viernes, 17 de febrero de 2012

La oferta y la demanda

Llama mi padre. Cojo el teléfono. "Hombre, qué alegría, qué me cuentas, cómo estás". Me sorprende tanta efusividad, pero enseguida se aclara el malentendido. Confundió el número y creía que estaba llamando a mi hermano Jaime, que tiene una relación bastante distante no con mi padre, ni hablar, sino con el móvil y que además vive en Madrid y no a tres manzanas. Por suerte, el Evangelio viene a salvarme, como siempre. No me molesto como el hermano mayor de su hermano pródigo por las fiestas que mi padre le hace a mi hermano pequeño, y no a mí, que descuelgo el teléfono siempre al primer timbrazo. Yo estoy siempre con él, siempre al habla. Y si a alguno de mis lectores no le va el paralelismo parabólico, pues también vale la ley de la oferta y la demanda, tan en boga en estos tiempos de neoliberalismo liberado: la oferta escasa dispara la demanda. O volviendo, boomerang, al Evangelio, sería ver la mota en el ojo ajeno y no la viga en el mío. Anoche conseguí hablar por teléfono con Jaime después de no sé cuántas conversaciones con su contestador, y lo celebré por todo lo alto, paseando bajo un frío vivificante y unas estrellas como un castillo de fuegos artificiales nada efímeros, etc.
***
Lo cual, haciendo ahora un pequeño ejercicio de metabloguismo, también se aplica a la alegría que nos da ver que los viejos blogueros siempre vuelven: véase Beades o Julio Martínez Mesanza o Llir entre cards. Hay que matar un cabrito cebado para celebrarlo, tres, y los más diarios (o más) nos apuntamos encantados, ¿verdad, Ángel?

5 comentarios:

Angel Ruiz dijo...

Yo acababa de leer ahora la maravillosa entrada de hoy de Julio Martínez Mesanza.
¡Nos alegramos mucho de la vuelta de los tres!

julio martínez mesanza dijo...

Gracias, Enrique, y gracias, Ángel. ¡A ver si consigo hacer del Guadiana un río normal!

María dijo...

Muy bien pero la oferta crea demanda. Eso también

Jesús Beades dijo...

Uy, aquí se entrevé una conversación previa.

Gracias por la mención, así entrá alguien en mi blogg.

Enrique García-Máiquez dijo...

Aunque parezca increíble, Beades, te equivocas. Mi guiño a Ángel no es por una conversación previa, sino porque aquí estamos nosotros dándole que te pego y qué alegría cuando aparecéis vosotros, Guadianas sorpresivos. Y no te preocupes, Julio, si más, mejor, pero si Guadiana, estupendo. Aquí la constancia es una virtud menor, la que cuenta es la calidad.