miércoles, 18 de junio de 2008

Érase una vez

Cuando el chiquitín empezó a gritar que el Emperador estaba desnudo, la gente en general se hacía cruces: “Qué mal educado, cómo chilla”. Insistía: “Va en pelotas, ¿no lo veis?, en pelotas, en pe-lo-tas”. Un notario o registrador de la propiedad se revolvió: “Pero qué novedad, chaval. Claro que va desnudo: a eso aspiramos todos. Es lo más sexy”. El Emperador sonreía ceremoniosamente, arrojando a su paso monedas y subvenciones para jolgorio del pueblo soberano. Cuando acabó el cortejo, el sastre cogió al revoltoso por una oreja y lo denunció por injurias. La jueza naturalmente le condenó: “Ha dicho ‘en pelotas’, huy, en vez de ‘con sutiles transparencias’, que es lo bonito”. La condena: un buen soplamocos. Mientras lo sacaban los alguaciles, avisaba la criaturita: “Llegará el invierno y os resfriaréis todos, todos…”

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado el artículo, E, muy bien expuesto todo. A la gente le cuesta trabajo no poner etiquetas, y no comprenden muy bien que uno pueda coincidir en algunas cosas con personas de ideologías/creencias distintas... Les genera desconcierto. Más de una vez he oído "Yo de ese no me fío, que lo mismo come con Fulano que cena con Mengano...". Bueno, yo tiendo a fiarme menos de los "monopensantes"... Un abrazo, PaulaFB

el rebelde dijo...

Bueno, no sé qué decirte, puede que tenga razón en alguna cosa, pero es tan faltoso e impresentable que la pierde en el momento. A mi mi madre siempre me enseñó que cuando uno perdía los papeles y las formas perdía la fuerza de su argumento y la razón inmediatamente. Yo desde hace tiempo le catalogo en el apartado de humoristas y muchas veces me lo pongo para echarme unas risas.

el rebelde

Rocío Arana dijo...

Estoy con el rebelde. El Losantos me parece un insultón impresentable, lo siento pero es así. Y los de la COPE deberían darle puerta.

ARP dijo...

Yo admiro a Jiménez Losantos y te admiro por defenderle, ahora que parece que es la cuasa de todos los males de España; habrá que recordar que en esta película puede que el galán no sea Losantos, pero está claro que el malo es Zapatero.
Y para comprobarlo, basta leer la entrevista en El País de hoy a Bibiana Aído, ministra del gran dialogante y rey de las buenas formas.

JAA dijo...

Estos días, justo con este follón, leía un ensayo de Hilaire Belloc que acaban de publicar en español (La prensa libre, Nuevo Inicio, Granada 2007) aunque es de 1918. Pues mira qué cita:

«Es evidente que, de todas las formas de actividad cívica, escribir para la prensa libre es la que cuestiona más directamente ese poder arbitrario [de los abogados en connivencia con el poder ejecutivo]. No hay un editor responsable de la gestión de un periódico libre que no pueda decirnos que ha tenido que considerar mil veces si era posible publicar determinada información veraz, por muy importante que fuera para la comunidad. Y el miedo que lo frena es el miedo a la destrucción que la combinación del político profesional y del abogado tiene en su mano. (…) La pérdida de libertad que hemos ido sufriendo gradualmente nos es bastante familiar a todos, y es uno de los peores síntomas de muerte que afectan a nuestra sociedad»

Hay otras sobre la presión publicitaria sobre los medios pequeños y libres por parte del capital... vamos, nada que no sepamos por experiencia en carnes propias. Íntimo que era de Chesterton nuestro amigo.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Siguiendo el hilo argumental de tu artículo, te he leido pero no estoy de acuerdo contigo. Losantos insulta por vicio y como coja a alguien por banda se ensaña día tras día. A mi eso no me gusta sea de derechas o de izquierdas quien lo haga y defienda o ataque a quien sea.- Un abrazo.

Ignacio dijo...

Yo creo que de ideas no hay mucha variedad, y que mucho más que ellas cuentan los motivos y las razones que se traen en su apoyo.

Estar de acuerdo con FJL se puede dar fácilmente (ya digo que posiciones no hay muchas). Él está contra el cambio del modelo de estado vía reformas de estatutos y yo también, por ejemplo.

Pero coincidir con sus argumentos, compartir sus motivaciones, su visión del mundo, su escala de valores... lo encuentro imposible. El personaje que ha elegido representar es la encarnación de todo lo más despreciable y bajo.

Y el caso es que como humorista (concido con el rebelde ahí arriba) tiene un lugar, incluso un lugar necesario. Si existe Wyoming debe existir Losantos. No sería mucho menos deleznable de lo que es como predicador, pero entraría en otro código donde el disparate es no sólo tolerado sino bienvenido.

Néstor Aparicio dijo...

Buf, no sé qué decir del fondo. Así que me quedo con la forma, que es magistral.

Anónimo dijo...

Y ¿de qué sirve tener la razón si no tienes la caridad? jmn

Jesús Beades dijo...

Es lo que dices, Enrique: el muñeco de pim-pam-pum, el girardiano chivo expiatorio simbólico para la conversación de tertulia, como se ve en los comentarios en tu columna, y aquí mismo.
Pero, como nos dijo cierto tertuliano intereconómico a ti y a mí, una noche en Madrid, haciendo un quiebro después de estar criticando un rato a Losantos: "¡Ahora bien! Federico es una bendición del Señor. Si no existiera, ¡habría que inventarlo!".

El día que la Conferencia Episcopal largue a Losantos, dilectísima Rocío, es decir, el día que claudiquen y bajen el morro ante los poderosos, por miedo y por presiones, algunos haremos apostasía pública, y nos iremos con Cesar Vidal a su comunidad evangélica. Huelga decir que es una hipérbole.

Juan Ignacio dijo...

La historia no la tengo muy entendida a fondo, pero esa entrada es genial.

Jesús Sanz Rioja dijo...

Yo con el Losantos digo lo que el rey del alcalde de Zalamea: "... que no importa errar lo menos/ si acertó lo principal". Es que en la derecha se consume papel de fumar por kilos. De hacerles caso, se diría que, en efecto, el problema en España es el Losantos y no el Z.

AnaCó dijo...

Yo no sé, porque a FJL no lo escucho y huyo de la rabiosa actualidad, fundamentalmente por lo de rabiosa. Eso sí, me ha encantado tu versión políticamente incorrecta del cuento. Sería genial un espacio en la radio en el que se leyesen unos cuantos cuentos como éste.