada "Cinco años". Es ésta: "Y quiero traer otra frase, ya puestos: no juzguéis y no seréis juzgados; mejor que no se os ocurra juzgar al Papa, vosotros sepulcros biempensantes blanqueados que os escandalizáis con 'noticias' del New York Times y no os importan los 100.000 abortos al año". Las "noticias del New York Times" a que se alude son las que por esas fechas aparecían, en ése y en otros medios, denunciando no sólo los abusos a menores cometidos por miembros de la Iglesia católica, sino su ocultación posterior, a veces durante décadas.
A mí me parece obvio que los "sepulcros biempensantes blanqueados" a que se alude somos todos los que, en esos días, culpábamos a la Iglesia por su complicidad -al menos pasiva, por ocultar, por no denunciar- con aberraciones así, y al propio Papa por la tibieza inicial de una reacción que luego, por fortuna, corrigió al menos en parte.
Sé, naturalmente, que Ángel Ruiz no estará de acuerdo con que ambas actitudes iniciales, la de la iglesia y la del propio Papa, fuesen criticables, por la excelente razón de que, de acuerdo con sus principios, jamás lo son. Pero es obvio que yo nunca he empezado un comentario mío arremetiendo contra quien, sencillamente, no piensa como yo, porque es convicción básica mía que yo no poseo la verdad en exclusiva, y que desde luego puedo equivocarme (cosa distinta es que responda criticándola a una barbaridad previa, o que a mí al menos honestamente me parece tal).
El problema, y termino, es la convicción de algunos de que ciertas cosas, personas o instituciones poseen una verdad absoluta e indiscutible. Con quienes así piensan, es difícil o imposible la discusión, obviamente.
(Respecto a las "acusaciones tremendas" que se me reprochan, puedo buscar y citar igualmente pasajes de sus comentarios donde queda clara, a mi parecer, su opinión de que cualquiera que no condene radicalmente y sin matices todo aborto provocado es un asesino; de ahí mi alusión a Natalia Ginzburg. Yo temo que haya, en su manera de considerar estas cosas, cierto olvido de la máxima evangélica de la paja y la viga. En cualquier caso, me sorprende la insistencia en las desigualdades de mi tono: nadie más, en los distintos blogs en los que como él sabe intervengo, me ha reprochado nunca nada semejante. Quizá tenga, por tanto, algo que ver su personal modo de mirar, en una conclusión así).

Ángel Ruiz dijo...

Gracias, Enrique, por dejarnos esta entrada un poco antigua para que discutamos.
Marinero, otra vez se ve tu catadura: ahí se ve bien que lo que echaba en cara a los modernos fariseos es que se escandalizasen de los abusos y les diesen igual 100.000 abortos en España al año.
Si tu te diste por aludido es tu problema.
Y yo pienso que los abusos son una vergüenza, un horror y un crimen abominable: eso es lo que pienso, Marinero, pero ya se ve que tú has decidido que yo pienso otra cosa. Y la idea de fondo es igual de insultante: se supone que pienso así porque soy incapaz de pensar por mi cuenta.
Si pudiera hablar contigo directamente seguro que podríamos aclarar algunas cosas, pero te ocultas en tu pseudónimo y yo sigo sin tener la seguridad de que no usas otros a la vez no puedo llegar a nada constructivo contigo. No creo que haber sido finalista del ¿Premio de la Crítica, era? sea un impedimento tan tremendo.

marinero dijo...

