lunes, 20 de octubre de 2008

Vitamina C

¿Qué mejor para empezar el lunes con energía que un buen vaso de zumo para el desayuno? El barbero del rey de Suecia ha exprimido Cuadernos 1957-1972 de E. M. Cioran. Sabe un poco ácido, pero lleva mucha vitamina C, naturalmente.

Sólo hay una nostalgia: la del Paraíso. Y tal vez la de España.
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La cosa más difícil del mundo es hablar de uno mismo sin exasperar a los demás. Una confesión sólo es tolerable, si el autor se disfraza de pobre diablo.
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Me extraña que no sintamos envidia de quienes tiene la facultad de rezar, mientras que sentimos la mayor envidia de las riquezas y los éxitos exteriores de los demás.
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Lo importante en el arte es su necesidad.
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Si se quiere dar vivacidad al estilo, hay que rozar la incorrección en todo instante.
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Meditar es oponerse a la abundancia de las ideas.
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Sólo hay que escribir y, sobre todo publicar cosas que hagan daño, es decir, que recordemos.
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Si la palabra nobleza tiene algún sentido, sería tan sólo el de designar el consentimiento a morir por una causa perdida.
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Las sociedades igualitarias son más fáciles de destruir que las compartimentadas.
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Tener experiencia significa expiar los entusiasmos.
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Bach es para mí una anti-duda.
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El pecado no es estar triste, sino amar la tristeza.
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Reírse burlonamente o rezar: todo lo demás es accesorio.
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No es el absurdo lo que se opone al misterio, es la nada. El misterio es señal del ser.
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¿Los instantes de mi vida que más cuentan? Aquellos en que no hacía nada, en que permanecía tumbado, atento al paso del tiempo o rumiando alguna pregunta. Nada supera a la meditación, que es la forma suprema del ocio. El tiempo vacío de la meditación es, a decir verdad, el único tiempo lleno.
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Hay que atenerse a un solo idioma y ahondar en su conocimiento de la mañana a la noche. Para un escritor francés, una conversación con su portera es más provechosa que una plática con un gran sabio en una lengua extranjera.
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Sociedad y prohibiciones son términos correlativos.
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Odio y acontecimiento son sinónimos. […] La bondad por el contrario es estática; conserva, detiene…
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[Sobre los estudios lingüísticos] Las dificultades concretas con las que he tropezado me bastan, ¿para qué voy a afrontar las abstractas?

domingo, 19 de octubre de 2008

Trampolines

Si me permiten la grandilocuencia, estoy como Sansón. No sólo porque no tengo tiempo ni de ir a la peluquería, sino porque las columnas se me van a caer encima. Cada vez empujo más. También escribo en la revista Misión, a la que podéis suscribiros gratuitamente, y a partir de ahora otra columna los domingos en el Grupo Joly. Los muy forofos (Dios os lo pague) podéis leer los artículos: allí (hacer click en "La revista", PDF, p.8, preciosa ilustración) y aquí .

Disculpen los escombros.

Aniversario

El 19 de octubre de 1503 el ejército francés, al mando del mariscal De Rieux, levantaba el sitio de Salsas y emprendía una desastrosa retirada del Rosellón hasta Narbona. La canción con que se recuerda el acontecimiento es graciosa. Pérez-Reverte insiste en que ser español es saber perder. Por lo visto, también se sabe ganar:
[...]
Los franceses de París
devotos de San Donís
dexaron la flor de lis
metida en un botijón.

Franceses ¿por qué razón
fuístes de Ruysellón?

Ellos son onbres jentiles,
mas los nobles y aviles
si les faltan los barriles
les falleçe el coraçón.

Françeses, ¿por qué razón
fuístes de Ruysellón?
[...]

sábado, 18 de octubre de 2008

Hombres-anuncio

Como buen centrista, Gallardón acierta a medias y se equivoca a medias. Lo malo es que la mitad correcta suele ser por inercia y la equivocada por empuje. Lo último ha sido prohibir a los hombres-anuncio porque ese trabajo atenta contra su dignidad.

La parte acertada es hablar de dignidad. Ni los políticos más progresistas de uno y de otro signo pueden desprenderse del código de valores de nuestro siglo de Oro (de hondas raíces judeocristianas) y en cuanto se descuidan ya están hablando muy huecos de la dignidad del hombre o querellándose calderonianos por ofensas a su honor. A uno, que tira a anacrónico, le resulta gratificante comprobar que Gallardón sigue teniendo en cuenta esas antiguallas imprescindibles.

Lo equivocado es el resto. ¿Por qué se preocupa solamente de los hombres-anuncio, y no de la dignidad de los embriones a los que arrasa la píldora abortiva? ¿Y del honor de las mujeres que se prostituyen en las esquinas? Esta discriminación positiva y prohibitiva a favor, digamos, de unos pero no de otros resulta un tanto sospechosa.

Luego está el quid. ¿Por qué es indigno trabajar de hombre-anuncio? ¿Qué tiene de menos honorable que ser político, sin ir más lejos? El hombre-anuncio va con un cartel y el político va en un cartel. El hombre-anuncio vende algo, pero no se vende él, ni nos sonríe a la fuerza, adulador.
Hay mal pensados que opinan que la decisión del alcalde responde a su interés por rentabilizar sus chirimbolos publicitarios y que está eliminándose la competencia de un bandazo municipal. Eso sería lo mejor, porque la otra lectura es que para Gallardón la dignidad de un oficio depende del beneficio. Los deportistas, embadurnados de anuncios de los pies a la cabeza, sí le parecen muy fotogénicos a don Alberto.

Tampoco le preguntó a los interesados. Los que han salido hablando por la tele no tendrían inconveniente en ser alcaldes de Madrid o asesores del mismo, pero no abrigaban grandes dudas sobre su propia dignidad personal. Por lo menos hasta ahora.

Quizá ustedes piensen que exagero, pero yo creo que no. Me parece grave que un responsable público considere indigna una forma honrada de ganarse el pan. Además me siento un poco aludido: ¿o es que un columnista, con su carita asomando por encima de su artículo, no tiene toda la pinta de un hombre-anuncio?

viernes, 17 de octubre de 2008

Campanadas

Las lecturas como cerezas, entrelazadas, fue la imagen bucólica que usé el otro día. La imagen que me ha venido de pronto ha sido la de las lecturas como uvas que procuramos tomarnos al son de las doce campanadas. Nunca da tiempo y se mezclan en nuestra boca el dulzor y el ahogo, la prisa y la risa, las pepitas y el zumo, unas con otras... Las campanadas, mientras, nos pisan los talones, se precipitan. Una uva nerviosa espera en la mano alzada y muchas otras aguardan en el plato todavía.

jueves, 16 de octubre de 2008

La virtud educativa de la desgracia

Joven y bella, Carlota Sofía Willhöft, después de haberse sacrificado mucho por su marido, el poeta Enrique Stieglitz y viendo que su obra no adelantaba gran cosa, decidió matarse. Pensó que la profundidad del dolor le provocaría alguna poesía extraordinaria. Dejó escrito: “Había agotado todos los medios que me sugería mi espíritu estimulado por el amor y el deber. Entonces es cuando pensé en la virtud educativa de la desgracia”.

Lo cuenta José Jiménez Lozano en Segundo abecedario y lo cuento yo, estremecido, cada vez que tengo ocasión. Cuando me escucha Leonor dejo muy claro, eso sí, que el sacrificio de Carlota fue inútil del todo. Su marido la sobrevivió quince años, en los que siguió intentándolo, pero nada.

El otro día volví a contarlo. A mitad de la historia me di cuenta de que la mujer de un músico allí presente ponía una cara de honda tristeza. Quizá ella se lo estaba pensando y descubría ahora que ni eso sirve. O quizá se asombraba de la generosidad de Carlota, aún mayor que la suya, que es muy grande. Fuese lo que fuese, su melancolía era indudable.

Por ella le busqué a la historia un final feliz, dentro de lo que permiten los hechos. Y lo encontré: Carlota murió de un accidente y en ese momento su marido, con la frialdad que da la inspiración —en el ojo del huracán sentimental—, concibió, por fin, una obra insuperable. Él redactó la carta de suicidio de su joven esposa.

Quedaría marcado como un mediocre sin remedio, pero qué importaba —incluso lo fomentaría para darle a la historia un patetismo más redondo. A cambio su mujer se transfiguraba en un símbolo de entrega y sacrificio, en una heroína romántica cuyo gesto sería recordado en libros y en artículos y en innumerables reuniones de artistas y escritores. La belleza fugaz de Carlota sería evocada con una emoción intensa y perdurable.

