viernes, 19 de junio de 2009

Mejor cuanto más lejos

Mis amigos lo saben. Se me da mucho mejor hablar por teléfono que cara a cara y mejor escribir cartas que hablar por teléfono. El sms lo manejo ya con una considerable soltura y en el recuerdo borroso (por ejemplo, en el de mis compañeros de colegio) doy mi perfil más favorecido (y más delgado). Para relacionarse conmigo, por tanto, mejor cuanto más lejos, como en el anuncio de la colonia que echan por Navidad, pero exactamente al revés.

No es por una cuestión olfativa, espero. Las razones, tartamudeos aparte, son variadas. Una, que mientras hablo por teléfono hago varias cosas —riego las plantas [eso es el psshhh que suena, advierto], conduzco o meto las tazas de café en el lavaplatos— y entonces estoy tranquilo, me abandona esa angustia que no me abandona cuando no estoy exprimiendo el tiempo a un ritmo de tres en uno, y me puedo explayar en la charla. Por carta aún mejor, porque el tartamudeo sólo sobrevive en algún titubeo sintáctico y ortográfico y lo de escribir es un vicio mío o una vocación [según se mire] que me calma la ansiedad.

Para colmo, Josep Pla me ha complicado todavía más mis entrevistas presenciales. Me he puesto a leerle otra vez y estoy como siempre, pasmado por sus descripciones. Por ejemplo:
[El señor Girbal, gitano] sobre el tronco voluminoso de su cuello de emperador romano lleva un cuello planchado y un nudo de corbata pequeño y redondo como un
hueso de aceituna.
¡Como un hueso de aceituna!, ¿lo han visto? Ahí está el personaje y su circunstancia. O unas páginas antes:

[Hermós, pescador] se ha quitado la gorra de patrón de pesca y muestra una calva alargada, de un color blanco amarillento. Unas gotas de sudor, pequeñas pero individuales, le salpican la cabeza.
Uf. Quien alguna vez estuvo con un marinero recuerda (tras leer a Pla, claro) esas gotas pequeñas e individuales, exactas, doblemente saladas, en su cabeza.

Como si yo no tuviera poco con mirar el reloj disimuladamente, ahora, para emular a Pla intento sacarles un vivo retrato a mis interlocutores. Así que cuando me hacen una pregunta cualquiera me suelen pescar en la luna de Valencia, escrutando con esperanza la calva o mirando fijamente al nudo de la corbata. El teléfono es más fluido.

jueves, 18 de junio de 2009

Pisoteada

Pisoteada,
una imagen de Cristo,
rota, traslúcida.
Este es el haiku de Shuoshi que no logro traducir del todo. En japonés reza:

Zesukirishito .....fumare fumarete..... usetamaeri
y la versión inglesa que da R. H. Blyth:

Trodden on, trodden on,
The picture of Christ
Is worn away.

Habla, como los más nipómanos ya habrán adivinado, de esa ley por la que los funcionarios imperiales iban por los pueblos obligando a todos a saltar sobre una imagen de Jesucristo para dejar constancia de que no eran cristianos. No sé si Vicente Haya calificaría este haiku como "de lo sagrado", pero vaya si lo es. Esa imagen rasgada, desgastada, a través de la cual pasa la luz, nos permite entrever la trascendencia, una trascendencia propiamente cristiana además.

Mi versión está muy lejos de ser definitiva. Estoy contento de la solución que se me ha ocurrido para mantener la insistencia en el pisoteado, que es esencial, sin alterar las medidas del haiku, aprovechándome del título de la entrada. En cambio, me gustaría que el verso final no tuviese dos adjetivos. Me dije: "casi traslúcida", pero no transmite la idea de rasgada. Se admiten [se suplican] sugerencias. Lo importante sería que encontrásemos una versión ajustada. Yo me atrevo a poner ésta porque el otro día Luispa al menos me pidió que lo intentásemos y porque, aunque imperfecta, me ha servido para entender el haiku de Shuoshi. Y para repetirme, como una jaculatoria japonesa, la palabra:
Zesukirishito
Tiene tanta fuerza la palabra, pienso ahora, que bastaría algo mucho más desnudo:
Cuadro de Cristo
pisoteado, piso-
teado y roto.

miércoles, 17 de junio de 2009

Perros policías & gato metafísico

Uno prefiere a los perros, eso está claro. Pero como a la ocasión la pintan calva y aprovechando que en literatura uno puede acercarse mucho a los gatos y guardar, a la vez, las debidas distancias, les copio un poema de Víctor Botas:

..........GATO

Pavorosa inocencia la de este
que junto a mí dormita. Nada sabe
de su breve pasado y su futuro
incierto en todo, salvo en una cosa;
también él morirá. Se rasca el lomo,
se pasea por casa, sigue atento
cuanto pueda moverse; y ahí termina
su actividad de augur. (Tiene la panza
repleta y no le pide correr riesgos
para poder vivir). De tarde en tarde,
cuando se pone melancólico,
traza curiosos signos que no siempre
consigue descifrar. Entonces, pobre,
para animarle un poco, ronroneo.

martes, 16 de junio de 2009

Pero, ¿no habíamos quedado en que era lo único que no lo tenía?

Una funeraria llamada "El Remedio" así, de golpe, parece una broma pesada de humor negro. Dan ganas de dejar dicho en un testamento vital, como lo llaman, y también tiene tela el nombrecito, que por favor no recurran a los servicios de esa empresa. Claro que, tras unos mementos de reflexión, caigo en que podría ser un logrado capítulo epigramático de Exégesis de los lugares comunes de Léon Bloy. Sin embargo, ese libro contra las frases hechas no me resultó nunca el más convincente de Bloy, dicho sea con todos mis respetos. Chesterton habría hecho (hizo) todo lo contrario: coger los lugares comunes y demostrar la sensatez y la filosofía que encierran, frente a los estirados circunloquios de los profesionales de la profundidad. Cuestión de caracteres, supongo.

El coche fúnebre sigue delante de nosotros en el atasco y, finalmente, se hace la luz. Tendrían que usar como eslogan publicitario esta frase de Giuseppe Tomasi Di Lampedusa: "Mientras hay muerte hay esperanza". Lo malo es que para entender ese eslogan hay que ser italiano y haber crecido empapándose la Divina commedia, donde tan enseguida como en el Canto III se nos deja avisado: Questi non hanno speranza di morte. A mí, desde luego, a esperanza no me gana nadie, y, ya puesto definitivamente de buen humor, acabo convencido de que, si pudieramos preguntarles, casi todos los usuarios de la Funeraria El Remedio verían el nombre de la empresa la mar de bien puesto.

domingo, 14 de junio de 2009

La perla

—Describe la perla por la que arriesgas tu vida allá en lo hondo –le pedí al joven buceador de pulmones de acero.
—Es tan valiosa —me dijo—, que sería la joya en el palacio de un príncipe. Mi choza es el palacio de un príncipe porque, mientras que estoy allá en lo hondo, ella está allí, cocinando al mediodía, regando las macetas por las tardes. Por las mañanas se levanta conmigo y sale hasta la puerta a despedirme. El sol brilla sobre su pelo negro. El viento mueve su pelo como las olas de un mar muy alto. A veces he querido regalarle un collar con las perlas que voy sacando, pero ella no las quiere. No quiere más collar que el de mi abrazo.
[Sobre un microrrelato de Raúl Brasca.]

Haiku fashion

Los que amamos los haikus tenemos que prepararnos para lo peor, porque se han puesto definitivamente de moda. Hablábamos de moda, qué ingenuos, hace unos años, cuando sólo era entre poetas. Lo de ahora es bastante más grave. La prueba irrefutable de su celebridad completa es que una editorial dedicada al escaparate y a la actualidad, Temas de hoy, ha publicado un libro de haikus de Federico Jiménez Losantos, que no sé si os suena, pero que es un periodista bastante popular. El libro se titula La otra vida, el autor "se siente [sorprendentemente] cerca de la idea de lo sagrado en el haiku que Vicente Haya describe es sus antologías y ensayos" (p. 12) y tiene uno bueno:


El haiku, luz en la luz,
ilumina
lo que parecía claro.
Yo soy partidario de no tenerle miedo a las modas. También el soneto estaba de moda en el siglo XVI y fijaos, oh lectores, qué sonetos dio de sí el XVII (y el XX). La comparación está avalada por Octavio Paz que insistía en que el haiku es el soneto de oriente y por José Luis García Martín que recuerda que es el soneto de los vagos.

Esto de las modas, además, es engañoso a más no poder. No sé cuántos años hace qué José Cereijo dio su ramillete de haikus (son 12) a Abel Feu para que lo sacara en la colección de Los papeles del Sitio. Entre unas cosas y otras, se fueron sumando retrasos y han ido saliendo haikus a mansalva de unos y de otros. A mí me llegó el cuadernillo anteayer, en pleno empacho de haikus jimenezlosantianos (son 138). Pero éste, por eso ¿tiene menos dolorido sentir, es menos hermoso acaso?:


Pequeña flor
¿cómo cabe en tu aroma
tanto pasado?
Y ayer le leí a Vicente Núñez uno críptico y lúcido, escrito hace tiempo, por lo menos antes de 2002, por razones obvias, pero leído ayer, en plena vorágine, y qué importa:


No existen. ¿Dónde
sino en mi corazón
iban a estar?
Es muy curiosa la novedad tipográfica con que adorna los suyos Juan Bonilla, recogidos en la antología Defensa personal. Mantiene los tres versos, pero los escalona. Veamos un ejemplo, que es, de paso, un haiku juguetón y nostálgico, que eleva la mirada:

En el tejado

..................... la pelota embarcada

...........................................................sueña un partido.

Que yo sepa, es la primera vez que se presentan así en España. Andrés Trapiello, en la edición acorde de La Veleta del maravilloso Diarios de un holgazán, de Frutos Soriano, los va escalonando en la página, pero los haikus enteros, no sólo los versos. Sospecho yo que el afán de Bonilla es que los leamos casi como un único verso, como hacen los japoneses. Así subraya que lo importante es el número de sílabas y no el salto de líneas (y qué bien le habría venido esa lección, amén de las de Haya, a Federico Jiménez Losantos, por cierto). Pongo una muestra japonesa de Shuoshi (que no traduzco porque no lo consigo ni de la versión inglesa de R. H. Blyth, y mira que llevo meses intentándolo):

Zesukirishito .....fumare fumarete..... usetamaeri
Pero incluso cuando no se busca ninguna novedad, ni siquiera tipográfica, los haikus buenos saltan a la vista. De Miguel Agudo suelen preferir los lectores éste:

El camión de la basura
va recogiendo
la madrugada.
Yo, sin hacerle ascos al camión de la basura, me quedo con

Tarde tras tarde,
aleación de anciana
y mecedora.
Me quedo con él por su ternura, por su arrebato visual, por el prodigio de sus aliteraciones, por la juventud de la mirada del autor concentrada en la palabra "aleación" que se funde con "anciana" y, por contagio" con "mecedora", por la sensación que trasmite del paso del tiempo...

Si el haiku se pone de moda, bienvenido sea, nosotros nos arremangaremos. ¡Cuánto trabajo nos queda, separando el trigo de la paja, la paja del ojo ajeno y la viga del nuestro, etc! El haiku es el soneto del vago, eso lo sé por experiencia, pero al lector, en cambio, le exige un montón, ¿verdad?

