miércoles, 14 de marzo de 2007

Estrés en uno

Mi amigo el Cuvillo me repite, cuando nos encontramos por las aceleradas esquinas, que soy un ejecutivo de la poesía. Halaga porque viene de un ejecutivo pata negra y porque tiene su parte de verdad (en lo del estrés) y su parte de sueño (en lo de la poesía). Lo que no tiene, me temo, es ningún mérito. Aquí, menos los partidos políticos, se va democratizando todo y, del mismo modo que antes estar gordo o melancólico eran privilegios de la clase alta que hoy padece cualquiera, el estrés está cada día más repartido: ya no es síntoma de puesto de dirección en empresa importante.

Hasta los poetas líricos sentimos que no da tiempo para nada, y eso que lo nuestro consiste básicamente en esperar. El columnista lo tiene todavía peor, pues la actualidad empuja y él quisiera quedarse para hablar del aniversario del 14-M; de la inmensa manifestación; del canario que en el barrio anuncia la primavera a voz en trino; de China; de fútbol. De demasiado. Parece que el deseo va siempre, como la zanahoria del burro, unos centímetros por delante de nuestras manos.

Uno tiene un método contra el estrés que es tres en uno: empeñarme en que cada actividad sirva como mínimo para tres fines distintos. Si se logra, el tiempo se multiplica. En este artículo, por no ir más lejos, mientras cumplo mi compromiso laboral con el Grupo Joly, recuerdo como de pasada que la manifestación fue enorme, le mando un saludo a Cuvillo y procuro, Dios mediante, dar un sentido trascendente a mi trabajo, aunque sólo sea con una frase tímida. Reconozco que a menudo me hago un nudo y mato literalmente los tres pájaros de un tiro, o sea, que el tiro me sale por la culata. Ya es difícil que aliente un pájaro en mano como para encima tratar, como trato, de hacer malabarismos aéreos con los noventa y nueve voladores.

Según los expertos, el mejor método antiestrés consiste en delegar. Claro que hay que tener en quién. Yo recurro siempre a Mario Quintana. A él, como a mí, le desasosegaba el clásico Carpe diem, que exige demasiado y muy poco. Nos lo contó así: “En el banco verde del parque, donde leía distraídamente el Almanaque Bertrand, aquella frase me pegó por sorpresa: ‘Coge el momento que pasa’. Lo cogí, aturdido. Era un no sé qué, un flapt, un inquieto animalillo, todo alas y todo patas: ardía como una brasa, vibraba como un motor, daba una angustiosa sensación de víspera de desmoronamiento. No pude más. Lo arrojé contra las piedras, donde fue luego triturado por el vertiginoso patinete de un chiquillo vestido de marinerito. ‘Quien cabalga en un tigre (decía en la página siguiente un proverbio chino) quien cabalga en un tigre no se puede apear’”.
[Grupo Joly]

6 comentarios:

ARP dijo...

-Muy buen artículo y muy bien la crítica al 'Carpe diem'; por muy en latín que esté, nunca me ha convencido del todo la frase, aunque incluso a las frases hechas se les puede ver un lado positivo.
-¡Precioso el texto de Quintana!
-Frase para los manuales de teoría de literatura (si fueran como debieran ser: 'lo nuestro [la poesía] consiste básicamente en esperar'.

E. G-Máiquez dijo...

El mérito de esa frase para los manuales -que sí que es buena- es, creo, de Pablo Moreno. Yo simplemente he delegado un poco.

AnaCó dijo...

Lo de Quintana me ha gustado y lo del es-tres-en-uno me parece una fórmula ¡casi mágica! Mucho ánimo con las sinergias. Y por cierto, cuando escribes tu columna también cumples con tu entrada del blogg.

Anónimo dijo...

Muchisimas gracias por tus cariñosas referencias.Lo mejor para el stress es que volvamos a batirnos jugando al golf que de verdad es lo que nos gusta.Un fuerte abrazo de tu amigo El Cuvillo.

Juan Ignacio dijo...

"En este artículo, por no ir más lejos, mientras cumplo mi compromiso laboral con el Grupo Joly, recuerdo como de pasada que la manifestación fue enorme, le mando un saludo a Cuvillo y procuro, Dios mediante, dar un sentido trascendente a mi trabajo, aunque sólo sea con una frase tímida..." Y además haces el blog y regalas una muy buena entrada a los lectores.

Jesús Beades dijo...

Búsqueda y Espera es un binomio que encontré en el "Cántico" de Guillén.