viernes, 29 de mayo de 2009

El paraíso es hacer el paraíso

He recogido la frase en Los confines. Andrés Trapiello es muy trabajador y, por eso, sabe de sobra de lo que habla su personaje Clau: "Eso es lo extraño. Nadie diría que en un paraíso siempre está todo por hacer, y hacerlo no causa impaciencia ni inquietud. Al contrario, cada cosa que se hace es placentera; el paraíso es hacerlas. El infierno es lo opuesto, no tener nada que hacer". Se trata del trabajo gustoso de JRJ, pero más allá. Yo lo escojo, a partir de ahora, como lema hermosísimo de mis afanes: "El paraíso es hacer el paraíso". Y regalárselo a los demás. ("Las puertas de la felicidad abren hacia fuera", nos recordaba Kierkegaard.)

jueves, 28 de mayo de 2009

Un matiz

Por lo que me he leído, puedo afirmar que lo mejor que he escrito es que “lo peor de escribir es tener que leerse tanto”. Y, sin embargo, de vez en cuando, una excepción. Repasando la entrada de ayer, por si conseguía poner una coma o quitarla, a la duodécima lectura más o menos, caí en un tic expresivo mío significativo. Los peores temores se me materializan. Sin embargo, las ilusiones y los sueños se me hacen realidad. O sea, que el materialismo es temible y la realidad, al revés, un regalo. No es mucho, un matiz, pero así nos vamos conociendo.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Una carne

Los cócteles son una demostración palpable de que el matrimonio es una sola carne. Una pareja ha tenido que asistir a uno de ellos y una vez allí se da cuenta de que sus peores temores se han materializado: no conocen a nadie en la sala, o apenas de vista, que es bastante peor. Se esconden en una esquina de la fiesta, sonrojados, sin atreverse a molestar a los altivos camareros, buscando con ojos de pez la salida, pidiendo la hora, hablándose en voz baja. Aplastados por el peso de su soledad.

Sí, pero esa soledad les pasa porque son un matrimonio, una carne. Si uno llegase al cóctel, y se encontrase allí con una chica que le gusta mucho, y consiguiese acapararla toda la noche en una orilla apartada de la vida social, qué delicia, ¿verdad? En principio, eso es lo que tendría que experimentar uno con su mujer, pero no lo hace. Ya sabemos el motivo: el sacramento.

¿Y no podría olvidarse la pareja de sus anillos y recuperar el entusiasmo de las primeras etapas del noviazgo? La vida moderna deja muy poco tiempo para la conversación burbujeante y el flirteo frívolo, ¿por qué no aprovechar este cóctel? Pues porque el estado civil salta a la vista, y un matrimonio solo en un cóctel parece que sólo quiere remediar la cena. Lo mejor, por tanto, es saludar al anfitrión, y escabullirse en ayunas cuanto antes. Reírse juntos en el coche y, ya en casa, escribir un artículo. Éste.

martes, 26 de mayo de 2009

Qué mérito el maestro

Algo bastante indiscutible es el talento literario de Jesús, con independencia de que sólo le veamos escribiendo una vez y sobre la arena. ¿Será esa imagen --me pregunto-- el lejano origen del libro de arena de Borges? En cualquier caso, sus parábolas o microcuentos, la difícil sencillez, las paradojas, las ironías, las intertextualidades, el uso preciso de la ambigüedad, todo, nos habla de un genio único. Y para apurar hasta las heces también el destino del escritor, incluso a Él (el leño verde), le atizan una crítica literaria: a sus discípulos por lo visto no les gustaban ni un pelo las comparaciones. Ah. Vaya. Lo ejemplar es cómo lo encaja Jesús, con una sonrisa de guasa y una mirada melancólica, sin justificarse ni una coma, qué mérito.

