lunes, 31 de diciembre de 2012

Doce poemas de doce campanadas


Aunque con los japoneses he intentado acortar, el poema de Rubén Darío alarga mucho las doce campanadas poemáticas que propongo en Ambos Mundos. Bueno, si bien se piensa, tenemos todo un año por delante para leerlas. Que sea muy feliz. 

Charlando


Tenía prevista otra entrada, pero puede esperar. Había estado fuera, con mi padre y mis hijos, de compras. Cuando por fin llegamos a casa, mi padre le preguntó a Leonor qué tal había echado ese ratito de paz que había tenido. Contestó: "Muy bien. He leído Un paso atrás, así que he estado charlando tranquilamente con Quique". Y yo no dije nada, conmovido, pero, si nos fijamos bien, qué inmejorable crítica literaria y, además, qué bonito detalle conyugal. Da gusto acabar así el año. Comprenderán ustedes que haya dejado para otro año la entrada prevista, ¿no?



domingo, 30 de diciembre de 2012

El penúltimo mohicano

Ayer por la tarde, después de mandar el artículo, el cura en la homilía nos explicaba, con angustioso acento, que era ésta una generación que no estaba siendo capaz de mantener la cadena de la fe, que viene desde los tiempos apostólicos pasando de padres a hijos. 

Yo recé para ser el penúltimo mohicano.

sábado, 29 de diciembre de 2012

jueves, 27 de diciembre de 2012

La vaca solidaria


Al entrar en el tren de vuelta al Puerto, vi con alivio que en nuestro coche viajaban otros dos niños. Nada más sentarnos oí como el padre les leía a los hijos un hermoso cuento titulado "La vaca solidaria". Y, mea culpa, confieso que me reí por dentro. Pero me duró poco la risa, muy poco. Mis hijos empezaron portándose fatal desde el principio. La imagen de Carmen corriendo por los pasillos —y yo detrás— tras haber descubierto el mecanismo casi mágico de apertura de las puertas sólo es superada por el momento en que, para consternación de todo un vagón, como la puerta no se abría al sutil contacto de su leve mano, empezó a darle patadas como una diminuta delincuente. La pareja de la vaca solidaria miraba la bravura y el tronío de mis criaturas con verdadero pasmo. Con el mismo, miraban nuestra brega para controlar tales esfuerzos, y nuestras amenazas, alguna vez cumplidas. 

A mitad de camino, los dos grupos se mezclaron. A Pablo, el manso niño de la vaca solidaria, le pasó como a los mansos que sueltan en las plazas, que en vez de arrastrar al toro, se apuntan al desmadre, y empezó a correr los pasillos con Carmen. Lo peor fue cuando se pusieron a hablar de cuentos. El padre de Pablo preguntó a Carmen, tratando de apaciguarla, que cuál era su cuento preferido: "Caperucita Roja". "Ah", dijo. Pablo y Martina también se lo sabían, pero en la versión edulcorada. Cuando Carmen empezó a describir con bastante emoción cómo el lobo se tragó primero a la abuela y después a la niña, hubo un instante de nerviosismo. "¿Y otro cuento no te sabes, Carmen?". "Sí, el de Jonás". "¿Jonás?" "Sí, me lo cuenta mi papá en el baño". Yo, como estaba sentado en la ventana, hundí la cabeza entre los hombros y la mirada en las simas de Sierra Morena. "Jonás quería huir de Dios y venirse a Tarsis, pero ¡AMMMM!, se lo tragó una inmensa ballena negra, y él lloraba a oscuras en la tripa de la ballena, hasta que después de tres días y tres noches lo escupió, PUFFFF, en una playa". "Ah, qué interesante", dijeron al unísono.

Y yo ya no me reía, porque empezaba a tener dudas —que todavía me duran— sobre nuestros métodos pedagógicos. Sería muy duro para mí recurrir a la vaca solidaria, pero si no queda otro remedio...


Correlimos

Dimos un paseo por la plaza Mayor y alrededores. Quería mi suegra que Carmen se montase en el carrusel de allí, un carrusel en medio de otro, que es Madrid. 

