viernes, 9 de junio de 2006

Rota; Castillo de Luna


Aun a riesgo de ser pesado con Chesterton —valga la redundancia, diría él—, contaré algo de la presentación de anoche de La superstición del divorcio. Mi función se limitó a poner en hora este libro escrito en 1920, cuando en Inglaterra se discutía la admisión de una ley de divorcio. No fue difícil: apenas ha atrasado. (Lo de la sincronización es importante porque llevamos entre manos una bomba de relojería contra el discurso de valores dominantes.)

Lo curioso es que ese aspecto explosivo del propio Chesterton, que hoy parece desactivado por la imagen, igualmente cierta, de un escritor gordo, jovial y divertido, estaba muy presente para sus contemporáneos y hasta para él mismo. Dorothy L. Sayers, la impagable traductora de la Divina Commedia, explicó en 1952, en su prólogo a La sorpresa: “Para los jóvenes de mi generación G. K. C. fue una especie de libertador cristiano. Como una bomba beneficiosa […]” Justo esa misma imagen es la que utilizó el propio Chesterton para hablar de él y sus amigos, cuando parodió (sin entenderlo del todo, me temo) el poema "The Hollow Men", de T. S. Eliot, donde se leía que “el mundo no acabará con una explosión sino con un quejido”. Con el pretexto de caricaturizar al grupo Bloomsbury, se hizo este sonoro autorretrato:

La de ellos es desdén, risillas y gemidos;
fue nuestra juventud carcajada y canción.
Ellos quizá terminen con un leve quejido,
nuestro final será, seguro, una explosión.

Para defender el matrimonio, recurre constantemente a un ejemplo que pone melancólico: el del patriotismo. Chesterton argumenta que si somos capaces de dar la vida por la patria (y más cuando está más postrada), por qué no por esa pequeña nación que es la familia, que además sí hemos elegido. Hoy en día con qué lealtad, con qué heroísmo se podría comparar el sacrificio por la familia. Con el patriotismo, no. Lo triste es que nada está desconectado: en la sociedad no hay compartimentos estancos --y por eso se hunde tan rápidamente. Cuando las ideas de sacrificio y de entrega se desmoronan en todos los órdenes, ¿podrían mantenerse en el matrimonio?

Afortunadamente, con Chesterton, la melancolía dura poco. No ataca a los divorciados. Hace un profundo análisis del matrimonio indisoluble y de las razones por las que compensa defenderlo, luchar por él. La clave es su belleza superior. Las películas y las canciones se fijan usualmente en el enamoramiento porque el amor constante es más difícil: demasiado grande y a la vez demasiado sutil para filmarlo o cantarlo. Tenemos por delante toda una tarea cultural pendiente, amigos. En este sentido, Chesterton también es un adelantado. Escribió un poema ejemplar sobre el romanticismo de envejecer juntos, disfrutando desde los cambios más pequeños (en el vestuario o en el tinte del pelo) hasta los de la edad. Y frente a los cambios, lo que no cambia:

EL ÚLTIMO DISFRAZ

Tiñes tu blusa blanca con un verde más suave
como cuando volviste tu melena castaña,
y entonces brotó en mí esta oración tan rara,
la más rara que nunca haya dicho un amante:

“Que yo que vi tu juventud brillar
—arco iris cambiante de unas ropas a otras—
pueda verte en la tierra ciñendo la corona
de plata de la edad.

Empolvarás tu pelo de forma sorprendente,
maquillarás tu cara con pinturas muy pálidas;
pero, alegres, detrás del velo y de la máscara,
tus ojos inmortales mirarán como siempre.”

[Traducción de J. J. Cabanillas]

7 comentarios:

Mora-Fandos dijo...

Qué buena entrada, qué gran poema. Me detengo en lo de Eliot, y la verdad es que veo las dos opiniones de modo complementario. El mundo terminará de tantos modos como personas haya, según su modo de vivir la realidad. Los hombres huecos y su gemido corresponde a los que viven en la atonía más absoluta, sea por el consumismo, el esteticismo, o el etc -ya ha habido muchos finales del mundo en la historia-. La bomba chestertoniana viene con los que se afanan por subvertir el (des-)orden establecido y gustan de ver cosas saltando por los aires.

A Eliot le sobraba un punto de carácter puritano, pero eso no es algo que uno pueda elegir.

Lo de la tarea cultural pendiente, no podías tener más razón. Apasionante.

Arp dijo...

Maravilloso poema el de Chesterton: parece tuyo.

Rocio Arana dijo...

Es uno de sus mejores poemas, pero sin embargo me gusta más el que tú tradujiste, la novedad. Como no viene al caso, lo colgaré yo en mi blog el lunes, con tu permiso.

Inma dijo...

Una (¿la que más?) de las entradas que más me ha emocianado de todos los blogs que he leído. Tus ideas, el poema de Chesterton, todo. Muchas gracias.

AnaCó dijo...

De acuerdo con mora-fandos, apasionante tarea. Y me gusta la idea de arrostrarla con el espíritu con que Chesterton defiende el matrimonio: "por su belleza superior." Tengo para mí que esa explosión de luz habrá que buscarla por ese camino del puchrum. A ver qué hacéis: poetas buenos y buenos poetas...

AnaCó dijo...

Persón, pero el coemntario anterior suena a escaqueo descarado...no es eso, solo que yo me dedico a la filosofía.

Juan Ignacio dijo...

Qué geniales ideas que presentas. Patriotismo, quejido final, ojos inmortales... me quedo con la del patriotismo, aunque las otras sean tan o más buenas, porque se puede enlazar, creo con la entrada anterior y arman un buen desarrollo.