jueves, 16 de mayo de 2013

Cumpleaños y más


Hoy pensaba celebrar el cumpleaños por lo civil de Carmen con una enumeración pedagógica: todo lo que ha aprendido en estos tres años: andar, hablar, comer sola, saltar, tener amigas, encender la tele, ¡apagarla!, contar un cuento, recitar un poema, inglés... Pero estoy estremecido de pena y de alegría por la entrada Francisco Alba en la que felicita a su mujer, que ha perdido, por su cumpleaños. Así es: siempre celebraremos los cumpleaños de los que amamos, pase lo que pase, y después, cuando dejemos de contar el tiempo y ya no haya cumpleaños, lo celebraremos todo, tras el muro infinito. Así estaba yo, conmocionado, cuando, buscándole un poema a Suso, encontré éste de José Jiménez Lozano, que incidía:
PROTESTA 

La vida es para siempre, Dios,
 
¿ya no te acuerdas? 
Y santa Rita, Rita, 
lo que se da no se quita, 
o no juego contigo a más vida 
ni tampoco a más muerte. 
Siempre me haces trampa, 
me prometes, 
no te devuelvo nada, ya no es tuyo: 
Santa Rita, Rita, 
lo que se da no se quita, 
¿no te acuerdas?

Si volviéramos a bautizar a Carmen, le añadiría también el nombre de Rita a su C., su otra C., su B, y su G, para dejar las cosas claras. Ya no es posible --así de irreversible es el bautismo--, aunque con otra niña no lo dudaría. Pero el caso es que lo que se da no se quita, y que la vida, que celebramos hoy y muchos otros días, es para siempre, como a thing of beauty, gracias a Dios. 


miércoles, 15 de mayo de 2013

La elegancia de la furgoneta


En realidad, la entrada es nada, pero es lo que tiene un diario y el empeño de ganarle al día su chispa de esplendor. Luego, si hay suerte, vienen los comentarios, como ayer, y elevan la cosa. El de Dal, por ejemplo, me dará para un artículo lírico-conyugal que —nuevamente si hay suerte— no se saltará un gitano. 

Bien. Volvía corriendo al Puerto a recoger a Pukka de una operación. Y topé, si no con la Iglesia, si con las carretas del Rocío, con la cola de la caravana, para ser exacto. Otros años me la he cruzado, y es más bonito y menos lento que ir detrás, a paso de buey, literalmente. 

Salían del Convento del Espíritu Santo y cruzaban el Puerto por esa calle arriba, en dirección a Sanlúcar. Yo tenía que dar la vuelta al pueblo y, con emoción fernandoalonsina, pensé que me daría tiempo a dar la vuelta la circunvalación antes de que los tractores y los bueyes volviesen a interponerse en mi camino. Y estuve a cien metros de conseguirlo, cuando a lo lejos vi a un policía local levantar el brazo y enseguida salir corriendo unos mozos arreando unos bueyes y jaleando al Sinpecado lleno de flores. "Estoy perdido", pensé no muy devotamente. 

Entonces, con una agilidad de anuncio de televisión, la furgoneta que llevaba delante, sin tocar el freno, con la elegancia de una curva perfecta, se metió a la derecha en un barrio ignoto. Yo fuíme tras él. Y rápido callejeaba por entre pisos con enormes coladas secándose por sus ventanas hasta que fuimos a salir diez metros por delante del carro. ¡Aleluya! Como detalle curioso, el de la furgoneta llevaba en la ventana trasera una pegatina de la paloma del Espíritu Santo con el lema: "¡Soy rociero!" Pero una cosa es la devoción y otra la conducción. 

Llegué, gracias a la Virgen del Rocío, a tiempo de recoger a Pukka, que está muy bien, gracias. 


martes, 14 de mayo de 2013

Parejita


Con la primavera empiezo a descubrir alumnas de mi IES que no había visto jamás, como sabéis de otros años. También se forman más parejas. Yo tiendo a ver esas parejas descompensadas, con las chicas mucho más monas que los desgarbados preadolescentes. Alguna vez he pensado preguntar a alguna compañera si le pasa lo contrario, como me temo, pero me ha dado vergüenza. 

Este año he descubierto una pareja muy chula. Muy equilibrados, en todos los sentidos, charlan bastante, se ríen, sonríen siempre. No se abrazan incesantemente. Pasean. En una puerta, dejé pasar a ella, y él dijo: "No, pase ahora usted". Da gusto cruzárselos. 

Y me dan melancolía, me he descubierto con sorpresa. Las otras parejas que se forman, no, pero ésta, ay, ésta, que sentimentalmente —no doy clases a ninguno de los dos— he adoptado en secreto, sí. Les queda tanto. Tienen tantas posibilidades de pelearse o de equivocarse o qué sé yo…

lunes, 13 de mayo de 2013

A la hora de la verdad, una horita corta


Una señora mayor entra en la iglesia. Hace una extraña semi genuflexión, entre gimnástica y barroca, y se dirige hacia un san José que está a dos bancos de donde yo estoy sentado. Antes venía a misa con su madre ancianísima, pero lleva dos o tres meses que no. Supongo que la madre está muy enferma o murió. 

En el silencio de la iglesia empieza a rezar cuchicheando o a cuchichear rezando. Y a medida que avanza sube el tono. Empiezo a enterarme: "... que como tú sabes estoy muy sola en la vida... ...no tengo a nadie... que no me dejes entonces..." Y ya para rematar la faena, pide en voz bien alta: "A la hora de la verdad, una horita corta". Se santigua de aquella manera y se va, tan contenta, tras otra genuflexión sui generis

Y yo quedo fulminado por la gracia popular. Esa mezcla de una suerte de los toros con un deseo típico de los partos para referirse a la muerte me parece insuperable. Yo me sumo a su intención, para ella y para mí, y para ustedes, si gustan.




domingo, 12 de mayo de 2013

Una imagen vale más que mil pinturas


Del solemne acto de ingreso en la Academia de Santa Cecilia de Inmaculada Moreno, me llevo una imagen que ojalá sea imborrable para mí. Fue una fuente de felicidad, un bálsamo. 