Yo estaba encantado, eh, pero me recité  aquello de Alberti: "¿Por qué me trajiste, padre / a la ciudad? // ¿Por qué me desenterraste / del mar? // En sueños, la marejada / me tira del corazón. / Se lo quisiera llevar. / Padre, ¿por qué me trajiste / acá?" Quizá por eso cuando aparecieron los policías municipales en un extremo de la calle Arenal, y los vendedores ambulantes, negros, empezaron a recoger sus macutos, blancos, y a irse a  paso rápido calle abajo o por las calles de al lado, vi que era lo mismo que los correlimos de las playas de invierno. Uno va paseando por la orilla y los correlimos, que comen arriba y abajo con las olas, te ven llegar y huyen por delante, con pasitos charlotescos, sin prisa y sin pausa. Si ven que te echas encima o se cansan del juego, quiebran un vuelo raudo a ras de mar, dibujando una semi circunferencia perfecta, y se vuelven a posar tranquilamente a tu espalda. Eso hacían los negros de Arenal. Y la policía representaba muy bien su papel, pero como quien da un paseo. La calle, ya os habréis fijado, se llamaba "Arenal", encima.

Eso me distrajo un poco del desconcertante descubrimiento que Carmen estaba haciendo del consumismo. Todo lo quería. Iba con un dedo índice por delante señalando escaparates por doquier. ¡Y es tan chiquitita!

Eso me puso en el estado de ánimo preciso para observar con un cinismo mayor del habitual un reloj de sol con la inscripción Carpe diem. Si muriese el latín, esa dichosa expresión todavía perviviría. Yo le tengo manía porque propone un imposible y, por tanto, nos aboca a la melancolía. 

Lo hilarante del asunto es que el reloj de sol, imagen involuntaria de la imposibilidad de su mensaje, estaba encerrado en una calle tan estrecha que ni siquiera en el día soleado de ayer agarraba una gota de luz. Yo no me suelo alegrar de la desgracia del prójimo, sea persona, animal o cosa, pero en este caso, como era en legítima defensa, me sonreí.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

La Nueva es recomenzar

Ayer, en la Misa de Navidad, lo vi claro. No tenía que esperar al Año Nuevo para la vida nueva ni a mi cumpleaños del 13 de enero, que es otra tentación estratégicamente puesta en el calendario, sino ya mismo, ayer, quiero decir, que es el día perfecto. Yo me paso la vida recomenzando, tanto que mi ex libris es un molino, que siempre está dando de nuevo una nueva vuelta, aunque, ay, sobre sí mismo. Pero si muele...


El de Leonor es un barco, porque ella el rumbo lo tiene bien fijado y sí que va de aquí para allá:
Pero en ambos el viento, que es lo que nos une, tiene el papel protagonista. Dicho lo cual, un propósito es no descuidar el blogg a base de trampolines (que, por ciertoa propósito). Si estoy menos bloguero, no es, como me ha excusado algún amigo misericordioso, porque tengo muchos artículos que escribir. Son cosas distintas, como ha remarcado en Wikipedia  un desconocido a quien le estoy electrificantemente agradecido, auténtico amigo invisible. Cuando han confundido blogg y articulismo, yo me dicho: "En los artículos, va mi visión de la vida y en el dietario mi vivencia del tiempo; si los confunden es porque estoy dando demasiado protagonismo al "mi", ay".

Si no escribo tanto en el blogg ahora es porque le estoy haciendo el barbecho tras El pábilo vacilante. Por ejemplo, desde Con el tiempo, no he escrito poesía apenas, y ya empieza a tocarme, como tantas otras cosas.  Lo honesto sería cerrar Rayos y truenos un año, para volver con ganas y una voz (relativamente) nueva en unos meses. Pero no sería capaz, lo reconozco, de pasarme sin vosotros ni una semana. No queda más remedio, pues, que coger impulso a la rueda del molino y volver, volver a bloguear a toda vela. 

martes, 25 de diciembre de 2012

Figuritas del belén de canto y verso


Aquí unas cuantas figuritas.  Me hubiera gustado añadir varias cosas, que no me cupieron: la posible raigambre ignaciana de hacerse un personaje del belén como técnica ascética, su virtualidad para ejemplificar la poesía de la experiencia y el monólogo dramático, como quien no quiere la cosa; y, por último, animar a algún filólogo a hacer una tesis doctoral sobre el particular, que, aunque parece pequeño, hay tema.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Corte


Carmen dice algo muy sorprendente que demuestra que se entera de todo, como por ejemplo: "Mira, papá, una falsa pimienta"; y yo le digo completamente asombrado: "¡Pero Carmen, ¿eso cómo lo sabes?!"; y ella responde: "Bien".