Aquella carta fue la gran obra de Enrique Stieglitz.

martes, 14 de octubre de 2008

Le Clézio

Que es un Nobel bajo en nicotina o que la crisis afectó al jurado, eso diría uno sobre J.M.G. Le Clézio de tener espíritu epigramático. Como lo tengo didáctico y no le he leído, explicaré por qué no pienso hacerlo.

Borges, harto de esperar el Nobel, explotó: “A los suecos se les da mejor inventar la dinamita que fallar premios literarios”. Yo añadiría que dar premios literarios sólo se le da bien al anónimo lector en el silencio emocionado de su sillón. Todo lo demás —academias, artículos, comentarios, discursos— es intrusismo profesional.

Se juntan en Estocolmo unos señores ignotos y deciden qué va a leer medio mundo. Yo me resisto a caer en ese síndrome. En mi calendario de lecturas no tolero interferencias ni de la editorial Planeta ni de Gustavo de Suecia.

¿Cómo me trazo el calendario? Con el sistema de las cerezas. Ya notó Lope que, cuando uno coge una, se lleva, enganchadas, todas las del plato. En los libros que me entusiasman encuentro los que me entusiasmarán: ésos que los autores que admiro citan y recomiendan. Es una aventura interminable en la que uno tiene la sensación de estar en una fiesta donde unos amigos te van presentando a otros.

Quizá Le Clézio sea la pera, pero me parece extraño que nadie me lo haya presentado jamás. Se moverá tal vez por otros ambientes... Alguna vez puede que alguno de los míos me anime a leerlo, no lo descarto; mientras tanto, sin embargo, este Nobel me lo voy a fumar.

domingo, 12 de octubre de 2008

Raymond Queneau

Dios mío, qué ganas de escribir un pequeño poema…
¡Mira, mira!, ahora mismo va pasando uno.
Pss pss pss
ven para acá para que yo te incluya
en el archivo con mis otros poemas
ven acá para que te entube
en los comprimidos de mis obras completas
ven acá para que te empoete
para que te enrime
para que te enritme
para que te lirifique
para que te enverse
para que te emprose
para que te agarre
ven acá…
¡Vaya!
.............Se me escapó.

sábado, 11 de octubre de 2008

Caná

En la Biblia todo relata un hecho y revela un misterio. El misterio del milagro de las bodas de Caná es inagotable (como el vino mejor) y da para múltiples enseñanzas. Desde la honda lectura de B16, hasta la mía de hoy, muy particular, donde traigo el agua (y el vino) a mi molino. Esta tarde (17:30) se casa --D.m.-- mi hermano Jaime, y asisteremos a otra transformación milagrosa. Entrará una chica en la Iglesia y saldrá de allí una nueva hermana nuestra.

viernes, 10 de octubre de 2008

Faltas de ortografía

Chesterton sólo daba dos consejos a los columnistas: no hacer caso de los consejos y publicar siempre el artículo en el periódico menos apropiado. Mandar, si uno escribe para el Catholic Weekly y para el Daily Express, el artículo confesional al periódico laico y la columna frívola al semanario católico. Eso hice la semana pasada: mandé un artículo celebrando el ochenta aniversario del Opus Dei al otro periódico. Y ahora, en Alba, me dispongo a hablarles a ustedes de las faltas de ortografía.

En ese artículo sobre el Opus Dei se me coló una. Acentué un “cuanto”, pronombre comparativo de cantidad, como si fuese un exclamativo. En realidad, la alegría de la efeméride me hizo subir el tono de todas mis palabras y la emoción rompió por esa tilde. Eso es lo bonito de las faltas, que no sean un borrón, sino que sirvan como rasguño a través del cual se pueda atisbar el alma del escritor.
Ha dado mucho que hablar la falta garrafal del insigne poeta Luis García Montero en su artículo de El País de Andalucía del sábado, 20 de septiembre: “Y haber quién crea puestos de trabajo, quién le da de comer a los moros y a los ecuatorianos. […] haber cómo van a vivir”. A mí, sin embargo, me parece una falta muy apropiada en un materialista dialéctico: ellos, que lo ven todo a través de la estructura económica, a ver qué van haber si no son haberes.

Pongámonos algo más líricos con esta canción tradicional: “—¿Dó venís, casada,/ tan placentera?/ —Bengo de ber el campo/ i el alameda”. Supongo que cuando se transcribió no estaban claras las reglas ortográficas y no se puede hablar, por tanto, de faltas, pero esas imprecisiones, leídas con ojos de hoy, reconozcamos que dan un toque picaroncillo y travieso a toda la canción que viene muy a cuento.

Habrá quien piense que me estoy poniendo la venda antes de la herida, pues ya ha empezado el curso y dentro de nada estaré corrigiendo exámenes de mis alumnos, poco amigos de la gramática. Pero se equivoca. La insistencia en la corrección ha hecho que muchos confundan escribir bien con hacerlo sin errores, y aunque lo segundo es necesario, lo primero es lo fundamental.

Si otro sospecha que pretendo celebrar el aniversario del Opus Dei también aquí, cumpliendo y burlando a la vez los dos consejos de Chesterton y hablando, de paso, de mis dos oficios —la escritura y la enseñanza—, ése quizá acierte.

jueves, 9 de octubre de 2008

Los sueños frágiles

Hace unos meses alguien me dio un disgusto. En realidad, un disgusto muy pequeño, y que las circunstancias hacían comprensible. Tardé dos días (y fue mucho) en disculparle y decirme: "agua pasada". Sin embargo, desde entonces sueño con aquello, adornado con los arabescos propios de las pesadillas. Qué frágiles somos por dentro.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Su verdadero título

Donde, siguiendo los consejos
de mis mejores detractores,
hablo de pájaros y flores:
concretamente de vencejos
de golondrinas y de aviones.

martes, 7 de octubre de 2008

Feliz coincidencia

La Gaceta me paga puntualmente estos artículos, lo que es muy de agradecer. Yo, hasta ahora, con la alegría de ver el ingreso meticuloso, no había caído en que cobro por mis dos colaboraciones a la semana lo mismo exactamente que Ángeles, nuestra asistenta. Soy un gran aficionado a las casualidades, convencido como estoy de que esconden un mensaje, sobre todo porque no existen. Lo explica muy bien el protagonista de V de Vendetta: “Yo, como Dios, ni juego al azar ni creo en la casualidad”. Por consiguiente, corro a celebrar la feliz coincidencia con Ángeles.

Me mira asombrada. No se imaginaba ella que esas horas mías de despacho obseso, con el ordenador parpadeando ansioso, rodeado de libros gordísimos —si no siempre entendidos, siempre abiertos—, con la cara pensativa y la vista perdida en el infinito…, no dieran de sí más que su trabajo oyendo la Cadena Cien a tope. Le agradezco de corazón el asombro.

Yo creo que es precioso que cobremos lo mismo, argumento. A fin de cuentas, los dos estamos trabajando a la vez en el mismo sitio, y mientras ella pasa la aspiradora con la música, ya digo, a tope tope, yo trato de oír el susurro de las musas. Y además de bonito, me parece muy motivador. Ojalá uno consiguiese una prosa tan limpia, tan fresca, tan ordenada y luminosa como queda nuestra casa por las mañanas después de que pase Ángeles por ella.

lunes, 6 de octubre de 2008

Aldabonazo Newman

El mismo día en que decido no transplantar al blogg mi artículo en Alba sobre Newman por pereza de las polémicas y por miedo a molestar, el mismo John Henry, por la tarde, me pega desde 1834 y su sermón en la fiesta de san Bartolomé, apóstol, un aldabonazo en la conciencia de no te menees:
Me temo que hemos de admitir que nuestra amabilidad, en vez de ser directamente regida y sostenida por los principios, con demasiada frecuencia se convierte en algo lánguido y vacío de significado, que se ejerce sobre aspectos que no son pretinentes u oportunos y que, por tanto, nos hace incurrir en una falta de caridad por dos razones: primero, porque nos lleva a ser indulgentes con los que deberían ser amonestados y, segundo, porque nos lleva a preferir consolarles a ellos en vez de a los que lo merecen realmente.
En comentarios reproduzco inmediatamente mi artículo.

domingo, 5 de octubre de 2008

Constato un hecho

En la boda de ayer, en el marco incomparable del consistorio jerezano, el momento más emocionante fue cuando la señora alcaldesa recordó que el Código Civil manda a la nueva pareja, (bueno, la pareja venía de largo, digamos al nuevo matrimonio) compartir paritariamente las tareas domésticas. Ella le echó entonces una mirada intensa, como quien da un codazo, y él sonrió, tímido, abrumado por el peso de la nueva responsabilidad. Un estremecimiento sentimental recorrió la sala.
A la salida, los invitados comentaban el lance.

viernes, 3 de octubre de 2008

Vuelta al cole

Cada profesión tiene sus épocas duras: abril para los poetas, mayo para los alergólogos, junio para los asesores fiscales, julio para los instaladores de aire acondicionado, agosto para los camareros, septiembre para los vendimiadores y octubre para los profesores de instituto. Al papeleo iniciático de las programaciones, se une la desazón de ver qué primera impresión conseguimos causar a los alumnos.