Yo estaba sentado en un lateral, de modo que, aunque veía bien la pantalla donde Inmaculada iba proyectando cuadros terribles del siglo XX, acompañados de poemas durísimos, que ejemplificaban el ataque sistemático al hombre, a la naturaleza y al amor, las negaciones concretas del abstracto nihilismo, aunque eso lo veía bien, lo que veía mejor eran los rostros de los que estaban sentados en el lateral opuesto. Y allí una chica que no conozco sonreía con cara de desbordada satisfacción de ver a su amiga en tan ilustre casa, haciéndolo tan bien, desbrozando el espinoso siglo, recibiendo un honor que se merece y una medalla y un diploma. Era una sonrisa preciosa, y fue inalterable a los horrores artísticos del siglo XX. Y valía más que todo aquello. No cesó ni un instante. 




sábado, 11 de mayo de 2013

Aquilino, destellos


Me hace mucha gracia cubrir periodísticamente los congresos literarios, pero cuando uno se pierde la primera sesión por un lío del IES, en la segunda interviene, con lo que eso distrae, y en la tercera le rapta el entusiasmo poético y la emoción por la acción de gracias continúa del homenajeado, no hay reportaje. Quizá dos o tres destellos, sí. 

La azafata era muy guapa. Tan alta, que llevaba zapatos planos. Por una paradoja inexplicable, los zapatos planos hacen más alta, como los tacones exagerados acaban menguando a la portadora o portada. A la azafata se le hacían dos hoyitos en la cara cuando sonreía y sonreía mucho, pues seguía, atenta, el contenido de las intervenciones, que era lo más asombroso. Lo más gracioso fue, sin embargo, el respingo que dio cuando Aquilino Duque recordó que uno de los jinetes del Apocalipsis, según Alejandro Llano, es el feminismo. Siendo tan alta, con el salto, batió un récord. Pero se recobró enseguida

Un efecto muy bonito involuntario de la última sesión pareció un truco de magia. Carmelo Guillén hizo una exposición exhaustiva: su generación, Adonáis, Antonio Machado, Eliot…, y a partir de ahí, Luis Alberto de Cuenca se quejó de que le había dejado sin nada que decir de la poesía de Aquilino, pero se puso, y dijo muchas cosas: Foxá, Morand, Manuel Machado, la música, las relaciones con la generación posterior, lo onírico... José Mateos lamentó que en la invitación le hubieran engañado: decían que a una mesa redonda, y había sido a un potro de tortura, porque había visto cómo le pisaban uno tras otro todo lo que podía decir. Pero se puso, y aportó muchísimas cosas: el peso leve y ágil de lo andaluz en la poesía de Aquilino, su apuesta primera por los tardomodernistas, el papel del humor, su condición de precursor de la poesía familiar... Y habló luego Aquilino que, tras confesarse abrumado por lo completo y lo hondo de los análisis, aún aportó nuevas facetas: su religación, saltando por encima de la poesía social de su tiempo, con el 27, su camaradería con los de Cántico, su amistad con Valente... El efecto fue el de un sombrero de copa desde el que un mago iba sacando más y más maravillas inagotables. 

José Mateos leyó un poema del primer libro de Aquilino, titulado "Alcalá de los Gazules", que a mí me había servido para ilustrar siempre la poca habilidad del maestro para la autopromoción y el autobombo. Invitado por fin al programa televisivo prestigioso y popular (eran otros tiempos) de Joaquín Soler Serrano, éste le pide que, para acabar, recite un poema, y Aquilino en vez de irse a lo culto e indiscutible que él tiene, le recita un poema de sabor local, breve y popular, que lleva como título el nombre de un pequeño pueblo de la sierra de Cádiz. Sin embargo, qué bien sonó allí en la voz de Mateos, y qué gran soleá final, donde está todo Aquilino, su agradecimiento, su asombro, su magia: 
Una vez se me ocurrió 
pedirle peras a un olmo 
y el olmo peras me dio.  

A la salida, Abel y yo coincidimos en señalar que creíamos que acababa: "y el olmo fue, y me las dio", que nos sonaba más popular. Acabo de consultarlo, y Pepín lo recitó como era, como suele. 

viernes, 10 de mayo de 2013

AP-4 Sevilla-Cádiz


Viaje de vuelta 
hablando bien de todo. 
Las doce en el reloj. 


Explicar: no explicarme


Hay dos versos de Aquilino Duque, al que hemos estado detenidamente estudiando estos días en Sevilla, que me he repetido mucho. No son los únicos ni los más. Los más son estos: 
¿La fe?, por supuesto, 
y la esperanza y el amor, 
y el andar por el mundo con lo puesto 
y ser buen perdedor. 
Pero estos dos son los que digo: 
Si dices la verdad no la repitas, 
sólo el que miente insiste. 
Los he repetido paradójicamente, porque yo me repito mucho, y para prueba el nuevo subtítulo del blogg: "El cuento de la buena pipa" y mis enlaces a entradas mías antiguas. A menudo me repito demasiado, y termino empeorando las cosas, sobre todo en las reuniones de amigos y en las de trabajo. Supongo que años de entrenamiento como profesor de secundaria te convierten en una especie de martillo neumático, repitipitpitiendo hasta taladrar el muro de indiferencia o de niebla. Pero lo estratégico, efectivamente, es no repetirse, sino dejar las cosas en manos o en mentes de los buenos entendedores (si los hay, que vaya si los hay) y a correr, pero no es tan fácil, porque, como me recordaba Carlos Estaban, si algo hay que tenemos vocación de repetir es la verdad.

Al menos intentaré que los disgustos de mi atascada repetición última me sirvan para tres cosas. Un hábito novísimo: callarme un poco cuando hablar sea para nada o peor; y una idea de fondo y de compromiso: lo malo no es repetir, sino repetirse; y quizá un nuevo aforismo que la condense: "Explicar, mas no explicarme".

miércoles, 8 de mayo de 2013

Tiene razón


Me gusta leer en el jardín con mis hijos alrededor, aunque no lea. Enrique ha desarrollado un interés por la botánica, quizá fruto de aquella excursión. Se acerca a la datura, y me pregunta, señalando a una inmensa flor rosa y amarilla: "¿Cómo se llama?" Datura, respondo. "¡Datura!", repite. "Por las noches huele muy bien, como a limón". Se va hacia otra flor de la misma planta: "¿Y ésta?". Datura, respondo. "¡Datura!", repite. Da un paso lateral, hasta otra flor: "¿Cómo se llama?" Intento seguir leyendo. "Papá, papááá". "¿Qué?" "¿Cómo se llama?" Datura, respondo. "¡Datura!", repite. Este año la datura ha dado muchas flores, pero al final acaba. Y se dirige encantado hacia un macizo de margaritas moradas que me regaló el panadero. Vuelve a preguntarme por cada flor. Margarita, respondo. "¡Margarita!", repite. Margarita, respondo. "¡Margarita!", repite. También hay muchas margaritas moradas este año. 

