sábado, 12 de marzo de 2011

Imitación

A mí, que me gustan las comidas muy sabrosas, me han dado En Compostela una excusa contra tantos sosos avisos saludables e hipotensos, además de una industria humana para vivir con salero la presencia de Dios en la mesa. También recuerdo el Evangelio cada vez se me cae algo de la mesa y se lo comen mis perrillos, atentísimos. O si olvido lavarme las manos, como los apóstoles. A veces, soy descuidado a posta, y hago el papel de monstruo de las galletas. Podrían advertirme ustedes que Jesús no quiere que le imitemos en esas minucias discutibles, sino en su entrega incondicional a los demás y en su amor al Padre. Desde luego, pero aquellos pequeños detalles tienen gracia (son muy salados, como se dice) y lo otro es una labor para toda la vida. La caridad bien entendida acaba con uno mismo.