No se trata (o no sólo) de la vanidad de gustarles muchísimo. Nos va en ello el llamado proceso de enseñanza-aprendizaje de todo un año. Porque uno es profesor tiene muy en cuenta a sus maestros, y Eugenio d’Ors lo avisó con palabras que me repito cada octubre: “Ninguna crítica tan segura y rápida sobre maestros y educadores que la de sus discípulos desde el primer día. Unos muchachos están sentados en un banco; un desconocido profesor se presenta anta ellos y les habla. A la hora de la lección, aquéllos ya le han tomado, y para siempre, la medida”. Es para echarse a temblar, ¿no?

Yo me propongo: pondré mi mejor cara. Pero la mejor, ¿cuál es? ¿Suelto todos mis chistes? Eso tiene el problema de que me quedo sin ellos para el resto del curso y, además, Unamuno, como un búho severo, amonesta desde la encina de mi conciencia: “El que enseña jugando acaba jugando a enseñar”. ¿Me pongo muy serio entonces? Qué dudas.

Menos mal que para el día de los difuntos, ya todo estará claro.

jueves, 2 de octubre de 2008

Geranio rojo

La drogadicta del barrio de Santa Clara, que trabaja de gorrilla en el centro comercial, se había puesto un geranio rojo en el ojal de su camisa sucia. Parecía más joven, aunque no tanto como lo será. Daban ganas de piropearle el complemento. No supe cómo.

martes, 30 de septiembre de 2008

Adiós

He leído este aforismo de JRJ con la admiración de siempre y con un inmenso afán de emulación. Se titula “Adiós” y dice:

Si yo pudiera haría un viaje indefinido a América del Norte, país donde me encuentro tan a gusto, para darme cuenta de la verdadera dimensión de España y para, perdido lo pequeño, amarla más. Esto no me es ahora posible, y voy a hacer el viaje idealmente recojiéndome, apartándome, aislándome en casi todo.

Ruego, pues, a los escritores y artistas jóvenes que me distinguen con su frecuencia, que no lo tomen a menosprecio, que me consideren ausente, que si les interesa mi trabajo, inventen correspondencias más profundas y sutiles que la visita y la carta innecesaria. Yo compro siempre los libros que me interesan o me gustan. De modo que tampoco se consideren obligados a enviarme sus cosas; que nuestra relación quede reducida y ampliada a nuestra obra objetivada. La mejor amistad estuvo siempre sustentada por la ausencia o la muerte.

La cita es larga pero perfecta. Lo que no es perfecto es mi afán de emulación, porque no lo necesito. A mí no me visitan los escritores ni los artistas jóvenes, ni me envían nada. De manera que lo que le envidio a JRJ no es la soledad —que ya la tengo, por su gusto y el mío—, sino el jesto torero de dar un portazo como el que pega media verónica.
Tampoco me hace falta, para amar más a España, irme a América.

En fin, que estoy mejor que quiero.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Chesterzal

Paré en una estación desconocida de un país ajeno, en un andén vacío en mitad de la noche. Y todo aquel desamparo era mi casa.


*
Este aforismo (o microcuento) de Carlos Marzal bien podría haber sido una novela de Chesterton de no ser por la palabra “desamparo”. Si llega a poner deslumbramiento…
Pero, bueno, no todos tienen que hacer magia con la literatura y para un lunes pues no está mal.

domingo, 28 de septiembre de 2008

La conjura de La conjura de El Escorial

Entre mi amor por la Historia de España y la desazón que me causa el cine español, ganó la Historia, y he ido a ver La conjura de El Escorial. A la película la salva eso: el eco de nuestro pasado, la arquitectura de El Escorial y un magistral trabajo de vestuario. El guión, como de un Pérez-Reverte alicaído, permite vislumbrar retazos del Siglo de Oro y da una excusa para la ambiciosa ambientación. No es poco.

Hay que pagar, por supuesto, el peaje a nuestro cine. Primero, a sus actores poco convincentes. Qué diferencia los extranjeros (Julia Ormond, sobre todo) con los indígenas. De la sobreactuación nacional se salva con mucho mérito Juanjo Puigcorbé y, a medias, Rosana Pastor. No anda fino el director con el enamoramiento entre el viejo alguacil y la joven morisca, bañado en aguamiel, ni con las escenas de acción, de inspiración más bien circense. Pero lo más cine español es cuando el dispensador oficial de venenos aparece practicando la sodomía sin venir a cuento, cuando los malos se reúnen para conspirar en un concurridísimo burdel o cuando la princesa de Éboli se nos desnuda un momentito delante de todo el pelotón que acude a detenerla.

A bote pronto, lo que más molesta de esas escenas es lo innecesario y lo inverosímil. A uno, algo cinéfilo, le irrita muchísimo más que un destape una incoherencia argumental. En las películas el tiempo es oro, un bien escaso que no conviene desperdiciar yéndose por los cerros de Úbeda o por los harenes de Estambul.

Luego, pensándolo mejor, me he maliciado que tal vez La Conjura de El Escorial esconda una sutil conjura de ultratumba orquestada por el mismo Felipe II o por alguno de sus inquisidores. Esas escenas digamos rompedoras están siempre protagonizadas por los más villanos de los villanos y son objetivamente desagradables. El homosexual, sadorracista, por cierto, dispensa venenos mortíferos como quien vende sugus, sin la menor sombra de remordimiento; la cuadrilla de asesinos del lupanar, además de asesinos, son unos chapuceros de la escuela Pepe Gotera y Otilio; y la Princesa de Éboli, que traiciona a su rey y a su país por la pela, es una adúltera con modales de verdulera (y que me perdonen la frase hecha todas las señoras verduleras). No me extrañaría nada que el lobby gay o la Vicepresidenta del Gobierno encabezaran una protesta contra esta película que, queriendo o sin querer, deja rematadamente mal a todos los progresistas.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Tercera fase

La vida es una mudanza permanente, dicen. Y las mudanzas lo simbolizan como nada, como es lógico. Las mudanzas, que no terminan jamás. Claro que tampoco empiezan casi nunca, porque las obras se retrasan y uno tiene sus cajas preparadas desde seis meses antes. Ésa es la primera fase. La segunda es la tradicional, con sus esforzados transportistas arañando las paredes recién pintadas y dejando en el suelo las lámparas hechas añicos.

Como todo llega, al final uno se instala en la nueva casa. Uf. Y tras dos semanas de desazón, empieza a sentirse cómodo. No lo parece, pero es un momento peligroso: el agotamiento psíquico y físico de las dos fases previas invita a dormirse en los laureles, a meter las cajas que quedan por abrir en un cuarto y a cerrar por fuera, a ser posible con llave.

Entonces se filosofa: Oh cuántas cosas que no echo de menos se esconden en ese montón de cajas, y acaricia uno la idea de no abrirlas jamás, y escribir sobre ellas una oda a la vida sencilla.

