miércoles, 1 de julio de 2015

¿Qué envidias, exactamente?

Estoy fuera de casa. La mañana no empezó bien:




Ahora llamo a Leonor para felicitarla come il faut. Pongo voz de pena y de distancia y digo: “¡Qué envidia!” Leonor me cuenta: “Cuando vuelva del trabajo, tengo que comer rápidamente para llevar a los niños a clase de natación, y luego salir corriendo para llevarlos a una fiesta de cumpleaños… ¿Qué envidias, exactamente?” Reacciono rápido: “Estar con vosotros”. Se ríe, muy conyugalmente. Una novia, tal vez, se emocionase, pero Leonor se desternilla. Y sí que hay una imagen que se repite (en la realidad y en mi memoria). Quique tirándose de cabeza (o de panza) con todas sus fuerzas desde el bordillo de la piscina. Ese segundo en el aire risueño es impagable. ¡Haber engendrado un hijo volador, un alma osada!”