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
- «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.»
Les contestó Jesús:
- ¿Ahora creéis?
Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo.

lunes, 25 de mayo de 2009

De Cádiz a Catay

Ayer estuve en China. Fue gracias a Ezra Pound y a su famoso libro de traducciones, Cathay (1915). El primer poema es la “Canción de los arqueros de Shu”, escrita por Bunno aproximadamente mil cien años antes de Cristo. “Here we are” cantaban entre la nieve los arqueros en la frontera, hechos polvo, tiritando, tristes, aterrorizados, sin parar un momento por culpa de los mongoles, sabiendo que la vuelta es imposible, que el ejército imperial, tan deshilachado, no puede permitirse los permisos. Han visto cruzar a su general en una carroza y han quedado desmoralizados por el aspecto de esos caballos que fueron de buena raza, que estuvieron bien entrenados. Si hasta los caballos del general se desmoronan… Ellos tienen hambre y sed, y recuerdan que su enemigo es rápido. Añoran la primavera que dejaron atrás cuando partieron, con mimosas dobladas bajo el peso de sus flores amarillas. Van terminando su canción: “Our mind is full of sorrow, who will know of our grief?” Me nombran en Catay, hace más de mil años. Con ojos entrecerrados me atisbaron entre la bruma: yo sé de su pena.

domingo, 24 de mayo de 2009

Si lo hubiera sabido, futbolista

Estábamos en un ambiente bucólico: almorzando en una casa de madera y de campo. Éramos un grupo bastante grande de amigos o, para ser exactos, tres grupos bastante estancos de amigos. En el mío la conversación se centraba, naturalmente, en los hijos, supongo que como en los otros dos. Una amiga se quejaba preocupada-preocupadísima de que a su hijo no le gustaba el fútbol, y eso era una tara, no quería que fuese un raro, tenía que integrarse... Yo, queriendo animar, conté que a mí tampoco me gustaba. La madre entonces abrió los ojos con pavor --un rictus de sufrimiento cruzó su cara como un relámpago--, y suspiró. Otra, le pasó la mano por la espalda, confortándola.

sábado, 23 de mayo de 2009

Pedro Vasallo

P.V. es un alumno de mi IES al que yo apenas conocía de vista como el acompañante de otra alumna de Bachillerato, a la que conozco mucho mejor, pero no por lo que estáis pensando, pillines, sino porque es miembro del Consejo Escolar, como un servidor. Vasallo, sin embargo, salió del semianonimato hace unos días, cuando ganó el premio de microcuentos del IES, y sus profesores se hacían lenguas de su talento. Yo, muy picado (en la curiosidad, no en el orgullo), le pedí que me mandara su microcuento. Había visto un corto suyo en youtube, y estaba bien, aunque uno hubiese preferido algo más tierno. Le di mi correo, que memorizó. Al llegar a casa tenía su mensaje. Abrí el documento, y el microcuento era… de ¡22 páginas!

Al día siguiente le pedí explicaciones; y la que me dio demuestra, efectivamente, su talento: como no estaba seguro de si el correo me llegaría o a otro, mandó un relato premiado y publicado y, por tanto, con los derechos de autor indiscutibles. Brillante, ¿verdad? A mí no se me habría ocurrido.

Ya sobre seguro, me mandó su microcuento, que tiene un punto Poe muy bien llevado, con el fondo y la forma fundidos a plomo. Me he divertido mucho con la leve ironía de esta frase: “pensaba en aquella mujer […] a la que los más benévolos se enorgullecían en llamar Virginia”. Y me quito el sombrero ante la potencia del final sombrío: “Y mi alma, de esa sombra que se extiende por el suelo, ¡no se alzará nunca más!

viernes, 22 de mayo de 2009

Medio ambiente

Pensaba usarlo como una alegoría tenebroso-ecologista, pero después de que JLGM resaltase mi salada claridad, mejor lo dejo, que ahora mi objetivo es merecerme retrospectivamente sus palabras. Así que contaré los hechos desnudos, sin extraer conclusiones ni trazar paralelismos.

