miércoles, 6 de junio de 2007

Cambiar de agenda

Ayer el comunicado de ETA y su secuela presidencial me hicieron cambiar de planes. El artículo sobre el versolari Bermejo se fue al limbo de lo inédito, como tantas ilusiones de paz, supongo, en las almas más cándidas del Reino. Desde el punto de vista del oficio del columnista, nunca he sentido así el vértigo de las horas que median entre la escritura y la lectura del periódico. La poesía que, además de pobre, es inmortal desconoce esa cuenta atrás.

sábado, 2 de junio de 2007

Tertulias, tertulias...

Algún día contaré que yo no venía a esto cuando abrí el blogg. Luego, de lo que más me enganchó fue la posibilidad de mantener una tertulia infinita en la taberna del fin del mundo (Beades dixit). Los clicks clicks hacen las veces de los tintineos de la cucharillas del café entre las volutas volubles de la atención, que va de acá para allá.

Y ahora he descubierto que a través de internet se puede asistir a la mítica tertulia ovetense Oliver. Tertulias, tertulias, tertulias... Para colmo al café (con libros) invitan ellos. Confieso que lo descubrí gracias a la vanidad, que corre como la pólvora (y que como ella es explosiva): uno, que nombraban, escribió a otro, que también, el cual viendo que me citaban brevemente, me llamó. El programa nuestro no es el mejor, pero lo pongo desde luego, aunque el último por eso de las buenas maneras y la falsa humildad. Y enlazo un buen puñado de los mejores. No se asusten, son cortos [En Por la secreta escala, Almuzara ya decía que "Todo programa debería ser preciso, esencial, rotundo y breve; es decir, en una palabra, memorable"]. Además no tienen que verlos todos de un tirón. Los dosifico a lo largo de los próximos días y así yo, como Víctor Botas, me recuesto en la barra, escucho, aprendo, descanso, hago -si se encarta- algún comentario...

Sábado:
............Víctor Botas

............Jorge Luis Borges

Domingo:
............ Fernando Pessoa

............Juan Ramón Jiménez

Lunes:
............ Microrrelatos

............ Raymond Carver

Martes:
..............Ramón Gaya

..............Aire de oriente

¡Anda!, se me ha hecho tardísimo. Hay muchos más, búsquenlos en youtube que yo me tengo que ir: ya es miércoles y me espera la columna del periódico....

viernes, 1 de junio de 2007

Certezas razonadas

Se pregunta José Mateos en el prólogo:
¿Y quién puede querer leer un libro que se titula La razón y otras dudas y que muestra una soberana indiferencia hacia las imposiciones de la actualidad, y que habla de Dios y de los espejismos de la razón, de libertad y de poesía, de sufrimientos y esperanzas?
Hombre, muchos; yo, sin duda. Las razones las he explicado, largo y tendido, aquí.

jueves, 31 de mayo de 2007

En un pas pis

Que odien la religión
—siendo ellos— no me extraña;
ni las ganas contra España,
que están en su condición.
Lo que no tiene perdón
y va demasiado lejos
es que a la Poesía, el viejo
refugio que aún nos queda,
la asedien con Gamoneda
y los ripios de Bermejo.

P. S.- Como empieza a ser tradición en estos Truenos y rayos, los comentarios me superan. Aconsejo vivamente al desocupado lector (y también al ocupado) que lea infra la décima de autor anónimo y la de C.B.

miércoles, 30 de mayo de 2007

L’esprit de l’escalier

Después de mandar el artículo a la redacción del periódico, he visto que en Cádiz, debajo del lema “Haremos más”, han escrito con un rotulador: “... porque menos es imposible, pisha”. Me digo: están locos estos gaditanos. Sin embargo, por la tarde voy a Jerez y también. Nuevo patchwork sobre el mismo (lo siento, hubiese preferido la paridad, pero era el mismo) eslogan: han puesto delante un RO y han convertido la “h” en una “b”.

martes, 29 de mayo de 2007

Herme G. Donis

Dice Zorrilla (y con él, Valle-Inclán) que "un punto de contrición / da al alma la salvación". Eugenio d'Ors, en cambio, era partidario de una línea continua de heroísmo. Yo estoy con d'Ors, aunque no deje de encontrar muy consolador lo de Zorrilla.

Lo dicho para el alma vale -valga la redundancia- para la poesía. Un verso inolvidable puede salvar a un poeta y qué no hará ya un buen haiku. En la nueva revista El mirador de los vientos, Herme G. Donis, entre otros más normales, escribe éste:
La alondra caída
esconde su ala rota
avergonzada.

lunes, 28 de mayo de 2007

El barbero en la Escuela Popular de Docta Ignorancia

Mientras yo trabajaba en un artículo sobre La razón y otras dudas de José Mateos, el Barbero ha aprovechado para recortar estos fragmentos. Que les aprovechen.
¿Qué otra cosa es la libertad sino luchar constantemente por tenerla? Os lo aseguro: quienes dicen: “Somos libres”, ya han comenzado a no serlo.
*
La angustia no es algo de lo que tengamos que huir, sino algo de donde debemos partir.
*
“Lo políticamente correcto”, dijo don Juan, “es la mojigatería del demócrata y consiste en estirar lo sensato hasta la estupidez”.
*
Sólo daréis con la verdad si aprendéis a contradecirla. Hay que dudar hasta el fondo de todo. Por algo nuestro cerebro está metido entre esos dos signos de interrogación que son las orejas.
*
Andarse por las ramas es casi siempre andar más alto.
*
METAMORFOSIS.- Ovidio nos lo sugirió: en este mundo, aquello que deseamos, cuando al fin le damos alcance, siempre se convierte en otra cosa.
*
El odio procura empeorar lo que odia. A quien odiamos no sólo le deseamos lo peor sino —lo que es peor— que se comporte aún peor.
*
Poesía no es algo que se dice sino la única manera de decirlo.
*
Todo el vuelo de la poesía proviene, en cuanto a su continente, de la repetición y de la precisión; en cuanto a su contenido, de la inteligencia y la inspiración.
*
Lo malo ahora no es que la gente no lea, sino lo que la gente lee.
*
Las alabanzas dirigidas a otros cuesta poco decirlas, pero mucho escucharlas.
*
Y por supuesto, tienen razón los que dicen que los monstruos nunca mueren. Pero los héroes que los vencen, tampoco.

sábado, 26 de mayo de 2007

De la voracidad del blogg

Ayer alguien me pedía amablemente que entrase más a fondo en el libro de Juan Antonio González-Iglesias. Se le agradece de corazón el interés en lo que uno pueda decir, y más teniendo en cuenta que ese alguien es lector insaciable e inteligente al que no le voy a descubrir ningún Mediterráneo. Pero sucede que uno se gana, si no la vida, sí la biblioteca (mis nuevas lecturas) con reseñas para revistas y periódicos. Si las escribiese aquí, estaría haciéndome competencia desleal. O con palabras de J. S. Lec: "Oh, nudistas, ¿quién os va a contratar para un estriptís?"

Muchísimo más me preocupa que la voracidad del blogg se termine comiendo mi inspiración poética, tan chiquita y tierna. Si todo lo que pienso y siento lo expongo a estos Rayos y truenos, qué dejaré para mi próximo poemario. Copiaré las palabras de Walter Benjamin, recogidas en Pasos en el agua, el diario de Luna Borge: "El peligro del diario en general reside en descubrir precozmente los gérmenes del recuerdo en el alma y frustrar la maduración de sus frutos". Si es el peligro del diario en general, no digamos ya del blogg en particular, tan inmediato y público.

viernes, 25 de mayo de 2007

Eros y más

A pesar de todos los elogios que le tributan, Juan Antonio González-Iglesias es un poeta estupendo. Si no fuese por lo que ya sabemos, se le consideraría incluso un epígono, de ésos a los que yo me apresto a defender -más contento que unas pascuas- cuando hay talento, como es el caso.

Siendo el caso que ya han reseñado Eros es más en todas partes, no me queda otra que intentar resolver al menos un acertijo que el poeta propone desde el prólogo, donde declara, además, algo tan sorprendente y necesario como esto: "Un poeta es alguien que dice verdades elementales".

A lo que iba. En ese mismo prólogo, González-Iglesias confiesa: "Uno de los aspectos que ahora me resultan más llamativos es que alguno de los temas que más me han preocupado en los últimos años ocupa en este libro un solo verso. De once sílabas".

Mi apuesta personal es que ese misterioso endecasílabo único es:

la situación incierta de mi patria
[Que nadie me reproche haber dado la incierta solución, el libro es muchísimo más (como Eros). Y encima cabe la posibilidad de que yo esté equivocado, aunque no creo.]

jueves, 24 de mayo de 2007

La prosa en sí

Terminado el último diario de Trapiello. Cuando dejo de aplaudir, compruebo la cantidad de palabras que no conocía. La prosa fluye con tanta naturalidad que uno (yo) apenas se dio cuenta de que el otro (X), en su búsqueda de la exactitud, le pegó un repaso al vocabulario de impresión. Para no leer como si fuese inglés, yendo al diccionario, fui señalando las que no me sonaban de nada.

Y he pensando que, antes de acogerme al DRAE, podría colgarlas todas juntas y aquí. A ver cuántas os sabéis vosotros (sin buscarlas, eh). Y como ejercicio de humildad, que en el blogg uno siempre procura sacarse por el mejor perfil y el retrato hay que hacerlo también por el lado tuerto, el de los titubeos y la ignorancia.

Las palabras (y tenéis, desde luego, permiso para reíros de mí) son:

Retestinado.-

Hialino.-

Batihoja.-

Circuido.-

Giróvagos.-

Tumbagas.-

Pulquerías.-

Matalotaje.-

Ciclán.-

Bascas.-

Terne.-

Botigueros.-

Sicalipsis.-

Ñáñigo.-

Mesmérica.-

Erubescencia.-

Abogatada.-

Frenópata.-

Cazcaleo.-

Ectoplástico.-

Batahola.-

Broza.-

Fardeles.-

Dechados.-

Visco.-

Atropar.-

Bargueños.-

Abacería.-

Corondel.-

Esquicio.-

Avispar.-

Lardón.-

Melisma.-

Llana.-

Geoda.-

Indecidibilidad.-

Ciclónico.-

Obturador.-

Ocarina.-

Espelunca.-

Aneurisma.-

Subitáneo.-

Ocume.-

Fallebas.-

Apicales.-

Sardonia.-

Perendengues.-

Galbana.-

Barzoneando.-

Lígrimos.-

Melgar.-

Embolismo.-

Zaquizamí.-

Marfuces.-

Sirle.-

Alarife.-

Propincua.-

miércoles, 23 de mayo de 2007

Los últimos de la lista

Un deporte nacional nuestro es meternos con los políticos. Ellos corresponden dando motivos. Al menos en esto no defraudan las expectativas del pueblo soberano y cumplen con la afición. Sin embargo, de eso al desesperado estoicismo del “todos son iguales” media un trecho. Si fuesen idénticos, la democracia no tendría sentido y nos echaríamos a suertes a los alcaldes, como propuso paródicamente Chesterton en El Napoleón de Notting Hill. Algo ahorraríamos en campañas electorales, con sus kilos de basura en carteles y demagogia.