Pero es un trabajo muy bien pagado.

viernes, 12 de junio de 2009

Donde Pascal me pega un pescozón

Ayer tarde se me apareció Blaise.
—¿Cómo está usted?, le saludé con una honda reverencia.
—Yo como nunca. El que está muy equivocado es usted, muchacho.
—Gracias…
—Bueno, sí, de nada. Vistos desde la eternidad, todos sois unos muchachos; precisamente el otro día estuve con Jiménez Lozano…
—No, si lo que yo le agradecía es que se tome la molestia de sacarme de un error.
—Ah, sí, perdone. En la eternidad, gozamos de cierta tendencia a irnos por las nubes, ¿sabe?, como tenemos todo el tiempo del mundo (y más)...
Vengo por la frase mía que usted corrigió con tan buena intención como escaso acierto.
—¿…?
—Veamos: yo escribí que sólo hay dos clases de hombre: los pecadores que se creen justos y los justos que se creen pecadores. Y usted, alma de cántaro, viene con eso tan jesuítico de los justos que se saben pecadores y tal. Así destroza la clasificación, no sólo la simetría de la frase francesa, que me importa un rábano. Y para colmo la destroza por egotismo, porque usted acaba siempre hablando de usted, pillín… Lo que es muy natural, muchacho, no se me amohíne.
Mire: los justos que se saben pecadores no son más que un subgrupo de la primera clase. Saben, como usted sabe, que son pecadores, nadie lo duda; pero aun así se creen justos y ése es el quid, ¿lo ve? Un subgrupo un tanto retorcido, aunque bien consciente.
En cambio, ¿no recuerda la irritación sorda que le han producido siempre esas personas buenísimas (pocas) haciendo tremendas protestas de su terrible maldad? ¿No se recuerda clamando, impaciente: "¡Pero qué sabrán estos cándidos, Dios mío!"? Pues sólo a ésos es a los que yo incluyo en la segunda parte de mi clasificación.
¿Lo coge ahora?
—Oh Blaise, sí. Lo siento mucho…
—No lo sienta, muchacho. Siempre es un placer verse citado en la blogosfera, aunque sea mal. Eso mismo le comentaba Stevenson ayer, sin ir más lejos, a Oscar Wilde.

jueves, 11 de junio de 2009

"Quiéreme cuando menos lo merezca

porque será cuando más lo necesite". Esta cita de Stevenson, en boca del Dr. Jekyll, me ha saltado a los brazos desde el libro de auto-mutua-ayuda El matrimonio. Una gran aventura.

Un compañero de trabajo me pilló leyéndolo en el bar del instituto y se quedó muy preocupado. O no. Le juré que era un regalo del autor. "Ya", contestó, pero pensando: "Ya, ya". Me aconsejó que cuando las cosas empiezan a ir mal lo mejor es dejarse de libritos y cortar por lo sano, que él lleva ya dos (matrimonios) y que, aunque ahora está soltero, es, por eso, un experto. Que a ver cuántas veces se casó José García Sáez, autor del libro, eh, eh.

Por razones obvias, no pude pasar de la página 12, pero la cita me basta y me sobra. Estoy por esculpirla en el dintel de casa a lo Skerryvore. Y a quien la acuse de interesada o egoísta, yo humildemente, si me deja, le recordaría que el modelo y fuente de todos los amores es el de Dios, que funciona igual. ¿O no les recuerda mucho la frase de Stevenson a la de Lady Julia en las escenas finales de Retorno a Brideshead: "The worst I am, the more I need God"?

"Cuanto peor soy, más necesito a Dios", y alguno podría objetar que entonces, si uno es bueno, no necesita a Dios y, de paso, tampoco que le quiera nadie, pero para contestar a eso está Blaise Pascal, nada menos: "Sólo hay dos clases de hombres: los pecadores que se creen justos y los justos que se creen pecadores". Que se saben pecadores, le corregiría yo a Pascal, aunque me cargase la simetría francesa de la frase.

Y todo esto lo fui pensando mientras el colega me contaba su determinación tajante ante las crisis matrimoniales, que no tienen remedio. Los cafés los pagué yo.

miércoles, 10 de junio de 2009

martes, 9 de junio de 2009

Cartas echadas

Como sabéis, para la juventud indígena de un pueblo de costa como el mío, el fin de agosto suele adquirir tintes dramáticos. En mi caso, adquiría tintas dramáticas, lo que era un consuelo. Se marchaban las veraneantas, pero nos intercambiábamos las direcciones y empezaba la temporada epistolar, que me gustaba casi tanto como la de playas. Oh los sellos, los sobres, la cuidada caligrafía, la nostalgia compartida, las tardes acortándose, todo, todo como en los poemas de Fernando Fortún, que leería mucho después, pero que vivía entonces...

Uno de aquellos cruces epistolares, tal vez el más breve, resultó decisivo. Aquellas cartas marcaron mi vocación, o al menos, puestas boca arriba, me la mostraron. Las dirigí a una chica monísima, de Badajoz. En la primera, deseando dar muestras de un fino temperamento artístico, metí un poema y un dibujo. En su contestación, ella se mostró entusiasmada con el dibujo. Del poema no decía nada de nada, un silencio total.

Fue el momento clave. Yo podría haberle mandado más dibujos y orientar mi carrera hacia las artes figurativas, que prometían más. Sin embargo, con una extraña conciencia de la gravedad de mi determinación, le mandé dos poemas, ni un solo dibujo. No contestó. Mi suerte estaba echada.

A veces la veo los veranos de nuevo por la playa. Se la ve muy contenta, con un marido que, la verdad, no tiene pinta de pintor, pero quién sabe. Yo sigo escribiendo, y tampoco me quejo.

lunes, 8 de junio de 2009

Saltar sin Red

Tenía prevista otra entrada para hoy, y mañana soltar ésta, coincidiendo con la presentación de Lo que ha llovido. Pero en mitad del salto del blogg al libro me he quedado paralizado y casi no puedo escribir. Lo explica muy bien Auberon Waugh en sus memorias, tituladas Will This Do? [¡buena pregunta!]
A través de toda mi carrera como escritor, he encontrado sólo dos actitudes posibles hacia mi trabajo. La primera es pensar qué vergüenza, qué horror, ¿cómo he podido escribir esta basura? La segunda es pensar cuánta inteligencia, cuánto talento, qué originalidad… y que nunca jamás escribiré nada igual en mi vida. Creo que esas exageradas reacciones suelen ser bastante comunes entre escritores. Mi padre estaba de acuerdo, sentía lo mismo.
Yo estoy de acuerdo, siento lo mismo, pero simultáneamente, sin solución de continuidad. Aun así pensaréis: “qué vanidoso”, y bueno, sí, pero también sincero. Y si os fijáis gana la angustia dos a uno: lo de la basura más lo de la seguridad de no escribir nunca más (dos) frente a la euforia (uno).

En este caso en concreto tengo una sensación muy grande de peligro. La de saltar sin red. Internet nos protege y un libro es la intemperie. En la presentación, precisamente, pretendo explicar este vértigo:

1) En el blog siempre tenemos la excusa de lo recién hecho, de la tormenta de ideas.

2) La misma distracción con que leemos en Internet (que es una de las principales razones para publicar en libro) es una capa que todo lo tapa.

3) Una entrada de blog se lee en cinco minutos [o menos] mientras que un libro exige dos o tres tardes enteras. Lo primero va entrando poco a poco, día tras día, indoloramente, y gratis; lo segundo, de sopetón, si entra, y previo pago, perdonadme, de 18 €.

4) La posibilidad de comentar en el blog hace que uno lea pensando en lo que dirá o puede decir, y eso implica menor exigencia. Lo sabía Ortega: en las conversaciones, mientras que el otro habla, uno aprovecha para ir pensando lo suyo. En el libro, no hay posibilidad de contestación, el soporte impone silencio y ese silencio tiene un precio, El autor debe pagarlo o ganárselo. Es una diferencia análoga a la que va de nuestras expectativas en una conversación y ante una conferencia.

5) Los comentarios fomentan la amistad. Incluso con muy viejos y buenos amigos, gracias a los blogs, he estrechado lazos. Esto, que en lo personal es maravilloso, repercute en la escritura, que se repanchinga, desinhibida, cálida, un punto impudorosa, ¿no?

6) Bastantes lectores del libro lo habrán leído ya en el ordenador. Para ellos, a pesar de las correcciones y de la selección, resultará inevitable cierta sensación de usado. Del déjà vu al déjalo hay poco trecho. La relectura es un honor que sólo merecen los más grandes.

“¡Vaya publicidad te haces!”, me reñirá alguno; por ejemplo, mi padre. Pero si en el prólogo reflexiono sobre la posibilidad de que el blog sea o no un género autónomo, ahora querría aprovechar la presentación para hacer el camino de vuelta con la experiencia del libro entre las manos, sin red. Pegar, por tanto, un doble salto [¿mortal?]

Además, no tengo pretensiones de grandes ventas. No es humildad, ojo, sino todo lo contrario: puestos a aspirar, no aspiro a las masas, sino a la levadura. Así que para qué venderme bien ni —mucho menos— engañar a nadie. Resultará más útil aclararnos un poco a fondo sobre este asunto de los blogs literarios, tan enredado. Para ello me acompañarán Enrique Baltanás y Juan Antonio González Romano, blogueros, entre otras cosas, extraordinarios.

Y no habrá red, pero tengo amigos que me van recogiendo entre sus brazos. No saben cuánto bien me hacen sus ánimos para empatar por lo menos ese partido del que hablaba Auberon Waugh. “Pero tú mismo lo dices, son amigos”. Objeción justa, de la que me enorgullezco, y a la que podría contestar con este poema tan chulo de Ezra Pound:
Yo junto estas palabras para cuatro personas.
Algunos más pueden oírlas.
Oh mundo, lo siento por ti,
tú no conoces a estas cuatro personas.
Pero prefiero, aunque nunca lo había hecho aquí hasta ahora, explicarme con un poema propio:
................ORGULLO

Lo confieso: mi vicio es la humildad.
Hace tiempo que siento que no sirvo
para cumplir mis sueños. Hace tiempo
que dejé de escucharme.

Si quise ser un caballero andante,
un amante feliz, un santo cotidiano
o un poeta mayor—si lo quise una vez—,
se me ha olvidado todo.

Hoy sólo me recuerdan aquéllos que me quieren,
me recuerdan o, al menos, me imaginan.
Reflejado en sus ojos, valgo el doble:
ellos son el orgullo que me queda.

domingo, 7 de junio de 2009

sábado, 6 de junio de 2009

Un conte de Noël

Ya sabemos de sobra que las buenas intenciones no salvan una obra de arte. (Tampoco las malas, ojo.) Y menos cuando las buenas intenciones han salido sin querer, si eso es posible, que sí. Pero aunque no sea una película magistral, no por eso tiene que dejar de interesarte.

viernes, 5 de junio de 2009

Apotegmas, apuestas

Las greguerías, hijas de su tiempo, son aforismos amorales, sentencias sinvergüenzas, niñas pijas.

*
El aforismo, ensayo del vago.

*
Humor negro: redundancia.

*
Amar: resumen infinito.

*
Vanidad, su nombre indica.
*
"Menos", máxima del aforista.
*
Sueño del aforista: entrar adentro. (El aforista ideal es el adentrista.)

*
Pero siempre sobra alg
o.

jueves, 4 de junio de 2009

¿Como García?