Cuando nos mudamos a la casa nueva, había conejos. Unos conejos gris marengo que tomaban el sol (y el césped) de buena mañana y a los que veía por la ventana, con su pinta tierna de canguritos de bolsillo. Pero los conejos, como vallamos la parcela y con los perros y puede ser que por el cambio climático, se extinguieron. Yo colaboré, lo confieso, arreándole una muerte digna a uno que pilló Pukka. Los echaba de menos, y mucho más ayer, cuando moviendo la leña salió disparada una rata gordísima, del tamaño de un conejo, un conejo del lado oscuro.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Confesiones varias

Todo empezó una noche de insomnio. La preocupación capital del columnista católico tiene que ser evitar el fariseísmo o, en un grado menor, el oficialismo, podríamos decir. (La preocupación del columnista laico tiene que ser evitar el tono de sermón laicista y el dogmatismo relativista, dicho sea de paso y aunque no sea mi problema.) El poeta católico tiene un problema similar: hacerse perdonar el atrevimiento de hablar de y, sobre todo, con Dios. Lo percibe muy bien Enrique Barrero en el soneto XXIX de su Liturgia de la voz abandonada (Cajasur, 2009):
Perdóname, Señor. Voy a tu cita
cargado de oraciones. Cuando llueve
la lluvia a bendecirte no se atreve
ni se queja la flor que está marchita.

La nieve que en alud se precipita
no te nombra, Señor. Es sólo nieve.
Y la blanca gaviota --vuelo leve--
ni oración ni alabanza necesita.

No te invoca la mar cuando la ola
se agita entre las crestas de la espuma
ni te imploran jamás los lirios quietos.

Perdona Tú, Señor, si mi alma sola
por alcanzar la luz entre la bruma
se esfuerza en escribirte estos sonetos.
No me cabe duda de que el Señor se lo perdona a Enrique Barrero, y se lo agradece. Mi problema como articulista es qué hacen los lectores conmigo. Mi admirado colega Carlos Esteban leyó mi artículo de Alba y me aconsejó que escribiese, de vez en cuando, una columna muy frívola. Por supuesto, le he hecho caso, ¡como si a mí eso me costase nada, si me sale solo!

martes, 19 de mayo de 2009

Elogio de la exageración

Antonio Machado lo supo: “A las palabras de amor/ les sienta bien su poquito/ de exageración”. Yo estoy de acuerdo, y, todavía más, creo que una pizca de exageración también les sienta de maravilla a las palabras de crítica literaria. Ojo, no para adornarse (si el libro es bueno) o para cebarse (si el libro es malo), sino para ser más objetivos. A la exactitud por la exageración, sería el método.

Lo explico. Mientras examinamos un texto, procuramos usar un instrumental ponderado y aséptico. Por eso, una vez que un juicio se tiene claro, conviene sacudirlo un poco en un sentido o en otro, para soltar esa frialdad de analista que se nos puede haber quedado entre los dedos.

Además, sucede que el arte verdadero está vivo, y crece. Lo he comprobado con asombro: años después, el libro que reseñé se ha hecho mayor y más maduro que cuando fue sólo una novedad. Las críticas, sin embargo, no crecen y, si no les dimos unos centímetros de ventaja, se quedan cortas enseguida. Con los libros mediocres pasa lo contrario. Aunque nada más salir parecían algo más, luego, como no tienen vida, o se pudren o se momifican. Una crítica negativa tiene que prever que, si algo es malo, seguirá empeorando.

No creo que esta columna en La Gaceta de los Negocios la lean muchos críticos literarios, pero no importa. Para todos es esperanzador ver que lo bueno mejora, y cómo lo hermoso brilla cada vez más alto, ¿verdad?

lunes, 18 de mayo de 2009

Pensado durante la homilía de ayer...

