sábado, 11 de febrero de 2012

Elias Canetti, Libro de los muertos (1/3)

Libro de los muertos no es un libro de Elias Canetti sino la colección de las notas que fue apuntando durante toda su vida para un futuro libro contra la muerte. Algunas de ellas: 


Por cada persona que muera mientras yo mismo siga vivo, deberá encenderse en mí un pensamiento. De no ser así, ¿qué otras velas tendría?
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Un muerto y uno más no son dos muertos. Antes se debería contar a los vivos, ¡y qué perniciosas son ya estas sumas!
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Alcmeón sostiene que los hombres se acaban porque no son capaces de unir el principio con el fin (como hacen los astros divinos en sus órbitas).
Recoge Canetti la historia de la creación de la noche, en Brahmanas, para que Yami pudiese olvidar a Yama, porque entonces sólo había día y seguía diciéndose: "Hoy ha muerto".
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La palabra libertad sirve para expresar una tensión importante.
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Los muertos se alimentan de juicios; los vivos, de amor.
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Un combate que no se lleve a cabo únicamente con armas espirituales me da asco. El adversario muerto sólo da testimonio de su muerte.
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La ciencia se ha traicionado al volverse un fin en sí misma. Se ha convertido en una religión, en la religión de asesinar, y pretende hacer creer que ha habido un progreso desde las religiones tradicionales del morir a esta religión del asesinar. Muy pronto habrá que poner a la ciencia bajo la soberanía de un impulso superior que, sin destruirla, la reduzca a la condición de sierva.
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No hay que silenciar ni siquiera las acciones más perversas de los muertos, a tal punto les interesa continuar viviendo de cualquier  manera.
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La cultura se fabrica con las vanidades de todos sus promotores. Es un peligroso filtro que nos distrae de la muerte. La manifestación más genuina de la cultura es una tumba egipcia, donde todo lo que hay es fútil: utensilios, ornamentos, alimentos, pinturas, esculturas, plegarias y sin embargo el muerto no está vivo.
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En algún momento hacer las paces con todos mas nunca con la muerte.
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Todos los moribundos son mártires de una futura religión universal.
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…Queremos conocer exactamente todo aquello por lo que los hombres han estado siempre dispuestos a morir.
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¿Por qué el salmista odia la muerte como sólo yo la aborrezco?
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… Si fuéramos mejores, no necesitaríamos la música.
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Despreciamos el infierno, pero ¿no venía al menos después de la muerte?
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Un hombre bueno no puede seguir siendo poeta.
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No he perdonado de verdad ningún suicidio. Aborrezco al floreciente abogado de la muerte.
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Los castigos del infierno son más honestos que el eterno retorno.
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Acaso todos los que mueren sean mártires. Acaso no lo sepan. Tal vez el hecho mismo de morir sea la única manifestación de su martirio.  […] Un presentimiento de esto es la leyenda de Cristo. Lo que Él nos pedía fue mal comprendido desde el espíritu de aquel tiempo. Al fin y al cabo, él devolvió aquí personas muertas a la vida. Y no murió contento, como creen los falsificadores. Nos enseñó a morir para que nadie más muriera.
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Si has de sucumbir, ¿con qué palabra en los labios?
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If I must die, I will encounter darkness like a bride
And hug it in mine arms.
[WS. Measure for Measure, acto III, escena I]
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Todo falso, lo más falso la muerte.
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La primera y la última mirada, hallar correspondencias.
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Es despreciable pensar en la propia muerte mientras otros sigan muriendo. Es lícito pensar en la muerte en general (no en la propia).
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Wittgenstein ha manifestado varias veces un sentimiento de asombro de que, en general, exista algo. […] La única religiosidad del hombre consiste en no reconocer la nada.
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Mucho más que la propia muerte pesa la del prójimo. Se es más culpable. 

10 comentarios:

gatoflauta dijo...

Hay, a mi modo de ver, dos clases de aforismos, o de "pensamientos", o como se les quiera llamar: los que son abiertos, generosos, e incitan a seguir pensando, y aún mejor sintiendo, por nuestra cuenta, y los que son terminantes, cerrados, yo diría que hoscos. Los primeros son infinitamente recreables en nosotros (Joubert es un ejemplo excelso); los segundos sólo incitan al asentimiento o al disentimiento. Cuando es así, me temo, lo segundo es lo preferible.

Yo creo que los de Canetti tienden a ser de éstos; mala cosa. ¿De veras cree alguien que "los muertos se alimentan de juicios; los vivos de amor"? No es ésa mi relación con mi padre, muerto hace muchos años, ni me parece que sea la de EGM con su madre, a quien ha evocado aquí (y en sus poemas) más de una vez. Podría pensarse que lo que dice es aplicable, no a las personas que hemos querido, sino a los personajes públicos; pero mi relación con los escritores que admiro se basa precisamente en eso, en la admiración, que antes de ser una forma de juicio lo es de afecto y cercanía; o sea que tampoco me vale.

¿Y de veras "si fuéramos mejores no necesitaríamos la música"? ¿Mozart, que indudablemente la necesitaba, era sólo por su mucha imperfección? ¿Es sólo eso, la nuestra, lo que nos revela Bach, o Schubert, o quien sea?

Y así podría seguir indefinidamente. Me temo que Canetti, a quien no le faltan razones, le falta sin embargo razón. Se queda siempre, o casi siempre, fuera, y es desde allí desde donde mira. Yo le diría lo de Ortega: "no es esto, no es esto".

Angel Ruiz dijo...