La literatura ya era para mí una fuente de felicidad antes de saber qué era la literatura. Para los indígenas de un pueblo de vacaciones, el final de agosto suele adquirir tintes dramáticos. En mi caso, adquiría tintas dramáticas, lo que era un cumplido consuelo. Si se volvían a Madrid o a Bilbao las veraneantas, empezaba la temporada epistolar, que a mí me gustaba casi tanto como la de playas. Oh los sellos, los sobres, la cuidada caligrafía, las dulces quejas, las sorpresas en el buzón, los anagramáticos remites, las animantes noticias de sus lentos aburrimientos ciudadanos, la nostalgia compartida, las tardes acortándose, el olor a lluvia, todo, todo como un poema de Fernando Fortún o una novela de Sánchez Mazas, a los que leería muchos años después, pero a los que vivía entonces...

En ésas, en los últimos días de agosto de uno de mis primeros veranos de adolescente, le pedí la dirección a una chica de nombre y apellido polacos, que iba, para colmo, a un internado inglés, en Hastings, creo recordar. Yo estaba teniendo muchas dificultades para escribir correctamente su apellido, y se lo dije, mientras le pedía que me lo deletrease. "Qué difícil, eh". "Pues en Polonia es muy conocido", repuso ella con una sonrisa sorprendida. "¿Sí, como aquí García...?" "No", contestó, "como aquí Borbón". "Ah", me sonrojé, vivamente impresionado; no en vano era un futuro lector de Sánchez Mazas y de Fernando Fortún.

miércoles, 3 de junio de 2009

Pájaros y maestros

En mi artículo, de los políticos no digo apenas ni pío.

Ni cuento que el verano pasado, para espantar a las cotorras, leía en el jardín con una escopeta de plomos en el regazo. La imagen sorprendía mucho al vecindario, que en agosto es la familia de una amiga de la adolescencia [de la que hablaré mañana]. Se traían cierta guasa que, unida a la de las cotorras [tengo mala puntería], estuvo a punto de desmoralizarme. Por una vez, y sin que sirva de precedente -espero-, Leonor no me apoyaba. Le daba pena la posibilidad de una urraca moribunda. ¡O sea, que creía en mi puntería, oh! Entre unas críticas y otras, estuve a punto de abandonar, hasta que José Mateos me informó de que José Antonio Muñoz Rojas lee en su casa con una escopeta de cartuchos [siempre ha habido clases] entre las piernas. Tira contra las tórtolas turcas, cuyo zureo le parece un mal presagio. [Y eso que quizá no sepa que dicen decaocto]. Es un ejemplo del efecto benéfico, de reafirmación, que tienen sobre nosotros los maestros. Yo, desde entonces, no dejé la escopeta.

Por otra parte, si a alguien le extraña un artículo tan ornitofóbico en un poeta lírico, siempre podré alegar otro argumento de autoridad: Jaime Gil de Biedma y sus pájaros cabrones.

martes, 2 de junio de 2009

El gran río

En La Argentina, preguntado de dónde era, el poeta sevillano Aquilino Duque contestó que del otro lado del gran río. Le entendieron que era uruguayo y Aquilino, entonces, tuvo que explicarse mejor. Venía de España, el gran río era el Atlántico y lo decía así porque nuestra península y su continente son las dos orillas del español, el puente que las une.

Yo no estoy tan viajado como Aquilino Duque, pero también corro mis aventuras. En plena alarma mundial por la gripe A, quedé en Madrid con el flamante accésit del premio Adonáis, Alfredo Félix-Díaz, recién llegado de México. Había leído ya Si resistimos, su poemario y, fortalecido por la admiración, estaba dispuesto a arrostrar el peligro. La entrevista discurrió fresca y cristalina y una corriente de simpatía se estableció entre nosotros. El gran río resultaba fácilmente vadeable.

Justo el tránsito entre las dos orillas es lo más destacado de su poesía. El joven mexicano ha leído a fondo a los españoles Luis Alberto de Cuenca y Julio Martínez Mesanza, sin dejar por ello de escribir unos versos muy de allá. Se ve en “1928” un poema magistral, épico, sobre la represión a los cristeros. Y en sus corridos se escucha nítidamente la influencia del Borges de Para las seis cuerdas (1965). Los ríos más grandes se achican y las fronteras se diluyen gracias al idioma común y a la cultura compartida. Da gusto; y, para colmo de dicha, yo de salud muy bien, gracias.

lunes, 1 de junio de 2009

Una postal de Mario Míguez


Madrid, Mayo 2009
Querido amigo Enrique:
Desconectado lector, dices en tu prólogo. Ese soy yo. Desconectado, porque no me interesa la literatura, y menos en sus nuevas formas. Separado, cortado como estas flores ¿ves? que están en el Jarrón necesario, con el agua que las mantiene siempre vivas de verdad, el agua viva que no obtendrían de la tierra. Y en penumbra.
Pero he disfrutado mucho con tu estupendo libro, y te doy las gracias por acordarte de mí.
Un abrazo,
Mario

viernes, 29 de mayo de 2009

El paraíso es hacer el paraíso

He recogido la frase en Los confines. Andrés Trapiello es muy trabajador y, por eso, sabe de sobra de lo que habla su personaje Clau: "Eso es lo extraño. Nadie diría que en un paraíso siempre está todo por hacer, y hacerlo no causa impaciencia ni inquietud. Al contrario, cada cosa que se hace es placentera; el paraíso es hacerlas. El infierno es lo opuesto, no tener nada que hacer". Se trata del trabajo gustoso de JRJ, pero más allá. Yo lo escojo, a partir de ahora, como lema hermosísimo de mis afanes: "El paraíso es hacer el paraíso". Y regalárselo a los demás. ("Las puertas de la felicidad abren hacia fuera", nos recordaba Kierkegaard.)

jueves, 28 de mayo de 2009

Un matiz

Por lo que me he leído, puedo afirmar que lo mejor que he escrito es que “lo peor de escribir es tener que leerse tanto”. Y, sin embargo, de vez en cuando, una excepción. Repasando la entrada de ayer, por si conseguía poner una coma o quitarla, a la duodécima lectura más o menos, caí en un tic expresivo mío significativo. Los peores temores se me materializan. Sin embargo, las ilusiones y los sueños se me hacen realidad. O sea, que el materialismo es temible y la realidad, al revés, un regalo. No es mucho, un matiz, pero así nos vamos conociendo.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Una carne

Los cócteles son una demostración palpable de que el matrimonio es una sola carne. Una pareja ha tenido que asistir a uno de ellos y una vez allí se da cuenta de que sus peores temores se han materializado: no conocen a nadie en la sala, o apenas de vista, que es bastante peor. Se esconden en una esquina de la fiesta, sonrojados, sin atreverse a molestar a los altivos camareros, buscando con ojos de pez la salida, pidiendo la hora, hablándose en voz baja. Aplastados por el peso de su soledad.

Sí, pero esa soledad les pasa porque son un matrimonio, una carne. Si uno llegase al cóctel, y se encontrase allí con una chica que le gusta mucho, y consiguiese acapararla toda la noche en una orilla apartada de la vida social, qué delicia, ¿verdad? En principio, eso es lo que tendría que experimentar uno con su mujer, pero no lo hace. Ya sabemos el motivo: el sacramento.

¿Y no podría olvidarse la pareja de sus anillos y recuperar el entusiasmo de las primeras etapas del noviazgo? La vida moderna deja muy poco tiempo para la conversación burbujeante y el flirteo frívolo, ¿por qué no aprovechar este cóctel? Pues porque el estado civil salta a la vista, y un matrimonio solo en un cóctel parece que sólo quiere remediar la cena. Lo mejor, por tanto, es saludar al anfitrión, y escabullirse en ayunas cuanto antes. Reírse juntos en el coche y, ya en casa, escribir un artículo. Éste.

martes, 26 de mayo de 2009

Qué mérito el maestro

Algo bastante indiscutible es el talento literario de Jesús, con independencia de que sólo le veamos escribiendo una vez y sobre la arena. ¿Será esa imagen --me pregunto-- el lejano origen del libro de arena de Borges? En cualquier caso, sus parábolas o microcuentos, la difícil sencillez, las paradojas, las ironías, las intertextualidades, el uso preciso de la ambigüedad, todo, nos habla de un genio único. Y para apurar hasta las heces también el destino del escritor, incluso a Él (el leño verde), le atizan una crítica literaria: a sus discípulos por lo visto no les gustaban ni un pelo las comparaciones. Ah. Vaya. Lo ejemplar es cómo lo encaja Jesús, con una sonrisa de guasa y una mirada melancólica, sin justificarse ni una coma, qué mérito.

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
- «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.»
Les contestó Jesús:
- ¿Ahora creéis?
Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo.

lunes, 25 de mayo de 2009

De Cádiz a Catay

Ayer estuve en China. Fue gracias a Ezra Pound y a su famoso libro de traducciones, Cathay (1915). El primer poema es la “Canción de los arqueros de Shu”, escrita por Bunno aproximadamente mil cien años antes de Cristo. “Here we are” cantaban entre la nieve los arqueros en la frontera, hechos polvo, tiritando, tristes, aterrorizados, sin parar un momento por culpa de los mongoles, sabiendo que la vuelta es imposible, que el ejército imperial, tan deshilachado, no puede permitirse los permisos. Han visto cruzar a su general en una carroza y han quedado desmoralizados por el aspecto de esos caballos que fueron de buena raza, que estuvieron bien entrenados. Si hasta los caballos del general se desmoronan… Ellos tienen hambre y sed, y recuerdan que su enemigo es rápido. Añoran la primavera que dejaron atrás cuando partieron, con mimosas dobladas bajo el peso de sus flores amarillas. Van terminando su canción: “Our mind is full of sorrow, who will know of our grief?” Me nombran en Catay, hace más de mil años. Con ojos entrecerrados me atisbaron entre la bruma: yo sé de su pena.

domingo, 24 de mayo de 2009

Si lo hubiera sabido, futbolista

Estábamos en un ambiente bucólico: almorzando en una casa de madera y de campo. Éramos un grupo bastante grande de amigos o, para ser exactos, tres grupos bastante estancos de amigos. En el mío la conversación se centraba, naturalmente, en los hijos, supongo que como en los otros dos. Una amiga se quejaba preocupada-preocupadísima de que a su hijo no le gustaba el fútbol, y eso era una tara, no quería que fuese un raro, tenía que integrarse... Yo, queriendo animar, conté que a mí tampoco me gustaba. La madre entonces abrió los ojos con pavor --un rictus de sufrimiento cruzó su cara como un relámpago--, y suspiró. Otra, le pasó la mano por la espalda, confortándola.

sábado, 23 de mayo de 2009

Pedro Vasallo

P.V. es un alumno de mi IES al que yo apenas conocía de vista como el acompañante de otra alumna de Bachillerato, a la que conozco mucho mejor, pero no por lo que estáis pensando, pillines, sino porque es miembro del Consejo Escolar, como un servidor. Vasallo, sin embargo, salió del semianonimato hace unos días, cuando ganó el premio de microcuentos del IES, y sus profesores se hacían lenguas de su talento. Yo, muy picado (en la curiosidad, no en el orgullo), le pedí que me mandara su microcuento. Había visto un corto suyo en youtube, y estaba bien, aunque uno hubiese preferido algo más tierno. Le di mi correo, que memorizó. Al llegar a casa tenía su mensaje. Abrí el documento, y el microcuento era… de ¡22 páginas!

Al día siguiente le pedí explicaciones; y la que me dio demuestra, efectivamente, su talento: como no estaba seguro de si el correo me llegaría o a otro, mandó un relato premiado y publicado y, por tanto, con los derechos de autor indiscutibles. Brillante, ¿verdad? A mí no se me habría ocurrido.