Pero la vida no es sencilla, mudamos un día de parecer y entramos en el cuarto. Sucede un cataclismo emocional. A medida que van saliendo de las cajas esas cosas superfluas, sin las que hemos vivido en la gloria cuatro meses, nos emocionamos. Nos traen recuerdos, fotos, discos, viejos regalos sorpresa. Son un vínculo con nuestro pasado y una enseñanza: no sólo de lo necesario vive el hombre. Hay cosas que resisten a las mudanzas perpetuas.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Procrastinación

Hace muchos años que Dios tenía que haber ordenado el fin del mundo. No le gusta que los ángeles exterminadores se lo recuerden, porque le entra la mala conciencia, aunque enseguida se olvida. Estuvo varios meses paralizado, pendiente de que un poeta menor encontrase una rima para un soneto, que la tenía en la punta de la lengua. No la encontró y el poeta se pasó al verso libre. Entonces Dios se entusiasmó como un muchacho con unos huevos de petirrojo, allá en la verde Inglaterra. Se le iban los días asomándose al nido para sorprender a los polluelos saliendo del cascarón. Tiene debilidad por los primeros pasos de los niños, y por los de los ancianos. A veces, con el Arcángel San Gabriel, que es su confidente para asuntos del corazón, se ha preguntado si podrá poner la atención requerida en cada agonía cuando mueran todos los seres humanos del mundo a la vez en el Apocalipsis total. Gabriel le contesta que por supuesto, que Él es Él; pero Él dice: “no sé, no sé, mejor ir poco a poco, sobre seguro”. Y se va corriendo, antes de que se le haga tarde, a acompañar a Alberto, que espera a su novia en el portal, como todas las tardes.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Suspense

En la página 33, en la anotación correspondiente al viernes 31 de mayo de Autorretrato con radiador de Bobin, se lee esto: “Mozart escribe en relación a uno de sus conciertos: ‘Es brillante, pero está falto de pobreza’”.

Pasé la página casi con los ojos cerrados, sobrecogido por el suspense, esperando que Christian Bobin hubiese sido tan brillante como para no añadir nada. A la vuelta de la hoja, una pequeña alegría inmensa: Sábado, 1º de junio.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

martes, 23 de septiembre de 2008

Una lección

En cuanto supe que Andrés Trapiello preparaba una antología de los aforismos de JRJ, me pregunté si rechazaría o no éste: “Detesto y me parece cosa de tontos eso de las ‘primeras ediciones’. No me cuidaría nunca de buscarlas. A mí las que me interesan son las ‘últimas’, las ‘definitivas’”. Y no lo ha rechazado, aquí está en pág. 59 de su JRJ de La Veleta, Granada, 2007. Se mire por donde se mire, tiene su mérito.

Banderitas

En mi casa, el Ministerio de Asuntos Elegantes lo lleva mi señora. Ella es la que decide qué camisa me pega, qué tapicería conviene en un sofá, qué expresiones mías son demasiado, digamos, coloquiales y cómo se comen los espárragos. Yo, en líneas generales, obedezco, como es natural, y me va bien. A veces, mis alumnas me dicen: “Hoy no le ha vestido su mujer, ¿verdad?”, y aciertan.

Lo cuento para que entiendan ahora mi heroísmo. Ella declaró que llevar un cinta con los colores nacionales colgando del retrovisor del coche no es elegante. Sin embargo, yo la he puesto. En la situación actual, ejercer de español me parece necesario, aunque cueste y entristezca tanto. Encima, mi cinta al principio era feúcha, pues la compré clandestinamente en una mercería deshilachada. Luego, un amigo se apiadó y me regaló una Medida de la Virgen del Pilar, que es otra cosa.

De resultas, me fijo mucho en las banderitas que cuelgan de los coches. Cuando encuentro a otro con otra me siento muy solidario y le perdono sus maniobras torpes, si es el caso, o su lentitud exasperante, si lo adelanto, o su alocada velocidad, si me adelanta. Uno con una pegatina de España ayer me quitó un aparcamiento, y no me importó apenas.

Moraleja: igual podría ser un buen método adivinar en cada persona que me cruzo la banderita de hijo de Dios, que es otra de las mías, aunque todavía no la haya colgado del retrovisor. A ver.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Escombros

Las luces del camino hay que clavarlas en la tierra. El electricista protesta de los albañiles que dejaron el jardín lleno de escombros de la obra. Donde tiene que clavar una lámpara se da con un ladrillo o una torta de cemento, y ha de buscar una azada y ponerse a escarbar. Él y yo nos indignamos juntos un buen rato —cobra por horas— de lo mal que hace la gente su trabajo, de la falta de cuidado y de respeto, etc. Al final de la mañana, con la fuerza que le da la indignación, consigue poner todas las luces. Le pago. Se va enseguida. Y cuando estoy volviendo de acompañarle a la puerta, compruebo que ha dejado el camino lleno de las mondaduras de colores de los cables y de las bolsitas de plástico donde venían las lámparas. Vaya.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Peña, ¿se despeña?

Teselas (Rapsoda, Jerez de la Frontera, 2007) no alcanza la altura media de Letras flamencas (La Veleta, Granada, 1995) o de Nuevas letras flamencas (Pre-Textos, Valencia, 2000). Sin embargo, no se despeña. El libro tiene unas cumbres que hacen que la escalada merezca la peña. Disfruten de la vista:

Al olor del jazminero
viajo al patio de mi casa.
Yo ni siquiera he nacido,
mi abuela es una muchacha.

*

Cuántas veces la vida
se nos escapa
por no hallar las palabras
donde guardarla.

*
Un sueño, si no se cumple,
es una estrella que espera.
Un sueño cumplido es
un peldaño de escalera.

sábado, 20 de septiembre de 2008

viernes, 19 de septiembre de 2008

Moscas

A veces nos inspiran las musas, a veces las moscas. Y sería maravilloso que eso no tuviera nada que ver con el resultado final. Ojalá, porque yo ahora escribo directamente inspirado por una cantidad impresionante de moscas.

He salido a leer al campo, llevado en volandas por la imaginería virgiliana. Oh amenos prados de flores llenos, luz de mosto y de membrillo de septiembre, pámpanos barrocos, lomas soleadas, salomónicos olivos… Me imaginaba un garcilaso de la vida, pero el campo real recuerda sólo vagamente al de los libros y los cuadros. Me senté sobre un hormiguero, salté de un brinco, donde no las hormigas picaba el sol, la sombra del pino no era segura con tantos alegres pajarillos encima… Y sobre todo en todas partes zumbaban las moscas fatales de final de verano, rebotando idiotas en el cristal del aire, posándose curiosas, incansables, sobre uno.

Hace tiempo, en mi despacho, escribí este aforismo: “Las moscas, mensajeros alados, me recuerdan mi exacta condición”. Pero aquí, cara a cara, las moscas me recuerdan mi despacho. Y de paso la importancia de la buena literatura. Si no hubiera sido por Virgilio, estaría en él, con las musas, no arrastrando los pies por el polvo de los caminos rurales. Qué bien si algún poeta convincente hubiese escrito al beato sillón, o la égloga del aire acondicionado, o la hermosa sinfonía, ay, de los insecticidas.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Primer párrafo de la novela que no escribiré

Comprobó los grifos uno a uno, giró dos veces la llave del gas, cortó la electricidad, bajó las persianas y describió otros círculos por la casa, ya sin objetivo concreto. Abría los cuartos, se asomaba a los armarios. Mientras tanto, miraba el reloj a intervalos regulares, como si fuese un segundero. De pronto, se dirigió a la puerta de la calle con cara de determinación; se tanteó nervioso los bolsillos: primero el derecho para ver si llevaba las llaves, sí, después el izquierdo para palpar el móvil, sí, el de atrás para asegurar que tenía su cartera, sí, y finalmente el bolsillo de la chaqueta, de donde sacó de nuevo el billete de avión, que volvió a leer con atención, sí, sí. Todavía tenía tiempo, pero mejor iría con tranquilidad. Suspiró, salió y cerró. Le estremeció entonces una aguda nostalgia por lo que quedaba atrás (cuarenta centímetros atrás) y presintió que lo mejor del viaje llegaría cuando abriese de nuevo esa puerta.

martes, 16 de septiembre de 2008

Wall-E

Si no tienen hijos, búsquense un sobrino, pero no se pierdan Wall-E, la última de Pixar. De principio a fin no tiene desperdicio, y subrayo lo del fin, porque cuando salen las letras de crédito, con unos dibujos que recrean la historia de la pintura, mientras suena una canción preciosa, la película se redondea del todo. Hay que tener cuidado porque a esas alturas sus vivaces hijos o el inquieto sobrino querrán levantarse a desfogar su entusiasmo y pueden dejarles sin verlo. Lo digo por experiencia.

Como no quiero chafarles del todo el argumento, me ceñiré a dos imágenes. Wall-E, el pequeño robot elemental y oxidado, al enamorarse de Eva, comprende las diferencias: ella es brillante, moderna, misteriosa, letal y vuela con la elegancia de una golondrina. El pobre hombre, quiero decir, el robot, está a ras de tierra y hace lo que puede por empinarse. Yo veía la película, además de con el sobrinito de rigor, con mi mujer, y me sentí muy solidario con los ímprobos esfuerzos de Wall-E.

