domingo, 23 de julio de 2006

Nuevo ensayo dantesco (VI)

Mi admiración por la Divina Commedia no me impide ver sus fallos (si los hubiera). Para demostrarlo, dedicaré mi dantesca entrada de hoy a comentar un pequeño error técnico, que Dante hubiese solucionado sin mayor dificultad, pero que no se le ocurrió.

Su obra, a pesar de dividida en las tres canticas que están en la mente de todos, es una unidad: un solo viaje, una evolución espiritual de un mismo personaje y una concepción unitaria e indivisible del universo. Ósip Mandelstam lo ha visto claro en su pequeño ensayo sobre la Commedia, donde lo ha visto todo.

Pues bien, para reflejar mejor esa unidad, el poeta debería haber enlazado cada canto con el siguiente. Hubiese sido tan fácil como seguir encadenando los tercetos (que tan bien nos señalan que todo es una realidad entretejida) por encima de los diferentes cantos, en vez de terminar cada uno con ese cuarteto donde el último verso se vuelve contra corriente y cierra de sopetón la serie.

Dante lo habría visto más claro si hubiese podido leer El Quijote, donde Cervantes hace un espléndido uso del zeugma, incluso para enlazar un capítulo con otro, desbordando así las convenciones literarias.

Así habría llegado Dante al final de la Divina Commedia sin crear —ni en las rimas— compartimentos estancos. En el final tampoco convenía ese verso cerrado como un broche, porque allá se nos está diciendo que la bienaventuranza en el Paraíso es inacabable y dinámica. No quiero dar a entender que el final no sea inmejorable, un prodigio:
l’amor che move il sol e l’altre stelle
, sino sólo que el cuarteto final, cerrado herméticamente, es una mala solución técnica para el sentido trascendente de los versos, un molesto contrasentido.

Tal vez si Dante hubiese podido leer a Manuel Machado habría encontrado una salida extraordinaria para no dejar el último eslabón vuelto sobre sí ni tampoco el penúltimo suelto o cojo. La solución era una rima interna, como en el poema “Felipe IV”, que conjura ambos peligros con un leve toque elegante:
con desmayo galán un guante de ante

sábado, 22 de julio de 2006

Happy New Ear

Dentro de nada saldré a la calle con un baciyelmo, porque lo que leo me empuja a lo que hago cada vez con más fuerza. Ayer fui a un concierto de jazz, en buena parte con la idea de escribir algo tan profundo como Mora-Fandos, o unas notas ramonianas a lo Rodríguez Morales o, con suerte, esas cosas tan bonitas que escribe Arp en Compostela, o tan entusiastas como Beades.

Pero no. Del concierto de Atomic se podría decir aquello de Bernard Shaw sobre un libro que tenía mucho de original y de bueno, pero lo bueno no era original y lo original no era bueno. El título de su disco más famoso: Happy New Ear!, permite el mismo juego: lo que era happy no era new y lo que era new era very unhappy.

El ear lo pusimos nosotros, y es bastante ignorante. Con el atrevimiento que da eso, pienso que mientras que tocaban melodías con anclaje en la tradición, reconocibles incluso por mí, la cosa funcionaba y había belleza. Entonces, como avergonzados, se sentían en la obligación de ser ellos mismos y destrozaban el ritmo. Estridían (sic) tanto los sonidos que parecía que estaban sacrificando un gato en el altar de la Originalidad para que les perdonase sus inconscientes recaídas en la música auténtica.

Pronto la emoción pasó del escenario a los asientos. Como mandan los cánones de la actual elegancia (new but no happy), las parejas nos habíamos sentado separadas. Yo caí en medio de un matrimonio amigo: amigo mío, porque entre ellos ayer no reinaba la armonía. Él se trajo puesto el entusiasmo jazzístico desde su casa: y antes de empezar ya estaba aplaudiendo (¡!), silbando (¡¡!!) y gritando: “yeah!” (¡¡¡!!!). Ella también se trajo la pereza puesta, y enseguida empezó a protestar con frenesí sólo igualado por el gato del de la trompeta: “¿Cuándo acaba esto?, -Ya está bien, -Vale”… Y, de pronto, le decía al marido: “Esta noche, cada vez que lloren los niños, te levantas tú, ya que te gustan tanto los berridos”.

Ahora que lo pienso, podría haber sentido -al menos por una vez en la vida- el selecto placer del centrismo, pues estaba en medio y, además, mi juicio crítico era ponderado y de consenso. Me impidió ese gusto un mozo con una camiseta de mangas recortadas para mostrar los músculos, sentado justo detrás, que estaba visible y audible y crecientemente molesto con los comentarios de mis amigos.

Cuando el concierto terminó, me fui --siguiendo la querencia-- al extremo, donde estaba Leonor. Me recibió con una sonrisa porque había pasado la medianoche y hoy es nuestro aniversario (6 bravos años 6). Happy new year, me dijo al oído.

viernes, 21 de julio de 2006

Arrepentimiento

Esta mañana, al despertar, regresé de una pesadilla, y se me ocurrió un haiku. Lo colgué en el blogg. Error. La poesía es lenta, hecha de impulsos y arrepentimientos, donde tan importante es una cosa como la otra. Propósito firme: no poner poemas inéditos (ni siquiera haikus) en estas páginas virtuales. Recordar a Horacio que aconsejaba nueve años de paciencia a los poetas.

jueves, 20 de julio de 2006

Pepito Grillo

Pepito se ha encontrado con este dicho popular que ha hecho tambalear sus profundísimas convicciones democráticas. Dice:
Els llibres son mestres que no renyen i amics que no demanen.
¿Pero qué libros ha leído el autor del dicho que no le han interpelado, que no le han demandado un cambio, una mejora? ¿Qué tiene de malo que un maestro riña, si es su obligación? ¿Y qué es un amigo que no exige sino un coleguita? Pedro Salinas, que para algo era un poeta-profesor, exigía sin rodeos lo que todo poema verdadero:
Perdóname el dolor, alguna vez. / Es que quiero sacar / de ti tu mejor tú. / Ése que no te viste y que yo veo, / nadador por tu fondo, preciosísimo...”
Y Emilio Quintana escribió este homenaje a los libros que sí le parece bien (y tanto) a Pepito:

LAS HORAS SOLITARIAS

La Eneida
en doce claras y eglogales
mañanas de septiembre, en el salón
de casa, burgués y cómodo.
Blaise Cendrars, en cafés de Cracovia,
con gusto a galaretka y a café Murzynek,
a títeres antiguos y a peluche
(y, entre las páginas,
la carta de lector
del "Institut Français de Cracovie").
Leopardi en una pura madrugada en Tetuán.
Gombrowicz, Contro i poeti,
en un cuartucho estrecho y diminuto
--Pensión Eva (Milán)--,
esperando el avión de Barcelona.
La caverna del humorismo en el Hotel
Aguadulce de Almeria: levante, playa, brisa,
arena entre las páginas y protector solar
pringando la portada...

Serían incontables las horas solitarias,
esas felices horas en que yo
fui más bueno, más hermoso, más justo,
fui mejor.
Grillo objeta (¡cómo no!) que las horas que uno dedica a leer no son solitarias, pero entiende que desde fuera lo parecen y lo disculpa como recurso literario, como contraste.

miércoles, 19 de julio de 2006

Por añadidura

Ayer logré levantarme y desayunamos juntos, luego rematé mi traducción para "Matador" sobre joven poesía neoyorquina, leí a san Pablo (fundamental, según Leon Bloy, para saber qué pasa en el mundo), fui a misa, comulgué, oí un disco de Jordi Savall y mandé mi artículo al Grupo Joly, esta vez bastante combatido por el viento sofocante y racheado de levante. Todo eso antes de las doce.

De modo que a mediodía yo ya había cumplido con la devoción y hasta con la obligación. Todo lo demás se me daría por añadidura. Y vaya si se me dio. Fuimos a Sevilla a comer a casa de los Duque. El viaje en coche lo hice con José Mateos. Nuestras santas esposas se quedaron trabajando: consecuencias de la liberación de la mujer. En el viaje, hablamos un poco de todo, como tiene que ser, pero bastante de no perder la fe en la poesía, que es el peligro que acecha a los poetas según se van cumpliendo años.

En Sevilla hacía calor, así que bañándonos en la piscina de Viñamarina, a la sombra de un árbol del paraíso, hablando de Portugal y contemplando como los perros dormitaban con los gatos en una armonía que recordaba a los leones paciendo con los corderos, uno tenía tentaciones de proponer lo de las tres tiendas...

Si en la piscina se habló de Portugal, en la comida de Italia. Aquilino había cocinado una gallina de Guinea según una receta napolitana. A las gallinas guineanas las llaman en Italia "faraonas" que tiene toda la grandilocuencia un poco gallinácea de los italianos, tierna por tremebunda. Mateos se acordó, con oportunidad, de Las gallinas del licenciado de José Jiménez Lozano.

Comía con nosotros una amiga americana de Sally. Había sido alumna en Stamford University de Flannery O'Connor, pero, como entonces era muy jovencita, sólo se acordaba de que le puso la máxima nota. La vanidad tiene una memoria portentosa: lo sé bien por experiencia. Luego nos habló de sus investigaciones sociológicas con la tribu mejicana de los zapotecas. Parece que las mujeres usaban con frenesí la píldora anticonceptiva, a escondidas de los hombres. Lo cuento aquí para que cuando nos vengan con que los españoles extinguimos a los índigenas zapotecas, podamos defender el honor de nuestros abuelos, los colonizadores, con datos incontrovertibles.