Ya sobre seguro, me mandó su microcuento, que tiene un punto Poe muy bien llevado, con el fondo y la forma fundidos a plomo. Me he divertido mucho con la leve ironía de esta frase: “pensaba en aquella mujer […] a la que los más benévolos se enorgullecían en llamar Virginia”. Y me quito el sombrero ante la potencia del final sombrío: “Y mi alma, de esa sombra que se extiende por el suelo, ¡no se alzará nunca más!

viernes, 22 de mayo de 2009

Medio ambiente

Pensaba usarlo como una alegoría tenebroso-ecologista, pero después de que JLGM resaltase mi salada claridad, mejor lo dejo, que ahora mi objetivo es merecerme retrospectivamente sus palabras. Así que contaré los hechos desnudos, sin extraer conclusiones ni trazar paralelismos.

Cuando nos mudamos a la casa nueva, había conejos. Unos conejos gris marengo que tomaban el sol (y el césped) de buena mañana y a los que veía por la ventana, con su pinta tierna de canguritos de bolsillo. Pero los conejos, como vallamos la parcela y con los perros y puede ser que por el cambio climático, se extinguieron. Yo colaboré, lo confieso, arreándole una muerte digna a uno que pilló Pukka. Los echaba de menos, y mucho más ayer, cuando moviendo la leña salió disparada una rata gordísima, del tamaño de un conejo, un conejo del lado oscuro.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Confesiones varias

Todo empezó una noche de insomnio. La preocupación capital del columnista católico tiene que ser evitar el fariseísmo o, en un grado menor, el oficialismo, podríamos decir. (La preocupación del columnista laico tiene que ser evitar el tono de sermón laicista y el dogmatismo relativista, dicho sea de paso y aunque no sea mi problema.) El poeta católico tiene un problema similar: hacerse perdonar el atrevimiento de hablar de y, sobre todo, con Dios. Lo percibe muy bien Enrique Barrero en el soneto XXIX de su Liturgia de la voz abandonada (Cajasur, 2009):
Perdóname, Señor. Voy a tu cita
cargado de oraciones. Cuando llueve
la lluvia a bendecirte no se atreve
ni se queja la flor que está marchita.

La nieve que en alud se precipita
no te nombra, Señor. Es sólo nieve.
Y la blanca gaviota --vuelo leve--
ni oración ni alabanza necesita.

No te invoca la mar cuando la ola
se agita entre las crestas de la espuma
ni te imploran jamás los lirios quietos.

Perdona Tú, Señor, si mi alma sola
por alcanzar la luz entre la bruma
se esfuerza en escribirte estos sonetos.
No me cabe duda de que el Señor se lo perdona a Enrique Barrero, y se lo agradece. Mi problema como articulista es qué hacen los lectores conmigo. Mi admirado colega Carlos Esteban leyó mi artículo de Alba y me aconsejó que escribiese, de vez en cuando, una columna muy frívola. Por supuesto, le he hecho caso, ¡como si a mí eso me costase nada, si me sale solo!

martes, 19 de mayo de 2009

Elogio de la exageración

Antonio Machado lo supo: “A las palabras de amor/ les sienta bien su poquito/ de exageración”. Yo estoy de acuerdo, y, todavía más, creo que una pizca de exageración también les sienta de maravilla a las palabras de crítica literaria. Ojo, no para adornarse (si el libro es bueno) o para cebarse (si el libro es malo), sino para ser más objetivos. A la exactitud por la exageración, sería el método.

Lo explico. Mientras examinamos un texto, procuramos usar un instrumental ponderado y aséptico. Por eso, una vez que un juicio se tiene claro, conviene sacudirlo un poco en un sentido o en otro, para soltar esa frialdad de analista que se nos puede haber quedado entre los dedos.

Además, sucede que el arte verdadero está vivo, y crece. Lo he comprobado con asombro: años después, el libro que reseñé se ha hecho mayor y más maduro que cuando fue sólo una novedad. Las críticas, sin embargo, no crecen y, si no les dimos unos centímetros de ventaja, se quedan cortas enseguida. Con los libros mediocres pasa lo contrario. Aunque nada más salir parecían algo más, luego, como no tienen vida, o se pudren o se momifican. Una crítica negativa tiene que prever que, si algo es malo, seguirá empeorando.

No creo que esta columna en La Gaceta de los Negocios la lean muchos críticos literarios, pero no importa. Para todos es esperanzador ver que lo bueno mejora, y cómo lo hermoso brilla cada vez más alto, ¿verdad?

lunes, 18 de mayo de 2009

Pensado durante la homilía de ayer...

Tras el furioso anticlericalismo de muchos intelectuales se esconde la envidia del púlpito y de los privilegios de la palabra sagrada y preceptiva, y la vanidad de pensar que uno lo haría bastante mejor... Como eso es natural, lo más sano es reconocerlo con su poco de ironía, como hizo Quintana, o como hizo Logan Pearsall Smith. Si uno se reconcentra, puede acabar como el cuñado de éste, Bertrand Russell o como tantos otros, pontificando con toda seriedad. Cuánto más sincera esta prosa de Smith:

....................EN EL PÚLPITO

El vicario tiene ciertos gustos literarios; en su juventud escribió una “Oda a la luna”; y acostumbra a hablarnos de las dificultades que encuentra al componer sus sermones, semana tras semana.

Ahora bien, siento que si yo compusiese y predicase sermones, de ningún modo me confinaría a los temas trillados del vicario. Yo hablaría de la ira de Dios, y haría sonar la Última Trompeta en los oídos de mi pecaminosa congregación, rasgando los cielos y paralizando la tierra con los truenos y eclipses y terremotos del gran Día del Juicio. Después, podría refrescarles con altas e incomprensibles doctrinas, fuera del alcance de la razón: la predestinación, la elección, la reprobación, las coexistencias y las coeternidades de la indemostrable Triada. Y con qué santa vehemencia exclamaría y gritaría contra todas las formas del error doctrinal, contra todas las execrables hipótesis de los enormes heresiarcas. Luego habría muchas, antiguas, ilustradas y extravagantes iniquidades que denunciar; y espléndidas, olvidadas virtudes que inculcar: la pobreza evangélica, y la virginidad, esa joya preciosa, esa delicada guirnalda, tan preciada en el Cielo, pero tan rara —dicen— en la tierra.

Entre la variedad de dogmas y normas morales, son los más altos picos los que brillan para mí con cierto esplendor. Hacia esos radiantes Alpes conduciría, si yo fuera vicario, a mi rebaño a pastar.

sábado, 16 de mayo de 2009

El ciprés

¿Conocen la anécdota de aquel caballero que cada año cruza la calle para preguntarle al vecino de qué color quiere que pinte su fachada? No sé si será cierta, pero está bien trovada. Es el vecino el que la va a contemplar cada día y es justo que él elija el color. Cuánta elegancia.

Lejos de mí usar tan hermosa historia como indirecta sobre el ciprés de mi vecino, y más teniendo en cuenta que él me podría sugerir, con más razón que un santo, una amputación de las cuerdas vocales de mis vivarachos perrillos. Pero el ciprés de mi vecino se seca y el que lo ve pudrirse soy yo. Teniendo en cuenta que un ciprés, por sí mismo, en todo su esplendor verdinegro, ya es el árbol de los muertos, y que Miguel Delibes comparó sus frutos con calaveritas pequeñas, imagínense la impresión que causa un ciprés redundando, esto es, muriéndose.

Un ciprés en condiciones apunta al cielo. Un ciprés agónico parece la muerte según un materialista: se empieza a pudrir por sus ansias de Más Allá. Esta primavera salgo al jardín, miro alrededor, veo el ciprés de mi vecino y me parece que estoy en noviembre. Para conjurar los malos espíritus y tratando de animar al ciprés, recito, por encima de la valla, a Machado: “Con las lluvias de abril y el sol de mayo/ algunas hojas verdes le han salido”. A ver si le da por emular al olmo, y yo puedo anotar en mi note-book la gracia de una rama verdecida.

viernes, 15 de mayo de 2009

Otra entrevista

Transcribo trozos de la entrevista que Patricia Bins realizó a Mario Quintana para la revista Leia de octubre de 1985.

PB—Qué diferencia hay entre el niño Mario y el poeta Quintana?
MQ—Ninguna.

PB— ¿Puede usted recordar su primer poema? Y el que escribió hoy, ¿cómo es?
MQ— No puedo recordarlo. Comencé a hacer versos en cuanto a aprendí a leer. Seguro que el poema no funcionaba. Aunque el poema de un niño poeta es siempre el mejor poema del mundo. No puede no serlo: es el primer y deslumbrado encuentro de un alma con la poesía. En cuanto al poema de hoy, prefiero no citarlo, porque existe el peligro de que haya sido un desencuentro…

PB— ¿Qué le irrita más de los otros? ¿Y de usted?
MQ— Las preguntas íntimas. Las respuestas evasivas.

PB— Le gustan las mujeres hermosas. Su primera musa, ¿quién fue? Y Bruna Lombardi [Desde 1976 siempre van juntos a las tardes de autógrafos], ¿de qué manera entró en el papel de sus amores?
MQ— Bruna es, ante todo, mi mascota. ¿Nuestros amores? Bruna no me ama, sólo me adora. Esto porque un desencuentro de los husos horarios abrió una diferencia de 48 años entre nosotros… ¡Una pena! Pero felizmente el Tiempo nos dio tiempo de encontrarnos aún en esta vida, de volvernos grandes amigos. No puedo quejarme… porque Bruna es una de esas personas que compensan la vida.

PB—El futuro, ¿cómo lo imagina?
MQ— El futuro es una especie de banco, en el cual vamos ingresando, uno tras otro, los cheques de nuestras esperanzas. Vaya, no es posible que todos los cheques sean sin fondos.

PB—Y su visión del otro mundo, ¿De Dios, dioses y de los ángeles? ¿Del Diablo?
MQ— Lo sabré cuando toque… Tengo hasta bastante curiosidad —pero ninguna prisa— de saber coómo será el otro mundo. Dios está en todas partes. ¿Por qué buscarlo en el ruido exterior? Si está en todas partes, está dentro de cada uno de nosotros y a cada uno le compete descubrirlo, darle la mayor parte posible en nuestra vida terrena. De lo contrario nuestro Dios interior puede hasta morir, como acontece con los ateos. los positivistas, todos los materialistas. Ellos no saben que son el sepulcro de Dios.
En verdad, no importa si la gente creo o no en Dios, sino si Dios cree en la gente. Por mi parte, sólo creo en la segunda Persona de la Santísima Trinidad, en el Dios vivo, pues tenemos testimonio histórico de que Jesucristo vivió entre nosotros.
En cuanto a los dioses paganos, murieron de hecho, porque los poetas dejaron de invocarlos.
De los ángeles no puedo dudar en absoluto, en vista de la insistencia con que aparecen en mis poemas.
¿Santo de mi devoción? San Jorge, con su caballo y su dragón. Soy muy devoto de los tres.

PB—¿Qué obras o que autores ama más?
MQ— Antonio Nobre, Cecília Meireles, Camôes, García Lorca, Apollinaire, Verlaine, Racine, Shakespeare, el Nuevo Testamento, Dostoieski.

PB— ¿Qué obra suya le dio más placer? ¿Y mayor angustia?
MQ— Todas.

PB— Considerado hechicero y mago, ¿qué siente ante el misterio de crear?
MQ— Deslumbramiento y susto. Digo susto porque, para decir verdad, nunca pasé de aprendiz de hechicero.