No entiende Enrique el género ni la especie, sólo el individuo. Supone que cada flor ha de tener un nombre propio, como tendría que tenerlo, como lo tendrá en la mente de Dios. Que el nombre se repita parece no importarle, pues a fin de cuentas ya ha conocido a algunos Enriques y no son menos Enrique que él, ni que yo. Margarita, respondo. "¡Margarita!", repite.

martes, 7 de mayo de 2013

Tertium genus


El ocio es el oxígeno del oficio, advertía Ángel Crespo, sabiendo que la pasión por el trabajo puede acabar asfixiando y dejándonos exánimes. Para trabajar mejor hace falta no trabajar mucho. Yo estoy de acuerdo, pero ahora vengo a la búsqueda de un tertium genus o, mejor dicho, de la palabra que lo defina, que el estado bien que lo estoy sufriendo. Se trata de cuando uno se sienta a trabajar y la voluntad y el horario cumplen su parte escrupulosamente, pero no se avanza nada, ausentes la mente y la ilusión. No es trabajo, pero es mucho menos todavía ocio. Estoy convencido de que esos momentos también son necesarios, algo así como el dióxido de carbono del oficio, pero qué irrespirables resultan. 

lunes, 6 de mayo de 2013

Bobin, a tres bandas


Para preparar el artículo sobre Bobin, compré La presència pura: estaba en catalán, pero algo puedo leerlo, y tenía en mi archivo una traducción al castellano inédita de Francesc Cubells, estupenda. De modo que ya tenía dos libros abiertos y quiso la casualidad o la providencia que estuviese leyendo Arrugas, la emocionada novela gráfica de Paco Roca, que también va de un padre con Alzheimer en un asilo, y con el mismo estilo poético y profundo. Las tres lecturas se potenciaban y cuánto: andaba torpemente por el catalán y Cubells me aportaba repentinos rayos de luz mientras Roca ponía imágenes sólidas y, sobre todo, mantenía muy elevada la temperatura sentimental. Bobin lo es siempre, pero esta lectura a tres bandas ha sido una experiencia estremecedora. 

domingo, 5 de mayo de 2013

En el jardín de los Finzi-Contini


Tengo que decir la frase tópica: "Me alegro de que me haga esa pregunta". La pregunta es la anónima y última de esta entrada. Yo también creo que ambos poemas se parecen. Van: 
SALTO 

Porque conserva nada más que imágenes 
y no nombres ni datos ni muchos menos fechas, 
de mi memoria amargamente  
me quejaba a menudo, ¿lo recuerdas? 

Pero ahora me alegro, 
pues te veo —no sé cuándo ni cómo— 
muy joven, madre, y muy delgada al borde 
de una piscina azul con un bañador rojo.  

De repente, sonríes, das un salto 
y allí estás y así voy a recordarte 
siempre, alta y elástica, entre el agua y la tierra, 
grácilmente arqueada, suspendida en el aire.  


[E. G-M. Casa propia (Renacimiento, 2010)]
y
REVÉS 

"haciéndolo para siempre" 
(Juan Ramón Jiménez) 

Es el verano del 58. 
Con aquella raqueta de pesada madera, 
blancos camisa y pantalón, devuelves 
con perfecto revés, cruzando bien la pierna 
contraria por delante y sin perder 
la sonrisa de gentleman
una pelota malintencionada. 

Mis once años admiran desde un rincón tu estilo 
invencible, forjado en el césped krausista 
del Instituto-Escuela. Tú tienes —hoy lo sé— 
cuarenta y tres, y estás en el momento 
dorado de tu vida. Un halo heroico 
circunda tu figura.  

No sé qué dirán Newton y las leyes 
del Movimiento, el Tiempo y el Espacio, pero este 
revés irreprochable —tú de blanco radiante, 
tu sonrisa madura y bronceada 
y la pierna cruzada como mandan los cánones— 
está durando ya más de cincuenta años.   
17/18-XI-2010 
[Miguel d'Ors. Átomos y galaxias (Renacimiento, 2013)]

Bien es verdad que se inscriben en un topos que tiene un arranque poderosísimo en Jorge Manrique y que llega hasta ayer mismo con un ejemplo extraordinario, pero entre el poema de Con el tiempo y el de Átomos y galaxias podríamos hacer el juego de las siete diferencias al revés: las siete similitudes. ¿Cuántas habéis detectado vosotros? ¿Queréis un poco más de tiempo? ¿Ya? 

Cuento las que yo veo: para empezar, los títulos, una palabra que es una acción deportiva; las posiciones: el niño que mira, el padre que juega; el protagonismo de la indumentaria; el momento álgido y frívolo retenido, gentleman o delgada bañista; el ambiente y la estación; los dos poemas de tres estrofas y, sobre todo, ambas sonrisas. 

Por supuesto, que hay siete diferencias o más, de las que no saldría demasiado inmune yo: d'Ors tiene mucha mejor memoria (fechas, edades, nombres, datos circundantes); su verso no es tan seco; sus adjetivos —"pelota malintencionada"— llevan la marca de la casa, mientras que los míos brillan por su ausencia; la cita de JRJ, tan justa; el peso de los cincuenta años; Newton; etc. Pero las fechas me permiten tirarme a la piscina y suponer que quizá —venerable tradición aparte— haya relación entre estos poemas: que el mío fue, digamos, el drive o el dive, y el suyo el revés perfecto, como mandan los cánones. 

Independientemente de eso, me hace mucha ilusión que nuestros padres tengan de golple la misma edad (más o menos, mi madre algo más joven, naturalmente) y estén en un ambiente idéntico, como si mi madre se estuviese dando un chapuzón en la piscina mientras don Álvaro remataba su partido de tenis. Por encima del tiempo y el espacio y las generaciones, la magia de dos textos cruzados los ha unido en el jardín de los Finzi-Contini. Sé que ellos se habrían llevado bien. Y Miguel d'Ors y yo de niños, cada cual absorto en lo suyo...


sábado, 4 de mayo de 2013

viernes, 3 de mayo de 2013

"¿Es noble?, ¿es noble?"


