jueves, 3 de marzo de 2011

Un poema de Cecília Meireles para Leonor Gómez, abuela de Leonor, que murió esta madrugada

VIGILIA



El compañero ha muerto, y cómo

todos nosotros morimos

un poco.



El valor de nuestras lágrimas

por el que perdió la vida

es nada.



Amarlo, en esta tristeza,

es suspiro en una selva

inmensa.



Sólo la fidelidad

al compañero perdido.

¿Y qué más?



Dejarnos morir un poco

por aquel que estamos viendo

todo muerto.

13 comentarios:

T dijo...

Querido Enrique, os mando un abrazo con mis condolencias. Rezaré para que Dios misericordioso le dé el descanso eterno y brille para ella la Luz Perpetua.

jsm dijo...

Mi más sentido pésame.

Ignacio Trujillo dijo...

Lo siento mucho. Bellísimo poema.

Sólo la fidelidad

al compañero perdido.

¿Y qué más?

¡Una oración, siempre nos queda la oración!

Desde aquí yo elevo la mía.

Un abrazo

Gonzalo dijo...

Descanse en Paz.

Fernando dijo...

Lo siento por ella y por tu esposa, Enrique.

María S dijo...

Un abrazo enorme a los dos y hoy rezaré por ella y toda la familia

cb dijo...

Lo siento. Nos contaste que hacía compota y os regalaba tarros. Tuvo que ser una abuela adorable. Besos para Leonor y su familia.

Pablo dijo...

Carlos dijo:

Mi más sentido pésame para ti y Leonor.

Anónimo dijo...

Carlos dijo:
Pablo también es un seudónimo, que se me ha escapado. No te líes: Pablo y Carlos son dos seudónimos.
De nuevo mi pensamiento más confortador para Leonor.

Espinelete dijo...

Aunque no conociera a esta persona, por mi condición habitual de lector de este blogg y resultarme tan cotidianos sus contenidos me permito sumarme a las condolencias anteriores a tu mujer y al recuerdo de su abuela con versos tan hermosos.

Anónimo dijo...

Un abrazo para ambos, y en especial para Leonor. Vuestra fe, y la esperanza de que estará sin duda en un lugar mejor, ha de ser el mayor consuelo.

José Cereijo

Carlos RM dijo...

Un beso para Leonor.

E. G-Máiquez dijo...

Gracias a todos. Nos habéis acompañado mucho, pues iban llegando vuestros comentarios a la par que los amigos que se acercaban a saludarnos, y, como ellos, acompañaban. Para los que no la conociáis el lunes intentaré colgar una entrevista que le hicieron hace poco, que merece la pena. Ignacio Trujillo se para en el poema, y se lo agradezco. Curiosamente era de mis menos preferidos de los que he traducido de Cecília Meireles, pero leído desde la experiencia se me ha levantado mucho.