sábado, 7 de enero de 2012

Humildad: doble o nada

En Lengua de madera, breve antología (dos veces breve) publicada en la Isla de Siltolá de la poesía breve inglesa, y realizada por Hilario Barrero, y de bellísima portada, un poema me ha recordado mucho una idea madre de mi madre. El poema es de David Budbill (1940) y reza: 
Quiero ser 
famoso 
y así poder ser 
humilde
[…]

Porque, ¿de qué sirve mi 
humildad 
si estoy 
atascado 
en esta oscuridad? 
Decía siempre mi madre que era muy sencillo ser sencillo cuando se es duquesa de Alba o descendiente coronado de los Capetos. Tu dignidad se impone sola y tú te puedes dedicar entonces a la campechanía y tal y cual, ja, ja, ja. Lo difícil, como siempre, es el equilibrismo de la clase media. Ser humilde, siendo humilde, es lo meritorio: un doble de humildad.


O dicho con una chincheta: La humildad es el privilegio de los humildes. Ahí es nada. 

11 comentarios:

Suso Ares Fondevila dijo...

Retorcidillo te veo en esta entrada. No sé...

Anónimo dijo...

soberbia entrada! JGM

Inma dijo...

No me parece nada retorcido, Suso. Es una gran verdad que cae por su peso.

John Julius Reel dijo...

La entrada me recuerda lo que me dijo una vez un cura, “Cuidado al rezar por conseguir paciencia, porque la tuya será puesta a prueba”. Para conseguirla, tenemos que ponerla en práctica. Estos días, con dos niños pequeños, me conformo con algo más humilde: rezar por no tener que emplear tanto mi paciencia.

Anónimo dijo...

Lo veo claro: Sé por experiencia que si se está en situación de inferioridad es difícil ser humilde sin caer en servilismo; lo consiguen muchos trabajadores de hostelería, especialmente por el sur. Lo contrario ocurre cuando estamos en disposición de favorecer a otros.
Jilguero

Balaverde dijo...

Qué razón tenía tu madre: mucha más que el poeta, por cierto, puesto que si te paras a pensar lo que dice, dice bien poco y casi lo contrario que ella.

Al poderoso le cabe el privilegio de la magnanimidad; al humilde, el de la humildad. En las sociedades igualitarias, añade NGD, estas dos virtudes son sustituidas por otras meramente cursis.

Enrique García-Máiquez dijo...

Gracias mil, Balaverde. Lo de la magnanimidad lo había puesto en una versión de la entrada un poco más desarrollada. Y sí, el poeta dice lo contrario, pero para mí que lo dice en broma, ¿no?, para que entendamos lo mismo más o menos de mi madre. Y si no, debería...

Gracias a todos: a Suso, su gesto en pro de mi retorcida humildad, que es un detalle, a JGM un fraternal abrazo, a Inma que, mentando el peso, también me haga más humilde, a JJR que me recuerde lo de la paciencia perdida, que eso sí que es una virtud imprescindible, y a Jilguero por su vista.

Arcipreste de Bruklin dijo...

Gracias, Enrique.
Hilario

Anónimo dijo...

Pues a mí, a humilde no me gana nadie. :-) BB

Enrique García-Máiquez dijo...

De pronto he recordado una idea de Suso que me parece que no debería haber faltado en esta entrada: "La humildad va de incógnito ... su disfraz es la dicha".

Suso Ares Fondevila dijo...

Venía muy ufano para ampliar mi comentario y me topo con que me citas. Muchas gracias, Enrique.

Pues a lo que venía era a esto, si es que algo vale:

Esta entrada tuya me dejó en su día con más dudas que certezas, y de ello dejó constancia mi primer comentario suspensivo. Leída hoy con más calma caigo en la cuenta de que mi desacuerdo es sólo con el comienzo, el supuesto sencillo acceso de los grandes a la sencillez. Empiezo por decir que esa “campechanía” que les sería tan sencilla a una “duquesa de Alba o descendiente de los Capetos”, es precisamente lo que tú dices que es, un “tal y cual” y un “ja, ja, ja”, es decir, no la sencillez sino su caricatura, la típica y falsa condescendencia de los que van de humildes sin serlo: una impostura pues. Yo, por eso, pienso que a los Alba, los Capeto y demás no les es “muy sencillo ser sencillo”, sino, por el contrario, mucho más difícil, porque el medio que heredan, en el que nacen y se educan, los envuelve de una dignidad impostada a la que sólo le es hacedera una sencillez igual de impostada. Tal dignidad, tal sencillez. Se lo tienen que currar, trabajárselo, abajarse, descoronarse de su falsa dignidad para coronarse con la verdadera.

Supongo que lo anterior va en la línea de lo que tú dices que dije, y lo dije, claro, bien que me acuerdo.