No es el objetivo de este artículo explicar qué políticos son más iguales que otros, que ya se ve, creo. Lo que sí pretendo es decir cuáles son los más diferentes y, por tanto, los mejores. Mis políticos favoritos son los que van los últimos de sus listas, o sea, los que jamás tocarán poder.

Al sacar de mi apretado buzón la propaganda electoral y echar un vertiginoso vistazo a las fotos de los candidatos, mis ojos se han parado con ternura en los puestos finales de cada lista. Allí están los que, sin ninguna esperanza de alcanzar su canonjía, prestan rostro, nombre, prestigio personal y profesional a un partido político que es bastante probable que no lo merezca. Incluso en el caso, tan frecuente, de que sus siglas no sean para nada las mías, siento gran admiración por quienes asumen un compromiso desinteresado.

Porque señalarse —y uno, como articulista, lo comprueba cada semana— no es lo más cómodo: ni siquiera los más o menos partidarios se quedan del todo contentos, o por más o por menos. Afortunadamente, en Andalucía, gracias a nuestra tolerancia congénita —uno de los grandes activos de esta tierra—, no es necesario llegar a los extremos heroicos de otras partes de España, donde defender según qué ideas o ir por según qué partidos puede costarte un disgusto muy serio; pero en cualquier caso también aquí supone dar un paso al frente. Como es imposible que todos compartan nuestras posturas, significa arrostrar en muchas miradas una mezcla de perplejidad y leve reproche.

Para los que saquen plaza de ediles, todo eso va en el sueldo, al menos en el sur, donde la sangre no llega al río. Para los que no, su único pago será la satisfacción del deber cumplido. Si hubiese listas abiertas, yo empezaría a votar de atrás para delante, pero como no me dejan, escribo este artículo. No puedo hacer otra cosa. Ni siquiera exclamar: “que gane el mejor”, porque sería reaccionario. En democracia gana el más votado y punto, o ni eso, que luego vienen los pactos post-electorales… De ninguna de las maneras ganarán los últimos, ay, que son los primeros en mi lista particular.
[Joly]

martes, 22 de mayo de 2007

Die Zauberflöte

Ayer fuimos a ver La flauta mágica. Sólo la conocía de oídas, aunque muy bien, en la versión de Karajan de sus szenen und arien. La representación fue una experiencia interesante, que me reafirmó en la admiración que ya traía puesta de casa y que a la vez disipó cualquier fascinación por el ocultismo que uno pudiera tener oculta. La alegoría de la luz y las pruebas purificadoras fueron un rollazo insoportable.
Pobre masonería, que ni la música de Mozart es capaz de levantar.

Feliz centenario

..................

..............LÍNEA CLARA

Dicen que hablamos claro, y que la poesía
no es comunicación, sino conocimiento,
y que sólo conoce quien renuncia a este mundo
y a sus pompas y obras —la amistad, la ternura,
la decepción, el fraude, la alegría, el coraje,

el humor y la fe, la lealtad, la envidia,
la esperanza, el amor, todo lo que no sea
intelectual, abstruso, místico, filosófico
y, desde luego, mínimo, silencioso y profundo—.
Dicen que hablamos claro, y que nos repetimos
de lo claro que hablamos, y que la gente entiende
nuestros versos, [...]

Dicen, y menudean sus fieras embestidas.
Defiéndenos, Tintín, que nos atacan.

............LuL. A. C.


lunes, 21 de mayo de 2007

Snob.

Entre los diversos acnés juveniles, padecí también cierto esnobismo. Lo confieso sin rubor porque hay cosas mucho peores (jamás me puse, por ejemplo, una camiseta del Che) y porque en ese mismo tic cayeron admirables escritores como Eugenio d’Ors y José Ortega y Gasset, y no por casualidad. Cuando se aspira a la excelencia, se es mucho más sensible al virus esnóbico. Ése fue el caso de los dos maestros y, salvando las distancias, un poco el mío.

De aquel esnobismo de la alta sociedad yo me curé por homeopatía. Tuve una novia estiradísima que no me había roto aún el corazón y ya me tenía saturado de remilgos. Se lo agradezco mucho, lo de los remilgos y la posterior rotura cardíaca, gracias a la cual estoy aquí, felizmente casado con otra.

Pero volvamos al esnobismo, que no hemos acabado con él. Si resulta risible, no es por las jerarquías ni por su aspiración a la nobleza, sino por un sistema equivocado de valores, donde a lo superficial se le presta una atención ridícula. En cambio, si apreciásemos con su mismo rigor insomne la bondad, el conocimiento, la creatividad o la entrega andaríamos por la senda de los pocos sabios que en el mundo han sido.

Nadie podrá acusar a Antonio Machado, el del torpe aliño indumentario, de dandysmo, y, sin embargo, bien que nos avisó el hombre contra la chabacanería y el abandono: “Qué difícil es/ cuando todo baja/ no bajar también”. En estos tiempos que corren (cuesta abajo) habría que aspirar sin descanso a lo mejor, en la cultura y en la moral, sobre todo.

sábado, 19 de mayo de 2007

Donde advierte el Nuevo Mundo al mundo viejo

.....QUE TRATA DE ESPAÑA
........................Advierta al mundo nuevo el mundo viejo
..................................................................Fco. de Quevedo

Se están marchando, España,
los que en ti parecían
vivir y ser contigo.
También, como nosotros,
un día, sí, ¿te acuerdas?,
nos fuimos de tu lado.
Los llamas y no acuden:
aquellos, los de entonces,
hoy ya no son los mismos.

Inocentes, no saben
que acabarán fundando
también, como nosotros,
Españas pequeñitas,
Españas de juguete,
clandestinas Españas
viviendo en otros nombres.
Milena Rodríguez Gutiérrez (La Habana, 1971)
El otro lado (Renacimiento, Sevilla, 2006)

viernes, 18 de mayo de 2007

Cae o cayó

"La lluvia es una cosa / que sin duda sucede en el pasado", cantó Borges, pensando en el poder evocador del meteoro. Y al sonido de las lluvias virtuales de mi entrada de ayer, recordé una de mis meteduras de pata más (y ya es decir) antológicas. En aquella presentación de la Poesía Incompleta de Aquilino Duque, cité:
¡Qué pena que no viniera
un diluvio universal
y se ahogara del alcalde
al último concejal!

Con la peculiaridad de que aquel día, en la mesa, junto al autor y al presentador, estaba el flamante Concejal de Cultura de mi pueblo, que para colmo estaba oyendo y entendiendo, que ya fue mala suerte. El hombre hizo un gesto entre la protesta y la resignación: no quería ahogarse, no, aunque si lo pedía la cultura... Al público, como es lógico, aquello le pareció muy sugestivo y ya se estuvo sonriendo toda la presentación. Desde cierto punto de vista, fue un éxito: nunca he visto caras como ésas, tan de aprobación, en ninguna otra intervención pública mía.

jueves, 17 de mayo de 2007

La lluvia en Sevilla...

Es una maravilla ver llover en los campos andaluces. Se nos extrañaba Arp, hace dos días, de que Julio Mariscal considerase el súmmun de la melancolía un invierno seco. La extrañeza arpiense era con la boca chica, por supuesto, que no en vano es el sabio de esta constelación y sabe que un poeta es él y su circunstancia [o paisaje moral]. Lo decía, simplemente, para quejarse un poco (más) de la lluvia gallega. Pero a mí me ha dado excusa para volver a uno de mis temas favoritos, que es el de "la prueba del chaparrón", o sea, para copiaros aquí unas reflexiones que sobre el particular hice en una antigua presentación de la poesía de Aquilino Duque.

[...] Hay un símbolo muy típico de su poesía, presente desde el primer libro hasta el último, que sirve de ejemplo de su compromiso con la verdad. Se trata de la lluvia. Recuerdo la emoción y la sorpresa que me produjo en mi primera lectura de este poeta encontrarme con la alegría que la lluvia le provocaba, que era la mía, que es la de todos los andaluces. Tal vez por influencia de la poesía del Norte, la lluvia es un meteoro que actúa en la literatura como un elemento monótono, como una nube de tristeza, como el pozo de la melancolía. Es fácil recordar lo que la lluvia representa para el poeta gallego Miguel d’Ors. Sin embargo, Aquilino Duque la recibe (al igual que su tierra) como una bendición. En “Domingo de Ramos”, que fue aquel poema donde por primera vez recibí el alegre chaparrón, dice:
Señor, fue larga la sequía,
ven a nosotros, que es abril,
y corra el agua en romería
por las chumberas del carril.

/... /

¡Si esta lluvia es agua bendita!
¿No va a venirle al campo bien?
Aunque se moje la borriquita
y se arríe Jerusalén.
Más tarde, al leer sus primeros libros, descubrí que la lluvia ya estaba en ellos como una fuente de felicidad:
La lluvia que es tu dicha te lo dice,
la lluvia que te limpia de pecado.
Aquilino Duque, a pesar de ser un escritor cultísimo, no ha dejado que el prestigio del tópico literario le agüe la alegría andaluza, pegada a su tierra y a sus raíces, de la lluvia. Sabe mirar la realidad sin gafas librescas y supera así la prueba del chaparrón, tan crucial para los poetas meridionales:
La dicha es una palabra clara,
un encuentro, un milagro, una alegría;
el olor del tomillo y de la jara
y el chaparrón después de la sequía.
Antonio Machado en sus meditaciones rurales del “Poema de un día” también vio la alegría labradora que produce la lluvia. No quisiera, sin embargo, parecer exagerado. Este aspecto de la lluvia es sólo uno de los muchos ejemplos que se pueden poner del afán de verdad de este autor. Tal vez un ejemplo innecesario si uno piensa que al libro más antiguo de Aquilino, el que él empezó a escribir antes –aunque publicase primero La calle de la Luna- se llama precisamente El campo de la verdad. Pero, ¿cómo sustraerse al embrujo de esta relación entre lluvia, alegría y verdad que el poeta plantea constantemente?
Rompen los ánsares el vuelo
sorteando la tempestad
y hay un momento que en el cielo
relampaguea la verdad.