Tras el furioso anticlericalismo de muchos intelectuales se esconde la envidia del púlpito y de los privilegios de la palabra sagrada y preceptiva, y la vanidad de pensar que uno lo haría bastante mejor... Como eso es natural, lo más sano es reconocerlo con su poco de ironía, como hizo Quintana, o como hizo Logan Pearsall Smith. Si uno se reconcentra, puede acabar como el cuñado de éste, Bertrand Russell o como tantos otros, pontificando con toda seriedad. Cuánto más sincera esta prosa de Smith:

....................EN EL PÚLPITO

El vicario tiene ciertos gustos literarios; en su juventud escribió una “Oda a la luna”; y acostumbra a hablarnos de las dificultades que encuentra al componer sus sermones, semana tras semana.

Ahora bien, siento que si yo compusiese y predicase sermones, de ningún modo me confinaría a los temas trillados del vicario. Yo hablaría de la ira de Dios, y haría sonar la Última Trompeta en los oídos de mi pecaminosa congregación, rasgando los cielos y paralizando la tierra con los truenos y eclipses y terremotos del gran Día del Juicio. Después, podría refrescarles con altas e incomprensibles doctrinas, fuera del alcance de la razón: la predestinación, la elección, la reprobación, las coexistencias y las coeternidades de la indemostrable Triada. Y con qué santa vehemencia exclamaría y gritaría contra todas las formas del error doctrinal, contra todas las execrables hipótesis de los enormes heresiarcas. Luego habría muchas, antiguas, ilustradas y extravagantes iniquidades que denunciar; y espléndidas, olvidadas virtudes que inculcar: la pobreza evangélica, y la virginidad, esa joya preciosa, esa delicada guirnalda, tan preciada en el Cielo, pero tan rara —dicen— en la tierra.

Entre la variedad de dogmas y normas morales, son los más altos picos los que brillan para mí con cierto esplendor. Hacia esos radiantes Alpes conduciría, si yo fuera vicario, a mi rebaño a pastar.

sábado, 16 de mayo de 2009

El ciprés

¿Conocen la anécdota de aquel caballero que cada año cruza la calle para preguntarle al vecino de qué color quiere que pinte su fachada? No sé si será cierta, pero está bien trovada. Es el vecino el que la va a contemplar cada día y es justo que él elija el color. Cuánta elegancia.

Lejos de mí usar tan hermosa historia como indirecta sobre el ciprés de mi vecino, y más teniendo en cuenta que él me podría sugerir, con más razón que un santo, una amputación de las cuerdas vocales de mis vivarachos perrillos. Pero el ciprés de mi vecino se seca y el que lo ve pudrirse soy yo. Teniendo en cuenta que un ciprés, por sí mismo, en todo su esplendor verdinegro, ya es el árbol de los muertos, y que Miguel Delibes comparó sus frutos con calaveritas pequeñas, imagínense la impresión que causa un ciprés redundando, esto es, muriéndose.

Un ciprés en condiciones apunta al cielo. Un ciprés agónico parece la muerte según un materialista: se empieza a pudrir por sus ansias de Más Allá. Esta primavera salgo al jardín, miro alrededor, veo el ciprés de mi vecino y me parece que estoy en noviembre. Para conjurar los malos espíritus y tratando de animar al ciprés, recito, por encima de la valla, a Machado: “Con las lluvias de abril y el sol de mayo/ algunas hojas verdes le han salido”. A ver si le da por emular al olmo, y yo puedo anotar en mi note-book la gracia de una rama verdecida.

viernes, 15 de mayo de 2009

Otra entrevista

Transcribo trozos de la entrevista que Patricia Bins realizó a Mario Quintana para la revista Leia de octubre de 1985.

PB—Qué diferencia hay entre el niño Mario y el poeta Quintana?
MQ—Ninguna.

