lunes, 24 de enero de 2011

Hombre sin descendencia

Un poemario llamado así tenía por fuerza que interesarme. Fui un hombre sin descendencia, y, aunque sea por la costumbre, y con permiso de lo que los siguen siendo, lo seré a título honorífico siempre un poco. No es tan raro: Charles Ryder, por otros motivos, se consideraba childless a pesar de sus dos hijos. El caso es que he leído este libro de Braulio Ortiz Poole (Sevilla, 1974) con mucha atención.

El barbero ha seleccionado lo que sigue:
Hablo de lo pequeño, y comprendo que es grande.
*
Escribo para saber que tengo alma.
Lo más próximo a un milagro que conozco
[No entiendo bien si Braulio Ortiz Poole se refiere a la amistad o a la comunicación íntima que produce, aunque para el caso es lo mismo, un milagro.]
*
Estar aquí ya es mucho.
Siempre, en realidad, fue suficiente.
*
Más allá de cualquier alumbramiento,
un hombre siempre deja descendencia,
[…]
Si ha sido querido,
un hombre nunca muere.
*
[En el epílogo destaca entre las hondas contradicciones de la muerte] —cómo puede seguir tan presente alguien que ya se fue—

3 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

Me quedo con:
Escribo para saber que tengo alma.
Gracias por este desconocido.

Kris Kelvin dijo...

Coincido con Juan Ignacio. Es una buena respuesta a la pregunta: "¿Por qué escribe?"

También leemos para saber que tenemos alma (nosotros y ellos)

Un saludo

Ignacio Trujillo dijo...

No conozco mucho a Braulio, pero si a dos de sus hermanas. Si se parece a ellas debe ser un tipo encantador. Les envío el link y también a su prima Mónica, que también lo es.