PB— Cierta vez, al recibir una invitación de Manuel Bandeira, respondió que sí, que iría, y añadió: “Su deseo es una orden, pero ni se imagina lo aburrido que soy en los intervalos de mis poemas”. ¿Es verdad, se halla usted aburrido cuando no está en estado de gracia?
MQ— Otros me encuentran aburrido cuando estoy en estado de gracia.

PB— En el “Quien es quién” está registrado que Marío Quintaan es un “patrimonio universal”. ¿Cómo encara la prueba concreta de su inmortalidad?
MQ— Yo siempre me consideré un ciudadano del mundo, pero ¡patrimonio universal? Eso es otro cantar. Se alguien se considera un patrimonio universal, será que está loco… o que es un genio. Yo, ninguna de las dos cosas. Pasa que estoy de moda, lo que me me asusta un poco, pues me desvivo preguntándome: “¿Hasta cuándo durará esta inmortalidadicilla?

jueves, 14 de mayo de 2009

Ubi sunt?

Luis Rosales hijo no me lo discutió, pero puso una leve cara de sorpresa cuando yo comenté que más que Leopoldo M. Panero me gustaba su hermano Juan Luis. Me hice el firme propósito de releer a ambos. [Parece que estas comparaciones consanguíneas [lo saben Manuel y Antonio] son tan automáticas e inevitables que hasta yo caigo en ellas, con lo que las sufrimos en carne propia Jaime y yo.]

Como recordaba, hay un momento a partir del cual Leopoldo María te vuelve loco, y ya no hay quien le siga. Sin embargo, no se va ahora de mi memoria un poema suyo en prosa que es otro maravilloso Ubi sunt? Si Piedad Bonnett escribía desde la perspectiva del profe, LMP lo hace desde la del antiguo alumno, y es desolador. Diría que es lo mejor de su obra, si eso no significase nada. Es más: un poema extraordinario, que bien puede compararse con cualquiera de su hermano o incluso de su padre.

...................AL OESTE DE GREENWICH

¿Qué se hizo de la Tabla de Bacon, de la Velocidad, de la Energía, qué se hizo? ¿De la ecuación tarde o temprano resuelta, del problema imaginario, de la circulación y de la sangre?... ¿Dónde, dónde el meridiano de Greenwich, el ecuador, los polos, dónde la Tierra de Fuego, las minas de carbón o de platino? Y la vida reducida a una combinación de carbono, de hidrógeno, de oxígeno…
Alguna vez creí en los glóbulos blancos.
Alguna vez creí en la gangrena y otras enfermedades localizables.
Alguna vez creí que Fleming nos había liberado.
Alguna vez creí que tras del experimento de Michelson y Morley todo había terminado.
Hoy…
“Es la hora profesor”, de pronto una voz ronca.
“Es la hora profesor”… Hace tanto tiempo que fue la hora.

Hoy… Cae torpe, vanamente, la nieve, cubre espacios desiertos, fina nieve de inútiles nombres y cifras.

Hoy… El Tiempo, el Espacio… Solos, sin ecuación posible.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Mi cuarto a espadas

Lo mío mejor es la emulación. Así que para ayer tenía pensado echar aquí mi cuarto a espadas, a lo Baltanás, con unas notas crítico-detectivescas sobre La señora Cornelia, la ejemplar novela de mosqueteros de Miguel de Cervantes. Pero el entuerto de Trinidad Jiménez, ministra malandrina y algo bruja, hizo que a toda prisa acudiese, espada en mano, en defensa de los desvalidos. Tenía previsto (y, ay, escrito) un artículo sobre el Papa y Tierra Santa, que se quedará ya en el limbo del archivo de mi ordenador hasta el día del valle de Josafat. En periodismo, cuántas veces lo urgente desplaza a lo importante. O mejor dicho, lo trágico a lo trascendente, porque importante es todo.

(Y así vamos, corriendo de un fuego a otro, acordándome de Marta de Betania, que no escogió la mejor parte, pero qué remedio. (Y a ver si María, la contemplativa, tiene un arranque fraternal y me inspira un poema, que eso sí que lo tengo, uf, desplazado.))

lunes, 11 de mayo de 2009

Ni pío pero Pío pía

Moa, menos mal, lo enlaza. En su blog, Baltanás, de su espléndido ensayo sobre La Tragedia de Calisto y Melibea, no había dicho ni pío, pillín.

Discrepo de Moa cuando critica que se llame novelesca a Melibea. En realidad es un punto clave de la argumentación de Baltanás, y por otro lado introduce de lleno al libro en la tradición que luego seguirá El Quijote de literatura contra la literatura. Pero se lo perdono a Moa, al que debo el placer de haber leído este ensayo. Si llega a ser por Baltanás nos quedamos in albis.

domingo, 10 de mayo de 2009

Art. autobiográfico

Y eso de que este año, que no podía, es el que más feriante me he sentido, es la pura verdad. Qué raro es uno.

sábado, 9 de mayo de 2009

Feria de mayo en El Puerto

La luna ha leído a Lorca
(como es lógico) y anoche
le dio por posar de rosa.

Pero cuando fui a cortarla
para prenderla del pelo
de Leonor, clamó indignada:

“Una rosa es una rosa
es una rosa, y yo soy
leída pero no tonta.

“Busca una buena gitana
y, señorito legítimo,
le compras por un buen pico
una rosa colorada…
Tú déjate de metáforas”.

viernes, 8 de mayo de 2009

Convaleciente

Lo natural es que duelan
los ojos... Son tan pequeños,
tan grande la primavera.

Cuando los tengo cerrados
no me duelen...
------------------ Sin embargo...

jueves, 7 de mayo de 2009

¿Y Dios qué piensa?

Qué hermoso alejandrino de Tomás Segovia, que vale por toda una poética y, si nos ponemos literales, para empezar una oración:

Sé que lo sabes todo pero ¿te he dicho ya

Últimamente, debe de ser la conciencia, todo me pone de rodillas. Porque qué me dicen de este otro alejandrino de Federico:
¡Qué tragedia tan honda!, ¿y Dios qué piensa?
Y eso es todo: interesarse por lo que Él piensa, decirle lo que ya sabe.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Bien de ojo

Me han echado un bien de ojo. La intervención, quitando los primeros momentos en que no me pusieron anestesia, ha sido un éxito. Al principio, el anestesista, en vez de hacer lo suyo, estuvo leyendo mi ficha con enorme atención y al ver que vivo en la calle Sorolla (y a mucha honra, por cierto), no se le ocurrió más que recordarme que tiene premio. Yo allí, con el aparato ese de la naranja mecánica para tener abierto el ojo, me partía de risa, vaya. Pensé: "El premio lo tengo yo contigo, macho". Pero no lo dije por el síndrome de Estocolmo que embarga siempre al que está en una camilla, con un babi y cercado por bisturís. Solamente pensé: "Y este señor tan saleroso, ¿cuándo me inyecta?". La doctora, ni corta ni perezosa, empezó con lo suyo, que es el corte, en plan El perro andaluz. La cosa, por lo visto, iba de película, pero yo tuve que elevar una tímida protesta. Y entonces el del premio, dejó de hablarme por fin de las gambas de Romerijo, y me sedó. Todo fue como la seda, a partir de entonces.

No es lo único que ha salido bien. La columnita de ayer en La Gaceta de los Negocios no salió. A veces les entra una inyección de publicidad, y se comen mi página. Yo me alegro por ellos y me jorobo por mí. En cambio, esta vez, a toro pasado, me he alegrado por ambos y mucho. Anoche un anónimo me puso un punto sobre la i la mar de bien puesto. La imagen del monstruo amoroso de ocho extremidades viene de Platón, como mínimo. ¿En qué estaría pensando cuando leí El banquete, que no me acordaba de eso? A los muy comilones, como yo, nos viene mejor el peripatetismo, que en la mesa nos distraemos. En cualquier caso, el dato echaba por tierra mi columna, porque, por un lado, la imagen de Tejada se tiñe de amor platónico (al menos en su guiño intertextual) y el pretendido homenaje implícito de Marzal es homenaje, sí, pero a Platón, y no a mi paisano Tejada. Qué suerte que no se haya publicado. Para la semana que viene mandaré otra columna. Uf.

Qué pena no haber hecho esto con la columna de hoy y no poderlo hacer con todas: publicarlas primero aquí, aprovechar vuestros comentarios para limpiar, fijar y dar esplendor y, finalmente, ir a la prensa con todo ya muy bien prensado. Para esto los blogs son una maravilla. Cuando el próximo me comente que sólo sirven para los bombos mutuos y la autoayuda a la autoestima, me autodescojonaré, con perdón.

Ah, al platónico anónimo de anoche, muchas gracias.

martes, 5 de mayo de 2009

El monstruo

Nota.- Como se puede leer en los comentarios, hice mi artículo sin recordar una referencia fundamental. Me borro y les dejo con los sabios comentarios.

Acción de gracias

Todo indica que volveremos a vernos con visión estereoscópica. Con el toro delante (y uf, qué córneas tan astifinas), me vinieron de maravilla vuestros ánimos y apoyos. Para entonarme ojeé Los héroes de Carlyle. Ahora, a toro pasado, me avergüenza un poco haberos alarmado de más, pero cuánto me acompañastéis. Gracias mil.

domingo, 3 de mayo de 2009

Última tarde con estereoscópica

Sé que la intervención quirúrgica no será para tanto (ni para tuerto), pero mi amor a los ritos me tiene aquí planeando la tarde muy cuidadosamente, por si es la última con visión estereoscópica. Iré, para empezar, al Prado, roca española, a rendir honores al Greco y a Velázquez. Luego al Reina Sofía, a la librería, claro. Como es sobrenatural, iré a misa y miraré con intensa emoción cuando alcen la Forma consagrada. Después, ya al borde del día, entraré en un cine: Ponyo y el acantilado es la película escogida. Cuando vuelva a casa (de mi suegra), ya por la noche, intentaré contemplar a Leonor a la luz de la luna. Y si Madrid no permite esos lujos agropecuarios, la contemplaré a la luz de las lunas de los escaparates, sonriente y azul, en su ambiente.

viernes, 1 de mayo de 2009

13

No os asustéis porque hoy hable de suicidio cuando ayer no más lo hacía de mis desgracias. Simple casualidad: me ha tocado el canto XIII del Inferno. De hecho, me he llevado, gracias a él, una alegría vivificante, dicho sea con todos los respetos. Como aquel país tan vasto, del que habló Aquilino Duque, en que las aves migratorias se convertían en autóctonas, mi admiración por la Divina Commedia apenas tiene límites. Pero alguno hay, como obra humana que, aunque parezca mentira, es. El límite que a mí me estrecha, o mejor dicho, me estrechaba es que en el infierno, por unas elementales exigencias de la estructura, Dante se vea obligado a poner a cada condenado en el compartimiento de un pecado. Se da la idea así de que cada persona se condenó por uno, el suyo. Esto, que sirve, indudablemente, para meditar sobre la gravedad de cada acto, y que le sirve a Dante para ir dispensando su piedad y su compasión por la ciudad doliente, es, en realidad, abusivo. Un abismo invoca a un abismo y, para irse al infierno, hay que tener el pack completo, como pasa, uf, con las virtudes y el Paraíso. Sin embargo, he vislumbrado que Dante se dio cuenta del problema. Por encima de la necesaria arquitectura de su obra, nos lo avisa con un guiño. A ver si lo veis tan claro como yo. Sabiendo lo que le interesaba al poeta la simbología de los números no nos puede pasar desapercibido que el canto XIII sea el dedicado a los suicidas. El 13, como se sabe, es el número de Judas, recordando el número que hizo en la Santa Cena. Por eso trae mala suerte que haya 13 comensales. Según Dante, Judas está en lo más hondo del Infierno, con los traidores, dando incluso nombre a su lugar; y, sin embargo, su sombra se balancea entre los suicidas. No se le nombra, pero ahí está, siniestra. ¿Sólo el número 13? No. Sobre todo, que el epítome del suicidio sea el ahorcamiento de un árbol. Dato que es mucho más significativo si caemos en la cuenta de que el suicida que lleva la voz cantante es Pier Della Vigna, que se mató dándose un tremendo cabezazo contra un muro; y el otro suicida que habla algo, Rocco dei Mozzi, se ahorcó, sí, pero en una viga de su casa. El asunto no es muy alegre, no, pero el genio del florentino no deja nunca de deslumbrarme.

jueves, 30 de abril de 2009

Náufrago en Sanlúcar

Todo me sale mal últimamente —así que si tienen otras cosas que hacer, dejen de leer esta entrada: no se perderán nada extraordinario. Seguro que me sale, además, prolija.