PB— ¿Puede usted recordar su primer poema? Y el que escribió hoy, ¿cómo es?
MQ— No puedo recordarlo. Comencé a hacer versos en cuanto a aprendí a leer. Seguro que el poema no funcionaba. Aunque el poema de un niño poeta es siempre el mejor poema del mundo. No puede no serlo: es el primer y deslumbrado encuentro de un alma con la poesía. En cuanto al poema de hoy, prefiero no citarlo, porque existe el peligro de que haya sido un desencuentro…

PB— ¿Qué le irrita más de los otros? ¿Y de usted?
MQ— Las preguntas íntimas. Las respuestas evasivas.

PB— Le gustan las mujeres hermosas. Su primera musa, ¿quién fue? Y Bruna Lombardi [Desde 1976 siempre van juntos a las tardes de autógrafos], ¿de qué manera entró en el papel de sus amores?
MQ— Bruna es, ante todo, mi mascota. ¿Nuestros amores? Bruna no me ama, sólo me adora. Esto porque un desencuentro de los husos horarios abrió una diferencia de 48 años entre nosotros… ¡Una pena! Pero felizmente el Tiempo nos dio tiempo de encontrarnos aún en esta vida, de volvernos grandes amigos. No puedo quejarme… porque Bruna es una de esas personas que compensan la vida.

PB—El futuro, ¿cómo lo imagina?
MQ— El futuro es una especie de banco, en el cual vamos ingresando, uno tras otro, los cheques de nuestras esperanzas. Vaya, no es posible que todos los cheques sean sin fondos.

PB—Y su visión del otro mundo, ¿De Dios, dioses y de los ángeles? ¿Del Diablo?
MQ— Lo sabré cuando toque… Tengo hasta bastante curiosidad —pero ninguna prisa— de saber coómo será el otro mundo. Dios está en todas partes. ¿Por qué buscarlo en el ruido exterior? Si está en todas partes, está dentro de cada uno de nosotros y a cada uno le compete descubrirlo, darle la mayor parte posible en nuestra vida terrena. De lo contrario nuestro Dios interior puede hasta morir, como acontece con los ateos. los positivistas, todos los materialistas. Ellos no saben que son el sepulcro de Dios.
En verdad, no importa si la gente creo o no en Dios, sino si Dios cree en la gente. Por mi parte, sólo creo en la segunda Persona de la Santísima Trinidad, en el Dios vivo, pues tenemos testimonio histórico de que Jesucristo vivió entre nosotros.
En cuanto a los dioses paganos, murieron de hecho, porque los poetas dejaron de invocarlos.
De los ángeles no puedo dudar en absoluto, en vista de la insistencia con que aparecen en mis poemas.
¿Santo de mi devoción? San Jorge, con su caballo y su dragón. Soy muy devoto de los tres.

PB—¿Qué obras o que autores ama más?
MQ— Antonio Nobre, Cecília Meireles, Camôes, García Lorca, Apollinaire, Verlaine, Racine, Shakespeare, el Nuevo Testamento, Dostoieski.

PB— ¿Qué obra suya le dio más placer? ¿Y mayor angustia?
MQ— Todas.

PB— Considerado hechicero y mago, ¿qué siente ante el misterio de crear?
MQ— Deslumbramiento y susto. Digo susto porque, para decir verdad, nunca pasé de aprendiz de hechicero.

PB— Cierta vez, al recibir una invitación de Manuel Bandeira, respondió que sí, que iría, y añadió: “Su deseo es una orden, pero ni se imagina lo aburrido que soy en los intervalos de mis poemas”. ¿Es verdad, se halla usted aburrido cuando no está en estado de gracia?
MQ— Otros me encuentran aburrido cuando estoy en estado de gracia.

PB— En el “Quien es quién” está registrado que Marío Quintaan es un “patrimonio universal”. ¿Cómo encara la prueba concreta de su inmortalidad?
MQ— Yo siempre me consideré un ciudadano del mundo, pero ¡patrimonio universal? Eso es otro cantar. Se alguien se considera un patrimonio universal, será que está loco… o que es un genio. Yo, ninguna de las dos cosas. Pasa que estoy de moda, lo que me me asusta un poco, pues me desvivo preguntándome: “¿Hasta cuándo durará esta inmortalidadicilla?

jueves, 14 de mayo de 2009

Ubi sunt?