Ya que otras veces no, esta me apresuro a ponerme detrás de gatoflauta para aplaudir su comentario, tan atinado (especialmente en el segundo y el tercer párrafo); hay más tela que cortar, porque otras frases de Canetti sí que son impactantes, pero por ahí va la cosa.

Enrique García-Máiquez dijo...

Creo que parte de la honradez en el juego intelectual está en no pedir peras al olmo. Son notas para un futuro libro, que Canetti anheló toda su vida y que no escribió, lo que nos ofrecen los editores, y como tal hay que tomarlas, no como aforismos y mucho menos como máximas. ¿Quién sabe qué notas de estas iban a contar, en su desarrollo, con el completo asentimiento de E. C. y cuáles no?

Sin embargo, como intuiciones, como semillas (eso da el olmo) de reflexiones, me parecen profundamente valiosas. Y representativas de la radicalidad de alguien que no quería equivocarse por nada del mundo. Si escribo una reseña del libro —como pretendo— podré precisar más, y vuestros disentimientos me han servido mucho —muchas gracias— para afinar en mi pre juicio.

Ignacio Trujillo dijo...

¡Que peligroso es dejarse notas después de morir! Julián Marías siempre abominaba de esa tendencia a sacar a la luz los borradores, cartas íntimas, obras incompletas de los grandes hombres. Si no vieron la luz, por algo sería...
Es cierto que se leen muchas veces con fruición, precisamente por el valor que tienen de realidad sin impostaciones...pero en todo caso siempre hay que tomarlas con cierta prevención y cautela.
Apoyo los comentarios ¿Cómo no vamos a necesitar la música siendo buenos, si el cielo estará, seguro, lleno de música?

Ignacio Trujillo dijo...

¡Que peligroso es dejarse notas después de morir! Julián Marías siempre abominaba de esa tendencia a sacar a la luz los borradores, cartas íntimas, obras incompletas de los grandes hombres. Si no vieron la luz, por algo sería...
Es cierto que se leen muchas veces con fruición, precisamente por el valor que tienen de realidad sin impostaciones...pero en todo caso siempre hay que tomarlas con cierta prevención y cautela.
Apoyo los comentarios ¿Cómo no vamos a necesitar la música siendo buenos, si el cielo estará, seguro, lleno de música?

Enrique García-Máiquez dijo...

Está muy bien, IT, esa ambivalencia de las notas, su parte buena y su parte peligrosa. Así es y por esas razones.

En cambio, a mí lo de la música me suena maravilloso y es un gran elogio a la música. Habla de cuánto nos consuela la música y de que nos eleva siempre sobre nosotros. En el Cielo, no os preocupéis, también tendremos margen para ir mejorando, así que nos hará falta música, mucha música...

En cuanto a los muertos, no habla de lo que nosotros le demos a ellos, que muchas veces es justo lo contrario: juicios a los vivos, amor a los muertos; sino de lo que necesitan. Y yo creo que un juicio (el Universal es la prueba) puede ser el acto definitivo de amor.

gatoflauta dijo...

Yo voy sospechando vivamente que mis disidencias con Ángel tienen que ver ante todo con ideas políticas o sociales, cosas que tienen su momento y su valor, pero que no son, a mi parecer, lo más hondo y decisivo que hay en nosotros. No aparecen, o apenas, por ejemplo, en mis libros, y eso no se debe -naturalmente- a que yo reniegue de ellas, sino a que allí donde nace la intuición que da origen a mis cosas, ellas no llegan; es a un nivel más hondo, o más elemental humano, donde eso ocurre. Y me parece que, en ese nivel que digo, diferimos bastante menos.

Yo me siento poco militante, en lo que esta palabra tenga de exclusión de quien no piensa como uno. En mi modo de ver el mundo hay, o aspiro a que haya al menos, sitio para todos, o como poco para todos los que, por su decencia personal, saben ganárselo, con independencia de que piensen, en esas cuestiones públicas, incluso de un modo opuesto al mío.

Diré más: una de las cosas que me distancian del pensamiento cristiano, y yo casi diría que de cualquier religión formal, es la idea de que haya una eternidad de castigo para la maldad; por atroz que ella sea (y pongamos como ejemplo a Hitler, o a Stalin si se prefiere), la eternidad es demasiado tiempo comparada con la limitación de la pequeña vida humana. Antes creería en una eternidad en la que, al cabo de un tiempo tan largo como se quiera (ejemplo, los mil años de que, si recuerdo bien, habla Virgilio en la Eneida), puedan incluso esas culpas, tan atroces, quedar canceladas. Que aun muertos seríamos hijos de Dios; y no soy capaz de imaginármelo como un Padre tan severo que aparte de Sí a un hijo de un modo tan implacablemente irremediable.

Balaverde dijo...

Genial interpretación del aforismo sobre el juicio a los muertos, Enrique, en tu último comentario. Cabe pensar que Canetti no le diera todo el significado que tú si le sabes dar, pero oye, mérito suyo es habértelo sugerido.

Jesús Beades dijo...

Gatoflauta, una cosa muy parecida a la que dices del infierno decía el teólogo de cabecera de Ratzinger, Von Balthasar.

gatoflauta dijo...

Y también Borges. Pero en fin, no es ésa la doctrina oficial. Y la oficial, como dije, la comprendo poco. De todos modos yo, aunque agnóstico, no me considero nada lejos de una cierta heterodoxia cristiana. Y quién sabe; la vida da muchas vueltas (y la muerte, más todavía).