Y bien sí que lo sabe. 


viernes, 21 de diciembre de 2012

El caso de Filippo Argenti


Que varios pintores se pararan en ese encuentro (encontronazo) de Dante con su compatriota Filippo Argenti ya es una pista. Algo especial pasa ahí. 

Dante se pinta perdiendo los nervios con un doble motivo: uno, subrayar, por contraste y por el aplauso de Virgilio, que en todo el resto de su viaje infernal va derramando piedad cristianamente entre los condenados; y, dos, aunque esa piedad la derrama en representación de Cristo, ahora quiere destacar su condición de cristiano, esto es, de alguien que queda muy por debajo de su modelo. Quiere, pues, que sospechemos que detrás de tanta inquina contra Filippo Argenti hay un motivo personal. Siembra el momento de pistas, no para explicarnos nada, pero sí para que lo sospechemos


jueves, 20 de diciembre de 2012

Moreno Dávila


Aprovechando mi paso por Madrid, me pasé el viernes noche por la presentación de Más realidad, el libro de aforismos de Miguel Ángel Arcas en La Central. Estuvo muy bien. Andrés Neuman, que hacía de maestro de ceremonias, manifestó su extrañeza por el hecho de que la aforística sea un género tan frecuentado por reaccionarios y conservadores. En mi banqueta, me regodeé. Yo hubiese apostillado que la realidad es reaccionaria, pero fue una pena que Neuman, con lo que sabe, no se tirase al menos al historicismo y se remontara en su aproximación explicativa a los moralistas franceses y a su espanto de la revolución. Sin embargo, su descripción de una derecha recalcitrante y capaz de escandalizar tanto a la izquierda como a la derecha política y acomodaticia me iba encantando. Lo raro fue que al citar un ejemplo de todo aquello nombrase a... Vargas Llosa. Balaverde, que me acompañaba, se puso blanco, de la impresión, y rojo, de la vergüenza ajena. Por cierto, ¿Vargas Llosa ha aforizado alguna vez? Pregunto por saber, eh, por si se me ha traspapelado el dato. 

Arcas citó a Moreno Dávila [sic], "un colombiano reaccionario extrañamente inteligente". Cómplice, dio por sentado que todos los que estábamos allí sentados éramos de izquierdas, faltaría más, y dijo que nos sorprendería mucho saber que había derechistas inteligentes, y que era muy insólito, pero que sí, alguno, incomprensiblemente. Yo ya no me atrevía a mirar a Balaverde, y me dediqué a paladear el lapsus de Arcas, que se repetía, con el nombre de don Nicolás. Según posterior confesión de Balaverde, que las clava, aquello de "Moreno Dávila" le sonaba a nombre de árbitro o de novillero. Mientras, Arcas añadió que Moreno Dávila había escrito demasiado, miles de aforismos, una bestialidad. Entre una cosa y otra y otra (la del nombre, la del número y la de la inteligencia insólita), abrigué la sospecha de que lo había leído más bien poco. Y otra sospecha encadenada me asaltó: ¿será posible leer de verdad a Nicolás Gómez Dávila sin empezar o sin acabar convencido de sus argumentos? ¿Hay, en sus ceñidos aforismos, margen para la delectación estética, o exigen o imponen cierto acuerdo? Y no son preguntas retóricas, sino fruto, de nuevo, de una curiosidad honesta.

Otro día el barbero del rey de Suecia escogerá algunos aforismos de Miguel Ángel Arcas, prueba irrefutable de la inteligencia de algunos izquierdistas. Sí, sí, pasmaos.

martes, 18 de diciembre de 2012

lunes, 17 de diciembre de 2012

Me da que pensar


Unos buenos amigos, a los que veo de higos a brevas, me cuentan que me vieron muy feliz y que la anterior vez que estuvimos juntos con calma, hace ya varios años, se fueron ensombrecidos por mi aire de tristeza. Quedo estupefacto. Esta vez que nos vimos yo tenía por lo menos tres o cuatro motivos de desazón clavaditos en el alma, y alguno de ellos por la espalda, que es donde más duelen. Aquel lejano almuerzo, por lo que recuerdo, fue delicioso: escogí yo y fuimos a un sitio que me gusta mucho, a la orilla misma del mar, a comer pescaíto frito, que para mí, porque a Leonor no le gusta, es casi una excitante escapada adolescente. Estaba encantado. Él había estado brillante en la lectura poética en mi instituto para la que le había propuesto yo (me había dejado, pues, estupendamente) y en la sobremesa abocetó en dos pinceladas una obra literaria difícil que, desde entonces, como si hubiese disipado una niebla, veo clara. No me recuerdo grandes preocupaciones aquel día. Pero no niego en absoluto que mis amigos tengan razón, lo que me da que pensar que la felicidad y la tristeza tienen muy poco que ver con las circunstancias, a menudo por suerte, otras por desgracia. 