A media tarde, llegó a Abel Feu, que sí trabaja. Hablamos de edición y de un desconocido poeta alemán que ha empezado a traducir Aquilino y de cuyo nombre no puedo acordarme, aunque estoy casi seguro de que no era un tal Alzheimer. Habría que ir a estas reuniones de amigos con una grabadora, para estudiar luego. Muy natural , sin embargo, no quedaría.

Caía la tarde y empezaban a borrarse nuestros rostros. Éramos voces que charlaban. Resfrescaba. Con Abel, habrían hecho falta cuatro tiendas, que no teníamos. Además, estaban nuestras mujeres. Haciendo un esfuerzo, nos despedimos.

martes, 18 de julio de 2006

Y dale con las fotos


Ni actor ni modelo ni figurín de revista de colorín. Yo sólo quiero ser escritor. Y, sin embargo, cada vez que me solicitan un artículo o unos poemas lo primero que reclaman es una foto.

No hay rosa sin espinas y José María de la Flor, que está a la última, no podía dejar de seguir la dichosa moda fotográfica. Después de darme la alegría de contar conmigo para esta serie de artículos veraniegos, me da el soponcio de pedirme una. Una foto en la que salga, además, sonriente.

Yo me río poco. La cosas no están para jolgorios, como explico en mi columna de los miércoles. Si en la foto de allí apareciese tan contento, el sensato lector se preguntaría, pero este tío ¿de qué se ríe? A veces, por no llorar, sonrío. Pero si entonces saliera a mandíbula batiente, resultaría tan patoso como el que empieza a contar el chiste y, antes del final, empieza a desternillarse...

Ahora, a pesar de todo, me envío en una fotografía ligeramente sonreído, porque ¿quién se niega a lo que amablemente le piden? Mi mérito es doble: de amistad y porque tengo los dientes separados, de modo que se me puede aplicar el delicado aforismo de Mario Quintana: “Las sonrisas desdentadas son las más sinceras”. Así es. Quien tiene una sonrisa de anuncio la muestra todo cuanto puede. A nosotros, o las cosas nos hacen verdadera gracia o en boca cerrada no entran moscas.

Para hacerme perdonar, me mando elegante y en el marco incomparable del Recreo de las Cadenas, tomándome —lo que explica la felicidad— una copa de jerez.

Cumplido el trance, déjenme protestar contra esta cultura de la imagen que exige al escritor una sonrisa, al político que exhale carisma, al cantante que encandile a la cámara y a la periodista que sea bellísima, en vez de que cada cual haga bien lo suyo: escribir, gobernar, cantar o informar… Uno lo piensa y se le hiela la sonrisa.
[Publicado hoy en la página de verano del Diario de Jerez. Vendrán otros]

lunes, 17 de julio de 2006

Escribiendo el currículum

Cuando explico a mis alumnos el tema del currículum dedicamos una hora de clase a analizar este poema de la Szymborska. Les sorprende la petición de que se vea la oreja en la fotografía. Respondo que tal vez se trate de una teoría muy científica que estuviera de moda entonces según la cual se podrían sacar conclusiones sobre la personalidad de alguien según la forma de su oreja. Se ríen, porque en toda clase que se precie hay, además de un "cabeza", un "moro" y un "enano", un "orejas" al que decirle a gritos que él sí que tiene una gran personalidad. Qué delicados los adolescentes, ¿verdad? También se consigue -sigo cuando se restablece el orden-, que la foto salga de medio perfil, que es más significativa. Y por último, hay una razón de técnica poética: prepara el melancólico y redondo final del poema.

Lo que no les digo es que estudiamos este poema como una vacuna. Quiero prevenirles el disgusto de ver su raquítico currículum y de los primeros e inevitables fracasos a la hora de insertarse en el mundo laboral. Wislawa Szymborska, en realidad, está haciendo una defensa de la intimidad, hasta de la intrahistoria, con mucha más gracia que el adusto Unamuno. Lo que yo no sabía es que este poema, que ofrecía a mis alumnos como una secreta poción mágica, me iba a servir hoy a mí, que ando actualizando melancólicamente mi propio currículum...
ESCRIBIENDO EL CURRÍCULUM

¿Qué hay que hacer?
Presentar una instancia
y adjuntar el currículum.

Sea cual sea el tiempo de una vida
el currículum debe ser breve.

Se ruega ser conciso y seleccionar los datos,
convertir paisajes en direcciones
y recuerdos confusos en fechas concretas.

De todos los amores basta con el conyugal,
los hijos: sólo los nacidos.

Importa quiénes te conocen, no a quiénes conozcas.
Viajes, sólo al extranjero.
Militancia en qué, pero no por qué.
Condecoraciones sin mencionar a qué méritos.

Escribe como si jamás hubieras dialogado contigo mismo
y hubieras impuesto entre tú y tú la debida distancia.

Deja en blanco perros, gatos y pájaros,
bagatelas cargadas de recuerdos, amigos y sueños.

Importa el precio, no el valor.
Interesa el título, no el contenido.
El número de calzado no hacia dónde va
quien se supone que eres.
Adjuntar una fotografía con la oreja visible:
lo que cuenta es su forma, no lo que oye.
¿Qué oye?
El fragor de las trituradoras de papel.

[De Hombres en el puente (1986), en Paisaje con grano de arena, Editorial Lumen. Trad. de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski]

domingo, 16 de julio de 2006

El Barbero del Rey de Suecia

Cumpliendo su palabra, el Barbero nos trae hoy un libro que no es una colección de aforismos. Esta vez se atreve con la poesía, con un libro de Álvaro García, El río de agua, que para colmo es un largo poema. El Barbero pretendía también explicarlo, comentando, por ejemplo, como el pleonasmo que le da título es, sin embargo, lo mejor de la entrega. Se lo he prohibido, pues sería competencia desleal. Yo escribo mis reseñas, que me dan el dinero para comprar nuevos libros que reseñar. Si el Barbero echa arena en las ruedas dentadas de este círculo vicioso mi biblioteca dejaría de crecer monstruosamente. Los análisis, pues, los haré yo, cuando me los encarguen, y él cumplirá con su trabajo -quizá más importante- de entresacar lo esencial, el nervio del poema:

EL RÍO DE AGUA

[...]
y es música que suena a controlada
demolición del tiempo, del espacio
[...]
Parece que descansan las estrellas.
Escucho el disco y miro la ciudad.
[...]
o quien sabe si no existe la muerte
con sólo no temerla ni quererla,
[...]
A lo real le damos realidad.
[...]
Y por qué no vivir así el presente.
La flexibilidad del tiempo mismo.
Mirar un rato un pino de cien años.
Nadar y, después de nadar, nadar.
La vespa del cartero es amarilla,
[...]
a rose is a rose is a rose
[...]
Los niños no han tejido en una fórmula
las dos velocidades, puro instinto
al arrojar naranjas a las ruedas
de los coches que pasan aplastándolas.
Todo lo que has vivido permanece.
Tiene que estar ahora en algún sitio.
[...]
perros que ladran al oír ladridos,
[...]
Todo lo entiende esta salud que es música.
Todo lo que se apaga en el olvido
reaparece de un modo sigiloso,
[...]
mirar las caras en el autobús,
el paso de fachadas y de árboles,
los anuncios, las casas, ver las casas,
entrar a mundos cálidos y ajenos,
[...]
En el centro psiquiátrico hay un piano
y el joven teclea en él su identidad,
[...]
Sólo se acuerda de él una sonata.
[...]
alguien es operado por la noche
[...]
con el afilador y su silbido,
flauta o piedra,
yo confundo un oficio y su reclamo,
la música afilada
[...]
Un silbido ambulante rasga el aire,
la rúbrica afilada de un trabajo.
[...]
es el presente en sí, como tus ojos,
magia de lo concreto.
[...]
kilómetros de playa, siempre el agua,
el líquido en que pasas nueve meses
[...]
En verano la buscas, algo amniótico.
Milagro es todo, dijo aquel cubista,
meterse en la bañera y no fundirse.
[...]
y de la lágrima,
su diminuto fuego en la mejilla,
[...]
y el palpitar sanguíneo de las fresas.
[...]
y se refugia aquí la eternidad.

sábado, 15 de julio de 2006

Salir

Ayer salimos con unos amigos hasta las tontas. No vengo aquí a protestar ahora, porque la pose de torrero de marfil no es la mía, ni menos a fardar de bohemio, que tampoco es el caso. Simplemente constato que el problema de las salidas son las entradas. Lo que cuesta volver. Con la cerradura de casa no tuve grandes problemas, que yo lo del boozy halo of Catholicism me lo tomo casi metafóricamente. Pero cuesta más acertar a meter la llave en la cerradura del castillo interior. Será porque la llave es de cristal y silencio.

viernes, 14 de julio de 2006

Sólo eso

Leyendo, me encuentro con este fragmento de Chaucer, de muy sorprendente adjetivación:
A very horsely horse
Inmediatamente me acuerdo de otro de Rocío Arana que siempre había achacado a la influencia de un padre filósofo:
El arcear del arce
No sé a qué se dedicaba el progenitor A de Chaucer, pero casi seguro que no era catedrático de metafísica y, sin duda, no era experto en Leibniz; pero ahí está el poeta, como Rocío Arana, poniéndonos delante del misterio de que las cosas, los animales, los árboles, incluso nosotros, seamos lo que somos. Creo que fue Joseph Brodsky el que esculpió la frase de que "La poesía es un atajo". A veces, un atajo para la contemplación filosófica, sin necesidad de facultades ni de desarrollos silogísticos. Yo ahora veo, a través del tiempo, un caballo pastando a la sombra de un arce. Sólo eso, ese milagro.

jueves, 13 de julio de 2006

Metablogg

La metaliteratura es tan natural en un escritor como la metametalurgia en un herrero. Es lógico reflexionar sobre lo que nos traemos entre manos. Ahora toca metablogg.