Siguiendo con mi particular deslumbramiento lluvioso, recordaré que en su primer libro claramente comprometido, Aire de Roma andaluza, une el poeta su amor por el agua a su decepción política y dice:
¡Qué pena que no viniera
un diluvio universal
y se ahogara del alcalde
al último concejal.
En la misma línea, también interviene el agua en ese magnífico y punzante poema que es “Manifestación disuelta por la lluvia”. [...]

La presentación seguía, ya por otros derroteros. Pero antes de que escampe mi entrada de hoy, quisiera apuntar que parte del encanto de Pampaluna, el poemario que Rocío Arana escribió en su estancia en Navarra, reside en la feliz conjunción del entusiasmo sureño por la lluvia con la climatología lluviosa. Aquel poema donde habla del arcear del arce bajo la llovizna es inolvidable.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Elogio de la hipocondría

De todas mis enfermedades, la única real es la imaginaria. Del mismo modo que no sé pasar por un poema o una novela sin hacer mías su emoción o sus vicisitudes, soy incapaz de leer las indicaciones del prospecto de un medicamento sin convencerme de que fue hecho específicamente para mí. Oír la descripción de una patología es sentirla en mis propias carnes.

Por fortuna, además de una fuente de ingresos para los médicos, la hipocondría es una fuente de felicidad. Quien acude a una consulta convencido de padecer cáncer de huesos y resulta que tiene, quizá, un conato de reuma, sale dando botes de contento. Ponerse en lo peor facilita que la realidad nos sorprenda, en la mayoría de los casos, para bien. Mi fervor realista se fundamenta en que la vida misma acostumbra a endulzarme, contra todo pronóstico, la existencia. (Se complace, en cambio, en amargar a los utópicos.) Asumo, desde luego, que alguna vez mis sospechas se mostrarán fundadas; pero entonces me consolaré del disgusto echando en cara a mis incrédulos, guasones, indiferentes familiares eso tan satisfactorio de: “Ya lo decía yo…”

Para la práctica de la lírica, la hipocondría es maravillosa. Antonio Machado pensaba que escribir sobre la muerte es una obligación profesional de los poetas y que hay quien la cumple como quien rellena un formulario. No así el hipocondríaco, que lo hace con mucho sentimiento. Sin hipocresía ninguna, yo me he escrito varios epitafios. Entre ellos, el que me gustaría que grabaran en mi mármol: “Esperanza, compañeros:/ las almas viven y encima/ resucitarán los cuerpos”. El mismo Machado, que sabía que el golpe de un ataúd en la tierra es una cosa perfectamente seria, nos perdonará la sonrisa. Si nos pusiésemos perfectamente metafísicos, habría que proscribirla. O todo lo contrario, que teniendo en cuenta lo inevitable de la cosa, cualquier humor es —bien mirado— humor negro.

La hora de la verdad nos planta, como su propio nombre indica, frente a la honestidad en punto, y la hipocondría hace el papel de aquel esclavo que en los triunfos romanos iba susurrándole al Emperador: “Recuerda que eres mortal”. Sería de agradecer que nuestros hombres públicos (políticos, fiscales, magistrados) dispusiesen de ese Pepito Grillo virtual, por no hablar de la conveniencia de haber leído al menos la primera parte de la Divina Commedia y de creer en el Juicio. De esa forma ejercerían sus funciones —por ejemplo, en el caso de la legalización a medias de la ANV— sin tantas concesiones al cálculo inmediato, con más valor y coherencia. Con otra responsabilidad. Un memento mori a tiempo es de lo más saludable.
[Joly]

martes, 15 de mayo de 2007

Spoon River, Arcos

De Spoon River Anthology me gustan sus secuelas. Lo mejor de aquel libro, tan chato en el fondo, fue la idea ésa de los muertos contando sus cosas, que al solaparse configuraban la historia del pueblo. Pero Edgar Lee Masters, más que un poeta, fue un maestro, y Juan Rulfo le sacó mucho más partido a la lección. García Márquez también bebió de aquel río. El mejor poema de Spoon River, para colmo, fluye por las Vascongadas y es de Jon Juaristi, el solitario:

...............SPOON RIVER, EUSKADI

¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes,
y por qué hemos matado tan estúpidamente?
Nuestros padres mintieron: eso es todo.

.....................................["Suma de varia intención", 1987]

Lo que ya no sé es si son esas mismas aguas las que corren por Corral de muertos (1954) de Julio Mariscal, en el que también traza la historia de un pueblo, en este caso Arcos de la Frontera, a través de sus difuntos. A emoción, desde luego, no le gana nadie:

.....................ROSA

Se leía "ROSA". Y más debajo:
"¿CÓMO PODRÉ OLVIDARTE?"

Era una historia larga y triste
como un invierno seco,
que yo os puedo contar en dos palabras:

llegó una tarde
con el trigo maduro de sus veinte veranos,
con su enorme pamela,
con su blanca sonrisa casi núbil.
pegada a un hombre seco,
ya maduro,
de estrellas, ordenanza, escalafones...
se la vio muchas veces
en los primeros bancos de la misa de doce,
en el baile artesano,
en esa plaza de todos los pueblos
hecha para la sosa, azucena alegría del domingo.
Tenían una casa, pequeña y recargada como una cornucopia
con su huerto y sus finos miradores...

Bueno y ahora, ¿qué importa todo eso?
Aquí, clavada a cuatro letras
y una interrogación
—"¿Cómo podré olvidarte?"—
que tú habrás injertado
en una estrella más, en otra estrella
no para el oro de la bocamanga,
sino para la oscura noche del recuerdo.

lunes, 14 de mayo de 2007

Sintiéndome interpelado

La honradez intelectual, como las otras, no trae cuenta. Ando inquieto ahora (dando vueltas) con el comienzo de una frase de E. M. Cioran, que me interpela personalmente:
El reaccionario, ese conservador que se ha quitado la máscara…
Para colmo, ni el lunes ni los periódicos ayudan a tomarme la frase con indiferencia. Y tampoco tiene mucho sentido mirar hacia otro lado, o con simpatía (El liberal, ese conservador que se ha soltado la melena), o con retranca (El nihilista, ese progre que se ha mirado al espejo), o con memoria histórica (El socialista, ese nihilista que se ha llenado el bolsillo) o simplemente con mala leche (El centrista, ese idiota que piensa que pensar es sacar medias aritméticas). Lo que de verdad me importa es la pregunta: ¿llevo yo máscara o no hay que tomarse a Cioran al pie de la letra? Él, consciente de mi resistencia a la reacción, a propósito nada más y nada menos que de Baudelaire, insiste donde más duele:
Si se examina el pasado de un escritor y sobre todo de un poeta, si se analizan detalladamente los elementos de su biografía intelectual, encontraremos siempre en ellos antecedentes reaccionarios… La memoria es el fundamento de la poesía; lo caduco, su substancia. ¿Y qué afirma la Reacción sino el valor supremo de lo caduco?

domingo, 13 de mayo de 2007

Pilla-pilla

¿De qué sirve un blogg si uno no viene aquí a contar milagros como el de ayer? Paseábamos, tras la manifestación de rigor, por Cádiz capital con los Argüelles y sus niños Rafa, Carmen y Anita. Nos enteramos entonces de que era el cumpleaños de Carmen (6 bravos años, 6), que ya lee estupendamente. Busqué ansioso una librería y les regalé Poesía para sobrinos de Inmaculada Moreno, Fiesta de Canciones de Ángel Mendoza y Canto y cuento de José Mateos. Para Rafa, Manuel Machado para niños. Anita como es analfabeta aún y tampoco era su cumple se quedó sin libro, aunque su padre le compró no sé que cartulina o algo, para disimular mis arbitrariedades de tío postizo. El milagro no es que yo me aflojara la cartera, no seáis mal pensados; sino asistir al descubrimiento de la poesía que allí mismo, en la Calle Ancha, justo el día de su cumpleaños, hizo Carmen Argüelles. Abrimos el libro de poesía infantil de Mateos por la sección de pictogramas, y guiada por mi dedo, la niña empezó a leer: "En moto por la cocina / se pasea una [y aquí el dibujo de un ave de corral]". "¡Una gallina!", gritó, emocionada, la lectora, asistiendo al prodigio de que con un click verbal se conjugasen a la perfección una imagen y un sonido y una música y una historia. En sus grandes ojos azules se veía que ya todo estaba entendido. No llegamos a Misa porque los niños iban lentísimos, leyendo sus libros por la calle, absortos como pequeños filósofos. Y cuando su madre consiguió que los cerrasen, Carmen repetía de memoria: "Jugamos al pilla-pilla / debajo de la ... ¡sombrilla!" Al despedirnos, con su timidez absolutamente vencida, me dijo: "Los libros me han encantado".

viernes, 11 de mayo de 2007

Nieblas

Al principio me pregunté si los republicanos verían la tarde luminosa gracias a las declaraciones de su Rey, pero no, no era algo psicosomático. La climatología se entretenía en revolver las frases hechas: mañanita de paseo, tarde de niebla cerrada. Pronto empezaron a oírse las sirenas de los barcos (vivo muy cerca del mar) que daban una nota de color (local) al cuadro blanco sobre fondo blanco. Qué blando y agradable parecía todo, hasta que recordé que nada es más peligroso en el mar que la niebla y que tras esas sirenas graves y hondas habría hombres que navegaban con más angustia de la habitual. Cuando me acosté, seguían sonando y se confundían con los poemas de Raymond Carver que leía. También éstos daban una nota de color (internacional) a mi acolchada biblioteca de las sábanas blancas, pero igualmente llegaban desde la niebla y la angustia.

jueves, 10 de mayo de 2007

Cathaysa

Llevaba quince días mordiéndome la lengua o, mejor dicho, los puños o, mejor dicho, el teclado del ordenador para no hablaros de Cathaysa. Quería que se publicara en "El País de los Estudiantes" la entrevista que me hizo para hablaros de ella con la excusa del enlace. La espera ha sido en vano, porque ahora, que ha salido, resulta que la página no se puede enlazar o no sé hacerlo. Pero no importa, porque en la entrevista yo no decía nada nuevo y hay que tener cuidado en los bloggs con que no nos estalle el autobombo entre las manos y, en fin, de lo que se trataba, ya digo, era de Cathaysa.