No sólo los abusos son, en efecto, una "vergüenza abominable"; su ocultación (a veces, repito, durante décadas) no es menos vergonzosa. Y ésta no alcanza sólo a los responsables directos de los abusos, sino a la jerarquía que ocultó y, al no tomar medidas o limitarse a trasladar a otros sitios a los responsables, que en más de una ocasión siguieron cometiéndolos, consintió.
Respecto a si en las palabras tuyas que reproduzco se aludía o no a cualquiera que, pensando lo que yo digo en el primer párrafo, disentía (y disiente) de la actuación de la iglesia católica en este asunto, podría sin duda discutirse sobre ello; pero, en todo caso, ni en esas palabras ni en el resto de la entrada se hace la más mínima alusión que sugiera la posible existencia de personas que, disintiendo de la iglesia en ese punto (y no condenando radicalmente y sin matices la despenalización del aborto, como, vuelvo a recordarlo, fue el caso de Natalia Ginzburg), pudieran no ser sin embargo "sepulcros blanqueados". Una precisión a ese respecto, en mi opinión, no hubiera estado de más. En realidad, hubiera hecho mucha falta.
Sobre que la idea de fondo sea que "tú no piensas por tu cuenta", me temo que esa es una interpretación del todo caprichosa. En ningún momento he aludido a ti personalmente; en todo caso, debieras acusarme de algo mucho más grave: atribuir esa limitación a cualquiera (no sólo a ti) que sitúe la doctrina de la iglesia, y la del propio Papa, sea ésta la que sea, por encima de cualquier crítica. Es evidente que hay muchísimos miles de fieles católicos que, silenciosa o abiertamente, disienten de la doctrina oficial de la iglesia. Si para ti no es verdad cualquier cosa que puedan decir la iglesia o el Papa, incluso antes de que lo digan, simplemente por la autoridad de que a priori se los reviste, no te alcanza mi crítica. Y si no es el caso, y tienes por infaliblemente verdadero cualquier pronunciamiento de una u otro, yo no discuto pese a ello tu capacidad de pensar libremente (aunque una y otra cosa me parezcan, es cierto, algo contradictorias); sólo digo que en tales condiciones, en efecto, parece muy difícil o imposible discutir.

marinero dijo...

Respecto al anonimato, es para mí curioso que aceptes que he sido finalista del Premio de la Crítica (en efecto, era ése) fiado sólo en mi palabra, pero al parecer no te baste con ella si yo te aseguro mi compromiso de no intervenir a partir de ahora con otro seudónimo que el de "marinero".
Y, en fin. dejemos pasar la palabra "catadura" con que me obsequias (y que, como sin duda no ignoras, no es término precisamente elogioso) como parte de ese "sentido del humor" tuyo que yo no sé apreciar.
Diré sólo una cosa, para terminar: con ocasión del debate sobre la modificación última de la ley del aborto, la iglesia católica (española, supongo, o vaticana, no lo recuerdo bien) planteó la posibilidad de excomulgar a quienes votasen a favor. Dadas las ideas que exponía en el artículo que conoces, la Ginzburg hubiera sido, con un planteamiento así, una buena candidata a la excomunión. Y, dado que un sujeto tan poco recomendable como el torturador y asesino Pinochet (hay testimonios estremecedores del refinamiento sádico en que se complacían algunas de esas torturas, que te ahorraré) jamás fue candidato a ella, hay que concluir que el ideal moral que ahí se plantea está más cerca de Pinochet que de Ginzburg... Disentir abiertamente de una propuesta ética que acepta contradicciones así me parece una medida de pura sanidad mental, y moral.
No digo esto para convencer a nadie; sólo para señalar que tengo mis propias ideas, que no son ni improvisadas ni gratuitas. Pero no creo que los fieles católicos sean "sepulcros blanqueados": me consta no sólo la integridad moral de muchos, sino incluso la excelencia ética de algunos. Creo que se puede ser una persona modélica dentro o fuera del catolicismo.
Si, con estos supuestos y preservando un anonimato que sólo a ti te parece incompatible con una discusión sincera y respetuosa, podemos intercambiar libremente ideas, santo y bueno; y, si no, pues qué se le va a hacer. No todo el mundo está hecho para entenderse.

Ángel Ruiz dijo...

1. Ginzburg no era católica y discutía la despenalización, no la bondad del aborto, que le parecía un horror.
2. Pinochet quizá estuviese en contra del aborto; el hecho es que si cometió crímenes horrendos es un criminal de todos modos. Se puede ser malo por una cosa, por otra o por mil.
Respecto a mi capacidad de pensar por mi cuenta, digo lo que dijo el beato Newman: "Caso de verme obligado a hablar de religión en un brindis de sobremesa -desde luego, no parece cosa muy probable-, beberé «¡Por el Papa!», con mucho gusto. Pero, primero, «¡Por la Conciencia! », después, « ¡Por el Papa! ».
Si no tienes un nombre identificable en una identidad concreta en la red, nunca sabré si no eres tú el que escribe en otros sitios. También yo puedo dejar aquí un comentario firmándolo como 'Marinero': por eso se hace difícil asegurar que eres tú y sólo tú el que firma como Marinero. Y lo peor es cuando no sé si eres tú el que no firma como Marinero y me deja comentarios en los que dice que es Marinero.

marinero dijo...