Paralelamente al V Encuentro Mundial de las Familias, tuvo lugar en Valencia el II Congreso de Bloggs, con dos participantes: Mora-Fandos y yo. Y ayer, otro congreso, el III, por teleconversación, entre Beades y yo, con don Fernando do Vale, que andaba por allí, apuntando algo de vez en cuando.

Tenemos claros varios asuntos, más que nada, los problemas. Para empezar, lo suyo es pensar que los bloggs son una conversación interminable, una tertulia 24 horas. El fallo es que uno escribe cosas con la misma despreocupación que habla y luego no viene el viento y se las lleva. Lo que me recuerda a mi viejo amigo Enrique Lobatón de la Guardia (al que aprovecho para felicitar por su santo) que, con una memoria funesca, recuerda al detalle todo lo que hemos dicho en su presencia desde los doce o trece años en adelante. El resultado es que avergüenza al grupo de amigos muy a menudo. Yo querría que lo que escribo en el blogg se tomara de forma muy provisional, como una intervención en una tormenta de ideas.

Otro asunto: ¿conviene o no mezclar mis inquietudes (literarias, políticas, teológicas, sociales, caninas…) en un mismo espacio? El “totum revolutum” puede hacerse incómodo para los visitantes que compartan una afición pero no otra devoción o viceversa. El remedio sería mantener varios bloggs monotemáticos, aunque eso es peor que la enfermedad.

Hablando de demasiado, ¿es excesivo escribir casi todos los días? Estoy casi convencido por Mora-Fandos y por Beades de que sí. Baja la calidad y se pierde mucho tiempo. Encima, los debates abiertos se van quedando atrás, en algunos casos como heridas, supurando. Y, para colmo, se apabulla a los que no te visitan cada día, que de pronto se encuentran con mucha lectura pendiente. En cambio, me incomoda pensar en que los que sí entran: parece un poco grosero que no se encuentren ni un breve saludo. Resulta duro darse con la misma entrada en las narices día tras día. Lo digo por experiencia, perezosos colegas.

Otro día seguiremos con asuntos más técnicos, como precisamente que las entradas del blogg no deben ser muy largas.

martes, 11 de julio de 2006

Sobre la felicidad

Con acierto, en su creciente blogg, Dal contrapone estos dos sonetos:

1964

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Jorge Luis Borges


DEL AMOR, DE LA GUERRA

Sé que seré feliz. Y a quién le importa
el miedo, los escollos de este mundo,
si un instante contigo es más profundo
que todos los océanos. Es corta
la duda y es muy largo el olvido
para cada derrota. Las batallas
son seguras, pues allá donde vayas
contigo chocarás. Dios ha querido
que en esta vida amemos con empeño,
con paciencia y tesón, pues es oscuro
el bosque que amenaza al amor puro.
Que el amor que es más libre tiene dueño,
un amor decidido, amor que canta,
que a fuerza de minucias se levanta.

Jesús Beades


El soneto de Beades es lo que podíamos calificar como una variación respondona. Las variaciones son un género literario, muy consciente, que viene a demostrarnos que la literatura es una conversación con los difuntos o distantes, como avisó Quevedo. Lo de las variaciones respondonas es un subgénero entrañable, de las que Dal también nos ofreció recientemente otro ejemplo de ida y vuelta.

Julio Martínez Mesanza, por su parte, tiene una variación más cercana al mismo poema de Borges, aunque inconfundiblemente suya:

NÍNIVE

No soy feliz, ni lo seré venciendo.
Ya no quiero vencer. Lanzo la flecha,
pero la estéril ansiedad persiste.
Mando romper el nervio de los arcos
y la ansiedad persiste. Ya me hiere
todo rumor y escucho predicciones
sobre eclipses e imperios. El insomnio
me devuelve un pretérito manchado.
La vejez de los dioses es inmensa,
y mil generaciones de los hombres
alcanzan lo que alcanza su agonía.
Los crímenes de un dios jamás prescriben,
se arrastran como siglos por los siglos
ensuciando los ojos de lo eterno.
Todo lo que alcancé ya no me sirve.
No quiero ver a la mujer gozada.
No quiero ver el campo victorioso.
No quiero ver las torres ni los templos.
Ni las palabras dichas ya me sirven:
escapan sin sentido de mi boca.
Todo lo que contemplo se empobrece.
Ningún alivio encuentro en los paisajes
que los hombres aprecian. Ha salido
muchas veces el sol, muchas ha muerto.

Luis Alberto de Cuenca replicó al poema de su amigo, con la alada frivolidad que le caracteriza:

SOBRE UN TEMA DE J. M. M.

No quiero ser feliz. Estoy enfermo
de haberlo sido tanto. Me fastidia
que la gente me quiera y que los dioses
me protejan. Renuncio a ser el centro
de las fiestas y a todos los poderes
que el dinero y la sangre proporcionan.
No quiero verte al lado, en la cabina
de mi coche, dorada y sonriente,
previendo mis deseos más ocultos.
No me divierte ya que mis amigos
celebren la blancura de tus manos.
Detesto las victorias, y los viajes
al más allá, y la daga del ingenio,
y el amor, y el jardín de la alegría.
Quiero la opacidad y la tristeza
que da el dolor, y la desesperanza.
Me está matando tanta dicha junta.

Lo más reseñable es que el poema de Borges, a pesar de su entreguismo y cierta pose, tiene una categoría y una verdad que explica tantas y tan buenas secuelas. Por otra parte, hay una fuerza en el poema original que marca a los demás, incluso en aspectos formales. Por ejemplo en el sabio uso de los encabalgamientos que todos practican; en que los mejores versos de cada poema son el primero; y en la presencia del amor como médula emotiva. También en una economía expresiva que otorga sobriedad ética a los poemas. Y, finalmente, resulta instructivo comprobar que los poemas se recrean cada vez con más insistencia en la voluntad de la infelicidad (con excepción de la heroica protesta de Beades); lo que sirve para subrayar el casi secreto papel protagonista que la delectación en la tristeza tenía en el poema borgiano: "Sólo me queda el goce de estar triste" .

Prosa de la experiencia


El hombre, con ochenta y tantos años, y unos cuantos ataques de corazón y alguna lesión cerebral, me decía al comentarme una extravagante anécdota que le acaba de ocurrir: “Al menos me servirá de experiencia”.

lunes, 10 de julio de 2006

Sic

En mi reseña a la antología Alzar el Vuelo, en la muy recomendable revista Poesía Digital, me han corregido la ortografía y ahora parece que mantengo que Rocío Arana es una hereje. Eso, como están las cosas, es toda una bendición y le vendría estupendamente a la carrera literaria de nuestra amiga, pero en realidad lo que Rocío Arana hace es discrepar de Miguel d'Ors afirmando que Miguel d'Ors le parece un poeta extraordinario. O sea que ella es heterod'orsxa; como yo, neologizando, escribí.

Vanitas

Vanitatis; más que nada por la compañía.

Inscripción para el portón de un cementario

La misma lápida ostenta
–según entiende la gente–
cuando se nace, una estrella,
y una cruz cuando se muere.

Mas cuántos que aquí reposan
no nos dirían así:
“¡Pongan la cruz al principio,
la luz de la estrella al fin!”

[Mario Quintana. Trad. de un servidor prometida a Juan Ignacio y dedicada a Inma Rodríguez-Moranta]

Paradojas valencianas II

Una vez allí, se da uno cuenta de que tampoco era para tanto su paradoja y que Gilbert Siempre Chesterton ya la había explicado, muy análogamente, al entonar su elogio del celibato como la gran institución que ampara al matrimonio. Allí, en el Encuentro Mundial de las Familias, abundaban, junto a los célibes, junto a los novios o no todavía, y junto a los matrimonios sin hijos, las familias numerosas con niños incansables, sudados y rientes. Las abuelas incansables también reían.

Al final me he acordado mucho del anónimo comentarista que entró a saco en mi entrada del viernes pasado. Y mira que a lo mejor él tenía más razón que yo. La verdadera paradoja valenciana es que el mensaje de Benedicto XVI, tan sereno y positivo --se comparta o no--, pueda generar una reacción en contra tan virulenta y grosera (Jo no t'espere) en algunos. "¿Qué tiene la Iglesia que escuece así?": podría ser una pieza nueva para mi colección de paradojas.

viernes, 7 de julio de 2006

Paradoja en Valencia

Una de las muchas secuelas que deja la lectura de Chesterton es el gusto por las paradojas, su coleccionismo casi. Otras secuelas son el amor por el vino y la cerveza --the boozy halo of Catholicism, que dijo Shaw o Wells--, la risa con que enfrentamos los tópicos del mundo, el agradecimiento universal, etc.