Más tarde, sin embargo, gracias a la ingravidez espacial y a un extintor de incendios, Wall-E vuela y baila con Eva. La película, que tiene sus dosis de épica, de humor, de crítica utópica clásica incluso, alcanza en esas dos secuencias un inolvidable lirismo del bueno, que no es ni cursi ni fácil. El amor nos iguala a la amada (y viceversa), y nos eleva. Del cine nosotros salimos flotando.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Formación Religiosa

Ayer hubiera sido un día estupendo para comentar el único suspenso del pequeño Nicolás, mi sobrino de 6. Fue en religión, o en Formación Religiosa, como le llaman ahora con horrible nomenclatura. A mí me ha hecho gracia porque soy su tío y estoy para eso y porque religión fue lo único que suspendí yo en el colegio. Bueno, y otra vez gimnasia, cuando hubo que saltar el plinton, y objeté a conciencia.
Llevando al pequeño Nicolás a ver Wall-E, le saco el tema:
—Me he enterado de que te suspendieron religión…
—Y saqué tres sobresalientes en otras y muchos notables.
—Ya. A mí en tu cole también me suspendieron religión.
—¡Anda!
—Fue porque no me sabía el Credo. Y a ti, ¿por qué?
—El profe de Formación Religiosa me preguntó por qué Jesús, mientras lo mataban en la cruz, murió perdonando y queriendo a todos.
—Y tú, ¿qué contestaste?
—Que no me lo explico.

domingo, 14 de septiembre de 2008

José Julio Cabanillas

...........................LA ESPORTILLA

En Diciembre, antes del sol, las aceitunas. Caen negras y jugosas sobre el mateo. Un hombre varea las ramas: rodilla en tierra las mujeres las ponen en la espuerta. Luego ruedan sobre la criba alta y de allí a la almazara. A mí me han regalado una espuerta pequeña, casi un juguete, de pita blanca. Y con el sol, al olivo. Las aceituneras están hablando; me abren un hueco entre ellas, y al tajo. Estas mujeres se ríen por cualquier cosa; lanzan puyas al vareador: —¡A ver hasta dónde llegas! Se dan un codazo y guiñan y se ríen; se ríen hasta del mismo frío, se ríen en las barbas mismas del invierno.


El sol ya está algo y calienta; ya pasó lo peor. Las manos rojas, agrietadas, van con prisa del mateo a la espuerta una y otra vez. Parece que bailasen y las ramas se mueven a compás y el vareador mira. con intención, a una muchacha bonita. Es la única fiesta, cada invierno, que tienen los olivos. Les alivian la carga y luego, ya desnudos, pasan los meses solos, en muchedumbre igual, en hileras monótonas.

Mi abuelo me ha prometido que me dará diez céntimos por cada espuerta que llena. La muchacha morena, a mi lado, me echa un puñado de vez en cuando. Pero eso es un engaño y le digo que no muy serio, y ella se ríe. Debo tener, sin duda, la seriedad de un asno y el luto largo de un juez. Me pone otro puñado en la espuerta y ser ríe.

No la volví a ver más. Al día siguiente me tocó otra cuadrilla. Ni siquiera le pregunté su nombre y ahora me quema. Aceitunera de las madrugadas, te quitaste lo tuyo—y lo tuyo era poco—por darme tu alegría. En aquella pobreza—día largo, jornal corto—besaste a un chiquillo justiciero, a un don Quijote que detesta el engaño, aunque apenas lo entiende y no puede arreglarlo. Si alguna vez don Alonso Quijano, el loco, el bueno, sale de Sierra Morena, se vendrá aquí, al sur, a estos olivos. Sobre el caballo enclenque, con la adarga vareará para ti sola estas aceitunas. ¿Te reirás entonces de su triste, disparatada figura? Que él te lo pague todo. Muy largo te lo fío, es verdad: yo no he sabido hacerlo.
[La luna y el sol, Númenor, Sevilla, 2006]

sábado, 13 de septiembre de 2008

La Guerra de los Estores

No hace falta ser Lord Peter Wimsey ni Sherlock Holmes ni Hercules Poirot ni el Padre Brown ni el inspector Colombo ni Miss Marple ni Philip Marlowe ni Kurt Wallender para averiguar quién fue el último que estuvo en una habitación de mi casa. Si están subidos los estores y las cortinas abiertas, fui yo el último en pasar por aquel cuarto; si los estores están bajados del todo, fue mi mujer. El enfrentamiento entre los partidarios de la luz callejera y los partidarios de las sombras góticas ha llegado a unos extremos que podríamos calificar de bélicos.

Tampoco hace falta ser adivino para saber quién está ganando la guerra ni quien la va a ganar. Además de la ventaja que da el camuflaje de llamarse “sexo débil”, que ya es recochineo, en este conflicto se unen una serie de factores técnicos, estratégicos e ideológicos que hacen aún más segura mi derrota, si cabe.

Tecnológicamente, los estores de nuestra casa son mucho más fáciles de bajar que de subir. En parte por la famosa ley de la gravedad y en parte porque al subirlos se enganchan con el picaporte y hay que volverlos a bajar un poco, separarlos entonces de la ventana con la mano izquierda y tirar de la cadenita con la derecha. Una lata. Bajarse, en cambio, se bajan del tirón.

Encima mi sagaz esposa ha jugado mejor sus bazas diplomáticas. Ángeles, la asistenta, es aliada suya incondicional. Yo sospechaba que la había sobornado, hasta que después de un hábil interrogatorio se ha ido haciendo la luz (en mi cerebro, no en la casa) y he descubierto que hay una profunda razón antropológica para el empeño titánico de ambas. Las mujeres valoran más el pudor que las vistas a la calle; más la intimidad que el brillo.

Haber captado la idea me hace más vulnerable todavía, pues, aunque sigo prefiriendo las ventanas de par en par abiertas, no dejo de enternecerme con los entrañables motivos del desmedido amor a la semioscuridad de mi mujer. Ella concibe el hogar como una penumbra íntima y mullida, abrigada por las sombras. Cuando uno entiende a su mujer, está perdido.

Como consuelo me queda, al menos, haber desentrañado el misterio de las últimas palabras de Goethe, que tanto han intrigado a la humanidad desde su célebre agonía. El gran hombre murió gritando: “Luz, más luz”, el pobre.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Décimas

Zapatero ha acudido al Parlamento a proclamar que no tiene medidas para la crisis (cuando las medidas son de infarto, 90-60-90, podríamos decir para animarnos un poco el subconsciente), pero que se apresura a traernos esperanza, no a la Aguirre, por supuesto, sino la tercera virtud teologal, dicho sea con perdón. Yo me he acordado de una décima de Nicolás Guillén, poeta cubano de la color de Obama, aproximadamente. El gran vate popular cantó a la patrona de la isla por guajiras así:

Virgen de la Caridad,
que desde un peñón de cobre
esperanza das al pobre

y al rico seguridad.
En tu criolla bondad,
oh, madre!, siempre creí,
por eso pido de ti
que si esa bondad me alcanza,
des al rico la esperanza,
la seguridad a mí.

Décima que para nuestro país laico, aconfesional y anticlerical tendríamos que traducir de la siguiente manera:
Oh, Zapatero, que das
la confianza que te sobra
a los pobres y a las pobras
y al PSOE seguridad.
En tu talente y bondad,
ZP, nunca creí,
pero si eres bueno y si
esa tu bondad me alcanza,
da al PSOE la confianza,
la seguridad a mí.
Releo las dos versiones y, qué quieren que les diga, me quedo con la de Nicolás Guillén. Soy tan recalcitrante que prefiero acogerme —antes que a lo que Zapatero me prometa— a lo que la Virgen de la Caridad quiera darme en su criolla bondad. Aunque también, quizá, porque hablar de décimas con esta crisis de fiebres amarillas es quedarse muy corto.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Notas para un parábola

En la retaguardia, en la gran ciudad, la vida era tristísima. Las viejas sonrisas se habían helado en los labios, la radio no daba más que noticias —a veces buenas, a veces malas— y las gentes se arrastraban apesadumbradas con el recuerdo de los muchachos que se estaban dejando la vida en el frente.

En el frente, los muchachos, se dejaban la vida, y también cantaban canciones ligeras, recitaban “La balada del caballo blanco”, se reían, apuraban el sabor recio del riesgo, del miedo, del compañerismo y de sus petacas de whisky.