Es una alumna de mi Instituto a la que no doy clases y en la que incomprensiblemente no me había fijado hasta que entró en mi despacho acompañada de una grabadora y de un chico (casi) invisible. Lo más interesante de aquel día no sale en la entrevista inenlazable. Hablando con ella (y algo con él) me contó Cathaysa que, además de venir por las mañanas al Instituto y de hacer prácticas de Periodismo y de estudiar por las noches, dedicaba todas las tardes cinco horas a la Danza en el Conservatorio.

Cinco horas. Y yo, que voy de escritor y que iba a ser entrevistado dándome fuste, me revolví: ¿cuántos días --me dije-- le dedicas tú a lo tuyo lo que ella a su danza? Lo bueno de ser profesor es las lecciones que te dan. Y ahora, cada vez que me cruzo con Cathaysa por los pasillos, vaya si me fijo. Yo, y mi conciencia, que también se fija: ¡cinco horas!

miércoles, 9 de mayo de 2007

Europa

Es posible que usted, ocupado lector, no haya caído hasta ahora mismo en que hoy celebramos el día de Europa. Yo soy firme partidario de los días festivos, entre otras cosas, por esto. Si hay fiesta de la Patrona, a uno le crece la devoción; con las vacaciones de Navidad se despierta el espíritu navideño y por el puente del 28-F, casi nos creemos lo de Andalucía de primera. Hoy, sin haber ido al trabajo, en casa, tal vez todavía en pijama, seríamos profundamente europeístas.
[Continúa en el Grupo Joly]

martes, 8 de mayo de 2007

aPLAuso

De mi asistencia a la lectur A. de Fruela en Jerez salí con un propósito firme: leer a los jóvenes poetas de moda. Tampoco me iban a hacer perder mucho tiempo, que digamos, y estaría al día. Manos a la obra, las señoritas primero y ayer leí Tara de Elena Medel. Y vale, juro por la tierra roja que no voy a exagerar: mal no está.

Más tarde comí en casa de mis padres y por allí rodaba la reciente antología de Julio Mariscal (1922-1977) editada por Renacimiento. Supongo que Jaime se la dejó olvidada este fin de semana. La abrí al azar y ¡pum!:
Me decía mi madre:
"Ahora los libros que después tendrás tiempo.
Ahora los libros".
Y yo guardaba el corazón sin estrenar, ileso,
por teoremas y batallas.

Las tres, las cuatro y a las cinco en punto
la merienda: su leche con galletas.
Mis hermanos mayores perdiéndose en sus cosas
y el cartero de azul galoneado.
Pero a las seis cruzabas tú, el crepúsculo
te traía de la mano y ya Pitágoras
se empolvaba en mi olvido, y ya las rosas
clavadas en la página y el río
como un lejano, muerto crisantemo.

Eran las seis, cuando las nostalgias,
cuando el andar primero de las sombras,
y tú cruzabas y contigo el mundo
que mi madre quería para luego,
pero que yo llevaba entre los ojos.
Esto sí que sí, me dije, un poco avergonzado de mi falta de modernidad, de mis raíces de pueblo, de mi obstinación estética. Menos mal que cuando llegué a mi casa propia, otro pueblerino, Pla, me pasó el brazo por el hombro:
Las modas, a mí, siempre me han resbalado.

lunes, 7 de mayo de 2007

Lo contrario

Lo encontré en el tren cuando pensaba echar un rato estupendo de lectura, y aún así me dio alegría: fíjense si le tengo cariño. Fue mi preparador de oposiciones y derrochó una paciencia inagotable, de santo. Guardé el libro con una sonrisa. Plácidamente transcurría la conversación hasta que contó que ahora andaba en política. “Vaya, ¿en qué partido?”, respondí, confiado en el mal menor. Pero no, era el Partido Socialista de Andalucía (PSA), que es una cosa a mayor gloria de Pacheco, el antiguo alcalde de Jerez. Sólo las horas dedicadas (en los años de mis oposiciones) al póquer me permitieron poner cara de eso.

Días más tarde asistí a una lectura de Pedro Sevilla. Sus poemas hablaban —con una ternura a duras penas contenida— de la familia, del afán de trascendencia, del agradecimiento a los hermanos del colegio de La Salle e incluso del amor a España. Entre emoción y emoción, recordé de pronto que Pedro Sevilla fue cabeza de lista por Izquierda Unida (IU) para Arcos de la Frontera en las últimas municipales. Pero ni siquiera ese percance electoral consiguió empañar mi admiración por aquel poeta bueno (como poeta y como persona).

Estas experiencias le servirían a más de uno para hablar de la estupidez de las ideologías y para abogar por la indiferencia y el sincretismo político. Para mí es todo lo contrario: cuando se comprueba que en los partidos más inesperados (también en el del mal menor) hay gente extraordinaria, entran unas ganas irreprimibles de explicar a todos nuestra doctrina social: la del bien mejor.

domingo, 6 de mayo de 2007

La madre que parió el Día de la Ídem

Una tradición familiar es felicitarnos y regalarnos en los cumpleaños, los santos y, sobre todo, dejar que los Reyes Magos nos mimen a mansalva. Otra, contraria, es despotricar del Día del Padre, de la Madre y del Perrito que les Ladre. Y dolerme, de paso, de que no haya un Día del Hijo Primogénito, a lo que los demás hermanos podrían contestar que justamente, porque todos son los Días del Hijo Primogénito. Ahora bien, cuando venía a poner mi queja por escrito, me lo he pensado mejor, que para algo hemos quedado que a las tradiciones hay que depurarlas sin cesar. Aunque sea una táctica comercial que terminará solapando a la celebración de los santos, porque uno no puede estar haciendo regalos todas las semanas, también es verdad que produce sus buenas carretadas de ilusión y de dibujitos del cole y de versitos a mi mamá hermosa que huele como una rosa y que parece una mariposa, que quién sabe si serán el embrión del gran poeta del siglo XXI, o al menos así se lo parece a sus abuelas, que ya es bastante... Mejor pensado, me alegro del Día de Marras y le hago a mi madre este regalo de visión positiva de la vida, a ella que siempre protesta de que yo proteste siempre. Ea. Pues viva la madre que parió (aunque fuera don Ramón Areces) al Día de la Madre. ¡Viva!

[Y vergonzantes felicidades a todas las afectadas.]

sábado, 5 de mayo de 2007

Saber es ganar

Teníame ya pensada desde anoche la entradilla de hoy, hablando literalmente de pájaros y flores, cuando al leer la prensa muy de mañana he decidido guardarme mi cosa. Los agradecimientos diríjanse a esta crítica televisiva ejemplar del impagable Esparza. Saber es ganar, viene a decirnos. Y yo añado: y a menudo, callar.

Así que hoy os reenvío a los que saben: a esta entrevista con Hermann Tertsch, y, si os quedan fuerzas --que falta nos hacen--, a este artículo de Rosa Díez.

viernes, 4 de mayo de 2007

Terciando

Me debo haber perdido algo —no sé, que en un pueblo se hayan empeñado en conservar la vieja tradición de tirar una cabra desde el campanario o similar— porque, si no, se me escapan los motivos de las entradas de dos de mis más (y ya es decir) admirados contertulios de la blogosfera. De fondo tienen toda la razón, por supuesto. Dice uno: “Sólo habría que dar la batalla en favor de las tradiciones cuando éstas garantizan, frente a las innovaciones irreflexivas, la defensa de un orden moral”. A lo que yo respondo: “Amén”. Secunda el otro: “La labor regeneradora que debe hacer un conservador —para sí mismo, en primer lugar—, es considerar qué cosas merece la pena conservar”. Yo repito: “Amén”. Dichos los cuales amenes, confieso que a estas alturas de la historia tanto aviso me descoloca un poco, porque va de suyo. Quiero decir que en la misma entraña de la tradición está su depuración constante, a cargo de lo inexorable del olvido y el acabamiento. El conservador irremediablemente ha de preguntarse qué hay que conservar de entre lo mucho bueno, puesto que conservarlo todo es imposible y lo malo ya sobraba desde el principio. Además las innovaciones reflexivas de ayer terminan engrosando las tradiciones de hoy, que también habrá que defender mañana. El conservador lucha dentro y contra la corriente del tiempo una batalla que de antemano sabe perdida y que a la vez es inacabable, lo cual le da ese halo suyo de melancolía y de emoción y hasta, si se me permite, de heroísmo trágico. Sólo la memoria misericordiosa de Dios podrá salvar la suma de lo noble, lo hermoso o lo delicado que los calendarios revuelven sin parar y se llevan por delante. La compasión, por eso, es el alma del conservadurismo. Y tras la piedad, la acción, en la medida (muy pequeña) de lo posible. Lejos de estar vuelto de espaldas, el amor a las tradiciones mira de frente, preguntándose qué puede ofrecer al futuro. Estas notas apresuradas, mientras reconocen las necesarias críticas (claro, claro), no quieren dejar de decir que también tendríamos que conservar a los conservadores, esa especie en peligro de extinción.

jueves, 3 de mayo de 2007

Juez y parte

Mientras uno escribe una reseña, tiene la ilusión de que sirva a los lectores y también, con suerte, al autor del libro. Una vez publicada, se da uno cuenta de que a quien tiene que servirle (Medice, cura te ipsum) es a uno mismo.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Rubias

Llevaba tres cuartos de hora de atasco camino de la feria de El Puerto y, para evitar el ataque de nervios, hice repaso mental de los motivos por los que uno acude, excepción hecha de los deseos de mi señora, que para mí son órdenes. El año pasado ya hablé de los atascos, los pisotones, los pimientos y la afonía; así que concentrarme en lo positivo me vendría bien, además de para los nervios, para el artículo.

Lo pensé muy detenidamente entre punto muerto y breve acelerón, y uno de los encantos de la feria son las flores en el pelo. Generan una sinergia por la que la melena es más fresca y cada flor más singular. Se adornan entre sí. Es tan bonito que da pena que ellas no se pongan su clavel o su rosa para ir a la oficina. Nos ahorraríamos, quizá, el atasco y el jaleo y el polvo de la feria; y algo de la pereza de los lunes, que hoy, miércoles, tras el puente, es triple.