Acabo de recoger una nueva paradoja para mi colección. Esta tarde partimos hacia Valencia, al encuentro con las familias, justo los cuatro matrimonios de nuestro grupo de amigos que no tenemos hijos. Los que son progenitores se quedan aquí. Hay, por supuesto, una explicación obvia: para ellos es más difícil moverse. Pero hasta con la explicación, no deja de ser una paradoja, que repite lo que pasó con la manifestación en Madrid en defensa de la familia, a la que acudimos prácticamente los mismos.

Como las paradojas que me gustan, esconde su moraleja. No asustaros: la guardaré para mí.

jueves, 6 de julio de 2006

Ars moriendi

Ayer publiqué un artículo en "La Gaceta de los Negocios" acerca del accidente de Valencia. Me fijaba en cómo cuando pasa algo así todos, incluso el político que sistemáticamente ataca a la familia o el ciudadano que se enchufa a "Aquí hay tomate", todos pensamos en los familiares de las víctimas. Con el subconsciente o con el supraconsciente, estamos de acuerdo en que el sitio de morirse es la familia. El pensamiento entonces se me fue hacia la muerte de don Rodrigo, el padre de las Coplas, que para mí es el epítome de muerte ideal.
[...]
después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta,

diciendo, "Buen caballero
dejad el mundo engañoso
y su halago;
vuestro corazón de acero
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
y pues de vida y salud
hicisteis tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
que os llama.

[...]

Así, con tal entender
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer,
y de sus hijos y hermanos
y criados,
dio el alma al que se la dio,
(la cual la dio en el cielo,
en su gloria),
que aunque la vida perdió,
dejónos harto consuelo
su memoria.

Qué educada la Muerte, llamando a la puerta antes de entrar y retratándose, humildemente, como un "trago" y una "afrenta". Muy significativo que ella haga una argumentación pagana, y que sean don Rodrigo y Jorge Manrique los que rectifican y vuelven los ojos a Dios. Y qué serenidad dolida en todos los versos. El papel consolador de la memoria emociona y queda resonando más allá del final del poema. (A propósito de la importancia de recordar, visítese esta entrada memorable.)

Probablemente, Las coplas a la muerte de su padre influyeron en la muerte de don Quijote, esa otra cumbre. Hay un punto de rebaja (no mujer, sino Sancho; no hijos, sino sobrina; no criados, sino ama; no hermanos, sino cura y barbero...) y un quiebro de pudor ("quiero decir, que se murió"), pero eso, que humaniza y enternece, lo puede hacer Cervantes porque escribe sobre el telón de fondo de la muerte manriqueña.

Y además no aplicó a don Quijote ni una gota de guasa que no apurase él mismo en su famosa y propia despedida del prólogo del Persiles y Segismunda:

¡A Dios, gracias; a Dios, donaires; a Dios, regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!

Además de las polisemias del "a Dios", aquí en la superficie, y del "gracias", lo de "donaires"tiene su chufla, ¿no? ¿Y qué decís de lo de "regocijados"? De este modo Cervantes le va quitando tensión a lo de irse muriendo, que tiene que hacerlo porque la mujer, los hijos, los hermanos y criados somos nosotros, los lectores. Pero lo mejor es eso de veros presto en la otra vida. Te entran ganas de replicar: "Hombre, prisa no hay..." Aunque reconocemos que es una chufla tiernísima y llena de buenos deseos: "veros presto contentos". Pues eso.

miércoles, 5 de julio de 2006

Enlace para forofos

Pacientes lectores de mi blogg, ustedes ya me han oído comentar el asunto que trato en el artículo del Grupo Joly. Les parecerá que insisto, y eso no estaría bien: "Si dices la verdad, no la repitas, / sólo el que miente insiste" como nos avisó una vez el entrevistado Aquilino. Pero es que todavía no lo había tratado en la prensa, que es donde tiene interés combativo. Dejo el enlace, sólo para los muy forofos. Hoy mi recomendación es que acudan a uno de estos dos conciertos. O a los dos.

martes, 4 de julio de 2006

Salir en la foto

Tengo una relación pésima con mis fotos. Los espejos, sobre todo los de casa, son de la familia y acaban devolviéndote una imagen dulcificada; pero las fotos dan fe con la misma frialdad que un notario y te pasan la inexorable minuta del paso del tiempo. Últimamente la cosa había empeorado y yo le echaba la culpa a los kilos y a los años.

Que la tienen y, sin embargo, he caído en la cuenta de que el problema de fondo es que salía sólo medio yo, y así no hay manera. Desde que me casé, cualquier fotografía en solitario es como de perfil. De frente, para salir entero, tengo que posar con mi mujer. Llegado a esta conclusión, y sin pedirle permiso —no me lo daría—, mando al periódico una foto completa. Además, como vengo a escribir mis artículos sobre la familia, está justificado que aparezca una foto de la nuestra, ¿no?

La mayoría de mis lectores, quitando a alguna top-model que siga la Gaceta de los Negocios, estarán de acuerdo conmigo en la práctica imposibilidad de salir bien en un primer plano. Habrá algún cenizo que piense que no damos para más, pero yo creo que no. Fíjense que en las fotos de familia, en cambio, todos salimos mejor, de más lejos, sin cara de pose, con una sonrisa natural, felices y acompañados.

Uno de los problemas de esta sociedad es que prefiere las fotos carné.

lunes, 3 de julio de 2006

Ojo de Dios

El otro día, en un comentario, habló Arp de la mirada de Dios como culminación del amor. Era una idea a la que yo no le tenía especial cariño, creo que porque el símbolo del Ojo de Dios, ese triángulo con un ojo dentro, no me atrae nada en absoluto. Algo en mí lo rechaza, y no debo de estar muy equivocado teniendo en cuenta cuánto gusta a los masones.

Pero como Arp tiene a su favor el argumento de autoridad, lo he pensado dos veces y he llegado a la conclusión de que mi problema es el medio del mensaje. Esto es, que el rechazo es a la representación iconográfica del concepto: al reflejar un ojo exento y una geometría estricta tiene un punto macabro. Sin embargo, en palabras, en poesía, la idea es hermosa y precisa, verdadera.
Justamente, Arp citaba como ilustración de su idea el magistral poema "Esposa" de Miguel d'Ors:

Con tu mirada tibia
alguien que no eres tú me está mirando, siento
confundido en el tuyo otro amor indecible.
Alguien me quiere en tus te quiero, alguien
acaricia mi vida con tus manos y pone
en cada beso tuyo su latido.
Alguien que está fuera del tiempo, siempre
detrás del invisible umbral del aire.

En cambio, esta coplilla, grabada en su cuadro de la Catedral de Segovia por Ignacio de Ries, está todavía un poco contagiada del género pictórico:

Mira que te as de morir
mira que no sabes quando
mira que te mira Dios
mira que te está mirando.
Antonio Machado retomó el asunto, dándole un giro metafísico de mucho interés:

Dijo Dios: Brote la nada.
Y alzó la mano derecha
hasta ocultar su mirada.
Y quedó la nada hecha.

Nadie elige su voz, y Julio Martínez Mesanza prefiere una forma épica y un trasfondo ético, que complementan la intimidad trascendida de d'Ors:

Tus ojos, los que veo en el combate,
los que me miran cuando me ensangriento,
los que antes de acusar me han perdonado.
No sé por qué me espían esos ojos
que están en todo, vigilando siempre.

Mario Míguez, último deslumbramiento mío, mira esa mirada con la hondura de una oración y el ritmo de una letanía:

Tu mirada está en mí desde que existo
y cómo me sostiene tiernamente:
me dan vida tus ojos invisibles.
Sólo soy lo que soy porque me miras.
Sólo porque me miras sigo siendo.
La raíz de mi ser es tu mirada:
es el centro de mi alma, aunque tus ojos
mientras dure mi vida estén ocultos
siempre a infinitos sueños de distancia.

