domingo, 4 de agosto de 2013

Piedad




Jamás diría que esta foto bien vale una misa, como aquel Enrique parisino, tan poco sustancioso, pero la actitud piadosa de mi Enriquito sí que compensa, pienso, algunas cosas. La fotografía lo inmortaliza, pero duró un segundo; el resto del tiempo estuvo —lo confieso— corriendo por la parte de atrás de la pradera donde se celebra la misa, jugando con su prima Beatriz y su hermana. A la salida, un amigo con tres niños pequeños me contaba, compungido y quejumbroso, que en un momento dado el sacerdote, que no quiere que los niños se acerquen a él, mientras celebra al menos, había parado su sermón y había preguntado sin piedad ninguna: "¡Esos niños, ¿es que no tienen padre?!" Ante mi alarma, me asegura que no lo dijo por los míos, qué va, aunque yo no las tengo todas conmigo. El caso es que no me enteré, seguramente porque estaba pendiente de ellos. Si fue por mis hijos, y algunos se volvieron a mirarme, como acostumbran, habrán quedado asombrados de mi total indiferencia a la regañina del sacerdote. "Más chulo que un ocho", pensarán, cuando fue "más sordo que una tapia". 


2 comentarios:

Galsuinda dijo...

Entro porque me gusta ver esa foto, tan, tan, tan de cómo nos gustaría estar algún ratito al día.

Ununcuadio Uuq dijo...

Cuando éramos pequeños, teníamos un párroco que prefería que los niños estuviesen en la habitación esa insonorizada (pecera la llamábamos), y mi madre se rebelaba y le decía: "Dejad que los niños se acerquen a mí", y el párroco le contestaba que era una interpretación libre del Evangelio. Pero cambiaron al párroco, y mi madre nos empezó a colocar en primera fila con los del coro y la guitarra, y tocábamos la percusión allí. Creo que así nos acercó desde pequeños a la liturgia: desde la alegría y el estarnos más o menos quietos en el banco ;)

Así que a mí los niños no me distraen, bueno, lo hacen pero es para concentrarme de otra manera... Y el resto, es que no ha aprendido jajaja