De no andar a vueltas con El Quijote, yendo de escudero de Nicolae Steinhardt, que buen caballero era, no habría caído. Esto de "caer" a cuenta de don Quijote, ya es una señal. Pero no perdamos el hilo. El pediatra nos preguntaba si Carmen era noble, si Quique era noble. Lo normal es que la pregunta me hubiese extrañado y ya está o que, siendo el médico tío mío, le hubiese replicado: "Pues tú sabrás, tío Nono, que son de tu sangre". Error… que no cometí. Nos preguntaba si eran nobles por ver si aceptaban la medicación sin montar gran alboroto. Y yo, que como digo estaba sobre aviso, vi claramente la belleza, que es precisión, de la pregunta. Explica Steinhardt que los atributos de la aristocracia verdadera son la libertad y la confianza. El niño que abre la boca y se toma sin rechistar lo que le da su padre es nobilísimo. 


jueves, 2 de mayo de 2013

Triángulos: precaución


Como tal vez recuerden, entre las estrategias conyugales defensivas, enumeré las geometrías del deseo girardianas, que son triangulares. Pero no me esperaba una aplicación tan pitagórica a las relaciones paterno-filiales. Ayer, fuimos de excursión al Cerro de Albarracín, en El Bosque, con varios amigos. Con vigorosa energía, los padres tiraron hacia arriba con hechuras de alpinistas. Yo me dejaba caer por las lindes del camino, herborizando.  Nada nuevo. Pero a las niñas mayores, ya sea porque la marcha militar, como a Georges Brassens, no les va o porque las flores de mayo o porque el entusiasmo mío se notaba, se me unieron en masa. (Primer paso, o primer cateto.) Luis, de tres años, al ver a sus hermanas tan interesadas, decidió que eso era el quid de la excursión, y gritó que de mí no se separaba y que iría conmigo y que no quería ir ni con su madre ni con su padre. Segundo lado o cateto. Y llegamos a la hipotenusa, que es lo que cierra el triángulo y donde yo quiero ir a parar: Carmen observó muy bien todos los movimientos, y rompió en admiración por primera vez en su vida. Puso los brazos en jarras, para que cupiese en sí tanta satisfacción, y con gran seriedad explicaba que sí, que muy bien, pero que yo era su papá, yo de ella, y de Quique también. Administró con gracia las invitaciones a nuestro coche para el camino de vuelta y hasta las invitaciones a casa para el futuro. Yo la observaba divertido y, claro es, encantado. 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Bandera



Esta lentitud mía que ha hecho que la tortuga sea mi tótem, volvió a jugarme una de las suyas. Vi que el Ayuntamiento de Zahara de los Atunes convocaba un concurso para elegir bandera, que no tenía. Me hizo una enorme ilusión participar, porque Zahara es la excursión por antonomasia que yo hacía de adolescente y he seguido haciendo de mayor. Qué orgullo plantar allí mi bandera. Y vi clara cuál tenía que ser. Pero cuándo al fin llamé a preguntar, ya había pasado el plazo y se había celebrado el concurso y fallado. Mi bandera, tenía su grano de sol, digo, de sal, pero funcionaba: Zahara es el pueblo del sol poniente, está  posado, pasando revista a occidente, mirando al horizonte, y encima, por eso del atún, tiende lazos con el lejano Japón. Pero, no hay mal que por bien no venga, puede quedarse de bandera familiar nuestra, que también miramos al horizonte y amamos las puestas de sol y los haikus y a Zahara. 




martes, 30 de abril de 2013

Resonancias


El sábado me hicieron una resonancia magnética [por algo sin importancia, eh]. ¿Habéis pasado por el trance? Impresiona. Yo llevaba dos polos alternos en la cabeza: un compañero de IES había sido incapaz de hacérsela, incapaz, y mi hermano Nicolás, en cambio, se había echado una siesta, a pesar del ruido, que era la primera vez que lo veía, le juró el técnico. Yo ni una cosa ni otra, sino casi ambas. Impresionante intensidad de media hora. No conté las veces que pasó por mi cabeza la palabra "nicho", la palabra "claustrofobia", la palabra "corte eléctrico", el nombre "Ortega Lara"; pero tampoco lo bien que se reza allí, como en una celda estrecha, en un silencio que no es la falta de ruido, sino algo interior; lo que agradecía que Leonor estuviese en la sala de espera, leyendo En lugar seguro; la de gente de la que pude acordarme, porque pasaron o pasan por trances parecidos y peores; el amor tan grande a esta vida y a la otra que sentía allí, tan encerrado. 

Después, todo el fin de semana, me llamó la atención el contraste. Era emocionante observar las cosas cotidianas, que desprendían un misterio brillante, de intensos colores, como si vistas a través de la cámara oscura de Vermeer. 


lunes, 29 de abril de 2013

Chica irlandesa




Sé que podría escribir un poema con esto, pero yo los versos sólo se los escribo a la señora de mis pensamientos.  Durante un verano que pasé en Irlanda, a los 17 años o 18, la familia con la que estaba me llevó a un concurso hípico. Logré zafarme y pasear solo un buen rato por los boxes. (Ahora que lo escribo pienso que ellos quizá pensaron lo mismo y aprovecharon su respiro del estudiante español.) El verde de las pistas era asombroso. El gris de las nubes. La grava blanca de los caminos. En eso, cruzó una amazona de unos 16 años con un pelo castaño, largo, ondulante, perfecto. Como sus breeches y sus botas. Iba andando, pero iba esos dos metros por encima que elevan al caballista a la altura del mito y del símbolo. Pero sus ojos estaban a mi altura. Y me sonrió. Y entonces yo sentí caer sobre mí todo el peso de la torre de Babel y otros. Imposible, con mi inglés alimenticio, iniciar ninguna maniobra de acercamiento. Contraproducente pedir a mi familia irlandesa ningún tipo de intermediación. Nadie podía presentarnos: ni un amigo común en el ancho mundo. Y ya está: por no ver, no vi ni uno de mis posibles futuros renunciados que habría observado Miguel d'Ors. Sólo esa mezcla intensa de belleza e impotencia. 