Como una cosa lleva a la otra y además es lo que tenía más cerca, en el asiento de al lado, di en las rubias. Contra las morenas no tengo nada en absoluto, por supuesto: la superioridad estética de las rubias no es un axioma universal, como demuestra con el ejemplo la vicepresidenta del Gobierno, en constante lucha contra toda discriminación. Ya habrá tiempo en la feria del año que viene de hablar de las morenas, siempre y cuando a mi señora, que cada vez es más rubia, le parezca bien. Y hablando de sus mechas, qué hoguera de conceptos ardientes en sonetos flamígeros habría encendido un poeta barroco con esa palabra explosiva: mechas.

El mayor prestigio de las rubias podría deberse al encanto de lo exótico. Cada vez menos exótico, por cierto, y no solo por las fulgurantes mechas. Desde que hemos entrado en la Unión Europea abundan los niños rubísimos, incluso de padres muy morenos. Las leyes de la genética respetan la jerarquía normativa y se someten al Tratado de Maastricht, digo yo. Aunque nacidos en los últimos años (vade retro!) del franquismo, nosotros también fuimos rubios. Con la edad, nos vamos morenizando y tal vez el pelo claro sea un símbolo más de la inocencia perdida.

Contra todas estas razones, las morenas, que suelen ser tremendas, contratacan con el mito, inteligentemente explotado por Marilyn Monroe, de que las rubias son tontas. La experiencia nos dice que ni más ni menos que las propias morenas, como predica con el ejemplo la ministra de Cultura, esa animosa luchadora contra el tópico con sus mismas armas. Mi mujer, en cambio, lucha con el ingenio. Cuando una vez le gastaron la broma de que las rubias son tontas, rápida como una mecha, contestó: “yo no lo soy, me lo hago”. Rubia o morena, con o sin flor, ella sí que es tremenda. Si lo sabrá uno que allí estaba, yendo a la feria…
[Grupo Joly]

martes, 1 de mayo de 2007

Las buenas formas (verbales)

En la Misa de las Concepcionistas, el sacerdote es un innovador. Ya no nos desea: "El Señor esté con vosotros"; a lo que nosotros antaño le contestábamos educadamente y de corazón: "Y con tu espíritu". Él, que debe tener información privilegiada, asegura: "El Señor está con vosotros". A lo que uno, perdiendo del todo las formas, suspira: "¡Ojalá!"

lunes, 30 de abril de 2007

Introspección

Al menos dos cosas buenas
tiene la envidia.
Primero, que me avergüenza;
y después, que es merecida.

domingo, 29 de abril de 2007

Crítica poélítica

Et in Arcadi ego.

Crítica poétílica

El último acto de la Feria del Libro de Jerez se celebró en un establecimiento de ocio: Poesía joven en los bares, se llama el ciclo. En el de ayer, interbebían Fruela Fernández [en los carteles: Fruel A. Fernández, escrito con la misma lógica aplastante con la que se dice el afoto] y Jaime García-Máiquez [en los carteles con guión y los acentos incluso bien puestos, que para algo jugaba casi en casa]. Interbebían entre verso y verso sendos gin tonics.

Con el ruido de vasos, risas, otra ronda y vámonos que nos vamos, no había manera de escuchar los poemas, sobre todo los de Fruel A., que recita bajo y sigue el minimalismo de los más jóvenes poetas cordobeses (con lo que fue Córdoba, oh Góngora, oh García Baena, oh tempora, oh mores). No los entendí y tampoco aunque me hubiesen hecho un esquema, porque ya son un esquema. Jaime forzó las cuerdas vocales meritoriamente.

Sin embargo, el que se llevó el gato al agua no fue ninguno de los dos, sino Fernando López de Artieta, que ése sí que jugaba en casa: los bares son su medio ambiente. Se habla mucho de la novia de los toreros, pero ser novia de poeta tampoco es un plato de gusto. Allí estaba la encantadora de Jaime, en la primera lectura suya a la que asistía, oyendo un poema a una antiquísima novia y otro, de F. L. de A. al amor, que a todos los demás nos hizo mucha gracia:
Ir a malas películas
de cine, y llegar tarde.
No salir, por cenar
en casa de tus padres.
Quedar con tus amigas.
No poder concentrarme
en perpetrar poemas.
Pagar en restaurantes.
Tener que aguantar
que elogies a Aleixandre
o, de pronto, prefieras
un Poussin que un Velázquez.
Hacerme el ciego, el sordo,
el tonto: "despistarme".
Escuchar. Perdonar.
Pedir perdón. Callarme.
Estar siempre dispuesto.
Sonreír. Ser amable.
Constantemente dar.
Acabar entregándome.
En fin, no cabe duda,

amar es suicidarse.
Por lo visto (de reojo), no cabe duda de que tampoco este poema le afectaba mucho a ella, tal vez porque esté inspirado en la vieja novia o seguramente porque se sienta retratada como todos (y todas) en esa resistencia a la entrega. Cualquier enamorado de veras la siente: es lo que le da fuerza y verdad al Amo et odi de Catulo.

Ser hermano del artista no es tan tremendo, aunque un poco se sufre. Me acordé entonces de alguien que, cuando se cerró el programa de la Feria del Libro, vino a extrañárseme amablemente de que no me hubiesen incluido en el ciclo de poetas jóvenes. Yo le enseñé el DNI; pero ayer, con la experiencia de los bares y el humo y el ruido, le habría enseñado mi Salvago:
La juventud se fue.
Bien está lo que acaba.
No volveré a ser joven,
a Dios gracias.

sábado, 28 de abril de 2007

Prosa de la experiencia

En el precioso prólogo a Siluetas literarias (Casa Pemán, 2006) de José María Pemán, escribe Juan Lamillar:
También los unió en vida la fama, de la que los dos gozaron con creces. Ambos fueron célebres y populares, gracias a sus cotidianos y esperados artículos y a sus numerosas apariciones públicas: entrevistas, conferencias, presentaciones de libros... Es verdad que Pemán vivió hasta 1981, con lo cual se benefició de la importancia creciente de lo audiovisual (recuérdese el éxito de la serie de televisión "El Séneca"), pero también González-Ruano hizo sus pinitos en una naciente RTVE y llegó a actuar en alguna película. Hoy se diría que eran dos personajes "mediáticos".
Hasta aquí la cita, que en principio no tiene nada de particular. Sin embargo, cuando uno sabe que a Lamillar le rechazaron un buen poemario en una editorial de postín con el argumento de que él no era un poeta mediático, se vislumbra la verdad que hay detrás o por debajo de cada palabra y la herida de la palabra final y esas comillas como puntos de sutura.

viernes, 27 de abril de 2007

Lirismo de combate

Ha florecido el inmenso árbol del paraíso a la entrada del Instituto. Sin embargo, este año no me estremece tanto como el pasado, cuando el perfume de sus pequeñas flores (levemente violetas) le podía al olor del sistema de cañerías del centro, que por entonces estaban arreglando. Las obras, contra todo pronóstico, acabaron, y hoy el árbol reina sobre un jardín bastante edénico. Es muy bonito y huele aún mejor, pero la emoción de entonces, cuando las flores derramaban misericordia y entablaban un combate aéreo para rescatarnos unos días de primavera, aquella emoción, desengáñate, no volverá.

jueves, 26 de abril de 2007

Más Alcázar

Ayer, de nuevo, en el marco incomparable. Esta vez la mesa redonda era de editores, la otra cara de la moneda --si se puede hablar de monedas en el negocio del libro, que ellos dijeron que no, o apenas, o muy poco.

El destino quiso que fallara Emili Rosales de la editorial Ídem. Quedaron Manuel Borrás (Pre-Textos) y Abelardo Linares (Renacimiento). Era, por tanto, un mano a mano, pero nadie se puso a gastar la broma del terno taurino ni a ajustarse la chaqueta en plan capote de paseo, como hizo X el día anterior. Aquí contado parece una cosa manida, pero X domina igualmente (¡qué tío!) el lenguaje no verbal y aquel gesto torero en la puerta de la sala de actos tuvo su aquél.

El aquél de está conferencia también estuvo en los contrastes. A Abelardo Linares, como es librero de viejo, se le notó el polvo de la dehesa y hacía constantes referencias históricas, como mínimo siempre curiosas. Defendió que la edición andaluza está llamada a grandes hazañas porque, hasta que se perdió América, Andalucía tuvo una actividad impresora importantísima. Más realista fue su impresión de que, por la presión de los medios audiovisuales y la vastísima oferta de ocio, se está volviendo a una situación de la lectura parecida a la del siglo XVIII, donde sólo leían unas élites. Esto hará que las editoriales de autor resistan mejor que las que se orientan al negocio puro (es un decir) y duro. Creo que fue entonces cuando dio esta media verónica: "Del negocio del libro hay a quien le gusta el negocio y hay a quien le gusta el libro". También echó de menos la vieja crítica literaria, donde había un compromiso real con la calidad y donde los reseñistas se mojaban de veras. No se piense, sin embargo, que A. L. es un hombre nostálgico ni mucho menos. Todas sus esperanzas, muchas, están puestas en internet, en la venta electrónica y en la edición digital. Las mías se levantaron bastante.

Manuel Borrás con suavidad repartió caña. Empezó con algo muy bonito: "El libro mejor de un editor es su catálogo; es un libro coral y poliédrico y por eso tiene que estar muy compensado". Nos contó de sus apuestas por autores jóvenes o no tanto, pero desconocidos. Y nosotros, los del público, jóvenes o no tanto, pero desconocidos, asentíamos diciendo "sí, sí" con la cabeza, haciendo nuestros pinitos con el lenguaje no verbal. Secundó a Abelardo Linares en su queja contra los suplementos y las universidades. Y entonces Abelardo terció con esta aguda observación: "Las universidades ocupan el lugar rancio que ocuparon en el pasado las Academias". Borrás puso el dedo en la llaga al resaltar que lo que la gente lleva mal son las jerarquías y la meritocracia: todos quieren ser extraordinarios. E insistió: "Es un insulto a la inteligencia, a la dignidad del lector, inducirle a comprar un libro con la faja con el argumento de los cientos de miles de ejemplares ya vendidos". Suavemente dio su ración a los premios literarios. Y a la edición de las instituciones públicas, que se gastan un dineral el libros que no circulan. Finalmente, entonó una hermosa elegía por las librerías de fondo. Con todo, no fue triste ya que, como Linares, Borrás tiene un fondo de esperanza, inaccesible al desaliento. Tener fondos y de esperanza parecen ser el requisito sine qua non para ejercer de editor.