Luis Rosales hijo no me lo discutió, pero puso una leve cara de sorpresa cuando yo comenté que más que Leopoldo M. Panero me gustaba su hermano Juan Luis. Me hice el firme propósito de releer a ambos. [Parece que estas comparaciones consanguíneas [lo saben Manuel y Antonio] son tan automáticas e inevitables que hasta yo caigo en ellas, con lo que las sufrimos en carne propia Jaime y yo.]

Como recordaba, hay un momento a partir del cual Leopoldo María te vuelve loco, y ya no hay quien le siga. Sin embargo, no se va ahora de mi memoria un poema suyo en prosa que es otro maravilloso Ubi sunt? Si Piedad Bonnett escribía desde la perspectiva del profe, LMP lo hace desde la del antiguo alumno, y es desolador. Diría que es lo mejor de su obra, si eso no significase nada. Es más: un poema extraordinario, que bien puede compararse con cualquiera de su hermano o incluso de su padre.

...................AL OESTE DE GREENWICH

¿Qué se hizo de la Tabla de Bacon, de la Velocidad, de la Energía, qué se hizo? ¿De la ecuación tarde o temprano resuelta, del problema imaginario, de la circulación y de la sangre?... ¿Dónde, dónde el meridiano de Greenwich, el ecuador, los polos, dónde la Tierra de Fuego, las minas de carbón o de platino? Y la vida reducida a una combinación de carbono, de hidrógeno, de oxígeno…
Alguna vez creí en los glóbulos blancos.
Alguna vez creí en la gangrena y otras enfermedades localizables.
Alguna vez creí que Fleming nos había liberado.
Alguna vez creí que tras del experimento de Michelson y Morley todo había terminado.
Hoy…
“Es la hora profesor”, de pronto una voz ronca.
“Es la hora profesor”… Hace tanto tiempo que fue la hora.

Hoy… Cae torpe, vanamente, la nieve, cubre espacios desiertos, fina nieve de inútiles nombres y cifras.

Hoy… El Tiempo, el Espacio… Solos, sin ecuación posible.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Mi cuarto a espadas

Lo mío mejor es la emulación. Así que para ayer tenía pensado echar aquí mi cuarto a espadas, a lo Baltanás, con unas notas crítico-detectivescas sobre La señora Cornelia, la ejemplar novela de mosqueteros de Miguel de Cervantes. Pero el entuerto de Trinidad Jiménez, ministra malandrina y algo bruja, hizo que a toda prisa acudiese, espada en mano, en defensa de los desvalidos. Tenía previsto (y, ay, escrito) un artículo sobre el Papa y Tierra Santa, que se quedará ya en el limbo del archivo de mi ordenador hasta el día del valle de Josafat. En periodismo, cuántas veces lo urgente desplaza a lo importante. O mejor dicho, lo trágico a lo trascendente, porque importante es todo.

(Y así vamos, corriendo de un fuego a otro, acordándome de Marta de Betania, que no escogió la mejor parte, pero qué remedio. (Y a ver si María, la contemplativa, tiene un arranque fraternal y me inspira un poema, que eso sí que lo tengo, uf, desplazado.))

lunes, 11 de mayo de 2009

Ni pío pero Pío pía

Moa, menos mal, lo enlaza. En su blog, Baltanás, de su espléndido ensayo sobre La Tragedia de Calisto y Melibea, no había dicho ni pío, pillín.

Discrepo de Moa cuando critica que se llame novelesca a Melibea. En realidad es un punto clave de la argumentación de Baltanás, y por otro lado introduce de lleno al libro en la tradición que luego seguirá El Quijote de literatura contra la literatura. Pero se lo perdono a Moa, al que debo el placer de haber leído este ensayo. Si llega a ser por Baltanás nos quedamos in albis.

domingo, 10 de mayo de 2009

sábado, 9 de mayo de 2009

Feria de mayo en El Puerto

La luna ha leído a Lorca
(como es lógico) y anoche
le dio por posar de rosa.