domingo, 28 de abril de 2013

Vozarrón


Siempre he sufrido sensu contrario el sentimiento de camaradería etílico de los hombres. Nada más llegar al colegio mayor, un nutrido grupo de mayores me sacaron de copas sólo a mí, privilegiado por razones que serían muy largas de detallar. Se trataba de un rito de admisión que consistía en beber como cosacos, cosa que hicieron ellos. A partir de aquella noche, me hicieron la vida medio imposible. Yo tengo un sentimiento de camaradería cafeínico, y ahí puedo resultar imbatible, pero con el alcohol, reverenciando la sacralidad del vino, más allá de la tercera copa tiendo a descartarme o es lo que me pide el cuerpo. Me entretengo en explicaciones para que entendáis lo divertido que está resultando mi catarro de garganta. Todavía no he pisado la feria del Puerto, porque están malos los niños y la madre. Yo, por fortuna, no tengo fiebre, pero los virus me han puesto un vozarrón agüardentoso que tira de espaldas. Todo el mundo deduce de inmediato que es el fruto de varias noches seguidas de juerga en la feria, por la graciosa coincidencia. Y lo que tiene gracia es el respeto, sí, sí, respeto, con el que me tratan. El cajero del supermercado ha llegado a guiñarme. El camarero del café me ha dado una respetuosa palmada en el hombro. Al amigo con el que había quedado para dar una vuelta el sábado por la feria y al que llamaba para borrarme del plan, nada más oírme la voz, me dijo, vibrante: "No me cuentes más, Leonor no te deja venir, ja, ja... No me extraña. Qué tío, ya podías haber avisado que ibas antes…" Esta solidaridad alcohólica de la que estoy excluido por destino y por voluntad, merecería un estudio más detenido. Ahora, gracias a mi garganta impostora, estoy disfrutando sus extraños y extendidos efectos benéficos, ¡y sin resaca!




sábado, 27 de abril de 2013

Falsa pimienta


Novedad: gran nuevo libro de Amalia Bautista, en bellísima edición mayor de Renacimiento y con un título precioso y guasón, que habla, por cierto, del árbol familiar.

Creo que para entender bien el título hay que conocer el árbol. La falsa pimienta parece más bien un falso sauce llorón, de manera que hay un guiño a la tristeza —que está en el libro—, pero diciendo: "Ah, no, no, de eso nada: esto es otra cosa", y sazonándola de picante, a veces también falso, pero sin engañar, porque avisa. 

El libro da con una imagen nueva, lo que habría de encandilar a Borges, que sabía que son muy escasas: la puerta giratoria. Lo ve muy bien Antonio Rivero Taravillo, que nos subraya un encabalgamiento magistral. 

Y el libro me dio un toque de atención muy pertinente. Leí el poema "Invitación al viaje" y me encantó. Luego, el crítico que hay en mí me advertía: "Ojo: no es más que una paráfrasis de lo de Cernuda: 'Si no te conozco, no he vivido; / Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido'". Más tarde, me dije: "Idiota". Tengo que vigilar al crítico de dentro. El poema es estupendo y, sobre todo, te pone el mar y el amor ante tus ojos, y sus peligros y promesas. El poema concreta y cada verso, ¡cada verso!, aporta algo:


INVITACIÓN AL VIAJE 

¿Cuándo iremos al mar, 
tú y yo, juntos y solos?, 
¿cuándo podremos ir al mar?, ¿podremos?, 
¿iremos algún día tú y yo al mar? 
No conozco la arena entre tus dedos, 
ni el olor de la crema protectora en tus hombros, 
no he escuchado contigo el rumor de las olas, 
ni he besado la sal en nuestros labios. 
No sé lo que es quedarse 
a tu lado en silencio mirando el horizonte.  
No he visto el mar contigo.  
No sé lo que es el mar. 

viernes, 26 de abril de 2013

Hijos no tenidos


Del libro de Francisco Alba me han interesado y divertido muchas cosas más, pero no podía dejar de sentirme especialmente interpelado por el poema a la hija no tenida (véase). El tema de la infertilidad es una constante de la literatura, y nada más que con la Biblia podría escribirse un ensayo apasionante. Sin embargo, creo yo que en la literatura contemporánea, sin que nos demos cuenta, entre los sofisticados métodos de evitación del embarazo, el extensivo aborto y los problemas de esterilidad, cada vez más comunes, está adquiriendo quizá más protagonismo. Además del poema de Francisco Alba y el mío, con perdón, está el de Bonilla con su bandeja de plata y el de Antonio Rivero Taravillo que recogió Ángel en su día, y hay otro abortivo, tremendo, de Carlos Pardo, que le oí en una lectura. Hay otro de José Luis Tejada a la hija que nunca tuvo. Y seguro que se podría seguir tirando del hilo. 




jueves, 25 de abril de 2013

Medusa es la amenaza


Cuánto me cuesta ver lo invisible. El centro del terror del Canto IX de la Comedia, que ya quedamos que, con todas las lecturas superpuestas que propone siempre Dante, reflexiona sobre la inspiración, el centro de terror, digo, es lo que no se cuenta. La llegada inminente de la Gorgona. Es una técnica básica del miedo: la inminencia interminable. 

Pueden pasar, pues, dos cosas: la llegada del ángel, que se suplica con temerosa esperanza, la de Medusa, que se presiente con terrorífica certeza. Si el primero representa la posibilidad de seguir el camino y la obra, la segunda, en perfecta correspondencia, la petrificación, que simboliza, como nos recuerda Juan Eduardo Cirlot, la detención en el progreso moral. 

Virgilio, tan racional siempre, le tapa los ojos a Dante, pues sabe que es el miedo a Medusa su arma más poderosa, como lo es el miedo al bloqueo de escritor. La cabeza llena de serpientes nos recuerda esos pensamientos bajos y venenosos y desesperanzados que nos envenenan. 