Ahora lo tengo claro. La representación gráfica olvida que los ojos de Dios están ocultos. Y otra cosa que nos recordó el indispensable Machado: los ojos no son ojos porque los vemos, son ojos porque nos ven.

domingo, 2 de julio de 2006

El Barbero del Rey de Suecia (V)

Porque tiene la plaza fija o algo, últimamente el Barbero está un poco funcionario. Hoy nos trae, para que nos consolemos de lo poco que nos deja leer la vida, una antología de aforismos de Antoine de Rivarol. Le he reñido porque eso es muy fácil: trabaja ya sobre fragmentos y, encima, ya antologados. Me ha dicho que espere y lea, que merecen la pena. Y me ha prometido que el próximo libro que siente en su sillón será un poemario o un ensayo. Veremos. Veamos.
Hay que matar el orgullo sin herirlo, pues si lo herimos no muere.
*
No mientas a alguien con quien deseas tener confianza. Desde que le digas la primera mentira, te costará mucho creerle.
*
El ingenio malvado y el buen corazón: ésta es la mejor especie de hombres. Escribo un epigrama contra un tonto y doy una moneda a un pobre.
*
Un poco de filosofía aleja de la religión; y mucha hace volver.
*
El ejército del que uno se vale para sojuzgar está él mismo sojuzgado, y el martillo recibe tantos golpes como el yunque.
*
Un hombre inteligente parece por lo general feliz, como un hombre bien hecho para por lo general hábil.
*
Los buenos versos son ésos que se exhalan como los sonidos y los perfumes.
*
Cambiar el sentido de las palabras de una lengua es alterar el valor de las monedas de un imperio; es sembrar la confusión, la oscuridad y la desconfianza con los instrumentos del orden, de la claridad y de la fe pública: si se desordenan los muebles de la habitación de un ciego, se le condena a forjarse una nueva memoria.
*
El arte debe darse una meta que se aleje sin cesar.
*
¡Para amar suficiente hay que amar demasiado!

sábado, 1 de julio de 2006

Podemos hacer algo

Y nos lo recuerda, en el momento justo, Álvaro García en su impresionante Poesía sin estatua (Pre-Textos, 2005):
Un gran poema, por el hecho de serlo, es crítica civil implícita: poderosa afirmación contra la falsedad y la componenda.
¡Manos a la obra!

viernes, 30 de junio de 2006

Muerte entre las flores

Ayer sólo tuve ánimos para ver Muerte entre las flores. En principio, fue por el título, tan apropiado. En la película los gánsters dan órdenes y manejan a políticos corruptos y a policías serviles. A los políticos les gritan, les ponen plazos, los mueven de sus sillones, los readmiten con nuevas condiciones. A la policía la utilizan como mano de obra barata y feroz. La ley no importa y el pueblo aparece como unos extras insignificantes, que cruzan la calle o beben en los bares o juegan a la ruleta.

Pero también es una película sobre la fidelidad a pesar de todo. El hombre que mantiene esa débil llama no se va de la ciudad, recibe todos los golpes, le insultan, arriesga su vida, apenas duerme, no gana jamás una apuesta, y cuando le soluciona todos los problemas al jefe de la banda, su estúpido amigo (que, además, se casa con la mujer que él amaba), no sabe por qué lo hizo. Desde luego, no por interés personal. Y, sin embargo, le queda la dignidad de haber sido fiel, de haber luchado... Esta sensación fue con la que me acosté anoche, con la que hoy me vuelvo a levantar.

jueves, 29 de junio de 2006

España eliminada

Y no se trata de fútbol. Ojalá.

Fin de carrera

... Porque, amados discípulos, ninguna
de mis sabias lecciones pudo daros
más que triviales fórmulas y algunos
estereotipos que la gente ignora
ya que de otra manera no es posible
sacar ningún provecho de este docto
título que hoy gozáis. Es necesario
que esto quede muy claro para nunca
caer en los errores en que muchos
han caído de forma irreversible
y muy triste en lo que en mi modesta
opinión se refiere. De estas aulas
lo bonito sería que salierais
--amén de preparados para la útil
ganancia de un dinero-- con la mente
al menos respetuosa y bien dispuesta
para admirar las artes que al contrario
de cuanto os he enseñado... sí perduran.
[Historia Antigua. Víctor Botas]

miércoles, 28 de junio de 2006

Intrahistoria

Algunos miércoles toca refugiarse de las turbulencias de la política en la intrahistoria y de los fracasos del deporte de elite en la intimidad tomada con deportividad.

Pero que nadie se engañe: el repliegue no es una retirada. Se trata de ahondar en las raíces para florecer con más fuerza.

lunes, 26 de junio de 2006

Albada

Los modernos, como es sabido, sustituyeron la oración matinal por la lectura del periódico. Como no quiero dejar de ser eterno, compagino ambas cosas. La vida, declaró Ortega y yo repito de mala memoria, es una aspiración a no renunciar a nada. Pero, además, desde que, nel mezzo del cammin di nostra vita, he puesto un pie en la postmodernidad --que es selva oscura--, también trato de escribir muy de mañana mi entrada en el blogg. Y como todo se construye sobre el hombre a secas, antes he tenido que preparar el desayuno. Para colmo, el homo oeconomicus tiene sus razones (que el corazón entiende a medias), y ahora debo ajustar en mi agenda las últimas reuniones de evaluación.

Con tanto ajetreo, por muy temprano que uno se levante, lo que empezó como una albada, sólo acabará a media mañana, convertido ya en trotadora prosa de cada día, que es justamente lo que uno tiene que convertir en...

sábado, 24 de junio de 2006

Visita al oculista

Me ha recetado retórica: un colirio de lágrimas artificiales.

(Aunque si yo fuese político, la receta hubiese sido demagogia, que es lo mismo adaptado a los medios de comunicación de masas.)

Contra las bodas

Que no cunda el pánico. No voy a hablar contra las bodas homosexuales; así que los defensores de la diversidad y de la tolerancia pueden, por esta vez, guardarse la indignación que les entra cuando alguien piensa un poquito distinto. Simplemente vengo a quejarme de la abundancia de bodas heterosexuales, que sí se puede hacer.

Tampoco es que tenga nada contra el matrimonio. El día de tu boda es el más feliz de tu vida, dicen. “Sobre todo”, bromeé alguna vez, “de tu vida de ahora en adelante”. Me equivocaba: la cotidianidad conyugal depara días muy dichosos. De lo que de verdad estoy en contra es de las bodas, esto es, de la preceptiva celebración festiva del evento. “Qué misantropía”, dirán ustedes, “si sólo es una lógica noche de fiesta”. De sólo una noche, nada: desde que, varios meses antes, uno recibe la invitación, está condenado; además de agradecido. A partir de entonces, inútilmente intentará hablar de la manifestación de la AVT o de las peripecias de Maragall: la conversación se centra, por arte de magia, en cuestiones de vestimentas, de hoteles y de listas de regalos. Todo muy barato.

El día más feliz dura una infinidad de horas seguidas donde, como en el poema de Bécquer, se confunden los crepúsculos. Si pagaran un salario por asistir, sería un trabajo insoportable, que incumpliría todas las normas que regulan una jornada laboral digna. Cuenten las horas que se pasan de pie, conversando a voz en grito, saludando con cara de felicidad, bebiendo sin sed y comiendo sin hambre…

Desde la boda de Letizia, se hace mucho hannover, quiero decir, que se imita al famoso Ernesto saltándose la ceremonia religiosa para acudir directamente al convite. Grave error, porque la iglesia es el único sitio donde podrás estar sentado tranquilamente, deseando felicidad a esos aventureros que unen sus vidas, sin la obligación de dar carrete a un señor que te pusieron al lado.

A partir de ahí, todo es una vorágine de canapés y un vértigo de conversaciones. Enseguida olvidamos cuánto nos costó adelgazar y que, por cada copa, uno tendrá que tomarse al día siguiente un vasito efervescente con paracetamol. La fiesta no acaba nunca porque, cuando por fin decidimos irnos, empiezan las despedidas, que se eternizan. Y se repiten: hace tanto tiempo que habías dicho adiós a la primera persona que vuelves amnésico y afónico a pegarle otro abrazo.

Hubo un tiempo en que pensé, con alivio, que había casado felizmente a todos mis amigos. Sin embargo, yo mismo me casé, y con una mujer tan extremadamente joven que ahora comienzan a hacerlo sus amigas. Algún día terminarán, supongo; pero ya no concibo esperanzas. El gobierno ha inventado el divorcio exprés y, dentro de nada, empezaremos a celebrar reincidencias.
—Amigos, parientes y conocidos, por favor, sed matrimonios felices y duraderos, aunque sólo sea para ver si podemos pasar un fin de semana en casa leyendo un poco.
[Artículo que publiqué en el Diario de Cádiz allá por mayo pasado, pero que --ante el fin de semana que me espera-- he considerado conveniente recuperar.]

viernes, 23 de junio de 2006

La cita de todos los veranos

Una conjunción de astros me deja a las puertas del verano. Anteayer empezó en el calendario, ayer fue santo Tomás Moro y hoy haré el último examen de recuperación, de modo que esta tarde será ya verano para mí.

Y he recordado un versículo de Luis Rosales, que me viene como anillo al dedo:

Escribir es la cita que todos los veranos tengo conmigo mismo

No olvido --haciendo un juego de palabras en honor de AnaCó-- que no hay Rosales sin espinas, o sea, sin algo punzante y doloroso. En este versículo, tal vez se deba al hecho de que la escritura resulta sólo un fruto de estación, porque antes no hay tiempo, ni silencio, ni paz, puede que ni ganas. O quizá --con más dramatismo-- a que el poeta se siente existencialmente perdido durante el resto del año.

Pero Rosales da siempre su perfume. Qué preciosa verdad poética: escribir es encontrarse con uno mismo; es una esperanza a punto de cumplirse...

¿Acudiré yo estos dos meses a mi cita conmigo? Y que el paciente lector no proteste diciendo: "pero si no paras, grafómano, entre el blogg, los artículos, las críticas..." No: escribir, escribir es escribir poesía.

¿Y acudirá ella a la cita?

jueves, 22 de junio de 2006

Poesía y prosa

Ayer me enviaron un gran artículo de Jon Juaristi. Lo pueden leer aquí. A medida que yo lo hacía, me fui dando cuenta de que el artículo era la reescritura exacta, sólo que en prosa, para la prensa, de un poema suyo. Compararlos puede ser interesante. (Y así de paso, los volvemos a leer, que no está de más en estos tiempos donde la gente confunde no dedicarse a la política con mirar para otro lado.)

