La luna es un globo que se me escapó...
miércoles, 24 de octubre de 2012
martes, 23 de octubre de 2012
Perdí mi silla
Lo de la querencia de escritor de Enrique no es ninguna broma. Este es su sitio favorito de toda la casa:
Sí, es mi despacho. Son mi mesa, mi silla, mi ordenador, mi lámpara, mi lápiz... Si yo me encierro, se queda en la puerta, fuera, maullando como un gato. En cuanto abro, en un descuido, se cuela y ya no hay quien lo eche. Esta vez, si no hay entrada en el blogg, no es culpa mía.
lunes, 22 de octubre de 2012
Conversación oída en el tren
El oficinista, hombre blando, blanquecino, con unas ganas evidentes de
echar el viaje charlando. Me pregunta algo; le contesto con la mirada hundida
en el libro. Coge la indirecta. Si Leonor lo hubiese visto, habría dicho
“encaja la directa”. Cuando en la siguiente parada se monta un hispanoamericano
aún más curtido por el sol que lo habitual, varonil, de unos cincuenta años,
con petate de marinero, el oficinista pregunta con energía renovada:
—¿Marinero?
—¿Marinero?
—Capitán.
—¿De un barco de pesca?
—De un yate de recreo…
—¡¿Suyo?!
— …de un empresario.
[Silencio breve pero incómodo]
—¿Viene de lejos?
—Del Uruguay.
—La primera vez en España
—No, ya di varias veces la vuelta al mundo.
Derretido de admiración: —¿Usted es un aventurero,
verdad?
— Si me pagan…
[Silencio definitivo]
domingo, 21 de octubre de 2012
Elevación
Estupenda imagen vista en un bar, mientras tomaba café con
Leo, en unos dibujos animados. Un niño le pinta por detrás, en la pizarra, unos
cuernos diabólicos a la profesora. Todo muy indignante. Pero, luego, la
profesora se levanta y, ¡milagro!, lo que eran cuernos se convierten en unas
alas de ángel. La salvación por elevación.
sábado, 20 de octubre de 2012
Piedad, doble o nada
Mauricio, en el Persiles y Segismunda: “Soy cristiano católico, y no de aquellos que andan mendigando la fe verdadera entre opiniones.” Maravillosa cita, primero, por su piadosa declaración de principios del todo ortodoxa, y, segundo, porque salva la rectitud de intención de los otros cristianos, con una nota de ternura.
viernes, 19 de octubre de 2012
Carmen: mujer, jardín, poema. Y Enrique
1) De la feminidad de mi hija. Se está contando mucho por teléfono en la familia el siguiente diálogo entre ella y su madre. "¿Dónde vas, mamá". "A comprar pintura, Carmen." "¿De labios?" "No..." "¿De uñas?" "¡No, no, para las paredes!" "Ah". Yo, sin embargo, más femenino aún veo lo de anoche. Llegué a casa tarde y desde la cuna me llamó. Fui inmediatamente a verla: "Hola, Carmen". "¿Me has echado mucho de menos, papá?"
2) Viendo su dominio del lenguaje, superior a sus habilidades motrices o a sus dotes para el dibujo, y su imaginación, le pregunto: "¿De qué vas a trabajar de mayor: serás escritora?" "No. Plantaré flores en el jardín".
3) Como llovía y no podíamos salir al jardín, precisamente, y en casa empezaban a revolucionarse, los montamos en el coche y fuimos a asomarnos a la playa, que suele estar muy revolucionada y romántica los días de tormenta. Al llegar, Carmen exclamó desde su sillita:
¡El mar!
¡Qué fresco!Una aleluya trisílaba en verso blanco. Para mi gusto, perfecta. O un haiku. Las once sílabas que faltan: "Sus ojos, del color del mar de otoño".
* * *
El que será escritor, a la chita callando, es Enrique. Observen como se tiró (la foto no está preparada) sobre el bolígrafo y el papel en un segundo cuando su madre le había subido a la mesa para ponerle los zapatos. Observen de paso el torpe aliño indumentario. Carmen es más musa, y se la puede ver en su papel: escapando al fondo. La concentración de Enrique para hacer bien sus cuatro rayas garabatosas me llena de ternura: ¡es el vivo retrato de su padre!
jueves, 18 de octubre de 2012
Criados y señores
Extraordinario estudio de Auden sobre la relación entre amos y criados, que tanto juego ha dado a la literatura. No acierta, al principio, a definir al sirviente ni a diferenciarlo de otras profesiones, como la enfermera. La clave está, a mi entender, en que el sirviente hace aquello que el amo sí podría hacer por sí mismo, mientras otras profesiones hacen lo que sólo ellos pueden hacer. Esto explicaría por qué las señoras de clase alta llaman a sus chóferes “mecánicos”. Un mecánico auténtico no es un sirviente sino un profesional, que es algo mucho más valorado en esta sociedad tan poco cristiana. Se entiende así mejor que con la teoría de Auden la identificación que termina produciéndose entre señor y criado, porque uno, por esencia, ocupa el lugar del otro y el otro deja o ruega que lo ocupe, incluso, como deferencia, se hace el tonto o el incapaz, para recibir el servicio como una caridad. Sancho azotándose para desencantar a Dulcinea es un ejemplo perfecto de esto. La relación se estrecha tanto que en los casos más sublimes es de amor (Sancho Panza, Sam Weller, Sam Wise —al que no nombra Auden, pero que está en la línea— o, ya con otro nombre, Jeeves). Creo que todo esto tiene una aplicación teológica, pues esa insistencia pascual de Jesús en lavar los pies de los discípulos, como un siervo, es una profecía justamente de que va a ocupar su lugar.
