jueves, 12 de junio de 2008

La dura competencia

No es bonito que los perros demuestren más alegría que yo cuando llega a casa Leonor. Sobre todo, Carbón. Él, nada más oír a lo lejos el coche, que identifica el tío, se va corriendo hasta la puerta a saltar de alegría y a jadear de expectación. Eso todos los días. Las veces que haga falta. A mí me cuesta mucho levantarme de la butaca, dejar a medias Las palabras de la noche de la Ginzburg, y dirigirme feliz hacia la entrada a ganarle al perro el pulso del recibimiento caluroso. Lo fácil es gritar “hola” desde el sillón, más que nada porque Leonor entra y sale como las olitas del mar, que vienen y van. Me cuesta levantarme y emprender un trote juguetón hasta la puerta, pero no puedo permitir que un bicho me ponga en evidencia. Es la lucha entre el instinto y la gracia sacramental. Antes de que os entristezcáis del todo por mí, os diré con orgullo que alguna vez le he ganado. Y la mayoría de las veces, bueno, pues son derrotas dignas casi siempre.

11 comentarios:

Carlos RM dijo...

Carbón jamás escribirá algo como esto. A la hora de la verdad (que son todas), no tienes competencia. Lo de las olitas del mar, que vienen y van es precioso.

batiscafo dijo...

Y a las 7.37 a.m. Apuesto a que Carbón está en fase REM a esas horas. Por cierto, la relación gracia-instinto en el caso perruno merece una explicación.

Tlön Uqui dijo...

"Locura de escribir tu nombre muchas veces [...]"

Eso Carbón no lo escribe. No tengas celos, que ella sabe perfectamente quién es quién.

Salud y abrazos,

Tlön

Néstor Aparicio dijo...

Oye y cuando le ganas, ¿qué cara se le queda a Carbón?

Rocío Arana dijo...

es que saltar cuesta, te lo digo yo, que me he apuntao a un gimnasio. Tiene razón Tlon, tus poemas bien valen un "¡holaaa!" desde el sofá de vez en cuando... ¿una vez al mes?

Rafael G. Organvídez dijo...

Enrique, consuélate pensando que el perro vive en una realidad de olores donde el nombre de las cosas -la poesía- no tiene ninguna relevancia. Nosotros estamos obligados a tratar el mundo como si fuera real. El perro, por el contrario, no lo interpreta: él "está en el mundo".

AFD dijo...

Yo te entiendo, Enrique, porque en mi casa están Navar, Caos y Hermosa (vivo en el campo)... Y es casi imposible ganarle a los tres...

Yo, a diferencia de Carlos, Batiscafo y Tlön te aconsejo que te sigas preocupando, porque presiento que muchas veces los saltos, las carreras, y el movimiento de la cola (los perros son incapaces de simular su cariño) son más bienvenidos que los alejandrinos... (Sobre todo porque los alejandrinos geniales no salen cada que pasan y repasan las olitas del mar)

En resumen, síguete preocupando, porque además el amante inquieto es el amante real.

Saludos

Alfredo

Jesús Beades dijo...

Átale al collar de Carbon un cartel llamativo, fluorescente o así, que llame la atención de Leonor. Cuando ella se acerque, y coja el cartel, leerá: "como la de los perros y los hombres / eterno considero nuestra alianza".

Eduardo del Pino González dijo...

Yo estoy con el perro, la verdad.

E. G-Máiquez dijo...

Menos al malvado Eduardo, muchísimas gracias a todos por los ánimos, y a AFD por los consejos: ¡cómo se nota que tiene perros... y mujer!

Ah, Néstor, cuando gano no me fijo en Carbón, pero lo miraré la próxima vez con el rabillo del ojo y ya te contaré.

Juan Ignacio dijo...

Interesantísima observación.