martes, 4 de agosto de 2015

Saltos cruzados


Dudaba si poner esta entrada en Rayos y truenos, por lo que me importa, o en Trampolínk, por lo de los saltos cruzados y en tirabuzón. Tiro por la calle de el doble, y pongo allá otro salto cruzado, más de mis artículos, que es para lo que está el Trampolínk. 

Lo que me importa es la espléndida reseña de Ángel Ruiz a Pisando ceniza. Y compararla, ¡ale-hop!, con la de Sánchez Dragó. Para empezar por lo más gordo, tengo la impresión de que uno se ha leído el libro y otro, curiosamente el más ponderativo, no o muy por encima. Impresión fortalecida por el hecho de que la única cita que hace Dragó (espléndida, desde luego: "Las cosas sólo suceden al que sabe contarlas") es, nos enteramos por Ángel Pérez, de la solapa del volumen.

En estos saltos cruzados, dos avisos entrelazados. El primero, moral. Las buenas intenciones, que en Dragó se ven de lejos, hay que guardarlas para los lectores, no para los amigos... escritores. O, al menos, hay que pasar por el trance de la escritura a fondo. Y segundo aviso, literario. El "yo" no es tan singular como nos creemos. En la reseña de Ángel Ruiz hay su buena dosis de "yo", pero es un yo que piensa, siente, se pone por delante, da razón de sus prejuicios, de sus juicios y de sus postjuicios. El "yo" de Sánchez Dragó es casi todo ombligo, que no nos deja ver el libro ni a él leerlo, tal vez. Estaría tentado a decir que un yo tiene mucho de "y" y el otro mucho de "o".