Tan protagonista del canto como el Ángel es la Gorgona, aunque gracias a Dios no acuda. 


martes, 23 de abril de 2013

Neighbors


Una familia norteamericana —un matrimonio joven y dos hijos rubios— han venido a la casa de al lado, la que todos los veranos alquilaba aquella amistad mía de la infancia.  Quizá les impresionase la alcurnia de sus predecesores, quizá no. Los nuevos tienen muchos amigos y están entusiasmados con el clima, así que hacen mucha vida en el porche. Su porche está a la altura de mi despacho: abro la ventana discretamente y, mientras escribo, voy recibiendo clases de listening. Free. Nada indiscreto, hablan mucho de coches y del capitán tal y del comandante cual, que son buenos tíos. El otro día, la niña lloraba y se quejaba, muy flamenca: "Ay, ay, ay...". En un principio, pensé lo raro que tiene que ser oír llorar a alguien diciendo: "Yo, yo, yo...", por mucho juego psicológico que dé. Luego me di cuenta que ellos pueden decir casi lo mismo: "Qué raro que los niños españoles lloren diciendo: 'Ay, ay, ay...' que significa 'There is, there is, there is...' o 'There, there, there...'"

Y así me entretengo. 


lunes, 22 de abril de 2013

domingo, 21 de abril de 2013

Triple salto


Con frecuencia, lo mejor del blogg son los comentarios. Lean los de ayer, y el trino de Jilguero, lleno de ironía y ternura. (Primer salto.) Aprovecho y remito, para el artículo, a Trampolínk, que tengo abandonado. (Segundo.) Y de allí, pueden saltar al Diario de Cádiz, al que llegarán, si llegan, exhaustos. Lo siento y lo agradezco. 


sábado, 20 de abril de 2013

Cargada de razón


Creo que, en estos siete años de blogg, es la primera entrada que escribo directamente obligado por Leonor. Es una lástima, me ha sugerido ya dos veces, que se pierda esto. Y "esto" es que, cuando Carmen dice alguna cosa sorprendente, yo le pregunto, llevándome las manos a la cabeza: "¡¿Pero cómo lo sabes?!", y Carmen me responde: "Muy bien". 

viernes, 19 de abril de 2013

La varita


Ingenuamente pensaba que si fuese rico podría colmar mis ansias lectoras e investigadoras; pero son un pozo sin fondo, oscurísimo -lo veo claro. Qué lujo imposible sería tener un año o dos para escribir un buen trabajo sobre el tema de la varita, por ejemplo. La lleva el ángel del Canto IX del Infierno. ¿Es la misma que la de las hadas madrinas? Seguramente: ambas hacen realidad lo increíble. ¿Y cuál fue la primera, entonces? ¿Cuándo aparece la primera varita mágica, primer encantamiento ella misma, en la literatura universal? ¿Y el cayado de Moisés, tiene algo que decir en todo esto? ¿Dónde está el encanto encantatorio de las varitas que las lleva, volando, de Dante a las hadas y hasta Harry Potter? ¿Qué tiene que ver el bastón de mando con ellas? ¿Nada? No sé, que el poder también consigue (casi) todo lo que quiere y parece hacer prodigios. Quizá de eso sea de lo único que no hable mi hermano Jaime en la conferencia sobre Felipe III a caballo. La dictará hoy a las 12 en la sala 12 del Museo del Prado, y yo --ay, no tengo una varita mágica ni alfombra voladora ni siquiera escoba-- no podré asistir. 



Despertador y añicos


El timbrazo del despertador ha hecho añicos las delicadas porcelanas inútiles de la noche. 

(Y parece que se ríe.)


jueves, 18 de abril de 2013

Amor y letras


Si tiene prisa, ahórrese la lectura de esta entrada. Su mensaje es: vaya a ver la película de Josh Radnor, Amor y letras. Y deje de leer si le fastidian los spoilers.

Como yo también tengo prisa, voy a ahorrarme las argumentaciones y me voy a quedar con dos o tres imágenes impagables.

Primera, las cartas de papel a mano. Ella, Zibby, las considera muy románticas y quedan en que se escribirán. La película muestra, efectivamente, la belleza de la cosa, pero a la vez --y esto se entiende hacia el final-- su caducidad. Es un símbolo --vuelve a entenderse al final-- de la nostalgia por el pasado/futuro que tiene la chica, con muy buen gusto, por otra parte. Y un flash genial, definitivo: él, Jesse, escribe a mano, porque han quedado en eso, pero copiando lo que previamente ha escrito en el portátil. Se ve un segundo, pero se ve clarísimo.

Segunda, el abrazo, nuevamente hermosísimo, en el teatro vacío. Desde luego, desde luego, es --aunque no lo sabemos aún-- un ensayo. No sólo la gran literatura y la música clásica, también el teatro tiene su papel en la película.


Tercera, el desencanto de los profesores de literatura de universidad, o por lo triste o por lo tremendo. Pero el genio que es Radnor (lo disimula, pero lo es) consigue que no sea una denuncia, sino la constación de un hecho, hecha con agradecimiento auténtico, ternura, comprensión y, sobre todo, sin que manche ni un poco el amor verdadero a los libros.

El amor y las letras salen indemnes, y, además, redimidas.


miércoles, 17 de abril de 2013

Una preocupación real


Entre lítotes, hablo de los problemas enrevesados de la Casa Real. Entre ellos, se me cuela una preocupación más biográfica mía: la de ese humor que vampiriza el prestigio desde el cual se hace. Juan Carlos I ha tirado mucho de él, como digo; pero yo no estoy libre de pecado: las bromas sobre poesía; con los alumnos, jugando a ser el profe simpático; con la religión, o con la autoridad paterna. ¡Qué difícil encontrar el equilibrio entre la gracia justa y el respeto debido a lo importante! 


martes, 16 de abril de 2013

Microrrelatos


El año pasado (y parece que hace un siglo) sentí mucho no ganar el premio de microrrelatos de profesores de mi IES con esta —a mi humilde entender— joya: 
MICROARREBATO 
Besito
Fue un microchasco. Este año he tenido, en cambio, una microsorpresa, pues, micronarrador microdesinflado, presenté más bien un aforismo sacado al vuelo de mi colección de chinchetas… y he ganado ex aequo con Teresa, de Administración, el muy preciado premio. El mío era: 
"¡Te voy a dar!", amenaza al fin la madre, exasperada, a la niña revoltosa; y hasta en esa frase última, que quiere sonar terrible y contundente, deja clara su voluntad constante de generosidad y entrega.

lunes, 15 de abril de 2013

Un detalle


Paseábamos por Cádiz-Cádiz. Leonor llevaba a Enriquito de la mano y yo, detrás, a Carmen. En dos o tres ocasiones, algunos viandantes rompían en exclamaciones a lo mono que era Enriquito, o lo gracioso, o lo chulito, o lo elegante. Él, como si nada. Pero tras unos piropos especialmente ruidosos, Carmen se soltó de mi mano y me dijo: "Quiero ir con mamá".

