jueves, 29 de agosto de 2013

Papá, ¿por qué...


El suelo que piso no es parqué sino porqués. No paran los pequeños. Pero todo tiene su premio. Carmen preguntóme anoche, en la solitaria casa, cuando su madre había salido a hacer el turno de noche en la bodega, por eso de la vendimia, me preguntó, digo:

—Papá, ¿por qué me quieres tanto?

—Ah. Oh. Siéntate. ¿Estás cómoda? Me alegra que me hagas esa pregunta...