Pero cuando fui a cortarla
para prenderla del pelo
de Leonor, clamó indignada:

“Una rosa es una rosa
es una rosa, y yo soy
leída pero no tonta.

“Busca una buena gitana
y, señorito legítimo,
le compras por un buen pico
una rosa colorada…
Tú déjate de metáforas”.

viernes, 8 de mayo de 2009

Convaleciente

Lo natural es que duelan
los ojos... Son tan pequeños,
tan grande la primavera.

Cuando los tengo cerrados
no me duelen...
------------------ Sin embargo...

jueves, 7 de mayo de 2009

¿Y Dios qué piensa?

Qué hermoso alejandrino de Tomás Segovia, que vale por toda una poética y, si nos ponemos literales, para empezar una oración:

Sé que lo sabes todo pero ¿te he dicho ya

Últimamente, debe de ser la conciencia, todo me pone de rodillas. Porque qué me dicen de este otro alejandrino de Federico:
¡Qué tragedia tan honda!, ¿y Dios qué piensa?
Y eso es todo: interesarse por lo que Él piensa, decirle lo que ya sabe.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Bien de ojo

Me han echado un bien de ojo. La intervención, quitando los primeros momentos en que no me pusieron anestesia, ha sido un éxito. Al principio, el anestesista, en vez de hacer lo suyo, estuvo leyendo mi ficha con enorme atención y al ver que vivo en la calle Sorolla (y a mucha honra, por cierto), no se le ocurrió más que recordarme que tiene premio. Yo allí, con el aparato ese de la naranja mecánica para tener abierto el ojo, me partía de risa, vaya. Pensé: "El premio lo tengo yo contigo, macho". Pero no lo dije por el síndrome de Estocolmo que embarga siempre al que está en una camilla, con un babi y cercado por bisturís. Solamente pensé: "Y este señor tan saleroso, ¿cuándo me inyecta?". La doctora, ni corta ni perezosa, empezó con lo suyo, que es el corte, en plan El perro andaluz. La cosa, por lo visto, iba de película, pero yo tuve que elevar una tímida protesta. Y entonces el del premio, dejó de hablarme por fin de las gambas de Romerijo, y me sedó. Todo fue como la seda, a partir de entonces.

No es lo único que ha salido bien. La columnita de ayer en La Gaceta de los Negocios no salió. A veces les entra una inyección de publicidad, y se comen mi página. Yo me alegro por ellos y me jorobo por mí. En cambio, esta vez, a toro pasado, me he alegrado por ambos y mucho. Anoche un anónimo me puso un punto sobre la i la mar de bien puesto. La imagen del monstruo amoroso de ocho extremidades viene de Platón, como mínimo. ¿En qué estaría pensando cuando leí El banquete, que no me acordaba de eso? A los muy comilones, como yo, nos viene mejor el peripatetismo, que en la mesa nos distraemos. En cualquier caso, el dato echaba por tierra mi columna, porque, por un lado, la imagen de Tejada se tiñe de amor platónico (al menos en su guiño intertextual) y el pretendido homenaje implícito de Marzal es homenaje, sí, pero a Platón, y no a mi paisano Tejada. Qué suerte que no se haya publicado. Para la semana que viene mandaré otra columna. Uf.

Qué pena no haber hecho esto con la columna de hoy y no poderlo hacer con todas: publicarlas primero aquí, aprovechar vuestros comentarios para limpiar, fijar y dar esplendor y, finalmente, ir a la prensa con todo ya muy bien prensado. Para esto los blogs son una maravilla. Cuando el próximo me comente que sólo sirven para los bombos mutuos y la autoayuda a la autoestima, me autodescojonaré, con perdón.