domingo, 16 de diciembre de 2012

Del bolsillo


Como los silencios del blogg pueden malinterpretarse, os aviso que estoy bien, sólo que muy distraído. Con los artículos me pasa igual, así que el último me lo tuve que sacar de un bolsillo vacío, en todos los sentidos.


jueves, 13 de diciembre de 2012

El equipo de la derecha



De guardameta, la doctrina social de la Iglesia. A todos los demás, antes o después, terminan por meternos goles.

De centrales, dos conservadores clásicos. Uno, que vaya bien de cabeza, que lea la jugada (que lea, vamos) y que domine el juego aéreo. Otro más al estilo castizo de conservador de conservaduros o conservaeuros, que llevándose de la querencia se adueñe de su zona del campo como un terrateniente.

De lateral derecho, con ayudas constantes, un carlista; de lateral izquierdo —subiendo como una flecha— un falangista.

De líbero, un socialdemócrata reconvertido, de esos que ahora reparten leña sin complejos. De suplentes, para ese puesto, hay incluso antiguos maoístas.

De centrocampistas, dándole al tiqui-taca, un democristiano y un tecnócrata.

De delantero centro, un reaccionario con mucha pegada y capaz de tirarse a rematar en plancha al mínimo resquicio. En los córners, meterá bastante los codos.

De extremo derecha, un liberal; de extremo izquierda, un anarquista que se haya dado cuenta de que en este equipo juega más suelto, o sea, uno rápido y listo, de los descarados que se la lían a la defensa contraria.


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Doble vergüenza


En el artículo de hoy, lloriqueo. Y lo hago con una doble vergüenza, primero, porque, como digo, "no estoy tan tan mal" y segundo, porque, como no digo y dijo Safo, no nos atañe eso. Claro que Arquíloco sí se habría quejado, aunque sin lloriqueos, desde luego. 


martes, 11 de diciembre de 2012

Epitafio



¡Cuidado, caminante! Cuantos traté en mi vida 
terminaron picados por esto o por lo otro 
contra mi voluntad. Pasa, no te recuestes 
a la sombra, no vaya a picarte una avispa.


lunes, 10 de diciembre de 2012

Los artículos me salvan



Me horroriza faltar a mi cita en Rayos y truenos, pero no me da la vida, de golpe. Menos mal que mis artículos acuden a mi socorro y puedo traer algo aquí, aunque sea adelantándome a la Navidad, y sin que veáis la bellísima ilustración que, marca de la casa, le han puesto a mi texto. Las ilustraciones, un motivo (más) para suscribirse a la revista Misión, que encima es gratis-gratis. 


domingo, 9 de diciembre de 2012

Sorteo universal


Para democratizar la monarquía en serio y sin componendas, la elección por sorteo universal que propuso Chesterton en El Napoleón de Nottingh Hill. Lo de ahora ni es tradicional ni es igualitario, no's ná


martes, 4 de diciembre de 2012

Tengo boca



Un niño también es un espectáculo linguístico. El otro día, Carmen se levantó de la cama para hacernos, como acostumbra, la enésima visita mientras cenamos. Preguntó qué comíamos detalladamente y sacó esta conclusión: "Mayonesa, porque la comen los mayores". Supongo que a Joan Corominas le hubiera interesado la etimología. Y la niña no para. Habla mucho de su amigo Juan Pablo Piña. "¿Quién es?", nos preguntábamos Leonor y yo, que somos los padres encargados y, por tanto, tenemos la lista de clase. De pronto, caímos en que es el feliz retoño de los Palma. ¿Cómo habrá deducido ella que el hijo tiene que ser, tan chiquitín, rubillo y redondo, Piña? Otras cosas supongo —tendré que preguntar a su profesora— que se las ha enseñado alguien. Informa: "Quique se ha hecho caca". Nosotros miramos en silencio, deseando que esté equivocada. Pero añade: "Sí, sí, papá: huele a mentiroso".