Esto es una nota apresurada y abocetada al margen, que creo que Auden me habría aceptado, pues no altera en lo más mínimo su extraordinario artículo, tan hondo.
martes, 16 de octubre de 2012
Sonrisas y lágrimas
Hoy el humor de El País viene quizá con poca gracia pero con mucho que comentar:
1)
(vía, obvíamente)
2)
(obvíamente)
Lo que digo siempre del odio al hombre del ecologismo. No lo pueden remediar, no pueden, pero no predican con el ejemplo, eso no, qué va. Sobran otros.
Y 3)
(obvíamente)
Que no le veo la gracia, ni la tristeza, si no fuera por la decepción socialdemócrata. De toda la vida, los buenos escritores han seguido diciendo lo que no podían, aunque sin tinta. Con inteligencia apenas. De lo mejor de la recién publicada obra Tomás Moro es precisamente el juego que la censura le da a los sobrentendidos, sugerencias, indirectas y silencios significativos. Es todo un espectáculo.
Los otros dos chistes son dos tonterías. Contra lo habitual, en el caso de Erlich.
lunes, 15 de octubre de 2012
Pienso mal, pero me encanta equivocarme
Hace 6 años, 6, nada menos, escribí en este blogg la entrada "Cómo pensar de los demás sin equivocarse".
Pensaba que no se podía decir nada más, pero estaba equivocado: José Luis García Martín nos demuestra en Enigmas con jardín que la literatura y el alma humana son inagotables. Él se dice:
Pienso casi siempre mal, pero me encanta no acertar.
Oh, pienso yo, qué acierto. Ahí está, intacta, la astucia del refranero, pero la grandeza moral, ahora bien alegre, de la simpatía de fondo. Por si eso fuese poco, con unas gotas de maravilloso humor auto irónico. El personaje literario de García Martín es —digo, el personaje— muy mal pensado, así que aquí, como en el cuento "Borges y yo", hay implícito un diálogo entre ficción y vida de lo más suculento, que acaba bien. Hasta ahora ponía de ejemplo de acabada poesía la aportación de Borges, en comparación con las otros dos tanteos. Sin embargo, ya no sé con quién quedarme. Quizá para los buenos propósitos con Borges y para la gozosa realidad con García Martín.
* * *
PS-1. Mis alumnos prefieren, sin dudarlo, el de García Martín, con este perspicaz argumento: en todos los demás se carga sobre el otro el error y la equivocación, mientras que uno aparece inmaculado. En cambio, en el último, el golpe de pecho y el golpe de luz se dan en el propio pecho y viene de los demás, respectivamente. Aciertan los alumnos.
* * *
PS-2. Piensa y acertarás. Qué maravillosa aportación de Jilguero en comentarios.
domingo, 14 de octubre de 2012
Donde rojeo bastante
Rojeo, pero de Enrique Rojas. Eso le parecerá a algunos un alivio, a otros peor, ad libitum. Yo no me he podido resistir, porque da pena lo poco que se quiere la gente y, al menos en eso, en tenerme cariño, sí puedo dar ejemplo.
sábado, 13 de octubre de 2012
Estadísticas y espadas
Salimos de paseo. "¿Dónde vamos?", nos
preguntamos. Los buenos de la familia, Leonor y Enrique, callan. Yo prefiero la
playa. Carmen, La Carpita, que es el club social. Le digo: "Dame tus
razones, a ver si me convences". Se queda callada un segundo, pensando. Y
luego, muy democrática, tirando de falsas encuentas, dice: "Quique también
quiere ir a La Carpita". O tempora,
o mores, su razón es la mayoría, me espanto.
En La Carpita, varias amigas de Leonor se piden a Carmen de
nuera. A mí me da un poco de vértigo tanta precipitación y no termino de verlo
claro. Pero luego, en misa, hay un niño desconocido blandiendo una espada.
"Hay algo noble en todas las espadas", me recito y eso que no sabía lo que venía a continuación.