Salimos luego a cenar algo, a celebrarlo. Lo contaré otro día...

miércoles, 25 de abril de 2007

Tintín en el Alcázar

No me gusta del todo el trabajo de reportero, pero ayer un amigo se perdió la lectura en el Alcázar de Jerez por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa, y quiero resarcirle. Me acojo, pues, a Tintín y reporto. El marco, como mandan los cánones, incomparable. Aunque el de la foto es el Alcázar de Sevilla, el de Jerez es -paradójicamente- comparable.

Lo malo de que leyesen tres poetas de esa talla (con la mitad de cualquiera se podría haber organizado un recital y medio) es que a todos nos supo a poco. Lo bueno fueron los contrastes entre las tres voces y entre los comentarios. Por ejemplo, me pareció muy instructivo el poema que cada cual escogió para empezar su turno. Miguel d'Ors se inclinó por un poema de desamor, "Media vida". Eloy Sánchez Rosillo por esa elegía tristísima en la que el poeta va a la playa con su hijo y de repente ve cómo pasan los años y el niño es un hombre y está solo. Y X leyó un autorretrato.

En el turno de preguntas, bastantes. Y en las respuestas, interesantes matices a pesar de partir siempre de una posición similar. Eloy Sánchez Rosillo se negó a tomarse en serio cualquier generación poética o grupo o estética: el poeta está solo, solo con su poesía. En cambio, X justificaba todo eso de los grupos como una estrategia legítima de política poética, amén de la amistad. A uno (quiero decir, a él) no le gusta estar en lecturas o en antologías con poetas que no le interesan nada. D'Ors era el más partidario de las generaciones y defendió los vínculos comunes (maestros, poéticas, temas) entre ellos tres y otros. Uno (quiero decir, yo) que tiene el veneno de la crítica en la sangre, disfrutó mucho con estos leves desacuerdos, tan significativos.

Otros contrastes fueron más que nada graciosos. José Mateos optó por oscurecer la sala de lecturas, en busca del ambiente poético. Miguel d'Ors no se encontró a gusto, pues aprovechando su experiencia de profesor prefiere ver las caras del público para atisbar las reacciones e ir modificando la lectura sobre la marcha. A Eloy, en cambio, le fastidió la falta de luz -bromeó o no- porque no había manera de ver a las muchachas y se dejaba la vista en el intento. X, sin embargo, estaba encantado pues a través de una ventana entraba el sol del crepúsculo y aquello le recordaba al Museo Romántico, donde pasó tantas horas de trabajo gustoso, como decía JRJ.

Salimos luego a cenar algo. Lo contaré otro día...

¿Dónde estará la paz de estos desiertos?

Mientras encuentro un rapto de paz para contaros la lectura de anoche, el desierto.

martes, 24 de abril de 2007

Eduardo Rosales



Lo prometido es deuda: deuda cumplida.

La glosa, de Eugenio d'Ors:

Fíjate. Cuando su expedición, Tobías el hijo no era ya una criatura. Era un zagalón de diecinueve mayos. Demasiada edad para medroserías de pensar y gritar que el pez iba a devorarle, de no haberle visto como todo un señor pez. En la Vulgata le encontramos calificado de enorme "piscis immanis"... Mas, de otra parte, parémonos a considerar la facilidad de la pesca, aconsejada por el Custodio. Dice al mozo éste: "Tómale por las agallas y sácale a tierra..." Y así es hecho, manifiestamente sin mal ni lucha.

Y es que el pez de Tobías era a la vez grande y pequeño. [...] Grande y pequeño, el pez de Tobías... Grande y pequeño como las tribulaciones que sobrevienen a los humanos.

lunes, 23 de abril de 2007

Barbero & Blake

Lo peor del libro El demonio es parco es su título, porque el demonio me da a mí la impresión de que es premioso y divagatorio. No en vano tiene todo el tiempo por delante y nada mejor que hacer. Fuera de eso, muy buenos aforismos:

El tonto no ve el mismo árbol que el sabio.
*

Aquel cuya cara no dé luz, nunca será una estrella.
*
El orgullo del pavo real es la gloria de Dios.
*
Mantente listo para decir lo que piensas, y el ruin te evitará.
*
El águila nunca perdió tanto tiempo como cuando decidió aprender del cuervo.
*
¡Escucha el reproche del tonto! Es un título nobiliario.
*

El hombre fue creado para el júbilo y la aflicción.
*
La oración es el estudio del arte.
La alabanza es la práctica del arte.
El ayuno, y todo ello, se relaciona con el arte.
*

Sin práctica incesante nada puede ser hecho. El arte es práctica. Si te alejas, estás perdido.
*

Un Juicio Final es necesario porque los tontos florecen.
*

Las ideas no pueden darse sino en sus precisas palabras apropiadas.
*

Cuando digo cualquier verdad no es para convencer a los que no la conocen, sino para defender a aquellos que sí.
*

La severidad del juicio es una gran virtud.
*

Todo lo que es negación es vicio.
*

Todo hombre honesto es un profeta.
*

La poesía es para excusar el vicio, revelar su razón y purga necesaria.
*
No puedo pensar que los poetas verdaderos compitan. Ninguno es más grande en el Reino del Cielo; lo mismo la poesía.

domingo, 22 de abril de 2007

Ayer

Antesdeayer lo penúltimo que dije en mi recital fueron estas palabras de Cernuda que llevo tatuadas a fuego en la memoria:
La poesía, el creerme poeta, ha sido mi fuerza y, aunque me haya equivocado en esa creencia, ya no importa, pues a mi error he debido tantos momentos gozosos.
Entre los momentos gozosos el día de ayer, que aquí marco con la piedra blanca.

Como no puedo perder el tren de vuelta (y se me echa la hora encima —y por consiguiente Leonor también se me echa encima) simplemente un repaso de los lugares vistos:

Real Monasterio de Santa María de Poblet.-Nos lo encontramos bajo una cálida nevada de polen, no sé si de los plátanos de Indias o de los álamos que dan su nombre al monasterio: Poblet viene de populetum (alameda). Allí todo es tan bonito que hasta me entró envidia de los reyes de Aragón, que lo disfrutan enterrados en ese marco incomparable.
Restaurante Cal Travé .- Aconsejo llamar antes para reservar (977 89 21 65) o tener acento de Cádiz y despertar la misericordia del propietario; también conviene pedir arroz con conejo y el vino de la casa, y de postre “Travé-suras”; muy recomendable hablar con el susodicho propietario del poeta Joan Margarit.
Santuari del Tallat.- Como uno es un poeta católico, se siente en la obligación de parar en todos los lugares sacros que le salen al encuentro. Error. Tras un camino de cabras que tuve que subir casi todo el rato en primera, un edificio ruinoso en medio de la nada con una abundancia de moscas fuera de lo normal. Un cartel ruinoso dice que lo están restaurando, pero está por ver. De hecho no se veía un alma. Pusimos pies en polvorosa por el susodicho camino de cabras, ahora en cuesta abajo.
Monestir de Valbona de les Monges.- Mientras esperábamos que abriesen, en un bar, descubrimos un futbolín clásico. El futbolín es el único deporte al que he sido invencible siempre. Lo volví a demostrar para asombro de los indígenas (de uno, para ser más exactos). Y ahora, atención: la visita guiada vale su peso en oro, incluyendo broncazo del guía a quien osó mentar el esoterismo, los misterios de las Catedrales y a Dan Brown. Allí mismo, ante la tumba de la reina Violante de Hungría, con la autoestima por las nubes gracias al futbolín, un servidor se permitió el lujo de rogarles a unos catalanes que no se molestaran en hablar en castellano que yo ya les entendía, que todas son lenguas de España y olé. Mis sangres Lloret y Pascual de Blanes no estaban por la labor de que su biznieto andaluz y bocazas quedase como un bocazas y sí, milagrosamente. me enteré.
Acueducto Romano.- Que crucé, de la mano no de Leonor, que prudentemente se quedó esperándome, sino del vértigo de la historia. La vista (también la histórica) impresionante. A mitad de camino, me dio por pensar —recuérdese Cal Travé— en la posibilidad de que la cosa, tras dos mil años, se hundiera precisamente conmigo en lo alto. Me acordé del que le prendió fuego a la Biblioteca de Alejandría para alcanzar la inmortalidad y concluí que bueno, que no hay mal que por bien no venga.
El Arco de Bara- No pasé por debajo, sino por el lado y a toda velocidad, que llegaba tarde… y aún así...
Sitges.- El leve mar Mediterráneo que bate contra una murallita con un cañoncete: todo parecía como una maqueta —un poco de nostalgia, que ya era hora— del Malecón de Cádiz. Palacios graciosos. De pronto, en la playa, cientos de patines catalanes, que es el barco de vela ligera sobre el que transcurrió mi juventud. Emoción profunda, comparable incluso a la del futbolín.
Cena-. He olvidado el nombre del restaurante, ay estómago ingrato, pero jamás sus almejas con almendras.
Despedida y cierre.

sábado, 21 de abril de 2007

Encuentro de Escritores/encontronazo

No me colgaron de su cartel y con su silencio los nacionalistas me dieron do más dolía, como le expliqué envidiosillo a Rocío. Tampoco vinieron a reventar mi interveción como hicieron con la de Lourdes Ventura, precisamente con ella a la que nunca -dijo- le gustó el hombre que hablaba catalán en la intimidad, ji, ji, ji. En realidad eran quatre gats, aunque si hubiesen arremetido contra mí habría hablado de hordas para seguir pasticheando a don Antonio:
A las palabras del blogg
les sienta bien su poquito
de exageración.
Mi lectura, a los ojos de mi más afilada crítica [esto es, mi mujer] adoleció de tres defectos que, contra todo pronóstico, en vez de mortificarme me pusieron contento:
1- Se le hizo muy corto. [Terrible si se le hiciera largo]
2- Tartamudeé un poco. [Pero eso, además de inevitable, es mi británico y elegantísimo sttuter y para presumir hay que sufrir y/o hacer sufrir un po-po-poco al auditorio.]
y 3- No tendría que haber reanudado la conferencia tan pronto después de la lectura de cada poema: rompía el encanto. [Esa crítica me pareció el más hermoso elogio que jamás me hicieran, porque me trajo un eco del poema de d'Ors "Variación sobre un tema de Wallace Stevens": "No es el canto del mirlo, es el silencio...", ¿lo recordáis?]