Me sale mal lo pequeño y lo mediano, lo importante sigue bien, no preocuparos. El otro día, sin ir más lejos, Leonor se apuntó a una excursión al Coto de Doñana con mis compañeros de instituto, y eso está fenomenal. Como ella sale tarde de la bodega, se llevó un bocadillo para remediar el almuerzo. A mí, en cambio, uno de los compañeros había tenido el alucinante detalle de invitarme a comer en el que considera el mejor restaurante de Sanlúcar de Barrameda, el Loli. No se lo iba a discutir, primero, porque he trabajado poco el famoso sector de la restauración sanluqueño; y segundo, porque a caballo regalado no le mires el diente, y a langostino, menos.

Pero, como digo, todo me sale mal. Después de repetidas revueltas por retorcidas callejuelas, di (tarde) con el restaurante Loli, que estaba cerrado a cal y canto por descanso semanal. Echo mano del móvil, llamo a mi compañero y mecenas y, vaya, sale una chica muy amable, con acento catalán. Vuelvo a intentarlo, y vuelve a salir la chica que me asegura que no conoce de nada a Pepe Sánchez Rivera. O sea --llegamos a la conclusión juntos, entre ella y yo-- que he apuntado mal el teléfono.

Me encontraba solo en Sanlúcar, mal aparcado, hambriento, a una hora y media de que llegase Leonor y de que saliese el vapor que nos llevaría al Coto. Ponerse a buscar colegas por el laberinto de los restaurantes sanluqueños era pensar lo excusado: imposible y un punto patético. Acabé en un McDonal’s.

Como entenderéis fácilmente, me sentía de pena. Para colmo, pensando en la alegre camaradería alrededor de los langostinos, no me había llevado el libro que paseo ahora (Will this do? de Auberon Waugh). Por suerte, en la cola del McDonal's, recordé que había recibido un libro esa mañana, y que lo tenía en el coche. Volví a por él y rasgué el sobre con ansiedad. Se titulaba, muy apropiadamente, Las cuartillas de un náufrago. Me inundó un agridulce sentimiento de empatía.

Nada más hojearlo, di de bruces con una cita de Claudio Rodríguez que ya conocía y que a él lo explica muy bien, pero que en mis circunstancias me pareció tremenda: “Miserable el momento si no es canto”. Todo apuntaba a un hundimiento emocional. Sin embargo, tuve un satori en la hamburguesería: "Mejor", me dije, "miserable el momento si no es santo", más en Bloy (“Sólo existe un dolor y es no ser santo”) que en El don de la ebriedad, es cierto, pero más en mi mano también. Bendije la mesa. El libro, de Jesús Aparicio, por otra parte, me gustaba, oye, y el Mc Royal (snob que es uno) se dejaba comer. Como estaba pegado al ventanal y hacía calorcito, leí con emoción este final de poema:
Aquí y ahora
te invita a su mesa
un sol descalzo.
Y ya puestos, cómo no sentirse interpelado, entre tantos fritos, ante el saludable “Un círculo de fruta”:
[…]
La fresa en primavera.
[…]
El melón en verano.
[…]
Las uvas en otoño.
[…]
La naranja en invierno.

Cada fruta a su tiempo.
Cuando me di cuenta, se me había acabado el tiempo y tenía que correr hacia Bajo de Guía para no perder el vapor. Allí estaban todos, también mi frustrado anfitrión. Saludos y disculpas. Con el tiempo justo, apareció Leonor, y embarcamos rumbo a Doñana. Yo había toreado esas dos horas astifinas y, a partir de entonces, me apliqué la frase de Thoreau: "No es fácil escribir en un diario lo que nos interesa a cada momento, pues escribirlo no es lo que nos interesa", y cerré el block de notas hasta peor ocasión.

miércoles, 29 de abril de 2009

Ayer Trivial cultural en mi IES

Pregunta: ¿Cuál fue el otro nombre de san Pablo?
Respuesta [con toda la emoción de “Ésta me la sé”]: ¡Sauron!

[Y uno se imagina el respingo de Tolkien en el cementerio de Wolvercote. Y la risa de san Pablo en el Paraíso.]

Antirretrovirales

En el artículo de hoy hablo del Decamerón porque es verdad que no lo he leído (como demuestra, ay, que me haya comido una c de Bocccaccio de un mordisco). Lo leeré ahora gracias a que a la ocasión la pintan calva con esas recomendaciones de aislamiento de sabor bajomedieval. También podría haber hablado de El cuaderno gris, cuya espita la enciende precisamente la gripe española, a la que con más memoria histórica que prudencia mentó ayer la OMS. Y qué bonito que aquellas dos epidemias tremendas nos hayan dejado dos obras extraordinarias. Como hijo de farmacéuticos (igual que Mario Quintana), no dejo de espantarme ante esta capacidad de la literatura de reaccionar frente a las enfermedades, a veces incluso de curarlas. El hombre, ¡cómo saca bien del mal!; aunque yo sigo prefiriendo ahorrarme el mal, eh.

martes, 28 de abril de 2009

Ricorditi di me

He vuelto a mi vieja universidad, que no es vieja. El viejo empiezo a serlo yo, y por eso a mi universidad, aunque sea en primavera, la veo entre las neblinas románticas de la lejana juventud. Lo bonito ha sido que en dos ocasiones dos compañeros de entonces me han reconocido por la calle a pesar del tiempo pasado y de los kilos ganados. Esos saludos afectuosos suyos han sido una sorpresa y han producido un efecto rejuvenecedor que ríete del aloe. Mis años de estudiante no fueron —por lo visto— una raya en el agua…

Yo, que tengo una memoria muy mala, he visto claro que quien se acuerda de ti te hace un regalo. He recordado entonces que siempre me emocionó aquel verso de la Divina Commedia con el que el alma de Pia de Tolomei le ruega a Dante en el Purgatorio: “Ricorditi di me, che son la Pia”. El lector siente que ella le pide una gran misericordia. Y ya lanzado a los recuerdos sobre los recuerdos, he recuperado las palabras del buen ladrón en el Calvario, que no fueron otras, ni más ni menos, que éstas: “Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”.

Emociona comprobar que, entre tantos asuntos urgentes que reclaman nuestra atención, entre esas contraseñas y pines numerosísimos que no podemos olvidar bajo ningún concepto, entre los nombres propios y los cumpleaños de nuestros jefes y entre las continuas distracciones de la incesante actualidad, en la cabeza de alguien se defendió mi nombre y dos o tres anécdotas comunes durante más años que la guerra de Troya. Quien te recuerda te bendice; ahora lo sé bien; se me había olvidado.

domingo, 26 de abril de 2009

La prosa

Leo duerme y yo leo hasta que cae un trozo de papel muy bien doblado de entre las páginas del libro. Es una lista antigua de la compra escrita con su letra, que es muy buena, y empiezo sin querer a pensar que ha muerto [siempre tengo presente —perdonadme— la biografía rasgada de Leonor y Machado por las mismas razones idiotas pero inevitables por las que hay quien me asocia a Cien años de soledad] y al leer la nota —aquel encargo que quizá no hice o que seguramente haría protestando— comienzo a verme viudo, triste, cansado, pensativo, viejo y, desde luego, solo. Y con el corazón en vilo, releo:

Patatas para cocer y para freír
Zanahorias
Leche evaporada
Ideal
Avecrem
Requesón
Lechuga
Lechuga
rizada
Nueces
Canónigos
Tomatitos cherry
y siento un estremecimiento que me salta las lágrimas. Jamás ningún poema mío consiguió conmoverme tanto como esta noche esta lista de la compra. La muerte, el tiempo, la desgracia la han convertido en un poema único porque pudieron hacerlo de un plumazo. Pero Leonor duerme a mi lado y yo por una vez me alegro de que no todo en casa sea poesía.

De que exista la prosa.

viernes, 24 de abril de 2009

Huella española

Si recuerdan ustedes mi último artículo (lo que les agradecería de corazón), nos encontrábamos mi mujer y mecenas y yo en Sicilia, en Palermo, saliendo de los oficios del Viernes Santo de La Martorana. Muy cerca está el Ayuntamiento, en un palacio llamado de las Águilas porque en sus esquinas tiene unos poderosos escudos de España, sí, de España, que sostienen unas orgullosas águilas, dicho sea con perdón.

Sicilia ni puede ni quiere ocultar que fue española muchísimo tiempo. De hecho, lo fue, si nos ponemos puntillosos, antes que España, porque era aragonesa desde el siglo XIII. Por supuesto, ha sido más cosas, incluso indígena, sicana y sícula, y luego griega, romana, bizantina, musulmana, normanda y, tras tres siglos hispánicos, finalmente italiana. El resultado es único.

Podría mantenerse que tanta presencia española obedece a la pereza por ir borrando huellas, cambiando nombres de calles y desmontando monumentos. Por ejemplo, del enorme escudo de España que preside la Porta Nova algún día se cayó una de las dos columnas de Hércules, las del plus ultra. Caída ha quedado. Ahora es un escudo mono-columnista, con lo que no queda nada ultra, sólo plus. Pero qué estupenda la pereza si sirve para dejarle un futuro a la historia, y no como aquí, con nuestros diligentes dirigentes, sacando enérgicas leyes de memoria histórica para borrarlo o emborronarlo todo.

Lo que ha sido, fue; y empeñarse en olvidarlo sólo puede conducir a retorcidos complejos freudianos. Los sicilianos, desde luego, complejo no tienen ninguno. Se alegran de veras de saberte español y, por si eres víctima de la LOGSE, te explican a las primeras de cambio la compleja historia en común con extraordinaria simpatía, mientras te meten en el coche —si te descuidas— para llevarte al restaurante por el que acabas de preguntarles o a otro. Claro que para no tener complejos debe de ayudar bastante haber sido la Magna Grecia, nada menos.

La semana pasada reconocía que no arranqué con muchas ganas de viaje. Pero si a las ruinas griegas, a los mosaicos bizantinos, a la Anunciación de Antonello da Messina, se une la arquitectura civil de influencia española, que también se deja sentir y cuánto en ese barroco encendido de sus iglesias —a rebosar, por cierto—, ¿quién no se entusiasma? Diría que con tanta huella, yo, tan español incorregible como Menéndez Pelayo, acabé sintiéndome como en casa. Pero ojalá: en casa no se siente tanto a España.

jueves, 23 de abril de 2009

Todo es para siempre

Primero pensé poner mi prólogo, pero me ha parecido demasiado largo. Demasiado largo para el blogg, ojo, porque en cantar las alabanzas de Pedro Sevilla se queda bien cortito. Por suerte, en esta recién estrenada antología de rayas de Renacimiento el poeta se defiende solo. Para muestra un soneto inédito; y entre sus aciertos --valdría el primer verso, sin ir más lejos, con su rima interna, para empezar, y su aliteración--, yo me quedo con la fuerza poética del "sin embargo" justo en el eje del poema, distendiendo la cara de lápiz profesional del Hermano Isidoro hacia la clarividente misericordia. Por último, las once sílabas finales del dictamen del fraile valen por todo un prólogo, ¿verdad?

