martes, 25 de agosto de 2015

Lo de Arthur Aron (Set 3/3)

Rematemos

Set III
25. Di tres frases usando el pronombre “nosotros”. Por ejemplo, “nosotros estamos en esta habitación sintiendo…”

Nosotros nos preguntamos si ha sido buena idea contestar este test y hasta dónde llegan los límites del pudor y cuándo la sinceridad se convierte en una táctica cosmética...
Nosotros, en cambio, estamos seguro que la introspección y el conocimiento personal son de las mejores cosas que uno puede hacer por los demás.
Nosotros, contando en la primera persona del plural a Santo Tomás, sabemos que "toda verdad, la diga quien la diga [y donde sea, añado yo], viene del Espíritu Santo.
26. Completa esta frase: “Ojalá tuviera alguien con quien compartir…”.
¡Qué felicidad! De ese comienzo, piense en lo que piense, me sobran siempre el "ojalá" y el subjuntivo... Tengo con quien compartirlo todo.
27. Si te fueras a convertir en un amigo íntimo de tu compañero, comparte con él o con ella algo que sería importante que supiera.
Más pronto que tarde voy a defraudarte. Cuando ocurras, no te sientas mal ni te apenes por mí. Será mi culpa y lo aceptaré con una sonrisa, porque estoy acostumbrado. La amistad es una admiración depurada por la aceptación y, por eso, vale tanto.
28. Dile a tu compañero qué es lo que más te ha gustado de él o ella. Sé muy honesto y dile cosas que no dirías a alguien a quien acabas de conocer.
El tomismo me vuelve a dar la respuesta hecha a pesar de las dificultades técnicas en las que estamos haciendo esta encuesta. Lo que más me gusta de ti es que seas, que estés, que existas.
29. Comparte con tu interlocutor un momento embarazoso de tu vida.

El embarazo es el estado habitual mío. Recuerdo cientos, porque encima la vanidad herida es memoriosa. Pienso en cuando he escrito o defendido en clase cuestiones equivocadas o en equinas meteduras de pata. Contaré el más antiguo porque es el que me ha acompañado, poniéndome colorado a cada recuerdo, desde más tiempo. Era yo pequeño y venía a mi casa un invitado ilustre. Mis padres (que los conozco) le hablarían de mi seriedad y de mis ganas de conocerle. De modo, que mientras ellos tomaban el aperitivo y yo apuraba unos minutos antes de irme a la cama, estábamos juntos en el cuarto de estar. Yo, recién duchado, muy peinado, con una batita cruzada y unas zapatillas redondas y acolchadas. Por algún problema de intendencia mis padres salieron del cuarto y yo quedé sólo con el ilustre. En la tele empezaba una película en blanco y negro. En ese momento, ponían las letras del título: Dinner for two. Yo levanté muy serio el índice y traduje: "Dinero para dos". La cara de estupefacción del invitado, cuarenta años después, no se me ha olvidado. Quizá por aquello le tengo una manía tan arraigada a la televisión encendida durante las reuniones y las comidas.
30. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste delante de alguien? ¿Y a solas?

La última vez que lloré delante de alguien, abrazándole, fue con Joselo padre, en el funeral de Joselo. La última vez que lloré solo fue hace dos días, viendo de nuevo este vídeo. Creí que no se me saltarían las lágrimas, porque se me saltaron la primera vez que lo vi y venía prevenido y tampoco es para tanto. Pero ni así:

31. Cuéntale a tu interlocutor algo que ya te guste de él.
Bueno, ahora estoy pensando en algunos que sé que estáis leyendo esto y me gusta, no, más, me pasma, no, no, más, me deslumbra, no, no, no, más, mucho más, me sostiene y me anima vuestro interés y vuestra paciencia. No sé si sois conscientes de hasta qué punto este blogg lo escribimos a medias entre todos.
32. ¿Hay algo que te parezca demasiado serio como para hacer broma al respecto?

Estoy con Chesterton: "Es absolutamente inútil y absurdo decirle a un hombre que no debe bromear con los objetos sagrados. Es inútil y absurdo por una cuestión muy sencilla: porque no hay objetos que no sean sagrados. Cada instante de la vida humana es tremendo". Del mismo modo que el único pecado que no se perdona es aquel contra el espíritu, la única broma prohibida es la que no tiene gracia. Hay que ir caso por caso, pero las manidas, las chistosas, las crueles y las rimas fáciles lo tienen difícil.
33. Si fueras a morir esta noche sin posibilidad de hablar con nadie, ¿qué lamentarías no haber dicho a alguien? ¿Por qué no se lo has dicho hasta ahora?
Gracias. Lo digo constantemente, pero nunca es bastante.
34. Tu casa se incendia con todas tus posesiones dentro. Después de salvar a tus seres queridos y a tus mascotas, tienes tiempo para hacer una ultima incursión y salvar un solo objeto. ¿Cuál escogerías? ¿Por qué?
El móvil. Para llamar a los bomberos. No es solamente una broma. Mi casa, mis libros, los cuadros, los muebles también son mis seres queridos.
35. De todas las personas que forman tu familia, ¿qué muerte te parecería más dolorosa? ¿Por qué?
Ésta, querido Arthur Aron, es una pregunta de mal gusto, y no me parece muy delicado por tu parte hacérsela a alguien que está gratis et amore. ["Pero las reglas, querido EG-M, las pongo yo, y como ves tengo un vivo interés por la muerte, lo que a ti tendría que extrañarte menos que a nadie..."] Por otra parte, Arthur, parece que escogiendo alguna le restas dolor a las otras... ["Sí, te reconozco que... ¡Pero no me confundas, y contesta!"] Bien, la muerte más dolorosa sería la de mis hijos, porque, instintos aparte, tienen menos vida hecha que dejarle a la muerte. Los demás, empezando por mí, ya hemos hecho cosas o hemos tenido la oportunidad de hacerlas. Entre los múltiples motivos por los que el aborto me repugna especialmente, hay que contar éste: segar de raíz la vida, sin darle opciones. Respirar, tomar el sol, marcar un gol de balonmano, tener amigos, las castañas asadas... Todo eso merece la pena. ["Te has vuelto a ir por las ramas, Enrique, pero esta vez te lo disculpo."]
36. Comparte un problema personal y pídele a tu interlocutor que te cuente cómo habría actuado él o ella para solucionarlo. Pregúntale también cómo cree que te sientes respecto al problema que has contado.

Yo no llego ni a la mitad de la mitad de las cosas no ya que quiero hacer sino que tengo que hacer. O no las hago o las hago regular, que es peor. Tendría que decir que "no" a tres cuartos de mi vida, pero no sé. Lo siento como una opción diabólica: entre suicidarme (renunciar) o morirme (por aplastamiento). ¿Tú qué harías o, mejor dicho, porque seguro que así estamos todos, tú que haces?