El poema, muy conocido, es:

SPOON RIVER, EUSKADI

¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes,
y por qué hemos matado tan estúpidamente?
Nuestros padres mintieron: eso es todo.

La diferencia más evidente es el tamaño. El poema, breve y esencial: una verdad desnuda con un tono visionario. El artículo, largo y narrativo, de tono biográfico. Uno es memorable, el otro es memorístico. Cuando se leen juntos, se piensa que el artículo podría ser la nota al pie que explicase qué hechos concretos están debajo de aquellos tres versos. Sosteniéndolos, porque sin esa experiencia previa el poema no habría sido concebido.

Técnicamente, tiene interés el uso tan diverso que se hace de la tradición literaria. El título del poema se refiere al del poemario de Edgar Lee Masters, Spoon River Anthology, que es una colección de epitafios. Juaristi no pretende perpetrar un culteranismo, sino propiciar una evocación emocional. Nombrar Spoon River nos sitúa en el marco de un cementerio (allí ocurre todo aquel libro) y nos introduce en un mundo de reproches (que es, principalmente, a lo que se dedican los personajes de Masters). En el artículo se acaba haciendo, es cierto, una paráfrasis de un verso de Cernuda —que posiblemente ayudó a Jon Juaristi a concebir la idea del poema—, pero el uso esta vez no es evocativo sino discursivo, para volverlo del revés y explicarlo.

Mientras que en "Breve historia de una saga sabinista" el autor nos cuenta una historia en la que él juega, como es lógico, un papel clave como testigo; en "Spoon River, Euskadi", el poeta —a pesar de la (mala) fama de los vates en este sentido— brilla por su ausencia. El personaje central del poema --quien tiene que entender-- es el “viajero”, o sea, el lector. Y la voz, una de ultratumba.

No podemos olvidarnos del tiempo. La enseñanza también es nítida: en el poema el tiempo es un futuro abstracto (casi un destino) que se basa, puenteando al presente, en un pasado mítico. El tiempo de la prosa es el presente que se abre paso entre una maraña de causas y de efectos. Ambos textos son complementarios.

miércoles, 21 de junio de 2006

En tres líneas

Entre líneas, en mi artículo de hoy, resuena un marmóreo lema estoico: "Hacer de la necesidad virtud".
*
Yo diría que el Cristianismo propone, entre otras cosas, lo contrario: "Hacer de la virtud necesidad". Pablo de Tarso, más atrevido, prefirió decir: "Hacer de la necedad virtud, como del escándalo" (1Cor 1,18-23) .
*
Lo que motivó la actuación del Grande-Marlaska contra ETA fue una portada de periódico. Qué muestra del inmenso poder de los medios... El mismo daimon juguetón me susurra al oído: "Claro, el poder de los fines está desaparecido".

martes, 20 de junio de 2006

La realidad y la poesía

La etiqueta de “poesía de la experiencia” me parece bien, sobre todo porque no es más que eso: una etiqueta, y alguna hay que tener. Y desde que mis colegas huyen de ella como si fuese una estrella amarilla, la miro con más simpatía.

Más fundamento tiene si aplicada a la lectura. La buena poesía enriquece al lector mientras que un buen lector enriquece al poema, en lo que la gente llamaría un círculo vicioso, pero que es una espiral benéfica. Cuando un poema me habla de lo que no viví, aumenta mi experiencia, y cuando habla de algo que conozco es mi vida pasada la que da sentido y matices al poema, que vuelve a influir sobre uno con renovado vigor. Suena complejo, pero todo lector de poesía ha pasado por esa experiencia. Ahora bien, para que el mecanismo gire, tiene que rodar sobre el eje fijo de la realidad, que es la tierra firme que comparten poeta, lenguaje, lector y tema del texto.

Dos pequeñas anécdotas reafirman la teoría. La primera, la flor del asagao. Miguel d’Ors reprodujo en su Sol de noviembre un haiku de Basho que a mí, en principio, me dejaba frío:

Yo soy un hombre
que come su arroz
ante la flor de asagao.

A Arp, sin embargo, le gustó muchísimo y, con instinto de filólogo, se puso a investigar qué flor era el asagao. Pensó que la prímula, y yo seguí quedándome frío: una flor bonita pero cursi que no me decía nada. En Arp se puede confiar, no porque no se equivoque a veces, sino porque rectifica enseguida. A los pocos días nos informaba de que la flor de asagao es, en realidad, nuestra corregüela. Y, entonces, cuando el haiku de Basho arraigó en la tierra de su verdad, me emocionó: la corregüela es una flor silvestre, humilde y feraz, delicada sin embargo. Una flor delante de la cual el hecho de comer arroz es significativo.

Chiyo también habla de la flor del asagao. Este haiku, en cambio, siempre me había gustado mucho por esa sensibilidad femenina que prefiere salir a pedir agua antes que arrancar unas plantas.
Cegado el pozo
por la flor de asagao,
salgo a por agua.
Conociendo la florecilla que merece su misericordia, llega más hondo aún.

Ahora, cuando veo corregüelas por los arcenes y en las vallas de las casas viejas, me fijo más, y recuerdo a los maestros.

La otra experiencia tiene que ver con las cigarras. Su música, siendo sinceros, no es más que un ruido chirriante, valga la recurrente y socorrida aliteración. Le prestamos oídos —además de porque no nos queda otro remedio— por su prestigio literario y su reversible moraleja, que Inma nos recuerda. Así las cosas, cuando leí Partitura de la cigarra, de Eugenio Montejo, me pareció que la poesía del gran venezolano estaba muy por encima de su tema y de su título.

Hasta que hace unos días cayó en mis manos esta contestación de Jean-Claude Roché (célebre bioacústico o, como él prefiere, ornitomelólogo) a una pregunta sobre el canto de las cigarras: “cantan muy bien. Pero los cantos que resultan realmente hermosos son los de las cigarras de países tropicales, como las de Venezuela o Malasia, por ejemplo. Es extraordinario, porque todas cantan por la tarde, pero, a su vez, cada especie tiene su momento exacto. Hay una que canta a las cinco y media; otra a las seis menos veinte; otra a las seis menos cinco… nunca juntas. Cada cual respeta su turno, con una precisión tal, que podría poner mi grabadora en el momento exacto en que quisiera grabar una.”

Los subrayados son míos. Y la nueva emoción con la que he vuelto a Montejo también.

domingo, 18 de junio de 2006

Fun & Beauty

Si yo fuera aficionado, me tatuaba sin pensarlo dos veces esta frase de Hilarie Belloc. Como no, me la grabo a fuego en la memoria:
We hobble through this difficult world with the aid of two crutches: Fun & Beauty.
[Unamuno pensaba que no era necesario traducir de los idiomas que se estudiaban en el bachillerato. Como soy profesor de instituto, no comparto el optimismo del Rector de Salamanca y ofrezco una versión de la frase de Belloc: "Renqueamos a través de este mundo complicado con la ayuda de dos muletas: la diversión y la belleza".]

viernes, 16 de junio de 2006

Cómo pensar de los demás sin equivocarse

A Pemán o Alberti --los escritores que conocí en la infancia y que me pellizcaron graciosamente el sonrosado cachete-- puedo permitirme la familiaridad de darles un íntimo tirón de orejas. Don José María se lo merece por buena persona. Es peligroso serlo cuando se es una figura pública, porque entonces, como uno es bueno, procura hacer el bien a la gente y acaba predicando. En concreto, Pemán bajó la vista al refranero y descubrió aquél que dice:
Piensa mal y acertarás.
No le gustó. Y aprovechando su tribuna para mejorar los usos y costumbres, se aventuró a corregir al genio (o el mal genio) del pueblo y propuso:
Prefiero pensar bien, aunque me equivoque.
A primera vista, la propuesta pemaniana era estupenda. De segundas, plantea el problema de que nuestra inteligencia siente una repugnancia prácticamente invencible ante cualquier equivocación. No creo, siendo honestos, que esta versión lograse desactivar el refrán tradicional en muchas conciencias.

Afortunadamente, Jorge Luis Borges, conociendo el intento de Pemán o sólo lo que postula el refranero, cinceló una frase definitiva que convence, porque vence las resistencias de la realidad y las reticencias de la razón. No sé qué pensarán ustedes, pero desde mi punto de vista este argumento es inapelable:
Piensa que los otros son justos, y si no es así, el error no es tuyo.

jueves, 15 de junio de 2006

Los frutos del bien

Al barbero del rey del Suecia siempre le pareció una torpeza de don José María Pemán aquel título de uno de sus poemarios, Las flores del bien. Meterse en florituras para medirse con el autor de Las flores del mal era jugar en su propio terreno o jardín o arriate. Ya puestos a la moralina, hay que hacerla a fondo: lo mejor habría sido titular el libro Los frutos del bien.