Ahí va el soneto de PS:

................CLAUSTRO DE PROFESORES

Primero me probaron de portero...
En mayo me ingresaron en el coro
por si había en mi voz algún tesoro,
e incluso me tentaron para el clero,

mas pronto se hizo público el certero
informe del Hermano Isidoro:
"Ni clero, ni balón, ni voz de oro.
¡Es el niño más tonto de Tercero!

Sin embargo, fijaos cómo le brilla
la mirada si copia en su cartera
unas rimas que enlaza y agavilla

con impropia nostalgia, con inquieta
y letal persistencia... Este Sevilla
salió, ¡vaya por Dios!, salió poeta".

miércoles, 22 de abril de 2009

La maldición del diario

Los demonios del diarista no son ni su trabajito de hormiga, cada día un trocito, y al otro día otro trozo, y otro al otro; ni que la cigarra, en vez de cantar lo suyo, le cante las cuarenta con un queme extraño. Eso está bien y él lo ha querido.

Su única maldición consiste en pensar que, cuando no se le ocurre nada, no le ocurre nada. Confundir la falta de inspiración con la de respiración. Olvidar que el interés de su día no depende del interés de su diario.

Dante

Ya sabéis que cuando la actualidad me ataca, leo la Divina Commedia, así que gracias a Chávez, imparable bilateral, he vuelto al Inferno. Bueno, y al Día Internacional del Libro, que también me ataca los nervios.

(Y para decir toda la verdad, reconózcamos que el viaje a Sicilia me animó a la relectura.)

martes, 21 de abril de 2009

Mala follá, una hipótesis

En mi reciente visita a Granada no he tenido ni una sola experiencia directa de la proverbial mala follá de los granadinos, sino todo lo contrario. Llegaba tarde a todas partes porque las personas a las que preguntaba cualquier dirección eran tan amables, te la explicaban con tanto lujo de tantos detalles, con tanta premiosidad, que te daban las tantas, nunca mejor dicho. Sin embargo, creo que estoy en condiciones de aventurar una hipótesis del origen de ese estado de ánimo tan, por lo que cuentan, característico.

Paseando por la ciudad, quizá porque era entre semana y primavera, percibí como nunca el ambiente universitario. Y cuando digo como nunca incluyo mi visita guiada a Oxford e incluso mis años en Pamplona, mi sancta sanctorum académico. Cuando estudiaba en la Universidad de Navarra lo vivía todo desde dentro, pero ahora lo veía desde fuera, desde muy fuera, y ahí estaba la clave.

Una juventud tan nueva, y entre unos edificios tan viejos y solemnes, por lo que el contraste resulta mayor, es un recordatorio incesante y creciente de que uno ya no es joven, no. Los granadinos, aunque estén en su ciudad, y bien bonita que es, siempre tendrán la sensación —como la tuve yo— de destierro, de expulsados de un paraíso en el que, para colmo, viven. Yo he estado allí sólo dos días, pero me di cuenta de que un poco de mala follá es lo menos que te entra.

domingo, 19 de abril de 2009

Ser hombre y ser poeta

A Franco Loi me lo recomendó d'Ors hace dos años. Compré por internet un libro suyo, pero estaba en dialecto milanés, con versiones del autor al italiano, y no entendí ni papa. Ahora Pre-Textos publica una traducción realizada por Esther Morillas, que es una poeta en prosa a la que tengo en mucha consideración. Se titula perfectamente Ser hombre y ser poeta.

Como me he encontrado a varios visitantes que hacen caso de mis comentarios críticos y hasta se compran los libros que menciono, seré extremadamente sincero, a pesar de lo incómodo que resulta. El libro tiene muchos versos memorables y cinco poemas extraordinarios, cinco, pero qué poemas. Además del que copio de la pág. 212, pueden encontrarse los otros en las páginas 127, 151, 173 y 187. A mí cinco poemas me compensan un libro, pero ya eso depende de cada uno.

Y ahora, mi poema preferido:
¡Cómo me gusta el mundo! ¡el aire, su respiro!
¡árboles, hierba, sol, casas, hermosas calles,
la luna que se aparta, la hiedra entre las casas,
me gusta lo salado del mar, los disparates,
las copas entre amigos, los abetos con viento,
y todo lo de Dios, también las pequeñeces,
los tranvías que pasan, los cristales que brillan,
los hombros que de prisa van con los ojos bajos,
la mujer que te altera lo que sientes:
está allí, el mundo, es como si esperase
que tú lo mires, que le prestes atención,
que está siempre pero olvidarlo es fácil,
distraerse pensando, adormecerse…
Pero cuando aparece la sombra de la noche,
¡cómo te llama el mundo! cómo ampliado
ese cielo te cubre con su auténtica
belleza sin fingir al pensar en sí mismo,
y pleno entonces cambias de semblante.

viernes, 17 de abril de 2009

Autóctonos

En el corazón de Palermo, está —esplendente de arte bizantino— la iglesia de Santa María del Almirante, más conocida como La Martorana. Y allí dentro estaba yo el Viernes Santo, a pesar de que no me gusta el turismo, esa manera incómoda de no enterarse de nada. Lo había advertido a menudo, pero no fue óbice para que mi mujer me regalase un viaje por mi cuarenta cumpleaños. “¡Toma!”, dijo al darme los billetes. Y por eso estábamos allí los dos, dispuestos a asistir a los oficios, según el rito griego heredado de san Juan Crisóstomo y san Basilio.

La liturgia era riquísima; el brillo de los mosaicos deslumbrante; los olores a incienso y perfume, embriagadores; los cantos, tan hondos que me arrastraron al pozo donde se abisman la soleá y la saeta. Siguiendo a nuestros compañeros de banco, nos santiguábamos sin cesar, nos levantábamos, nos sentábamos. Entender, entendíamos poco. Apenas los rasgados Kyrie Eleison y, de pronto, algunos alegres Alleluia, con que alternaban los lamentos, supongo que como un presentimiento de la próxima resurrección. Lo supuse, y recordé la graciosa copla de Muñoz Seca: “Virgen de la Macarena/ ponte la cara bonita,/ que ya sabemos to er mundo/ que el Domingo resucita”.

Pero antes de la Resurrección había que pasar por la tumba. En un momento dado, todos los fieles desfilamos por debajo de un icono que representaba el Santo Entierro, y que sostenían dos sacerdotes barbados como popes. Teníamos que inclinar la cabeza mucho y agacharnos; y la sensación era, talmente, la de descender a una gruta muy profunda. Se erguía uno impresionado.

Justo antes habíamos salido a la plaza en procesión con ese mismo icono, simbolizando el traslado del Cuerpo de Cristo hasta el Sepulcro. Dos mujeres llevaban enormes jarrones de flores, un diácono incensaba, otro asperjaba agua de rosas y todos cantaban canciones antiquísimas. Los turistas nos hacían fotos, completamente atónitos. Ante la extrañeza del público, que nos miraba sin dar crédito a sus ojos, mi mujer me susurró: “Y nosotros en la procesión, como los más autóctonos del lugar”.

Así era. Pertenecer a la Iglesia es encontrarte en casa en cualquier rincón del mundo, en cualquier idioma, con cualquier rito. Pertenecíamos, efectivamente, a la comunidad. Éramos, ¡aleluya!, todo lo contrario que unos turistas.

jueves, 16 de abril de 2009

Poema

Pocos habrán cumplido mejor el sueño de Jaime Gil de Biedma de no ser poeta sino poema, pocos mejor que mi compañero de conferencia de esta tarde, Luis Rosales Fouz, el hijo de Luis Rosales, llamado en sus poemas Luis Cristóbal. Es un personaje principal de su poesía, especialmente, nada menos, de El contenido del corazón y de La casa encendida. Como si fuera poco, Dámaso Alonso le dedicó un poema que, aunque parece un juego, uf, tiene tela. Ha sido siempre una guía en mis relaciones con mi sobrino.
LOS CONSEJOS DE TÍO DÁMASO A LUIS CRISTÓBAL

Haz lo que tengas gana,
Cristobalillo,
lo que te dé la gana,
que es lo sencillo.

Caso nunca les hagas
a los mayores.
Los consejos de Dámaso
son los mejores.

Tira, mi niño, tira,
si te da gana,
los libros de papito
por la ventana.

Cuélgate de las lámparas
y los manteles,
rompe a mamita el vaso
de los claveles.

¿Que hay pelotón de goma?
Chuta e impacta.
¡Duro con la pintura
llamada abstracta!

Rompe tazas y platos
¡viva el jolgorio
y las almas benditas
del purgatorio!

La mejor puntería
te la aconsejo
si es que se pone a tiro
cualquier espejo.

Aún hay más divertido:
coge chinillas,
y con un tiragomas
¡a las bombillas!

Pero ahora se me ocurre
algo estupendo,
donde papá se encierra
vete corriendo.

¡Macho, cuántos papeles!
Tú, con cerillas,
vas y a papá le quemas
esas cosillas...

¡Verás qué cara pone!
¡Qué gracia tiene!
Anda, sin que te vea,
mira que viene.

Vamos a divertirnos
tú y yo, mi cielo.
Es un asco este mundo:
conviene que lo

pongamos boca abajo.
¡Es tan sencillo!
Vamos a hacer un mundo
nuevo, chiquillo.

miércoles, 15 de abril de 2009

Magia

Ayer tenía que contrastar un último dato de la conferencia que doy mañana sobre Rosales. Abrí el libro de Antonio Sánchez Zamarreño que había zamarreado a base de bien hace unas semanas, y todo lo que leía de paso (que ya había leído) me sonaba a más hondo, le detectaba un enorme interés y más conexiones. “Claro”, suspiré, “eso es porque los libros hay que leerlos dos veces: de ida y de vuelta”.

No tenía demasiado mérito esa conclusión porque ya en Sicilia nos dimos cuenta que cada vez que nos pateábamos una calle de nuevo le descubríamos (como la misma expresión —y ahora, después de haberla usado miles de veces, caigo— indica) le veíamos, digo, algo —tatatachán— nuevo. ¿Cuántas veces tendríamos que pasar para que la calle, nos preguntábamos en Sicilia, nos revele todos sus secretos?

Y ahora que he vuelto a mi pueblo, pienso al cruzar por sus calles con gesto melancólico, ¿cuántas veces he tenido que pasar para que se volvieran —nada por aquí, nada por allá— invisibles?

martes, 14 de abril de 2009

La pascua

Si ahora estoy aquí, donde ustedes me leen, tecleando esto desde mi despacho, es gracias a que mi mujer ha salido sola a hacerle unas compras a mi madre, esto es, a su suegra. Compras que me tocaba hacer a mí, como es natural. Ha ido ella para que me dé tiempo a escribir este artículo, fíjense. Y ha conseguido congelarme los dedos por la responsabilidad. ¿Qué columna estará a la altura de su detalle?

Y no es sólo eso, que al fin y al cabo el matrimonio es entrega. Ayer cené un lenguado a la plancha —valga la redundancia—, gracias a cuyo fósforo y proteínas estoy esta mañana a pleno rendimiento de mis facultades mentales. Muy lejos de mí el vegetarianismo, pero un respeto —me exijo y no completamente en broma— al sacrificio de aquel lenguado. Que lo que yo haga con su aporte energético sea digno de él. Lo ideal sería que el lenguado pudiera enorgullecerse de estas líneas.