Cuando volvían a la ciudad de permiso o convalecientes, les rodeaba un nimbo. No era sólo el aura del heroísmo, sino la luz de una felicidad íntima y elemental.

Al principio, a la guerra iban los pobres mozos de reemplazo y algunos patriotas extravagantes y risibles. Poco a poco, fue aumentando el número de voluntarios, que acabó siendo una muchedumbre. Quizá nadie lo supo nunca, ni ellos mismos, pero esos voluntarios sobrevenidos desertaban de un vacío, buscaban el arrimo a la felicidad, un poco de frivolidad a ratos. O nadie lo supo o no se dijo; y en cualquier caso no importa, porque la felicidad es sólo otro nombre —con más fortuna publicitaria— del cumplimiento del deber.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Isabel Escudero

Resultaría muy ilustrativo comprobar si el puñado de poemitas de Fiat umbra que me parecen extraordinarios a mí coincide con los puñados escogidos por otros lectores. Podría suceder que no, que Isabel Escudero hubiese lanzado al aire, como un sembrador parabólico, sus versos, y unos hubiesen arraigado en el pecho de uno, y otros en los de otro, al borde del camino. Pero dejemos ese experimento relativista para mejor ocasión, pues conviene que el crítico se crea en posesión de la verdad y hable ex cathedra. Así que vamos...

domingo, 7 de septiembre de 2008

Orgullo Joly

A veces uno asume demasiado rápido la soledad del escritor de fondo y, de pronto, descubre con indecible alegría que está jugando en equipo. Miren (y piensen) los dos chistes que se publicaban ayer en todos los periódicos del Grupo Joly, que es mi club digamos. Éste de Miki & Duarte:

Y sobre todo éste, tremendo, extraordinario, de Esteban. Fíjense en "El Gobierno de Guadaña", que tendría que habérseme ocurrido a mí, pero mucho mejor a él, claro.

Estoy como el portero, que celebra de lejos y eufórico los goles de los delanteros. Aunque el tema, por supuesto, no es para muchas celebraciones. Pero por eso mismo, más.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Borradores y bañadores

Me he pasado el verano en paños menores. Para colmo, en paños menores metafóricos, no sólo analógicos. Los analógicos son los trajes de baño, cada vez más parecidos a la ropa interior por un proceso de acercamiento mutuo y consenso. Los bañadores reducen su tamaño mientras que la ropa interior adopta colores vivos y diseños italianos. A pesar de los vivos colores, a partir de cierta edad, uno mejora vestido de invierno riguroso. En esto al menos que se acabe el verano no me entristece tanto.

Yo venía a hablar de los paños menores metafóricos. La idea es del escritor Carlos Pujol: “Quien enseña un borrador se muestra en paños menores”, y es verdad. Este verano lo he comprobado en mis propias carnes. Aprovechando las vacaciones del instituto, me he puesto a trabajar. Tenía que entregar, entre otros encargos, un libro en septiembre. “Corregir es el segundo turno del talento”, asegura Andrés Neuman. Después de aplaudir el talento de Neuman, yo añadiría que también es el segundo turno del tormento. Uno ve crudamente sus carencias y defectos, y siente que ni en sueños llega a dónde sueña.

Entonces acudo a mis amigos y me pongo en paños menores: les enseño mis manuscritos, rogándoles que me arropen con sus correcciones. Ellos leen mis cosas y encuentran enseguida, ay, las faltas de ortografía, las faltas de sintaxis, huy, y las faltas, uf, de lógica. Es un mal trago para ellos que me tienen que poner en evidencia y un mal trago para mí, que quedo como Cagancho en Almagro. Todos tragamos, sin embargo, pensando en la literatura, que merece el sacrificio. Lo importante es que al final al lector no empiecen a explotarle los anacolutos en las manos.

A mí, naturalmente, me gustaría que mis mejores amigos me admiraran mucho. Pero igual que voy a la playa en bañador asumiendo el desprestigio porque mi mujer es una gran aficionada a las olitas del mar, así paso la vergüenza de los borradores con tal de que mi libro resulte mucho mejor que yo. “Oscuro el borrador y el verso claro”, nos recomendó Lope, y uno se oscurece y borra lo que haga falta. Si vengo aquí a consolarme un poco, es porque sé que ustedes, acostumbrados a la confesión sacramental y tal vez a la dirección espiritual, saben muy bien de lo que hablo.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Postvacacional

Lo decía mi madre: “No es tan malo volver al cole: verás a tus amiguitos”. Yo lo he recordado hoy, treinta años después, en el Instituto, al reencontrarme con los otros profesores, mis colegas. La primera sesión del estrés postvacacional consiste en oír las vacaciones de cada uno.

Los más exultantes son los que este verano sacaron la oposición. Luego, los que han visto mundo, que a su vez se subdividen en dos: los plastas y los inspirados. Los plastas, después del viaje, te enseñan un viaje de fotografías suyas con pequeños monumentos detrás. Las dos o tres primeras están bien. Los inspirados, que en esto, como en todo, son los menos, te transportan con su entusiasmo y sus narraciones ajustadas. Uno hablaba de Egipto tan bien —en los dos sentidos de la palabra—, que me recordó cómo en el exilio mexicano, cuando no tenían dinero para ir al cine, pagaban entre todos la entrada al pintor Ramón Gaya, que contaba después la película como nadie. A mí —por lo oído— Egipto me ha gustado mucho.

Y están los que han tenido un verano malo: enfermedades, disgustos, suspensos en las oposiciones… El contraste entre los felices y los sufrientes es tremendo y abrupto, y uno sale del trabajo con la sensación de haberse dado una ducha escocesa. Salgo más agotado, de hecho, que si hubiese impartido cinco horas de clase. La vida es una mezcla sin orden ni concierto de sentimientos y experiencias encontradas, una montaña rusa emocional.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Cómo se asoma

Se ha escrito demasiado sobre la página en blanco; pero sobre la página en blanco antes de ponerse a escribir, cuando el verdadero vértigo es la página en blanco después de haber escrito. Ésa que queda debajo y va asomándose, silenciosamente, mientras uno corrige. Qué estupor comprobar que todo lo que quitamos mejora siempre el texto. O casi todo y casi siempre. Cómo se agrandan, poco a poco, el espacio entre líneas y los márgenes.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Obaneras de Cádiz

Si yo supiera, como Antonio Burgos, hacerle una canción a Carlos Cano, no hubiese escrito esto sino esto (con más salero):

Obama es Zapatero
en más negrito.
Zapatero es Obama
en Doñana.

martes, 2 de septiembre de 2008

Cara y cruz

La madera del sándalo ha dado mucho juego a poetas y moralistas. Según se lee en poemas y en fábulas, si le pegas un hachazo, el sándalo exhala un olor dulcísimo. En Centroamérica existe otro árbol, de cuyo nombre no logro acordarme, que cuando se le realiza un corte muy profundo, da una flor enorme. No es difícil ver en estos casos de la botánica una alta lección de moralidad para los seres humanos.

Sin irnos tan lejos, tengo en casa una buena mata de romero. Cuando paso cerca, la pisoteo un poco, y huele más. El sábado pasado, que teníamos invitados, la estuve vareando y su perfume llenó la penúltima noche de agosto. Sin embargo, quizá por la melancolía de las vacaciones que se acababan, mis reflexiones morales se me han ido complicando.

Porque, vale, está estupendo eso de devolver bien por mal, pero si lo hacemos sistemáticamente, ¿no estaremos fomentando que la gente, que no es tonta, se porte fatal con nosotros? ¿Pisotearía yo un cardo borriquero, varearía una retama? Pudiera suceder que con nuestra generosa mansedumbre animemos al prójimo a maltratarnos, lo que tampoco es —aunque sólo sea por el propio prójimo.

