miércoles, 9 de julio de 2014

¿Por qué, por qué?


A pesar del título de la entrada, no voy a hablar de mis hijos, sino para lamentar que teniendo tan presente, gracias a ellos, el recordatorio constante de que hay que dar el por qué, no lo haya dado del todo de mi artículo kierkegaardiano. ¿Por qué el libro es tan bueno, por qué ayuda tan altamente, por qué nos hace mejores, por qué, por qué? Van los porqués:


  1. El —y eso sí lo digo en el artículo— fundamento. Se deja de rollos, y va directo al Evangelio. 
  2. El interlocutor. Como se trata de defender la alegría, se dirige al más desgraciado y forja lo que Chesterton (que parece que ha bebido bastante de aquí) llamaría después: "un optimismo de mínimos". 
  3. Detecta (qué admirable es Kierkegaard) que todos los problemas arrancan de las odiosas comparaciones, que tan infelices nos hacen. Él lo diagnostica con una palabra maravillosa: "El cotejo". Es la rivalidad mimética de Girard, antes que Girard. Y remata: "Toda preocupación mundana se basa en que un hombre no quiere contentarse con ser hombre".
  4. Como buen discípulo del Maestro, recurre a las parábolas. (Si no me hubiese avisado antes contra el cotejo, yo ahora le envidiaría amargamente esa habilidad). Esta parábola tan chula, por ejemplo, que nos anima a vivir el hoy: "Si se tratara de dos muchachas y la una le preguntara a su amado: '¿Volverás nuevamente mañana?' y la otra le dijese: '¡Gracias, amado, porque has venido hoy!', ¿cuál de estas dos muchachas estaría más convencida de que su amado volvería nuevamente mañana?"
  5. Cuánta alegría le provoca el "Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria", que me ha recordado la emoción profundísima que me produjo oírselo rezar a Leonor una de las primeras veces que, novia reciente, me acompañó a misa. 
  6.  Esta idea: "El que una doctrina sea sencilla no estriba tanto en que emplee palabras sencillas y corrientes o pomposas y eruditas, sino que la sencillez se debe a que el maestro es él mismo lo que enseña".
  7. Culmina su defensa del hoy con el único cierre auténtico del Carpe diem. La promesa que le coge las vueltas a la muerte: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso". Y subraya —sorprendente, luminosa, magistralmente— el hoy. 

1 comentario:

Isa dijo...

Tu entrada ha sido de alteroayuda, vamos, que has ayudado a otra, que soy yo.
He hojeado "Los lirios del campo y las aves del cielo" y me haré con él. Y podré decir que he leido a Kierkegaard, lo cual no es poca cosa para una chica de ciencias.
Gracias.