Se dio cuenta ella alrededor de quién florecían los piropos.


domingo, 14 de abril de 2013

Twitter y aforismos


Vine corriendo al ordenador a colgar un aforismo de Millôr Fernandes que me pareció especialmente brillante: "Con una docena de comunistas se hacen diez buenos socialistas y aún sobra material para dos tremendos reaccionarios". Pero me paré a tiempo. Vi claro que Twitter no termina de ser el campo abonado de aforismos que promete porque está demasiado pegado a la actualidad. El aforismo auténtico requiera un leve vacío temporal a su alrededor. Las cuentas dedicadas a un autor, como la de Nicolás Gómez Dávila, crean ese vacío por sí mismas, y entonces sí vale. Pero en las cuentas personales, no hay espacio, me parece, o no mucho. Ayer tocaba hablar del escrache o así



sábado, 13 de abril de 2013

Celos exquisitos


Metido de lleno en Swann & cía. pienso en los celos. Hay una entrada que llevo años queriendo escribir, y siempre se me resiste, sobre los de Leonor, que son pocos y finísimos. No es de extrañar, porque la fineza le viene de familia. Lo gracioso y a la vez muy adulador es que mi mujer no concibe que me pueda gustar nunca nadie que no sea lo bastante elegante y educada. Lo adulador es que me haga partícipe de su buen gusto. Lo gracioso es la silenciosa diferencia abismal, claro está. La pena es que esta pequeña entrada la va a sacar de tan delicado error.


jueves, 11 de abril de 2013

Algo sobre mi madre


Como el padre de Swann, que recordaba a su mujer continuamente, pero poco cada vez, yo con mi madre. Hace unas semanas, con esa sensación tan triste de llegar, derrengado, a un cuarto solitario de hotel, me entraron unas ganas tremendas, físicas, en la boca del estómago, de llamarla por teléfono. Ya había hablado con Leonor, por supuesto, pero, aunque mi mujer es un encanto, no cabe, con 44 años, dejar traslucir tímidamente la pena de un cuarto de hotel y que ella la entienda y no diga nada, pero me consuele. Con Leonor me toca el papel de curtido hombre de bolos que rueda bien por el mundo. Y ayer leyendo una reseña sobre el último libro de Arcadi Espada, que nombraba tangencialmente a un viejo conocido de la familia, qué ganas de contarle a mi madre todo, todo, todo, a ella que hubiese cogido la ironía y la gracia de la cuestión, y se hubiese desternillado conmigo. 

Otra curiosidad en la que reparo ahora es que siempre echo de menos la oportunidad de contarle cosas. Lo que ella me diría de casi todo —advertencias, consejos, órdenes, enfoques y sugerencias— lo sé bien y lo tengo presente. La conozco como si me hubiera parido. 




martes, 9 de abril de 2013

Thatcher a trechos


Thatcher me cae muy bien, pero a trechos. Ahora con su muerte recopilan sus hitos y sus frases, y en ambos apartados hay muchos que me entusiasman y algunos que me revuelven el estómago. Votó a favor del aborto, dicen extasiados muchos, como si ese fuese el peaje que la libra de ser un dechado de conservadurismo. Un peaje que no había que pagar y que, en todo caso, pagaron otros. 

Y entre sus frases, una que retrata precisamente lo peor del liberalismo:  “Un hombre que pasados los 26 años se encuentra que aún va en autobús puede considerarse un fracasado”. No me digáis que no la entiendo, porque si no me gusta es porque entiendo lo que tiene de metáfora y no de ataque al transporte público. Y lo que tiene de simplicidad y reduccionismo sobre lo que sea el fracaso o el éxito. Y no pensaba hablar de esto, pero viniendo al trabajo he adelantado a un señor mayor, de unos 55 años, o menos, pero muy estropeado, que llevaba sentada sobre la barra de su bicicleta a una señora, que sería la suya. No les da ni para el autobús, como se ve, pero se les veía unidos, determinados, quizá felices, aunque no tonteando, y en la mañana fría desprendían una enorme dignidad. No quiero parecer demagógico, pero era una imagen preciosa, que me hizo recordar lo rácano del autobús y los 26 años. 


Nada monótonos


Gracias a los sueños, nuestras noches no son un descanso fabril en serie. Resultan por lo general un poco burdos, pero lo artesanía y la innovación tienen eso. 

lunes, 8 de abril de 2013

sábado, 6 de abril de 2013

333


Me ha llegado la liquidación de mis libros en Rialp. Aunque ha vendido bastantes más ejemplares, las cifras del Tomás Moro de Shakespeare & cía me han parecido muy pocas. 

Pero no vengo a lamentarme. La liquidación de Un paso atrás me alegró el día de ayer. Ha vendido 333 ejemplares, más dos libros electrónicos. La cifra me parece —amén de preciosa— espectacular. Es un libro del que no he hecho publicidad (autobombo, quiero decir, aquí o en Twt) y que apenas he mandado a amigos, un tanto avergonzado de tanta publicación. Se ha tenido que buscar la vida él solo. Sé que hay libros que venden cientos, miles, millones de ejemplares, pero ése no es mi problema, sino, a menudo, el de los quienes los leen. Yo he tenido 333 lectores, y con menos se defendieron las Termópilas. 

No sé si pasar de Heráclito a Leónidas es un paso adelante o un paso atrás, pero tiene su épica... 

¡Espartanos! 


viernes, 5 de abril de 2013

Agradecidas greñas


No es muy habitual dedicar ensayitos de crítica literaria, pero éste lo vi, peludo y chispeante, definitivo y por fin, por fin, paseando por el Campus de la Universidad de Navarra con Santiago de Navascués —más bien corriendo— a la caza de un taxi, y gracias a su inteligente objeción a la escena VIII, que fue la mía hasta ese mismo instante, pero que al ser suya, pude responder. Va por él. 