Por la tarde, Dragó falló. Gustavo de Arístegui, en cambio, nos dio la conferencia de clausura sobre el Islamismo. El encontronazo colocado en el título de la entrada como señuelo de marketing no fue entre escritores, sino con la realidad mundial. Y dejó ridículas no sólo a las rencillas líricas sino a las chorradillas del nacionalismo. Arístegui describió un panorama estremecedor, qué ríete tú del cambio climático. Para colmo, en el turno de preguntas, uno empezó: "Yo, que no veo esos resquicios de esperanza que ve usted..." Y Arístegui que le corta en seco: "Yo en la intimidad tampoco."

viernes, 20 de abril de 2007

Ja som aquí, ja hem arribat

A pesar de las prisas por no perder el tren a Tarragona, pagué mi visita al Museo del Prado, o la cobré. Amén de mi hermano, lo importante era ver dos retratos de Goya, de una colección particular que temporalmente estaban en el Gabinete Técnico. El conde y la condesa de Fernán-Núñez. Las feministas (ista, ista, ista) bien podrían protestar, a pesar de que los dos cuadros cumplían a la perfección las exigencias de la paridad. En el suyo, el señor conde tenía un aire soñador, romántico, como de Lord Byron, pero curtido por el sol nacional. A pesar de los descuidos goyescos, marca de la casa (un gorro levitante, que no caía del todo sobre la cabeza, y un brazo izquierdo alargadísimo que traía irremediablemente a la memoria al doctor Gatchet), Fernán-Núñez posaba con un encanto mayúsculo. Su señora, la condesa, no. También vi un San Rafael con Tobías de Eduardo Rosales estupendo, que parecía prerafaelista, aunque sin tanto caramelo. Si me consiguen una foto, lo colgaré en este blogg. Y para remate, vi, en pleno proceso de restauración, muy limpio ya, con los colores brillantes y la sangre fresca, podríamos decir, La carga de los mamelucos. Oh.

En el tren, un efecto curioso: de pronto, en pleno Atocha, un enjambre de acentos catalanes. Curioso y bonito. Leonor decide ver la película y yo sigo con La cosa en sí. Otro efecto curioso: la película es muy triste y Leonor llora como una Magdalena; yo, mientras, me río con las cosas (en sí) de Trapiello. Cualquiera que nos viese pensaría, qué pareja tan rara: Demócrito y Heráclito, si no algo peor.

Entre sonrisas y lágrimas, el viaje se hizo cortísimo. Ja som aquí, musité como manda el tópico. Llegué al final de una conferencia de una señora novelista y crítica y periodista que estaba encantada de haberse conocido: no recuerdo su nombre.

Luego, las presentaciones. Y las inevitables preguntas sobre el nacionalismo y eso. Será el tema de conversación obligado con los de fuera, como en el Puerto es el marisco, Alberti o el veraneo de antaño. Pero a mí me gustaba tanto lo que oía (y lo que veía desde el Balcón del Mediterráneo) que me abalancé sobre mi aleluya para hacerle esta variación:
A España, según con quién,
se la ve bastante bien.

jueves, 19 de abril de 2007

Con un pie en el estribo

[En el estribo del tren, por ahora.] Con las lluvias de abril, el campo está precioso, sobre todo a la altura de Sierra Morena, y uno se pone machadiano y primaveral y sigue patriótico y se abalanza a una aleluya:
A España, desde el tren
se la ve bastante bien.
En el libro, el paisaje es invernal y ahí está Trapiello en la remota Extremadura cortando leña en el enero de 2000. Cómo me alegro de haber emulado a Arp y haber traído La cosa en sí para viajar en tren. Para empezar, veo que la realidad también se adorna y tiene sus ramalazos de ironía: se duele Trapiello, ese grafómano-grafólogo-tipógrafo, de que sus olmos se hayan podrido por culpa de la ¡grafiosis!

Mi visión estereoscópica no da para más y procuro no distraerme con la conversación a gritos de una familia (numerosa) de gitanos que van en el vagón. Hablan de caballos (los españoles, insisten, son los mejores), de dinero y tratos, de comida... Van a Madrid al hospital (un estremecimiento recorre el vagón) a ver a un nieto/sobrino recién nacido (un suspiro de alivio generalizado). Tener que oír, velis nolis, los comentarios molesta un poco. Oí a una señora susurrándole al marido: "No es la raza; es el volumen". Pero también da gusto ver cómo se quieren. El momento álgido es cuando se ponen a hablar de nombres. Por supuesto, los más jóvenes defienden "los nombres raros, sonoros como Abraham". Eso ya, con la insistencia, ya no tiene gracia. Ni que piensen que Nerea es un nombre bíblico. Lo bonito fue que todos (hablo de cuatro o cinco) querían poner a sus hijos los nombres de los abuelos. Pero la abuela se llamaba Zafra, aunque fue bautizada como Carmen. Y el abuelo Romano, aunque en el DNI pone Carlos. Eso creaba indecisiones. Zafra insistía en que no podía entender por qué le pusieron Carmen si ella es Zafra de siempre. Tuvo que ser por su madrina, de la que no se acuerda. De su padrino sí, el Pichardo, el más famoso tratante de ganado de toda España. Una hija terció, rápida: "Pues menos mal que no te pusieron el nombre de tu padrino". Y otra: "¿Tu madre no se llamaba Carmen?" Y la Zafra: "¿Mari Carmen, sí, pero tenía que ser por mi madrina, como tú que te llamas Isabel por la Rosa?". Al final me dio un poco de pena llegar a Madrid.

miércoles, 18 de abril de 2007

Qué extraño mundo el corazón

Íbamos con prisa por el centro del Puerto cuando a lo lejos --se llama la Calle Larga-- vemos a uno que, dentro de aquella división de Pla entre amigos, conocidos y saludados, entra de lleno en la categoría de conocidos, en el subapartado de conocidos pesados. Leonor y yo nos miramos con terror, como diciéndonos "Uff, lo que nos espera". Pero él nos ha visto y no ha visto que le hemos visto, y ágilmente se cruza de acera. O sea, que el "uff" es mutuo. Al llegar a nuestra altura, nos sonríe con cara de lamentar muchísimo el tráfico interpuesto. Gracias a lo cual, nosotros llegamos por los pelos a nuestra cita. Sin embargo, en vez de alegrarnos por el tiempo ganado y por el aburrimiento perdido, nos quedamos (qué extraño mundo el corazón, esposa) de lo más chafados.

Y por si fuera poco, dos tazas. Auden en un poema alaba (y envidia) la perfecta castidad de los perros, excepción hecha de los períodos de celo. Me acuerdo ahora de Auden porque Pukka ha entrado en el período de celo. Para evitar una unión morganática, le hemos buscado una casa a Carbón. Lo entregamos con el alma en vilo, pues Carbón, además de nervioso y meón, es muy de sus dueños y aúlla cuando no está con nosotros. Anoche nos acostamos compadeciendo a los habitantes del bloque de pisos donde se había quedado y apuradísimos por lo que pudiera ocurrir. Dormimos regular. Y ahora nos cuentan que el perro está contentísimo, que se porta de maravilla y que se pasa el día jugando con los niños de la casa como uno más. Vaya.

Yo también me Manifiesto

Aquí.

martes, 17 de abril de 2007

Treinta líneas

Y ahora dice Zapatero, ese hombre humilde, que la autocomplacencia es conservadora y que lo progresista es ser autocrítico y sencillo como él. Yo, inmediatamente, más que nada para no ser como él, me dispongo a autocomplacerme. Lo más rápido será lamerme una vieja herida. Estoy [estaba, a partir de ahora] contrito por ser un escritor de breverías: haikus, soleás, poemas breves, artículos, entradas de blogg, fragmentos. Ah, la gran obra inalcanzable... Pero se acabó. Ahora voy a ser autocomplaciente: más vale eso que largos discursos soporíferos, ¿no? Y en los momentos de duda, que los habrá, leeré hasta treinta veces lo que hoy nos cuenta Mario Quintana.
....................TREINTA LÍNEAS

Un día Alvaro Moreira, ya abuelo, me contó que su padre aún le decía: “Pero Alvarito, ¿por qué no escribes cosas de más largo aliento?”. Y él, cruzando las manos en un gesto de disculpa: “Es que no tengo más aliento, papá…” Después de esta historia, no hacía falta decir nada más. Con todo, no dejo de acordarme de un profesor de mis tiempos de instituto que, al darnos el tema para la redacción de portugués, decía: “No sirve escribir mucho, muchachos, porque sólo leo la primera página; el resto, lo rompo”. Y así nos daba, al mismo tiempo, la primera y la mejor lección de estilo, obligando a retener las riendas de Pegaso y a decir todo (que por otra parte no podía ser mucho) en las treinta líneas de papel rayado, contando el título y la asignatura. A él, pues, al melancólico profesor Leonardo Ribeiro, mi gratitud y la de mis lectores.

sábado, 14 de abril de 2007

El Barbero en Manzaneda de Torío

Si el Barbero se ha ido a Manzaneda de Torío a hacer estos recortes de El arca de las palabras de Andrés Trapiello no es porque aquel pueblo le parezca más lírico que Las Viñas o más interesante que Conde de Xiquena, sino porque el gran tema secreto de este libro es la infancia del autor. Al bajar a las raíces de su lengua materna, el poeta se encuentra con su madre, con su padre, con su niñez en el campo; y ése es el venero de emoción de este libro. Por su superficie, Trapiello va sopesando palabra tras palabra de un viejo diccionario que abre al azar. Saltan chispas. Véanse, entre otras:

Bienaventurados los pobres, porque ellos no olvidan.
*
Al cómplice no sabe uno si habría que rebajarle la pena o doblársela, por tonto.
*
Los hombres valoran tanto el coraje porque lo saben brotado directamente del corazón.
*
El camino de la flecha es hermoso no por recto sino por limpio.
*
El pío pío de las estrellas.
*
De las tabernas, la luz de las bombillas, la tristeza de los cristales, los vasos recién aclarados en agua, la denuncia de los espejos, el dolor de los suelos, el vacío de las sillas, el silencio del tabernero, la música de los sábados, el vino de los jóvenes, el mosto de las muchachas, las risas de media tarde, el canto de la tripulación; de las tabernas, las taberneras, hubiera dicho también Miguel de Cervantes.
*
Susurro: lo que hacen de maravilla los surtidores.*
La mórbida brisa de primavera besa con los labios abiertos.*
La sinceridad es una virtud que, fuera de casa, sólo encontramos en nuestros enemigos.*
Sí, no sabemos por qué los llamamos sinsabores, cuando son tan amargos.
*
De la Biblia está inspirado por Dios hasta el papel, que tiembla como el soplo divino.
*
A las cabronadas, cabriolas.
*
Al menos ser bienaventurado en uno cualquiera de los catorce apartados.
*
Adivina donde otros tratan de deducir.*
Ni el mar mira a los ojos como mira el fuego.*
Entre las paradojas terribles de la vida, ésta: la melancolía que nos produce a todos una jaula vacía. O ésta: la belleza de una jauría de beagles.
*
Desde mi punto de vista lo mejor de los aromas es cómo toman las curvas.*
Todo lo creado, crece.
*
Los rebaños, aunque parezca mentira, cuanto más numerosos, más gobernables.
*
La depresión es una tristeza sin fruto.*
Carrera, ninguna: al paso.*
El fracaso de todos los pasatiempos es que en algún momento se hacen tediosos e interminables. Se toma uno en serio la vida, y en cambio se le pasa en un abrir y cerrar de ojos.


viernes, 13 de abril de 2007

Beatriz García-Máiquez


Observad que nada más nacer, a mi sobrina Beatrice ("cosa venuta / di cielo in terra a miracol mostrare") le han colocado una camisa de la Junta de Andalucía... y porque aún no pueden marcarla a hierro y fuego. Cómo nos reíamos su padre y yo, sin embargo, vislumbrando la vanidad del intento. Tanto que mi hermano me propuso que lo contara aquí. Porque incluso ahora que la niña es todavía morita, ya está (“guardaci ben!”) bajo el amparo del Dante. Y por si fuera poco, desde el principio ha mostrado una sanísima indiferencia por el discurso de lo políticamente correcto. Con un olímpico desprecio a las normas higienistas de la ministra Salgado y a las modas anorexicas, pesó sus cuatro kilos novecientos. Yo en el perfil le adivino, además, unas rotundas curvaturas chestertonianas. Pero no te confíes, Beata Beatrix, que contraatacarán con la televisión y los Cuarenta Principales y los planes de educación y la sombra de Mordor. En cualquier caso, qué emoción: la lucha ha comenzado.

jueves, 12 de abril de 2007

Ida y vuelta

A los vinos de Jerez se los mareaba: cruzaban el Atlántico (nuestro Mare nostrum), y con el viaje venían mejores. El flamenco se enriqueció con los llamados cantes de ida y vuelta, que allá ganaron ritmos y sabores nuevos. Algo parecido me ha ocurrido con la poesía de Pedro Sevilla (1959). A Pedro, le he admirado desde mi más tierna adolescencia, pero ayer, leído en Sombra hecha de luz, la antología sobre poesía andaluza publicada en Méjico (ida), vi (vuelta) su categoría con una certeza tumbativa. Supongo que, además de lo de las Américas, algo habrá influido el contraste con sus inmediatos vecinos de selección: justo antes, García Montero (1957); justo después, Benítez Reyes (1960). Pero eso son suposiciones, lo indudable es esto:

.....................PARA JOSÉ MATEOS

Una imagen antigua, de mi infancia,
me acompaña por siempre, como emblema
de la amistad: mi abuelo, en una Feria
de San Miguel, borracho y abrazado a otro viejo,
llora feliz, se ríe y pide otra media botella.
Con los abrazos, con la borrachera,
tienen los ternos sucios y las gorras torcidas,
las botas embarradas por la lluvia
primera de septiembre.

Esta imagen, José, no es nada edificante,
pero siempre que pienso
en este sentimiento que nos une,
distinto de las tristes
miserias del amor y sus crueldades,
recreo en mi memoria aquellos viejos
aturdidos de vino y de alegría
--hay charcos de agua azul
en el barro pisado por las bestias--:
la amistad es dos hombres
que vuelven de la feria, o de la vida
(que vuelven de la feria que es la vida),
hermanados, riéndose, llorando,
con los brazos al hombro y con los ternos sucios.


[Y algo me dice que este poema no va a gustarle nada a la Ministra de Sanidad. Que beba agua.]

miércoles, 11 de abril de 2007

Son

Esa pena tuya
y esta pena mía
si juntas son una
única alegría.

En cambio

En cambio (radical), el artículo de hoy no trae nada nuevo para los asiduos del blogg, así que, a pesar de alguna errata, lo dejaremos como está en el periódico.

martes, 10 de abril de 2007

Transcripción literal

—Para tener buen tipo me sobra esto.
—Bueno, mejor: así eres más humilde.
—Yo ya soy humilde.
—Sí, por eso he dicho "más" humilde...
—¿Más? No me hace falta.
[A partir de ahí la conversación giró sobre la pertinencia o no de que hoy colgase este extracto en el blogg.]

lunes, 9 de abril de 2007

Aúpa


Una característica esencial de la Divina Commedia es que, mientras por otros libros se avanza, por ella se asciende. En las mejores obras, la sensación es prácticamente física: en la Odisea se dan vueltas, se cabalga en El Cid, en El Quijote se anda a caballo como en la poesía de Antonio Machado en tren... En la Commedia se asciende a pulso incluso en el descenso del Inferno, pues allí todo está invertido. Eso hace mucho más excitante la lectura, desde luego, pero también un punto más cansada: no se desafía impunemente la ley de la gravedad. Hace muchos años, en mis primeras cartas con Cereijo, él me contó que no había salido del Infierno, a lo que yo le respondí que, para mi alivio, había alcanzado ya el Purgatorio. Años y lecturas después, me había vuelto a parar, aunque esta vez en la antesala del Paraíso, como con miedo a tanto gozo. Hoy, que es lunes y además de Pascua, vuelvo a coger carretera y manta. ¡Aúpa!

domingo, 8 de abril de 2007

Más alegría fazen las que son más mejores

Día era muy santo de la Pascua mayor,
el sol salía muy claro e de noble color;
los omes y las aves e toda noble flor
todos van rescebir cantando al Amor.

Rescibenlo las aves, gayos e ruiseñores,
calandrias, papagayos mayores e menores:
dan cantos placenteros e de dulces sabores,
más alegría fazen las que son más mejores.

[Juan Ruiz, Arcipreste de Hita]

jueves, 5 de abril de 2007

Procesionaria

Qué bien puesto está el nombre de “penitentes” para los que salimos en las procesiones, sobre todo a partir de cierta edad. Yo, desde luego, cada Domingo de Ramos, que es cuando me toca, mucho más que “nazareno” o “hermano de luz”, me reconozco en lo de la penitencia.

—Ah, ¿que usted no lo hace por gusto? —preguntaría cualquiera de esos turistas que, desde una mesita de la acera, con sus cervezas frescas y sus gambas, eficazmente contribuyen a nuestra mortificación. Entre las penitencias está también la de no pegar hebra con el respetable, que si no ya le explicaría yo al buen hombre (tomándome otra cerveza) que sólo las babosas hacen siempre lo que les apetece. Por otra parte, si apenas saliesen los que llevan una ilusión grandísima, la Hermandad no tendría más que hermanos pequeños, de siete a trece años aproximadamente.

Dejo atrás, por fin, al caballero de las gambas sin haberle explicado que por debajo del atractivo estético, del interés cultural, del colorido y de lo que se quiera, están los hombros de la fe y la devoción. A la Consejería de Turismo y a los concejales de fiestas les interesa dar una imagen lúdica de la Semana Santa, basada, por supuesto, en su belleza indudable. Bien. Pero aunque yo pierda un poco de mérito levantándome el velillo del capirote en este artículo y refunfuñando un rato, conviene recordar que sacar una Hermandad es muy sacrificado y que salir sólo se sale por amor. Incluso en la más barroca y espectacular de las cofradías, la procesión va por dentro.

miércoles, 4 de abril de 2007

Las once mil vírgenes

Tomando pie en la leyenda de Santa Úrsula, Enrique Jardiel Poncela escribió una novela preguntándose Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? La pregunta, aunque retórica, es estupenda porque conjuga a la perfección el cinismo cosmopolita con el atávico atractivo hacia el harén que sentimos los que tenemos el alma de nardo del árabe español. El libro no lo leí, lo reconozco, quizá por temor a que no estuviese a la altura de su título, que es un cocktail burbujeante y frívolo.

E irreal: si algo nos queda claro durante la Semana Santa es que sí hay once mil vírgenes. En cualquier pueblo y ciudad de Andalucía salen cada tarde a las calles —si la lluvia lo permite— varias advocaciones de la Virgen. La suma de todas daría una cifra muy cercana a la jardielesca, y eso sin contar las vírgenes del resto de España, que también es tierra de María.

Protestará alguno arguyendo que estoy hablando de la única Virgen, no de once mil. Y desde luego. No creo que exista nadie que no sepa que todas las imágenes representan a una sola figura histórica, pero habría que recurrir al CIS (o mucho más arriba) para medir las preferencias y devociones que cada uno tiene por unas representaciones sobre otras. Y ahí es donde yo quería llegar, porque lo milagroso aquí es el efecto multiplicador del amor. El cariño tiene eso: exalta y ahonda y expande y especializa el corazón.

Todo muy natural. Con nuestros amores laicos pasa lo mismo. Quien quiere a alguien conoce bien y estudia con gusto creciente sus perfiles, sus modos de ser, sus diversos humores. Luego, unos le despertarán más ternura que otros y acabará prefiriendo ciertas fotografías o recuerdos concretos. De lo cual podemos sacar una provechosa lección los que tenemos, como decíamos, el alma de nardo del árabe español. Un buen monógamo no necesita renunciar ni siquiera a la variedad: no hay nada más distinto a una mujer que ella misma de otro ánimo. “Todas las mujeres son iguales”, lo exclaman los donjuanes o esos —los extremos se tocan— a quienes una señorita ha devastado el corazón. Los casados sabemos por experiencia propia que cada mujer es un mundo muy particular y en buena parte ignoto. Y las casadas saben la viceversa por pura paridad.

Por supuesto que hubo y habrá once mil vírgenes repartidas entre las muy diversas órdenes religiosas, pero para constatar lo evidente no hace falta un artículo. Quizá convenga aprovechar el espléndido espectáculo barroco de estos días de Semana Santa para pedir a las once mil imágenes de la Virgen que nuestro pecho sea un prisma donde la blanca luz única se refracte en multitud de colores brillantes.
[Grupo Joly]