Ah, al platónico anónimo de anoche, muchas gracias.

martes, 5 de mayo de 2009

El monstruo

Nota.- Como se puede leer en los comentarios, hice mi artículo sin recordar una referencia fundamental. Me borro y les dejo con los sabios comentarios.

Acción de gracias

Todo indica que volveremos a vernos con visión estereoscópica. Con el toro delante (y uf, qué córneas tan astifinas), me vinieron de maravilla vuestros ánimos y apoyos. Para entonarme ojeé Los héroes de Carlyle. Ahora, a toro pasado, me avergüenza un poco haberos alarmado de más, pero cuánto me acompañastéis. Gracias mil.

domingo, 3 de mayo de 2009

Última tarde con estereoscópica

Sé que la intervención quirúrgica no será para tanto (ni para tuerto), pero mi amor a los ritos me tiene aquí planeando la tarde muy cuidadosamente, por si es la última con visión estereoscópica. Iré, para empezar, al Prado, roca española, a rendir honores al Greco y a Velázquez. Luego al Reina Sofía, a la librería, claro. Como es sobrenatural, iré a misa y miraré con intensa emoción cuando alcen la Forma consagrada. Después, ya al borde del día, entraré en un cine: Ponyo y el acantilado es la película escogida. Cuando vuelva a casa (de mi suegra), ya por la noche, intentaré contemplar a Leonor a la luz de la luna. Y si Madrid no permite esos lujos agropecuarios, la contemplaré a la luz de las lunas de los escaparates, sonriente y azul, en su ambiente.

viernes, 1 de mayo de 2009

13

No asustaros porque hoy hable de suicidio cuando ayer no más lo hacía de mis desgracias. Simple casualidad: me ha tocado el canto XIII del Inferno. De hecho, me he llevado, gracias a él, una alegría vivificante, dicho sea con todos los respetos. Como aquel país tan vasto, del que habló Aquilino Duque, en que las aves migratorias se convertían en autóctonas, mi admiración por la Divina Commedia apenas tiene límites. Pero alguno hay, como obra humana que, aunque parezca mentira, es. El límite que a mí me estrecha, o mejor dicho, me estrechaba es que en el infierno, por unas elementales exigencias de la estructura, Dante se vea obligado a poner a cada condenado en el compartimiento de un pecado. Se da la idea así de que cada persona se condenó por uno, el suyo. Esto, que sirve, indudablemente, para meditar sobre la gravedad de cada acto, y que le sirve a Dante para ir dispensando su piedad y su compasión por la ciudad doliente, es, en realidad, abusivo. Un abismo invoca a un abismo y, para irse al infierno, hay que tener el pack completo, como pasa, uf, con las virtudes y el Paraíso.

Sin embargo, he vislumbrado que Dante se dio cuenta del problema. Por encima de la necesaria arquitectura de su obra, nos lo avisa con un guiño. A ver si lo veis tan claro como yo.

Sabiendo lo que le interesaba al poeta la simbología de los números no nos puede pasar desapercibido que el canto XIII sea el dedicado a los suicidas. El 13, como se sabe, es el número de Judas, recordando el número que hizo en la Santa Cena. Por eso trae mala suerte que haya 13 comensales. Según Dante, Judas está en lo más hondo del Infierno, con los traidores, dando incluso nombre a su lugar; y, sin embargo, su sombra se balancea entre los suicidas. No se le nombra, pero ahí está, siniestra. ¿Sólo el número 13? No. Sobre todo, que el epítome del suicidio sea el ahorcamiento de un árbol. Dato que es mucho más significativo si caemos en la cuenta de que el suicida que lleva la voz cantante es Pier Della Vigna, que se mató dándose un tremendo cabezazo contra un muro; y el otro suicida que habla algo, Rocco dei Mozzi, se ahorcó, sí, pero en una viga de su casa.

El asunto no es muy alegre, no, pero el genio del florentino no deja nunca de deslumbrarme.