Carmen empieza a quitarse el chaleco y Leonor se lo prohibe, casi gritando
(estamos en la puerta del fondo, fuera). El niño de la espada se acerca, ceremonioso, y se
ofrece a Leonor: "Si no obedece, yo tengo aquí algo", y
alza la espada. Carmen, vivamente impresionada, se deja abotonar el chaleco. Y
yo me sorprendo pensando en el yerno ideal.
viernes, 12 de octubre de 2012
Do babeo II
Carmen se curó y ayer nos acompañó al trance de ir de compras. Corría por el centro comercial, se colaba en los probadores, se lanzaba por las escaleras mecánicas, se abalanzaba sobre los maniquíes, gritaba de pura emoción. Pero de mi pregunta de ayer había captado la trascendencia y la recordaba, así que de vez en cuando, con una sonrisa maliciosa, se volvía hacia mí, me miraba y decía: "Estoy triste, papá". Me dio la alegría de la tarde de compras, que aún me dura.
jueves, 11 de octubre de 2012
Una anécdota de máxima actualidad
La expresión no fue perfecta, desde luego, pero la indignación con Wert me recuerda lo que contaba Pío Baroja. A él, que se ganaba la vida regentando una panadería, le fueron con que el poeta nicaragüense Rubén Darío había dicho: "Baroja es un escritor de mucha miga: se nota que es panadero". Eso, al parecer, era muy gracioso. Cuando Baroja contestó: "Y Rubén tiene buena pluma: se nota que es indio", los presentes se indignaron muchísimo y hasta perdió amigos. Allí aprendió don Pío que unos pueden gastar bromas y otros sólo soportarlas.
Do babeo
Carmen nos dio una noche de martes a miércoles malísima. Ni pegó ni dejó que pegásemos ojo. Estaba enferma, con gastroenteritis, dictaminó el médico por la mañana. No mejoró tampoco ayer. Cuando al medio día llegó su madre le preguntó: "Y hoy, ¿qué has hecho en casa, guapa?". "Vomitar", informó. Efectivamente, y así me la encontré yo a media mañana, agotada. Le di varias medicinas y después, se tumbó un poco, mientras yo le acariciaba el pelito. En ese momento le hice la pregunta crucial: "¿Estás contenta o triste, Carmen?" Con un hilillo de voz dijo: "Contenta", y me dio la alegría de la mañana, que aún me dura.
Qué bien que no confunda estar sana con estar feliz. Una alegría invulnerable a la enfermedad, a una noche sin dormir, a unas décimas de fiebre y al amargor de las medicinas, esa alegría, es el alma.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Defensa propia
Quizá en el artículo no digo más que cosas muy sabidas, pero en mi defensa diré que lo hago en defensa propia. Me siento abducido, ¡a mi edad!, por el fútbol, como por la pereza, y en cuanto me descuido estoy leyendo con enorme interés las noticias sobre las molestias musculares de éste o sobre las quejas de aquél, o haciendo el análisis microscópico de las declaraciones de un entrenador. Este interés repentino y extemporáneo es como el mal que le dio a Alonso Quijano en la cincuentena: un tanto ridículo, como poco; y de peor calidad, por supuesto. El artículo de hoy es en legítima defensa (un catenaccio). Quiero volver a pasar, ¡quedarme fuera de juego!
martes, 9 de octubre de 2012
Dos encabalgamientos que se me escaparon, galopando, para siempre
Uno: "La realidad es intere-
santísima".
Y otro, en un poema de amor conyugal: "Te veo perfecta-
mente".
Ahora mi poesía ya no es tan juguetona, y eso (o éstos) que he perdido.
lunes, 8 de octubre de 2012
Rabí Pinjas de Koretz
Como sabéis, Rabí Pinjas se ganaba la vida como melamed, esto es, como maestro de niños. Una noche tuvo un accidente muy grave y a la mañana siguiente lo encontraron inconsciente y creyeron que estaba muerto. Cuando el rav de Koretz se enteró ordenó que nadie lo tocase, rezó por él y le dijo: "¡Pinjas, lvántante! Ve a enseñar a tus alumnos! Recuerda, ¡eres un hombre contratado que tiene una diaria labor para cumplir!" Y Rabí Pinjas se levantó y fue a la escuela.
Cuando lo leí el viernes me reí con ganas de la fuerza casi resucitadora del contrato de trabajo, y pensé pasarlo a mis alumnos de Derecho Laboral. Pero en la mañana del lunes, muerto, lo recuerdo y digo, mucho más serio: "Vaya".
domingo, 7 de octubre de 2012
El aborto es un crimen, el abortismo, una ordinariez
Eso defiendo aquí.
Tampoco el nacionalismo es muy caballeroso. Hubo un tiempo de romanticismos identitarios y eso, al menos, tenía cierto halo literario bucólico. Ahora se dedican a echar números (de aquella manera) y a lo profundamente egoísta de repetir que ellos son los ricos, que todo es suyo y que no quieren ayudar a los más pobres. Muy elegante no es, ¿verdad?
Tampoco el nacionalismo es muy caballeroso. Hubo un tiempo de romanticismos identitarios y eso, al menos, tenía cierto halo literario bucólico. Ahora se dedican a echar números (de aquella manera) y a lo profundamente egoísta de repetir que ellos son los ricos, que todo es suyo y que no quieren ayudar a los más pobres. Muy elegante no es, ¿verdad?
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