Hay que volver a la rosa. La rosa no espera a que la golpeemos para regalar su olor, pero a la vez qué erguidas espinas tiene para disuadir, en la medida de lo posible, de las malas intenciones. La rosa, cara y cruz perfectas.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Canto y cuánto es la poesía

Si lo sé, no me callo. Lo contrario del ruido no es el silencio, son las palabras. Lo contrario del ruido es esto y esto. El silencio es una expectativa, que crece. Tanto que ahora yo tengo que encomendarme, para empezar, a San Francisco de Asís y a mi Angelo Branduardi.

jueves, 10 de julio de 2008

En seguidilla

En el árbol de casa
sólo un momento
se posa el verderón...,
más no merezco.
Suelta dos trinos
nerviosos y se va
como ha venido.

miércoles, 9 de julio de 2008

La jugada

Como estrategia, la de ZP sería brillante si la política fuese una partida de ajedrez. Lo terrible es que el gambito que propone es de personas.

martes, 8 de julio de 2008

La inspiración

Aquel apotegma de que “la inspiración te pille trabajando” yo creo que quiere decir trabajando en otra cosa, cuanto más rutinaria mejor. Jamás anduve tan inspirado como cuando opositaba entre lentos temas de Derecho del Trabajo y Prevención de Riesgos Laborales. Los márgenes del temario, como los de un riachuelo, florecían en cada meandro con delicados endecasílabos.

Desde que aprobé el asunto y tengo más tiempo para mí, la inspiración me pilla mucho menos. Pudiendo organizarme las tardes a mi gusto, acabo siempre leyendo a otros. Lo describió Carlos Pujol: “Leer es el estímulo, el material y el aprendizaje del escribir, pero acaba por convertirse en su rival”. A veces, me he planteado medio en serio dejarlo todo y ponerme a estudiar oposiciones a Registrador de la Propiedad. No para tratar de entender el marianismo (“centro, mujeres, diálogo, futuro”), sino para propiciar sonetos y décimas espinelas.

Por suerte ahora he encontrado un método menos traumático y que contribuye, de paso, a la felicidad conyugal. Consiste en ir con mi mujer a las rebajas. Delante de los escaparates, recupero aquella antigua mirada mía, perdida en el infinito. Tantos vestidos prácticamente idénticos funcionan como un mantra inspirador. Voy repitiendo —sin mentir ni un ápice— qué bien te queda, qué bien te queda… Y mientras tanto, tengo ideas. Por ejemplo, la de este artículo.

lunes, 7 de julio de 2008

De la pereza como método de trabajo

Así se titula un poemario de Mario Quintana, para el que escribió este prólogo, que o copio aquí con subtítulo mío: Del cortar y pegar como método perezoso del blogger. (A fin de cuentas, me lo agradeceréis más que una sudorosa entrada propia.)


No sé pensar a máquina, esto es, hago mi trabajo creativo primeramente a lápiz. Después, con la barbilla apoyada en la mano izquierda, lo paso todo a máquina con sólo un dedo.
—¿Pero eso no cuesta mucho?—Costar, cuesta, pero dura más… 
No despertemos al lector. Los lectores son, por naturaleza, dormilones. Les gusta leer dormidos. El autor que quiera conservarlos no debe propinarles el mínimo susto. Apenas las eternas frases hechas. “La vida es una carga”, por ejemplo, se puede repetir siempre. Y añadir impunemente: “dice Bias”. Bias no hace mal a nadie, como tampoco los otros seis sabios de Grecia, pues los siete, como ya se quejaba Plutarco hace seis siglos, eran unos auténticos plastas. Esto para él, Plutarco. Pero para el griego común de la época debía ser la delicia y la tabla de salvación de las conversaciones. ¿Pues no es lo mismo el buen hablar y escribir sin esfuerzo? El lugar común es la base de la sociedad, su política, su filosofía, la seguridad de las instituciones. Nadie es tomado en serio con ideas originales. No es la primera vez, por ejemplo, que un figurón cualquiera declara en una entrevista: “Brasil no escapará a su destino histórico”. El éxito de la jugada, a juzgar por la importancia que le da la prensa, es siempre infalible, aunque el lector semidespierto pudiese desconfiar de que eso no pretende decir nada, pues nada escapa a su destino histórico, ya sea un Imperio que se desmorona o una cucaracha espachurrada. 
La pereza es la madre del progreso. Si el hombre no tuviese pereza de caminar, no habría inventado la rueda. No podría viajar por el mundo entero. 
Se cuenta que a finales del siglo pasado, en un remoto país de Oriente, el viaje a la capital desde la frontera duraba nada menos que treinta días, y aún más a los lomos de un camello. Y sucedió que un ingeniero británico que a la sazón vivía allí, en nombre del progreso, se resolvió a remediar la cosa.—En fin, concluyó él, después de una audiencia con el respectivo jeque, o lo que fuese— construyéndose el camino de hierro que el país tanto necesita, el viaje hasta la frontera podrá ser hecho en un solo día. —Mas —objetó el viejo monarca, que le había oído con una paciencia verdaderamente oriental— ¿qué va a hacer la gente en los veintinueve días que sobran?! 
Lo más consolador de los largos viajes en tren son esos burritos pensativos que vemos al lado de la vía y nos ahorran así el trabajo de pensar…Cierta vez, me obsesioné con un trabajo titulado “Pereza”. Constaba del título y de los bellas columnas en blanco, con mi firma al final. Desgraciadamente, no fue aceptado por el puntilloso coordinador de la página literaria. ¿Han visto desconfianza igual? Censurar una página en blanco es el colmo de la censura. 
En resumen: lo que perjudica mi pereza perjudica mi trabajo. 
COMPENSACIÓN 
Suave pereza que, de ser malvado 
y de otras idioteces, al abrigo me pones… 
Sólo por ti, ¡qué pésimas acciones 
dejé de lado!

viernes, 4 de julio de 2008

Un Alba entre el Play Boy

En mi blog entraron varios fans de Carlos Esteban, a los que yo les alabé el gusto (por Carlos Estaban, no por entrar en mi blog). Otro contertulio, siempre atento, se interesó ante tanto elogio y preguntó dónde podría leer a ese aclamado columnista. Como el contertulio en cuestión es un viejo conocido y un inagotable agnóstico o ateo, que eso no lo sé, le respondí: “Ignacio, Carlos Esteban escribe en Alba, siento decirte. El tipo merece la pena, te digo”. A lo que Ignacio replicó, rápido como el relámpago: “Pues tendré que comprar un Play Boy para esconder dentro el Alba. Uno tiene una imagen”.

Sólo es una anécdota, por supuesto. Una anécdota que tiene su gracia, me parece. Pero sobre todo es una anécdota que se eleva prácticamente sola a categoría, como le gustaba a Eugenio d’Ors, ya que muestra hasta qué punto se han invertido aquí los valores sociales. No hace mucho, puestos a esconder algo, sería un furtivo Play Boy el que se deslizara entre las albas páginas del Alba. Incluso descontando el cum grano salis de Ignacio, resulta indiscutible que de un tiempo a esta parte hay cosas de siempre que da vergüenza hacer (bendecir la mesa en un restaurante, por ejemplo), mientras que las que nuestras abuelas (y madres) hubiesen considerado deshonrosas, la sociedad las aplaude embobada. Véanse las bodas sucesivas y/o los líos varios de los famosos (o de nuestros vecinos, sin ir más lejos). Volviendo al Alba, yo estoy seguro de que ninguno de ustedes lo esconde ni en el Play Boy ni en el Marca, que es el periódico de cabecera de Mariano Rajoy. Pero también me consta que muchos hacen un acto mínimo de heroísmo y afirmación personal al pedirlo en el quiosco. Son los tiempos que corren.

Que son malos, como todos, pero que tienen, también como todos, su lado positivo. En este caso, nos vacunan contra la hipocresía, que no es moco de pavo. Resulta evidente que nadie va a comprar el Alba a estas alturas para quedar bien ante el quiosquero. Tampoco nadie acudirá ahora a los sacramentos para aparentar piedad ni fingirá virtudes de cartón piedra. En eso hemos salido ganando. En cambio, los pobres directivos de Play Boy jamás sabrán cuántos ejemplares vendidos son una simple cobertura, un camuflaje para esconder actividades subversivas, como leer a Carlos Esteban.

jueves, 3 de julio de 2008

María José Rico

No llego a los extremos de José Luis García Martín, al que le irrita que le manden libros, como advierte insistentemente en sus diarios. (Y yo no lo sabía, y dale que te pego con todos mis libros.) A mí en general me hace ilusión, aunque desordenen mi sobredimensionada, estresante, utópica lista de lecturas. Simplemente los pongo a la cola, y por eso tardo tanto en contestar. Y a veces pasa que entre que lo leo, lo releo, lo pienso, lo repienso y me pongo a ello, he perdido el remite. Éste es el caso. Espero que María José Rico se busque de vez en cuando en Google y así se entere de que le agradezco el envío y el libro, de tan hermoso (como borgiano) título: Mi vida que no entiendo. La dedicatoria no se la agradezco tanto, la verdad, que como captatio benevolentiae de una poeta a un poeta, no sé: "Para E. G-M., al que sigo en su columna de opinión del Diario de Sevilla. Un saludo". Tampoco me gustó mucho que disparase sobre mi pájaro heráldico, el gorrión, este endecasílabo: "cubierto de un plumaje nada hermoso". A mí, ese juego de grises, blancos, marrones y negros suavísimos me resulta elegante y lleno de matices. ¿Se habrá fijado bien MJR o estaría solamente concentrada en su correlato objetivo? En cambio, hay varios poemas emocionantes. Dos, muy duros, que no sé si copiar: "El semáforo" y, sobre todo, "En la cuneta". Bueno, copio el primero:
EL SEMÁFORO

Han arrancado el poste del semáforo.

