martes, 21 de julio de 2015

Poema a cuatro manos


Hoy se le ha caído a Carmen (o le han extraído) su segundo diente de leche. Con el primero, me salió un haiku. Con el segundo, hemos escrito, ella y yo, bajo la sombrilla, un poema a cuatro manos.

Oh, tú, pequeño diente 
que has caído heroicamente, 
¿cuántos mordiscos diste a las manzanas? 
Y mientras yo dormida, aún temprano, 
diste cuenta tú solo, ¿de cuántas magdalenas?... 
Esta mañana de verano, 
con un tirón atroz de la alba mano 
de Blanca caíste blanco entre la blanca arena. 
Saldrá otro diente; olvidaré yo, ingrata, 
tu ayuda al comerme un gran bocata 
o al hincarte feroz en un hojaldre... 
Pero jamás podrá mi pobre padre 
olvidar tu blancura primeriza 
brillando, cuando niña, en mi sonrisa.  

Claro que tampoco olvidaré su risa mellada mientras íbamos dando con las rimas y, sobre todo, cuando íbamos rechazando otras.

Y una curiosidad. Lo he escrito en los márgenes de Los judíos y las palabras, el libro que escribieron a cuatro manos Fania Oz-Salzberger y Amos Oz, hija y padre, precisamente.



6 comentarios:

Angel Ruiz dijo...

¿No va todo demasiado rápido? Todavía me parece muy pronto para que Carmen comience con lo de los dientes. A ojo, tres o cuatro años todavía. Esto de la vida va demasiado deprisa

Enrique García-Máiquez dijo...

Ha cumplido cinco. Pero aún así, sí, es demasiado pronto, y sí, la vida va a velocidades supersónicas: para dejarse, justamente, los dientes.

Juan Mazoy dijo...

A mí me lo vais a decir, que a Juanín se le ha caído ayer una muela (quizás la última de leche?! ), y ya tiene ¡once años!
Qué rápido, todo...

Aitor Suárez dijo...

Con los versos del inicio, cortando un poco, sale un haiku:

Pequeño diente:
¿cuántos mordiscos diste
a las manzanas?

Enrique García-Máiquez dijo...

Mil gracias, Aitor. Justifica la entrada.

Hipótesis de Riemann dijo...

El poema es precioso, muy divertido, hasta los tres últimos versos.
Justo entonces... qué fulgor.
Gracias, gracias.