[Primavera]


Oh, oh, 
el insomnio, la lluvia 
y la ventana abierta. 

Porcelanas e insomnio


Como esas porcelanas carísimas y horribles que te regalan y agradeces y no sabes dónde poner, así las horas —con lo que a mí me faltan— que me ha traído el insomnio, valiosas e inservibles. 


jueves, 4 de abril de 2013

Dos poetas, dos destinos; pero paralelos


La reseña bicéfala está aquí. Y aquí sólo dar la prueba de que la poesía de Claudio Rodríguez rozó la poesía de la experiencia, como allí se afirma: 

UN SUCESO

Bien est verté que j'ai amé
et ameroie voulentiers...
François Villon

Tal vez, valiendo lo que vale un día, 
sea mejor que el de hoy acabe pronto. 
La novedad de este suceso, de esta 
muchacha, casi niña pero de ojos 
bien sazonados ya y de carne a punto 
de miel, de andar menudo, con su moño 
 castaño claro, su tobillo hendido
tan armoniosamente, con su airoso 
pecho que me deslumbra más que nada
la lengua... Y no hay remedio, y le hablo ronco 
como la gaviota, a flor de labio 
(de mi boca gastada), y me emociono
disimulando ciencia e inocencia 
como quien no distingue un abalorio
de un diamante, y le hablo de detalles
de mi vida, y la voz se me va, y me oigo
y me persigo, muy desconfiado
de mi estudiada habilidad, y pongo
cuidado en el aliento, en la mirada
y en las manos, y casi me perdono
al sentir tan preciosa libertad
cerca de mí. Bien sé que esto no es sólo
tentación. Cómo renuncio a mi deseo
ahora. Me lastimo y me sonrojo
junto a esta muchacha a la que hoy amo,
a la que hoy pierdo, a la que muy pronto
voy a besar muy castamente sin que 
sepa que en ese beso va un sollozo.

Terra ignota


Cuando era universitario y quizá desde antes me creía muy, muy mayor. Tanto, que puedo decir que durante todo este tiempo, hasta ahora, no he estado más que cumpliendo los años previstos y asumidos. Noto, sin embargo, que empiezo a adentrarme en una terra ignota. 

miércoles, 3 de abril de 2013

Las penas con Pan (y más con Apolo) son menos


Estoy con Mario Quintana en su elogio a la pereza, pero también en otras cosas, como en eso de que la alegría acompaña siempre a la escritura. La profunda satisfacción de crear lo cura todo o al menos lo alivia. Sobre las penas de Camoens, que dieron tan espléndidos sonetos, decía que Quintana que, tras el resultado, no serían para tanto, y que cuánto le hubiese gustado comentar el particular con el genio.

Sé que es un ejemplo minúsculo, como el parto de los  montes, pero confieso que mucha de la amargura que me produce Margallo, que es mucha, se me endulzó con esa imagen de mi artículo de los dos ratones cabezones cada uno con su queso en la puerta de cada cámara parlamentaria autonómica. Ji, ji. 



martes, 2 de abril de 2013

Azul regodeado


Por amor a las tardes y al equilibrio habría que hacer el cambio de horas al revés. Cuando el día se acorta, ofrecerle el oxígeno de una hora más. El sistema nuestro es recochineo: si las horas de luz menguan, además, haciendo leña del árbol caído, se le sustrae una hora a la tarde. Y lo de ahora, es regodeo: si los días crecen, se les suma, dándole al que tiene, una hora, encima. Ya sé, ya sé lo de las mañanas, pero qué importaría ir al trabajo de noche, como nuestro ánimo cada comienzo de jornada. Lo importante es cómo se termina. Y ser equitativos y compasivos.

Yo, ya digo, lo haría al revés, pero disfruto de estas horas de azul hondo. También disfrutan, y cuánto, y cómo (volutas voluptuosas), y cuántas, incansables, las golondrinas, que han llegado en masa, de golpe, tanto tiempo después de que llegase la primera. Ayer tarde lo vi claro: las golondrinas son epicúreas. 


lunes, 1 de abril de 2013

Una emoción de ida y vuelta



Me asusté de que mi emoción Frigidaire resultase exagerada e injustificada, hasta que escarbé en mi memoria. Cuando mi madre se puso gravemente enferma por primera vez y nosotros éramos pequeños y mi padre un recién fichado investigador de González Byass, en la bodega le dijeron que podía irse a Madrid todo el tiempo que fuese necesario para el tratamiento de mi madre, sin preocuparse en absoluto por su puesto de trabajo, que esperaría. Mi madre estuvo casi un año en el hospital, sin volver a casa —lo hizo para mi Primera Comunión—, y mi padre la acompañó todo el rato. A nosotros nos criaba una tata, Lola, que lo sacaba todo para adelante.

Se curó mi madre a Dios gracias, y a mi padre le quedó un agradecimiento a la bodega que habría que echar a pelear con el del padre de Sara a Frigidaire. Eso le hacía, además de  desarrollar una actividad incansable, que le costaba las bromas constantes de sus amigos ("¿Es tuya la bodega acaso?" y así), ir pidiendo vinos de la casa por todos los bares y restaurantes del mundo, y levantarnos a veces de la mesa si no los tenían. O incluso saltarse las delicadas normas de urbanidad del Marco de Jerez y pedir Tío Pepe en la presencia de Osbornes, Terrys, Caballeros o Domecqs. Yo lo veía un tanto sobreactuado, porque los González, que eran los dueños, no se ponían tan persistentes ni tan insensibles a las sensibilidades de otros bodegueros, pero le entendía.


Luego, Leonor entró a trabajar en González, y sin decir ni pío ni colgarse ninguna medalla
también ha dado en sentir los colores (los sabores, los olores) como la que más.  Como ella es antigua bodeguera por parte de padre (véase a la derecha) y de madre (véase el enlace), podría haberse notado un tanto los anillos antes de trabajar para la triunfante competencia, pero nada: todo lo contrario. Por tanto, el abrazo de Stephen Covey a la historia de su mujer, vía frigoríficos, me lo da a mí mi mujer en la mía vía soleras y crianzas. La anécdota de Frigidaire me afectaba más de lo que sospeché mientras la leía, más de lo que presentí mientras redactaba el artículo. Sólo mi emoción —que me parecía exagerada, y era justa— dio la voz de alarma.