La responsabilidad nos tiene rodeados. No solamente a los columnistas cuyas mujeres van a la compra por ellos y que cenaron lenguado a la plancha, sino a cualquiera. La vida es un regalo que unos y otros nos hacen sin solución de continuidad. Uno nos la regala, es cierto, más que los otros, pero todos contribuyen. Los cenizos —como Cioran— piensan que así nos hacen la pascua, pero nos hacen la Pascua, un regalo impagable, y al que tenemos que intentar corresponder, aunque no podamos, porque ahí está la gracia. ¡Feliz Pascua Florida!

lunes, 13 de abril de 2009

Obligación ennoblece

A primera hora de la tarde del Sábado Santo, a las tres, yo estaba a la derecha del altar mayor de la Catedral de Monreale, Sicilia, ante la tumba de san Luis IX, rey de los franceses, cruzado de Cristo. El rey ya no está allí, salvo su corazón, que se encuentra en un cofre de hierro bajo el altar. A las tres de la tarde, por tanto, justo a mi espalda.

Y a mi espalda oí, de corazón a corazón, un lema o motto que me pareció tan bien que ya es definitivamente el mío: Obligación ennoblece.

domingo, 5 de abril de 2009

La vida en diferido

Hoy sale el artículo que escribí el miércoles y el miércoles saldrá el artículo que he escrito hoy. A las 3.30 salgo de procesión, y, entre unas cosas y otras, tengo que pensar el artículo que escribiré mañana y que publicaré el Domingo de Resurrección. Las razones de todo este jaleo las explicaré pronto, pero, mientras tanto, me sirven para una reflexión generalista: vivimos con un pie en el pasado, otro en el futuro, el cuerpo en el aire y la cabeza en las nubes. El gran ausente es el presente, pobre.

Y para intentar, aunque sea haciendo una ficción, acercarme a mi vida actual, pongo trampolínk al artículo que he escrito ahora, sintiendo (mucho) lo de ahora, según lo de ahora, aunque vaya a salir, como digo, el miércoles, que estaré Dios sabe dónde. [Eso sí, cuando me vaya a las 3 a la procesión, el artículo se autodestruirá, por respeto al Grupo Joly, que me lo paga.]

sábado, 4 de abril de 2009

Justo por eso

Esta tertulia que nos traemos en la blogosfera ha ido creciendo hasta límites ingobernables. Y nuestros amigos no se pueden contar ya con los dedos de las manos, aunque uno mantiene los enlaces primigenios en su columna de la derecha como un homenaje a los merry old times. Ante tanta abundancia, no me extraña que con frecuencia clamemos contra la entrada diaria, que nos exige mucho, como escritores y, sobre todo, como lectores, y que empuja a la vieja corriente abajo. Estoy totalmente de acuerdo con esos argumentos, totalmente, y tanto que justo por eso escribo a menudo mi nueva entrada, para que la vida siga, para que la imperfección de hoy tape la de ayer.

viernes, 3 de abril de 2009

El misterioso caso del cura ubicuo

Uno protesta de cuánto Chesterton ocupa los escaparates de las librerías y, sin embargo, a las primeras de cambio, no hace otra cosa que echar de menos al padre Brown. Él podría resolver el misterioso caso del famoso cura ubicuo.

Se habrán fijado ustedes. No hay heterodoxia a la que amigos, conocidos o saludados no se apunten que deje de tener todas las bendiciones de —aseveran— “un cura que yo conozco”. Según ese cura que yo jamás me he encontrado pero por lo visto tan conocido, unos amigos nuestros se consideraban dispensados de cumplir la abstinencia de los viernes de cuaresma, residuo de los siglos oscuros, explicaban, mientras le daban al jamón que luego pagaríamos entre todos. Y eso es sólo un botón de muestra. Ese cura afirma que, si hay amor, las relaciones prematrimoniales, por supuesto; que los anticonceptivos, si hay amor, valen; que los divorcios, si no hay amor, vaya, y si hay otro amor, pues claro, qué remedio. El tan amoroso clérigo ubicuo está también —me lo han contado— a favor de la fecundación in vitro, del aborto en casos puntuales, de relativizar hasta extremos anonadantes el precepto dominical, y en contra del dogma de la infalibilidad, aunque él, según creen quienes le conocen, no se equivoca nunca.

Pero ese cura archiconocido, ¿existe? ¿O se lo han inventado entre unos y otros? Tal vez no se lo hayan inventado, pero lo han rebuscado, como hace el diario El País con sus teólogos (y últimamente con sus científicos). Después de revolver por todas las sacristías de España, alguno habrá dado con alguno que le habrá dicho, o sólo a medias, o un cuarto de mitad, lo que quería; y así ha calmado su conciencia, que no calificaré de inquieta, aunque no encuentre asiento. Después la voz se ha ido corriendo y “un cura que yo conozco” es, en realidad, “el cura que parece que conoce uno que conoce un conocido mío de oídas”. En cualquier caso, no me extraña: con lo que charla el hipotético cura es lógico que no haya tenido tiempo de hojear el Catecismo de la Iglesia Católica, ni tan siquiera el Compendio.

El padre Brown, más optimista que yo, no se habría creído de esa misa la media. En “La cruz azul” desenmascara a un falso sacerdote porque habla mal de la razón y la ciencia. El padre Brown desconfiaría, con razón, de la autenticidad de alguien que ha entregado su vida por una doctrina y una fe que luego destroza. Y realmente es raro.

jueves, 2 de abril de 2009

Ubi sunt?

A Piedad Bonnett, a la que le reseño, hala, Las herencias (Visor, Madrid, 2008), lo que más le admiro es el título para una antología: Lo demás es silencio (Hiperión, Madrid, 2003). Y no le va a la zaga el poema que viene a continuación, sobre todo ahora que a muchos alumnos, que se van a la Formación en Centros de Trabajo, les voy diciendo con impensable melancolía "adiós".

................LOS ESTUDIANTES

Los saludables, los briosos estudiantes de espléndidas sonrisas
y mejillas felposas, los que encienden un sueño en otro sueño
y respiran su aire como recién nacidos,
los que buscan rincones para mejor amarse
y dulcemente eternos juegan a la ruleta rusa,
los estudiantes ávidos y locos y fervientes,
los de los tiernos cuellos listos frente a cualquier espada,
las muchachas que exhiben sus muslos soleados
sus pechos, sus ombligos
perfectos e inocentes como oscuras corolas,
qué se hacen
mañana qué se hicieron,
qué agujero
ayer se los tragó,
bajo qué piel
callosa, triste, mustia
sobreviven.

miércoles, 1 de abril de 2009

Mala bares

Hace dos años, veíamos siempre, cuando paseábamos a los perros por la playa, a una chica nerviosamente guapa muy aficionada a los malabarismos. La primera vez nos llamó la atención [a mí me la habría llamado de todos modos, confieso] porque lo hacía mucho mejor que su pareja, un joven que ponía gran interés, pero al que se le caían los montones de mazos continuamente. A veces se hacía daño en una mano y la sacudía de arriba a abajo y se la soplaba como si se hubiera quemado. La chica le reprendía y le daba enérgicas lecciones. Poco tiempo después, ella seguía allí, con sus mazos innumerables y sus malabares, pero el chico era otro. Y otro. Y tal vez otro. Recuerdo que alguno de ellos se extenuó, y se tumbó en la arena, con los brazos en cruz, mientras ella seguía dándole vueltas y revueltas a los mazos por los aires con un hermoso mohín de reprobación. Después dejamos de verla, y a mí me gustaría saber si buscó otro escenario para sus malabares o si renunció a ellos por amor.

[Esto lo hubiese incluido en mi artículo de hoy, pero se me ha caído.]

martes, 31 de marzo de 2009

Prólogo y reseñas


Uno siempre vuelve a donde fue feliz. Por eso compro todos los libros de y sobre Julián Ayesta. Su pequeña novela Helena o el mar de verano está entre mis favoritas, y es muy probable que, si alguna vez tengo que hacerle a usted algún regalo —porque me invite a cenar, por ejemplo—, aparezca con ese librito de Ayesta bajo el brazo.

Me he comprado, por supuesto, Dibujos y poemas de Julián Ayesta, editado por Trotta. La primera impresión es decepcionante, dicho sea sin remilgos. Antonio Pau en el prólogo califica (con benevolencia) a los dibujos de garabatos (porque tienen gracia, explica). Garabatos a los que, para colmo, dejan en evidencia los deliciosos cuadros de Dufy que pueblan el volumen. Los poemas son indiferentes, esto es, ni tan siquiera rematadamente malos.

Sin embargo, el libro merece la pena, porque esconde un buen puñado de felicidades. El propio prólogo de Pau es muy interesante y, tras repasar muy objetivamente la trayectoria de Ayesta posterior a Helena, comentando una prosa poética final, que recupera su estilo primero, remata con esta confesión: “¿Pueden aparecer de pronto treinta, cuarenta líneas que ignoran —afortunadamente, habría que decir, quizá en voz baja— una evolución de medio siglo?” Junto al prólogo y a la prosa mencionada, son extraordinarias la carta de Ayesta a su editor y sus reseñas teatrales, llenas de frescura y perspicacia. Lo peor del libro es su título, que destaca lo peor. Tendría que haberse llamado Prólogo, prosa, carta y reseñas.

lunes, 30 de marzo de 2009

Blogger me lee el pensamiento

¿Misterios de la informática? Sí, pero mentiría si dijese que no sé porqué blogger ha colocado en el sábado la entrada que ahora mismo acabo de escribir. Simplemente la había pensado entonces, aunque la dejé para hoy. La máquina, no me pregunten cómo, me ha leído el pensamiento.

domingo, 29 de marzo de 2009

Admiraciones hay muchas

Admiramos a muchos, y además no del mismo modo, naturalmente. Hay textos, por ejemplo, que me gustan a morir, pero que no incluiría en un libro mío ni regalados; en cambio, otros, que me gustan a morir, pero de otra manera, los admiro algo agridulcemente, con la pena de no haberlos escrito yo. Eso me pasa con este poema que me mandó por e-mail Rafael García Angulo, y que corto y pego aquí con la esperanza de que se me pegue algo:
-----------CENICIENTA

Si encajaste tu pie en aquel zapato
y fuiste la escogida, y no era un sueño
¿porqué sigues temblando cada noche
cuando suenan las doce campanadas?
¿Un ejemplo de lo contrario? Vale, os pondré unas frases aceradas de Cioran, que me encontré precisamente ayer, que no comparto en absoluto, aunque mi admirado Borges era de la misma opinión, y que vienen sobre todo muy bien para documentar mi artículo de hoy. Así veis que cuando hablo de aversión a la paternidad y contravalores del 68 no lo hago a humo de pajas:
La única cosa que me precio de haber comprendido muy pronto, antes de cumplir los veinte años, es que no había que engendrar. A eso se debe mi horror del matrimonio, de la familia y de todas las convenciones sociales. Es un crimen transmitir las taras propias a una progenitura y obligarla, así, a pasar por las mismas duras pruebas que nosotros, por un calvario tal vez peor que el nuestro. Dar vida a alguien que heredaría mis desgracias y mis males es algo que nunca he podido consentir. Todos los padres son irresponsables o asesinos. Sólo los animales deberían dedicarse a procrear. La piedad impide ser "genitor": la palabra más atroz que conozco.