sábado, 12 de julio de 2014

Gastroscopia (y 2)


Todo fue bien. El procedimiento y los resultados. Muchas gracias. Me impresionó la sedación, todavía me la estaban inyectando y ya me dormía, el líquido blanquísimo entraba en la vía y yo entraba en un sueño blanquísimo. Me desperté y le pedí educadamente a la enfermera que aumentara la dosis, que estaba demasiado consciente. No me dijo nada, sonrió. Resulta que ya había pasado todo hacía un buen rato. La vergüenza —y la sospecha de haberme convertido en un yonki de la sedación— me ayudaron a despejarme.

Me pasé el día muy contento con mi recuperada salud, nunca perdida sino en mis peores presagios. En la cola de la comunión, por la tarde, tuve otro acceso de vergüenza. ¿Cómo no celebro lo mismo. lo menos, la entrada en la Vida, ¡y eterna!, de cada día? Habría que ser un poeta de la talla de G. M. Hopkins para hilvanar todo esto en una imagen poética y hablar de la Eucaristía como una gastroscopia de salud infinita.




1 comentario:

Suso Ares Fondevila dijo...

Me alegro mucho, Enrique. ¡Feliz vida eterna!