Mañana seguiremos hablando de Pemán, pero ahora el barbero se alegra mucho de que no cayera en la cuenta, porque realmente los frutos del bien se pueden cosechar en los dos libros de notas del propio Charles Baudelaire, Cohetes y Mi corazón al desnudo. Véanse:

La franqueza absoluta, medio de originalidad.
*

El espíritu de burla puede no excluir la caridad, aunque es raro.
*

El trono y el altar, máxima revolucionaria.
*

En la plegaria hay una operación mágica. La plegaria es una de las grandes fuerzas de la dinámica intelectual. Hay en ella como una corriente eléctrica.
*

El rosario es un médium, un vehículo: la oración al alcance de todos.
*

España pone en la religión la ferocidad natural del amor.
*

El primero que llegue, con tal que sepa divertir, tiene derecho a hablar de sí mismo.
*


La agudeza es una obra maestra.
*

Las naciones no tienen grandes hombres más que a pesar suyo. Por lo tanto, el gran hombre es el vencedor de toda su nación.
*

Hay que trabajar, si no por gusto, por desesperación, ya que está comprobado que trabajar es menos fastidioso que divertirse.
*

Los abolicionistas de almas (materialistas) son necesariamente los abolicionistas del infierno: están, a buen seguro, interesados.
*

Teoría de la verdadera civilización. No está en el gas, ni en el vapor, ni en las mesas giratorias. Está en la disminución de las huellas del pecado original.
*

Siempre el gobierno anterior es el responsable de las costumbres del siguiente, en la medida que un gobierno pueda serlo de alguna cosa.
*

No comprendo cómo una mano pura pueda tocar un diario sin una convulsión de asco.
*

Ser rico y amar el trabajo.
*

No hay trabajo más largo que aquel que uno no se atreve a empezar. Se vuelve pesadilla.
*

Sé siempre poeta, hasta en prosa.
*

Encontrar el frenesí diario.
*

Una sabiduría abreviada. Aseo, oración, trabajo.

miércoles, 14 de junio de 2006

Tal como fue

A veces la anécdota o la idea o las palabras que dan origen a un poema o a un artículo terminan por no salir a la superficie, o por pudor o por incapacidad de expresarlas bien o por la misma evolución del texto. ¿Cómo es posible —preguntará alguno— si el primer verso es el que dan los dioses? Cierto, pero de los dones de los dioses no hay por qué hacer alarde, o no se está a la altura. Cuenta González-Ruano que él siempre eliminaba el primer párrafo de sus artículos, que ya es sistematizar. En cualquier caso, lo importante no es lo que está dicho, sino lo que está. Y que puede estar entre líneas, como sombra, dando fuerza o gracia a lo explícito. He vuelto a pensar en todo esto porque en el artículo de hoy, al final, no entró la idea que lo inspiró, que no era mía, y que ojalá sí esté.

La idea nos la explicó la víctima del terrorismo con la que cenamos después de la concentración del 10 de junio. Él decía que, si pudiera, borraría el sintagma “la sinrazón del terrorismo”: los asesinos tenían muy bien previstas las consecuencias, las ventajas que sacarían de los crímenes; y si no tuvieron razones, ahora el Gobierno, al negociar, se las iba dando.

martes, 13 de junio de 2006

Tortuga

He vuelto a mi infancia gracias a la lectura de los Poemas para sobrinos de Inmaculada Moreno y Canto y cuento de José Mateos, que acaban de salir en Hiperión, en la colección de poesía infantil "Ajonjolí".

Uno de mis recuerdos es mi padre leyéndome poemas de Marinero en tierra antes de dormirme. Le pedía obsesivamente la “Nana de la tortuga” y comenzaba así mi camino de poeta. Y renunciaba a la carrera de novelista, pues los cuentos no me interesaban tanto. Mi padre --imagino ahora que con gran paciencia-- me leía la nana una y otra vez y yo tengo grabada para siempre la música del verso en su voz varonil.

Hace dos o tres años, en una incursión de saqueo en la biblioteca paterna, di con la poesía completa de Alberti en la preciosa edición de Aguilar. La abrí y me encontré con que la cinta marcadora roja estaba aún en el viejo poema de la tortuga. Había dejado una marca sobre el papel y desteñido un poco. Aquello fue un golpe de emoción y memoria como de magdalena de Proust. Devolví el libro a su sitio, porque lo mejor me lo había llevado hacía muchos años.

NANA DE LA TORTUGA

Verde, lenta, la tortuga.
¡Ya se comió el perejil,
la hojita de la lechuga!

¡Al agua, que el baño está
rebosando!

¡Al agua,
pato!

Y sí que nos gusta a mí
y al niño ver la tortuga
tontita y sola nadando.


Y ahora caigo en que quizá mi lentitud para todo la aprendiese igualmente de aquella tortuga. Aunque no sé si hay que llevar las influencias hasta tan lejos: el perejil, por ejemplo, me deja frío…

domingo, 11 de junio de 2006

Masa


Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "¡No mueras, te amo tanto!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.


Se le acercaron dos y repitiéronle:
"¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando "¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...


[César Vallejo. España, aparta de mí este cáliz]

sábado, 10 de junio de 2006

En marcha

A la del alba, con un pie en el estribo, dejo estas líneas. El Congreso Totum Revolutum se pone en marcha. Hubo un momento en que pareció que íbamos a ser los Trece de la Fama, pero la vida es dura, y han ido cayendo, por razones del trabajo (que el corazón no entiende) o por bacterias varias, algunos de los llamados. Los elegidos, al final, somos media docena más uno; cinco, andaluces. Por eso, no iremos, como estaba planeado, en la furgonoeta, sino en mi humilde coche, que no tiene ni juego de palabras. No importa. Por palabras, viniendo Beades, no va a quedar.

Yo para acompañar mi amargo café de madrugada, musito en la memoria estos versos de Sir John Harrington que tradujo Almuzara el Breve:
¿Por qué nunca prospera la traición?
Porque cuando prospera
nadie sigue llamándola traición.

Tres versos así despiertan y animan a un muerto. Y a medida que vaya recogiendo colegas-y-sin-embargo-amigos los poemas de la memoria serán más y más alegres.

viernes, 9 de junio de 2006

Rota; Castillo de Luna


Aun a riesgo de ser pesado con Chesterton —valga la redundancia, diría él—, contaré algo de la presentación de anoche de La superstición del divorcio. Mi función se limitó a poner en hora este libro escrito en 1920, cuando en Inglaterra se discutía la admisión de una ley de divorcio. No fue difícil: apenas ha atrasado. (Lo de la sincronización es importante porque llevamos entre manos una bomba de relojería contra el discurso de valores dominantes.)

Lo curioso es que ese aspecto explosivo del propio Chesterton, que hoy parece desactivado por la imagen, igualmente cierta, de un escritor gordo, jovial y divertido, estaba muy presente para sus contemporáneos y hasta para él mismo. Dorothy L. Sayers, la impagable traductora de la Divina Commedia, explicó en 1952, en su prólogo a La sorpresa: “Para los jóvenes de mi generación G. K. C. fue una especie de libertador cristiano. Como una bomba beneficiosa […]” Justo esa misma imagen es la que utilizó el propio Chesterton para hablar de él y sus amigos, cuando parodió (sin entenderlo del todo, me temo) el poema "The Hollow Men", de T. S. Eliot, donde se leía que “el mundo no acabará con una explosión sino con un quejido”. Con el pretexto de caricaturizar al grupo Bloomsbury, se hizo este sonoro autorretrato:

La de ellos es desdén, risillas y gemidos;
fue nuestra juventud carcajada y canción.
Ellos quizá terminen con un leve quejido,
nuestro final será, seguro, una explosión.

Para defender el matrimonio, recurre constantemente a un ejemplo que pone melancólico: el del patriotismo. Chesterton argumenta que si somos capaces de dar la vida por la patria (y más cuando está más postrada), por qué no por esa pequeña nación que es la familia, que además sí hemos elegido. Hoy en día con qué lealtad, con qué heroísmo se podría comparar el sacrificio por la familia. Con el patriotismo, no. Lo triste es que nada está desconectado: en la sociedad no hay compartimentos estancos --y por eso se hunde tan rápidamente. Cuando las ideas de sacrificio y de entrega se desmoronan en todos los órdenes, ¿podrían mantenerse en el matrimonio?

Afortunadamente, con Chesterton, la melancolía dura poco. No ataca a los divorciados. Hace un profundo análisis del matrimonio indisoluble y de las razones por las que compensa defenderlo, luchar por él. La clave es su belleza superior. Las películas y las canciones se fijan usualmente en el enamoramiento porque el amor constante es más difícil: demasiado grande y a la vez demasiado sutil para filmarlo o cantarlo. Tenemos por delante toda una tarea cultural pendiente, amigos. En este sentido, Chesterton también es un adelantado. Escribió un poema ejemplar sobre el romanticismo de envejecer juntos, disfrutando desde los cambios más pequeños (en el vestuario o en el tinte del pelo) hasta los de la edad. Y frente a los cambios, lo que no cambia:

EL ÚLTIMO DISFRAZ

Tiñes tu blusa blanca con un verde más suave
como cuando volviste tu melena castaña,
y entonces brotó en mí esta oración tan rara,
la más rara que nunca haya dicho un amante:

“Que yo que vi tu juventud brillar
—arco iris cambiante de unas ropas a otras—
pueda verte en la tierra ciñendo la corona
de plata de la edad.

Empolvarás tu pelo de forma sorprendente,
maquillarás tu cara con pinturas muy pálidas;
pero, alegres, detrás del velo y de la máscara,
tus ojos inmortales mirarán como siempre.”

