jueves, 18 de octubre de 2012

Criados y señores



Extraordinario estudio de Auden sobre la relación entre amos y criados, que tanto juego ha dado a la literatura. No acierta, al principio, a definir al sirviente ni a diferenciarlo de otras profesiones, como la enfermera. La clave está, a mi entender, en que el sirviente hace aquello que el amo sí podría hacer por sí mismo, mientras otras profesiones hacen lo que sólo ellos pueden hacer. Esto explicaría por qué las señoras de clase alta llaman a sus chóferes “mecánicos”. Un mecánico auténtico no es un sirviente sino un profesional, que es algo mucho más valorado en esta sociedad tan poco cristiana. Se entiende así mejor que con la teoría de Auden la identificación que termina produciéndose entre señor y criado, porque uno, por esencia, ocupa el lugar del otro y el otro deja o ruega que lo ocupe, incluso, como deferencia, se hace el tonto o el incapaz, para recibir el servicio como una caridad. Sancho azotándose para desencantar a Dulcinea es un ejemplo perfecto de esto. La relación se estrecha tanto que en los casos más sublimes es de amor (Sancho Panza, Sam Weller, Sam Wise —al que no nombra Auden, pero que está en la línea— o, ya con otro nombre, Jeeves). Creo que todo esto tiene una aplicación teológica, pues esa insistencia pascual de Jesús en lavar los pies de los discípulos, como un siervo, es una profecía justamente de que va a ocupar su lugar.

Esto es una nota apresurada y abocetada al margen, que creo que Auden me habría aceptado, pues no altera en lo más mínimo su extraordinario artículo, tan hondo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Desconociendo el trabajo de Auden, seguramente descubriré el Mediterráneo si aventuro que junto a esa capacidad del amo para hacer el trabajo del sirviente, quien vendría a ser algo así como un mandatario para actos no jurídicos, si aventuro, digo, que es también esencial el que exista una relación recíproca de lealtad causifamiliar, entendida, valga la re3dundancia, como sentimiento, y como fuente de obligaciones morales, al margen de las jurídicas. Recordemos la crítica que hace Don Quijote a quienes liberaban a sus servidores (esclavos) cuando llegaban a la vejez, con lo que los hacían esclavos de la necesidad.
Jilguero

Javier Vicens dijo...

¡Que bien visto! ¡Gracias! El asunto del siervo bueno y fiel -y de los tipos serviles- aparece muchas veces en el Señor de los Anillos. Sam Sagaz es una especie de Sancho Panza pero todos los "buenos" de la historia parecen desempeñar su misión como un servicio noble.

gatoflauta dijo...

"Se entiende así mejor que con la teoría de Auden la identificación que termina produciéndose entre señor y criado, porque uno, por esencia, ocupa el lugar del otro y el otro deja o ruega que lo ocupe, incluso, como deferencia, se hace el tonto o el incapaz, para recibir el servicio como una caridad. Sancho azotándose para desencantar a Dulcinea es un ejemplo perfecto de esto". Quien lea el Quijote podrá ver que no hay nada de esto: Sancho acepta azotarse sólo porque don Quijote se resuelve a pagarle lo suficiente para que lo haga, y por lo demás Sancho sólo se da, concretamente, "hasta seis o ocho" azotes (2ª parte, cap. LXXI), después de lo cual, y tras obtener que Don Quijote le doble la paga, "el socarrón dejó de dárselos en las espaldas y daba en los árboles", aprovechando que, por la oscuridad de la noche, Don Quijote no puede verle. No volverá a darse un solo azote. Por lo que ver el de los azotes como "ejemplo perfecto" de lo que se nos propone puede estar muy bien, pero Cervantes no cuenta nada de eso. La "identificación" efectivamente existe (en cierta medida) en la novela, pero no me parece que el de los azotes sea de ningún modo un ejemplo de ella.

Enrique García-Máiquez dijo...

Gracias por los comentarios. Efectivamente, Auden habla del amor mutuo, pero sin la belleza de la queja cervantina. Yo también veo que Tolkien ahí no dio puntada sin hilo. Y me debo de haber explicado fatal, Gatoflauta, porque sigo viendo un ejemplo acabado de identificación el que ambos personajes asuman que los latigazos del Quijote se los puede dar su criado en perfecta sustitución. Otra cosa es el precio y el escaqueo. Yo hablaba del fenómeno, no de las circunstancias. Con todo, gracias por brindarme la oportunidad de explicarme mejor. O de intentarlo, vaya.

María dijo...

Sin haber leído yo tampoco a Auden me acuerdo ahora de "La paradoja" y cómo explica que servir, clave para reinar, no es dar al otro lo que el otro quiere sino darle lo que necesita.