jueves, 22 de marzo de 2012

Donna gentile



Hoy leía mis poemas en Benalup-Casas Viejas y allí que me fui. Me encontré con una inesperada multitud de oyentes. No pude gastar, por tanto, mi broma-homenaje a José María Valverde recordando que él decía que las reuniones poéticas en Barcelona nunca superaban el número de 12, pero no por respetar el límite legal franquista, sino porque la poesía es para pocos. Esta vez no pudo ser.

Pero he podido recordar a Dante. Sus consuelos no son sólo escatológicos. Ha sido cuando desde el fondo me ha preguntado una chica muy guapa. Me he puesto las gafas. Era guapísima. Morena, con el pelo renacentistamente rizado, con un brillo en los ojos que traspasaba la sala, y sonriente. Y preguntaba sobre la inspiración, si existe. Y claro que existe, le he dicho, es evidente. Y no le he dicho: "¿Y tú me lo preguntas?", porque me he mordido la lengua. Uno podría sentirse culpable y machista (qué asco de época la nuestra) por sentir que ésa era la persona más apropiada de la sala para preguntar por la inspiración, pero aquí acude Dante a decirme que así son las alegorías. Y así son: la chica valía de imagen de la belleza de la sabiduría y de la poesía, una imagen particularmente nítida. Y también podía entrarme cargo de conciencia porque un hombre casado y fijándome, pero también acude Dante a decirme que una cosa es una cosa (o sea, Beatriz) y otra es otra (esto es, Gema); y eso que Leonor es mi Beatriz además, pluriempleada, conciliando la vida doméstica con la inspirativa, pero me quedo más tranquilo gracias a Dante. Y es una cosa más que le agradezco. 

3 comentarios:

Javier Vicens dijo...

Primera vez que veo a Dante citado como excusa.
¿Era hermosa la que preguntaba por la inspiración?

Enrique García-Máiquez dijo...

Dante da para mucho, además de dar mucho..

Y sí lo era. He corregido un poco el texto para que se vea un poco mejor. Gracias por la pregunta. Este nuevo hábito que trato de imponerme de escribir por la noche lo del día, para no ser infiel al propósito de la buena pipa, tiene eso, que salen las cosas menos afinadas. Pero crea que compensa —si soy capaz— para que Rayos y truenos no se me convierta en otro Trampolínk.

Adaldrida dijo...

Enrique, me has recordado a un alumno que tuve, norteamericado él, rubio y con ojos azules y una mirada limpia y una barba de tres días y unas manos preciosas y una capacidad de sorpresa preciosa también... Era mi alumno y era diez años menor que yo por lo que nunca fue una tentación para mí, aunque bromeando le llamaba "la tentación azul"... Un día hablando del petrarquismo y el neoplatonismo, de la contemplación de la Belleza, me detuve mirándole y pensé: esto precisamente es la contemplación de la Belleza.