Y no domina sólo la praxis, también la teoría. Estaba empeñada el jueves en que al día siguiente no había cole. Yo le explicaba: "Los viernes hay cole. Mañana es viernes. Ergo, mañana hay cole". Ella se resistía al silogismo. Le exigí que expusiese sus razones. Contestó: "Tengo boca". Quedé boquiabierto. Piaget notó que los niños de tres años, si se les pregunta con qué piensan, responden en un alto porcentaje: "Con la boca". No está nada mal, desde luego. Pero Carmen parece que ha deducido que en la boca está la configuración de la realidad, el poder creador del lenguaje elevado a una potencia casi divina. Estuve tentado a permitirle quedarse en casa el viernes. 


domingo, 2 de diciembre de 2012

La mano derecha y la mano esquerra


Gatoflauta, como el de Hamelín, me puso en la pista para el artículo de hoy en su generoso comentario de ayer. En la entrada de mañana hablaré de mi hija, de mi mujer o incluso de mi suegra, para compensar la desagradable amenaza con la que remato el artículo de hoy. 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Un artículo frustrado

El artículo que tenía pensado para hoy y que he escrito ahora, no funciona. Tenemos un problema, Houston. Ahora tengo que hacer otro a uña de caballo, y a ver de qué. Pero el que quería escribir, aunque porque no fluye bien de lo privado e íntimo a lo público y de todos no valga, creo que tiene una idea interesante y útil. Que cojee de la pata formal es un motivo más que de sobra para no sacarlo en el periódico, pero no para no traerlo aquí, donde me lo perdonáis casi todo. Va. 


De novios y, luego, de casados sin hijos, mi mujer y yo a menudo quedábamos con bastantes escritores y sus mujeres. Antes o después, salía en la conversación que ella leía todas mis cosas, y además varias veces, y corrigiéndome —añadía yo— con delicadeza y acierto. Había un primer segundo de incredulidad en la concurrencia y, enseguida, viendo que no era una broma, de asombro. De asombro ligeramente triste en ellos y, a veces, de asombro ya definitivamente indiferente en ellas. En mi mujer brillaba una leve satisfacción de deber cumplido; y en mí la absurda creencia de que lo nuestro era lo lógico. 
Pero ha pasado el tiempo y con los niños, los trabajos y, todo hay que decirlo, mi grafomanía, hace tiempo que mi mujer dejó de poder leer y corregir lo mío. Es una cuestión espinosa, porque, como para escribir uno tiene que escurrir el bulto y encerrarse en su cuarto, se cae, con facilidad, en un círculo vicioso: uno produce más a costa de que ella tenga mucho menos tiempo (o ninguno) de leerte ni de leer nada, y eso, complica el asunto con cierto resentimiento inconsciente, quizá, y, por mi parte, con una mala conciencia bien cierta. 
Sin embargo, qué importante que tu mujer te lea, pienso ahora, nostálgico. En lo escrito uno vuelca lo mejor suyo. Si se es tuerto, como se maliciaba el bueno de Joseph Joubert, en los papeles se sale por el perfil clarividente. Aquí se explica uno, expone sus bromas más logradas, suelta sus frases más redondas y lanza sus ironías más afiladas. A ver cómo va tu mujer a seguir enamorada si se pierde el concentrado, digamos, y se roza nada más que con las cáscaras cansadas. 
En las circunstancias actuales, para que ella me lea, yo tendría que crearle espacios de silencio y tranquilidad, como los que nos sobraban en los viejos tiempos; pero ahora a base, me temo, de meter más mi hombro escurriente. Eso implicaría levantar algo la mano del teclado del ordenador, o sea, escribir menos, hasta que la oferta y la demanda, digamos, se reequilibren. 
Pienso —y por eso lo publico aquí— que no es un caso sólo de los escritores, aunque como suele pasar, presente una cara más patológica entre los literatos. Todos tendríamos que esforzarnos por compartir nuestros trabajos y aficiones con la persona a la que queremos y que queremos que nos quiera. Ahí se refugia nuestro yo más atractivo, el más dinámico, el más apasionado. Y todo es poco para mantener viva la llama, como se dice. Hay quien se apunta al gimnasio para lo mismo, o a bailes de salón incluso, así que encargarme más de la casa no será para tanto. 
Releo lo escrito y veo que entre líneas hay quien puede imaginarse a mi mujer prendiendo fuego a mis libros y bailando la danza de la guerra alrededor. Qué va. Está deseando, y ella no miente nunca, tener un minuto libre para leerme algo. Y yo no puedo dejar escapar a mi lectora favorita, que no quiere escapar.