[Traducción de J. J. Cabanillas]

jueves, 8 de junio de 2006

Palabras para Julia

Si últimamente ando dando vueltas alrededor del matrimonio, no es porque haya perdido el rumbo, sino porque me han encargado una conferencia sobre el divorcio en Rota (pueblo, no tribunal, ojo). El evento es esta noche a las nueve, en el Castillo de la Luna. La ocasión roteña la aprovecharemos para presentar La superstición del divorcio, de G. K. Chesterton, que acabamos de editar Abel Feu y yo.

Mientras releía ese libro, me he dado cuenta de que fui injusto con Julia. Ocurrió en casa de Ana Có. Julia defendía que todos los matrimonios son por amor; yo tan lewisiano como Beades, salí al paso; ella replicó que eran matrimonios por amor también si por amor propio; y entonces, ay, me sonreí y la acusé de no ser tan romántica como parecía. Pues bien, Chesterton, que es todo un caballero —una vez se levantó en el tranvía y dejó asiento a dos o tres señoras—, acude en auxilio de Julia y me desarma. Sostiene que a los que no cumplen su palabra de amarse hasta la muerte les falta amor (propio), y se burlan de sí mismos por la espalda. La paradoja resulta muy romántica: el amor propio como sólido sillar del amor matrimonial, el orgullo como razón de la entrega. Y yo, cortado, le ofrezco a Julia un ramillete de violetas o coloradas disculpas. A la romántica Julia.

miércoles, 7 de junio de 2006

El matrimonio y la muerte

Hace dos días, mientras escribía mi artículo de hoy, me vino una idea más visionaria que lógica. Fue al rematar esta frase: “la reforma conocida familiarmente como divorcio exprés lo convierte en el modo más sencillo de finalizar un matrimonio”. La idea no entró en la columna, pero aquí, en confianza, la confieso: lo que irrita más de la indisolubilidad del matrimonio es eso de “hasta que la muerte os separe”.

Hoy la mención a la muerte no hay quien la resista y la frase, ciertamente, impresiona. Tal vez no habría que buscar métodos de disolución exprés si se dijera: “hasta que la eutanasia ponga fin a vuestro sufrimiento” o “hasta que os fundáis con la energía cósmica en plenitud”. Pero no lo creo: a la muerte le sientan mal los eufemismos. Por eso nos refugiamos en el divorcio, que remeda la rueda del eterno retorno o las reencarnaciones.

martes, 6 de junio de 2006

Soleá (¿o alegría?)

Entre las letras flamencas de José Luis Tejada hay maravillas. Una:
Que te la perdone Dios
que tu fartita es mu grande
pa perdonártela yo.
Teológicamente es impecable: Dios es misericordioso y, sobre todo, la fuente verdadera del perdón. Por otra parte, tiene mucho encanto la humildad cabreada del poeta, que se considera más pequeño, no ya que Dios, desde luego, sino que la propia ofensa. Detalle ése por el que sangra la herida. Otro matiz: presupone una conversación y que el ofensor —la ofensora, parece, en este caso— ha pedido perdón, sin lo cual no habría nada que hacer. Finalmente, el secreto de la soleá (¿o es una alegría?) consiste en que quien desea que Dios perdone a alguien lo está perdonando ya, aunque diga que no. En el contraste entre lo que se dice y lo que se desea palpita la fuerza poética de estos versos. Y la prueba de que el poeta, en el fondo, ha perdonado es el sobrentendido, pudoroso diminitivo, aderezado con la sal de la pronunciación: fartita.

lunes, 5 de junio de 2006

Valientes socialistas

Leonor [la primera lectora entre varias de mi blogg] tiene, ya a las 6:30 de la mañana, la cabeza tan despejada y fría como para hacer un sutil análisis semántico. Repite Zapatero en la radio que los socialistas vascos son unos valientes por reunirse con Batasuna-ETA. Mi mujer, mientras apuramos el amargo café, musita: “Valientes sinvergüenzas…”

domingo, 4 de junio de 2006

La mejor angustia

Escribe Ernesto Giménez Caballero en "Junto a la tumba de Larra":
El estandarte lo enarbola un joven: el mejor heredero --en la nueva generación-- de la sustancia larresca: José Ortega y Gasset heredaba --junto a la tumba de Larra-- el gaje del orgullo y de la melancolía, la mirada imperial y desencatada, la voluntad lírica de remozar este país tan viejo y el ansia íntima de vivir una vida noble, alta, exaltada, sutuaria, dandynesca. Heredaba Ortega la mejor angustia de Larra: la angustia de la cultura y salvación de España.

Heredaba más: la ilusión típicamente figarina de poseer un periódico propio, un órgano de expresión --ilusión máxima de propiedad de un escritor--. Ilusión superior a la de poseer un reino político. Fígaro murió en 1837 a punto de conseguir un periódico --"Fígaro"-- que hubiera sido su "Boletín de teatros, música, modas, Bellas Artes, costumbres, amena literatura, política, Cortes, noticias, anuncios, etc.".
¿Y no nos cumplen a nosotros los blogs esa ilusión máxima, superior a la de poseer un reino político?

sábado, 3 de junio de 2006

El Barbero del Rey de Suecia (IV)

Llevaba tiempo sin aparecer por aquí, y es que hemos tenido un conflicto laboral. El Barbero del Rey quería ser Notario del Reino, como tonto. Notario, le recordé, querríamos ser todos, o Registradores de la Propiedad.

Él quería ser notario para levantar acta y dar fe de que Pasos, de Mario Míguez (Pre-Textos, 2006) es un poemario espléndido, que no se puede resumir. Yo le avisé que su trabajo es quitarnos trabajo, no dárnoslo. Si Pasos es tan bueno, poco a poco se abrirá camino: el boca a boca es el medio de difusión más eficaz de la literatura.

Al final, la lectura de la poesía del cordobés Mario López le ha traído de nuevo a Rayos y Truenos. Otro visitante anónimo de este blogg (no quiso que su mano derecha supiese lo que hacía la izquierda) nos lo recomendó. Se trata, efectivamente, de un poeta muy recomendable: a pesar del grupo Cántico, que era el suyo, fue una especie de Francis Jammes ceceante o un Thomas Hardy cetrino o un Fernando Fortún con buena salud o, incluso, un Luis Felipe Vivanco senequista. Tiene estupendos poemas camperos y habla mucho de caza. ¡Lo que habría disfrutado Pukka con un poeta así!

El barbero nos ofrece estos mechones fundamentales:
Es robusto y moreno como un hombre de campo [hablando del Ángel Custodio]
*
cuando junio derrama su avispero de estrellas
*
Teje el lugar común su telaraña
*
la sonrisa te anudas igual que la corbata
*
¿Qué ríos nuestras vidas que en Dios no desemboquen…?
*
[la lluvia] hasta dejar el campo encharcado y absorto
*
[La campiña] Inauguran las liebres la mañana
*
Las silenciosas lluvias franciscanas han vuelto

viernes, 2 de junio de 2006

Elogio de la tautología

"El bien es bien y el mal es mal", acaba un tango que recita en su blog Juan Ignacio. ¿Qué está pasando -me pregunto- para que esas dos tautologías me traigan, sin embargo, tal sensación de frescura, de novedad, de atrevimiento?

La perra es Pukka


Para no darle ni un solo motivo al usuario anónimo que me acusó con bastante gracia y/o mala leche de querer aristocracia para todos pero pedigrí para mi perro, traigo hoy al blogg a Pukka. Si no escribí antes de ella, no es porque su árbol genealógico sea menos frondoso que el de Carbón, sino porque nos trae de cabeza con sus escapadas venatorias. Los gatos del barrio están al borde de un ataque de nervios; como los vecinos, porque la muy perra acompaña sus hazañas de todo un recital de ladridos, gruñidos y latidos. Una vez, incluso, trincó una gaviota en la playa y la dejó moribunda, en la orilla. Tuve que aplicarle la eutanasia ante la mirada atenta de varios paseantes. A veces, cuando Pukka te hace unas cuantas jugarretas seguidas, acumulas cierto rencor. Una vez, mientras la perdonaba, le escribí este epitafio:
Descansarán, por fin, los pobres gatos,
las ratas, los vecinos, las gaviotas.
Solamente sus dueños, medio idiotas,
de menos echarán los malos ratos.
Tal vez extrañe a algún usuario anónimo que lo escribiese con la previsión propia del Ocaso S.A. Podrá parecer despiadado o morboso, pero yo también me he aplicado el cuento y he dedicado varios poemas a mi propio tránsito. Incluso hay quien proclama eso tan profundo de que todo poema es, en realidad, un epitafio. Los míos lo son stricto sensu, pues opino que es mejor no mezclar géneros. Cuando esté muerto (de cansancio), sin ganas de escribir nada nuevo, colgaré alguno aquí.

jueves, 1 de junio de 2006

El huésped indigno

Aquella torre tuvo muchos dueños;
pero todos se hacían a la torre,
la torre los hacía semejantes.
Cierta vez fue ocupada por un hombre
que no gustaba de la acción guerrera;
llenó de libros los desnudos muros
e hizo llevar al sótano las armas
.
Aquel hombre creía ser un sabio,
creía que los sabios eran justos
y dictaba sentencias comedidas.
Pero dentro del hombre había un monstruo.


Julio Martínez Mesanza