Tienes razón, amigo Ángel: a veces me ofusco y digo cosas de las que me arrepiento.
Sólo que a veces eres muy duro y sigues llamándome troll, cuando no lo soy.
Y el hecho es que a un finalista del premio de la Crítica le pueden reconocer fácilmente. No quiero que estos comentarios míos perjudiquen mi carrera, así que, amigo Ángel, tendré que seguir en mi anonimato, aun a riesgo de que otros suplanten mi nombre.

marinero dijo...

En fin, dejémoslo así. Respecto al que a las 10:43 ha tenido la ocurrencia de suplantarme, "con su pan se lo coma y allá se lo haya". Sólo recuerdo que quienes, por parte de la iglesia, propusieron lo de excomulgar a quienes votasen a favor del aborto, tampoco se planteaban para nada lo que, en el plano personal, pudiera parecerles a cada uno de los que lo hicieran; simplemente proponían voto favorable = excomunión. Y en cambio, como dije antes, ninguna instancia eclesiástica conocida por mí propuso para el caso de Pinochet torturador y asesino = excomunión. De donde lo primero, a algunos, debía parecerles más grave que lo segundo. Bueno, no es mi caso.
Sólo una cosa antes de terminar, simplemente para que no haya confusiones: yo, ciertamente, no soy católico (me considero agnóstico), pero tengo verdadero respeto, y hasta una puntita de envidia, por quienes tienen (auténtica) fe, ya sea católica o no. Hay entre mis amigos no pocos creyentes, e incluso algún miembro del Opus; por intermediación mía, alguno de estos últimos ha publicado poemas en alguna revista. No soy, pues, anticatólico, ni siquiera anticlerical (como si lo era por ejemplo Buñuel, no obstante lo cual es sabido que uno de los mejores amigos que tuvo en los últimos años era un sacerdote católico). Ni siquiera descarto -aunque tampoco la afirmo- la posibilidad de, en algún momento del futuro, llegar yo mismo a ser creyente, aunque sospecho que, en ese caso, sería un creyente bastante crítico. (Como hay y ha habido otros, algunos por cierto muy admirados por mí).
Y una última cosa, para mi suplantador: no temo que ningún comentario perjudique mi "carrera": ni tengo carrera alguna que proteger (no soy lo bastante conocido como para eso), ni mi propia idea de la literatura tiene nada que ver con "carrera" alguna, cosa que queda más bien para los coches o los caballos. Mi "carrera" personal consiste en escribir lo mejor que yo pueda, es decir, sólo se corre contra mí mismo. Basta y sobra con eso para llenar una vida; y yo no necesito más.

Tlön dijo...

Vaya, vaya, peleas de ángeles, ja, ja. También a mí me censuró el supuestamente tolerante Angel Ruiz.

Ángel Ruiz dijo...

¡Trolls por aquí!: Tlön -vuelto de sus cenizas- y Marinero "de las 10:43"
Yo prefiero a este Marinero (el de las 10:43) porque me da la razón, pero si Marinero (el de la 1:01) dice que no es "el auténtico", sus razones tendrá, aunque yo, por la forma de los textos, no tengo manera de decidir cuál de los dos es el "real".

marinero dijo...

Hombre, yo no quisiera dar la impresión de que me sobreestimo; pero si de veras Ángel Ruiz no ve ninguna diferencia entre la redacción (y las ideas) elementales del "marinero", así entre comillas, y las mías, es que verdaderamente me queda muchísimo más por aprender de lo que yo mismo me figuraba. Repase Ángel Ruiz el texto falso y los auténticos; yo creo, sinceramente, que para alguien un poco habituado a la lectura, la diferencia es muy obvia. En todo caso, y para su tranquilidad, aquí termino mi intervención; ya sabe pues Ángel que cualquier comentario que a partir de ahora se añada con esa firma no es mío.

Ángel Ruiz dijo...

Señor Marinero, reconozco que es usted mismo en el comentario de la 1:01 PM y le pido disculpas por llegar a decir que el comentario de las 10:43 esté a su altura. Yo sé quién fue el que lo escribió y sé que no es usted.
Y le prometo que no volveré a dudar de que usted es usted.
Y además le prometo que no volveré a llamarle troll.
Yo le invitaría a mi blog, en vez de molestar al -muy hospitalario- anfitrión de este con nuestras discusiones, pero decidí poner limitación de comentarios, permitiéndoselos sólo a los que tengan cuenta en blogger o similar: venga, hágame ese favor, abra una cuenta sólo con su nombre de Marinero, que un lector tan atento como usted es difícil tenerlo, por más que a veces me exaspere (¡mi falta de paciencia!).

marinero dijo...

En fin...