martes, 13 de agosto de 2013

Gurb y Cabodevilla


¡Qué profunda lectura La jirafa tiene ideas muy elevadas (Ediciones Paulinas, 1989), de José María Cabodevilla! Si no convoco aquí al Barbero del Rey de Suecia no es por las vacaciones, que él, con mucho gusto, no se toma jamás, si puede evitarlo, sino porque pienso rentar este libro en cómodos plazos, aquí y allá. 

Aunque sí quiero soltar aquí una sospecha. Para mí que Eduardo Mendoza manejó mucho este volumen antes de escribir su archifamoso Sin noticias de Gurb (Anagrama, 1991), que por un feliz azar he leído en paralelo a Cabodevilla, para mi disfrute mutuo y pasmo cruzado. La idea central de Gurb está más que apuntada en el ensayo sobre el humor de Cabodevilla. Que no sería nada extraño que alguien tan interesado en la materia como Eduardo Mendoza hubiese estudiado a fondo. 

¡A ver esas pruebas! Cabodevilla escribe: 


La distancia suficiente es la clave del humor […] el humor como catalejo.  [p. 13] 
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Nadie mejor dotado que un extraterrestre para el humor [p. 22] 
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El informe elaborado por un alienígena sobre la vida de los humanos sería un dechado de humor. [p. 23] 
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Desgraciadamente, no ha llegado a nuestras manos ningún informe elaborado por un marciano […] Desgraciadamente, sólo poseemos muestras de humor doméstico, de humor humano. [p. 153] 
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Me pregunto qué hará falta para encontar risible el modo general de proceder y de pensar de los hombres. Quizá una de estas dos cosas: o bien tener una naturaleza superior al hombre o bien tener una confianza total en algo que sea superior al hombre. En cuanto a lo primero confieso que no me es fácil concebir las carcajadas de un marciano que acaso carezca de rostro, pero esto no prueba nada contra la risa de tal individuo, sino tan sólo contra mi mezquina idea de lo que es la risa, un fenómeno para nosotros siempre asociado con la contracción de quince músculos faciales. [p. 161]


Claro que, a pesar de las fechas —fíjense— y de la curiosa y ferviente religiosidad católica de Gurb, puede ser también una coincidencia por la misma naturaleza del humor, que se impone. ¿Acaso no dice José María Cabodevilla que "el sentido del humor no sería otra cosa que sentido de la realidad"? Y yo no lo había leído hasta hoy, eh.