Días más tarde,
un nuevo poste y un ramo de flores,
que el sol se empeña en mantener marchitas.
Pero hay alguien aún más testarudo,
que en su lugar coloca flores frescas.
Más acorde con esta mañana esplendorosa de principios de julio (aunque, en todo caso, en la Operación Salida, conducid con cuidado) es este rumoroso haiku:
En la cocina,
un zumbido de abeja.
Llega el verano.

miércoles, 2 de julio de 2008

En todos los charcos

A mí lo de la educación mixta, la diferenciada y los colegios concertados, debería darme plim. Y sin embargo, me importa. Lo mío, ya lo decía mi abuelo, es meterme en todos los charcos. Y la pena es que se me ha pasado el artículo sin comentar en ninguna esquina que también se defiende la libertad firmando el Manifiesto en Defensa de la Lengua Común.

martes, 1 de julio de 2008

Los aguafiestas

En una sección llamada “En busca de la felicidad” conviene hablar de algo triste, pues la felicidad sólo se busca cuando falta. A mí me la quitan un poco los aguafiestas nacionales, que abundan y que están empleándose a fondo para fastidiarnos la victoria en la Eurocopa. Nos advierten, con gesto severo, que el triunfo no solucionará la crisis económica ni los problemas políticos ni aliviará la calor.

Ya lo sabíamos, gracias, pueden ahorrarse ustedes sus adustas admoniciones. La crisis es grave y el fútbol frívolo, pero no mezclemos las churras con las merinas. Por favor, déjennos a todos los compatriotas compartir por una vez una euforia, aunque sea efervescente y fugaz.

Prefiero la mirada de Rocío Arana, dulcísima poeta y, desde esta Eurocopa, ferviente futbolera. Nos contaba que al acabar el partido, que siguió en un bar atestado y vibrante, un hombre borracho, entre tacos y lagrimones, bendecía con dedos temblorosos a la selección y exclamaba: “¡Que Dios sus bendiga!” Qué extraordinario anacoluto, con más teología dentro de lo que parece. La mejor bendición es que Dios nos haga suyos, desde luego.

Es un gran augurio que Rocío se haya vuelto futbolera, porque la autora de Magia es una sagaz zahorí de la felicidad. Si a ella le interesa el fútbol, seguiremos cosechando éxitos deportivos. Y mientras no hable de economía, como no lo hace, uf, lagarto, lagarto.

sábado, 28 de junio de 2008

De etiqueta

Mi larga adolescencia coincidió con un renacimiento de las puestas de largo y otras fiestas de etiqueta. De ordinario íbamos con los polos por fuera y los vaqueros raídos, pero de vez en cuando tenía su gracia vestirnos como personajes de Evelyn Waugh. No se trataba de un disfraz: de smoking éramos los mismos, aunque algo más galantes con las chicas y más chispeantes en las conversaciones.

No lo recuerdo con nostalgia, que ya habrá tiempo, sino porque viene a cuento. He participado en una reunión de escritores católicos y se ha hablado mucho de etiquetas. Un escritor católico es el que se pasa la vida quitándose la etiqueta de escritor católico, con la excepción (que confirma la regla) de Juan Manuel de Prada, que se la coloca. Tampoco hay que hacerse los mártires, pues las etiquetas están a la orden del día: poetas de la experiencia, de línea clara, epígonos de d’Ors, tranquilos, de derechas, neorrománticos y hasta horacianos, por citar sólo las mías.

Opino que quitarse y/o ponerse etiquetas es perder el tiempo. Ése es un trabajo de los otros. Y muy de agradecer, además. Supone que te leen y que te toman en cuenta. Encima, con buena o mala intención, la etiqueta suele ser un título. O dos: escritor y católico, por ejemplo. Igual que aquellas etiquetas de mi lejana adolescencia, las de ahora tienen su gracia y nos exigen estar a la altura.

viernes, 27 de junio de 2008

Kiko contra Quique

El título de este artículo es un guiño a Miguel Aranguren al que tanto divierte la aliteración de nuestros nombres. Kiko es mi admirado colega Méndez-Monasterio, que se marcó la semana pasada una columna contra los poetas. Y Quique soy yo cuando me llaman los amigos de la infancia. En rigor, Aranguren no es amigo mío de la infancia, pero tuvo el exquisito gusto de casarse con quien sí, y en esto de las nomenclaturas rige el régimen de gananciales.

Que Méndez-Monasterio se ría de nosotros me parece bien. Al fin y al cabo, está dentro de una tradición que va desde Platón hasta el bardo de Asterix. Shakespeare lo expuso con Mercuccio, el principal secundario de Romeo y Julieta. ¿Recuerdan ustedes cuando, herido de muerte, se despide, entre bromas brillantes, de sus amigos? Ése es el destino de muchos poetas: un triple salto mortal del humor desgarrado a la emoción más pura.

Tuvo gracia Kiko ensañándose con nuestra proverbial pobreza. Contaba que iba a tener un encuentro con algunos poetas, y que vigilaría bien su cartera. Me consta que el encuentro ya ha sucedido —yo anduve allí— y habría que preguntarle ahora por su abultada cartera de narrador exitoso. Debe de estar intacta, porque al final, cuando el sector lírico de la reunión fue a tomarse una cerveza (o tres) para refrescarse de tanta narrativa, tuvo que moderarse bastante por falta de liquidez. Menos mal.

Lo que no le perdono a Kiko es que se extrañara de que haya poetas cristianos. Ha herido mi orgullo y mi vanidad. Mi orgullo porque precisamente los poetas, viviendo al borde del misterio, somos refractarios al materialismo. Lo explicaba el brasileño Mario Quintana: “Los poetas son los únicos que no pueden hablar contra los absurdos de la religión. Incluso aquellos que se juzgan materialistas deben sentirse aludidos: la poesía es un síntoma de lo sobrenatural”. Quizá el mayor timbre de gloria de la poesía moderna sea, en palabras del pensador colombiano Gómez Dávila, que “desde Blake, Wordsworth, y el Romanticismo alemán, es una conspiración reaccionaria con­tra la desacralización del mundo”. Pero sobre todo ha herido mi vanidad porque esto ya lo expliqué minuciosamente hace unos meses en Alba. O sea, que Kiko no me lee ni en prosa, el puñetero.

jueves, 26 de junio de 2008

El cuarto poder

Escribo un artículo defendiendo a La Gualda y después me entero de que la selección española va a jugar de amarillo. Pena que artículo y noticia saliesen ayer simultáneamente, porque si no podría hablar del poder de la prensa y hasta creérmelo. Ahora me pregunto si en Cuatro la selección seguirá siendo La Roja o se pasarán, por un partido y sin que sirva de precedente, a La Gualda.

miércoles, 25 de junio de 2008

Sobre gambones

Excepción hecha del Museo del Prado, lo que más emociona cuando llego a Madrid son las cenas que me prepara mi suegra. Mi cuñado asegura que su madre toca una sartén y le da un calambre. Sin embargo, cuando yo llego, ella asume el riesgo de electrocutarse, lo que es muy de agradecer.

Quizá lo único que me una a los socialistas sea la afición al marisco, menos practicada en mi caso, pero grande. Mi suegra lo sabe y no ignora que corren vientos sutiles de centrismo. Para ver si hace carrera de su yerno, el otro día, a pesar de la crisis, me hizo una heroica fuente de gambones al horno. Yo, sin abjurar de mis firmes principios pero enternecido hasta las lágrimas, cogí la ocasión por los pelos y los gambones por los bigotes.

A la mañana siguiente, a pesar de la ducha, las colonias y los obsesivos lavados de manos, seguía percibiendo un ligero olor a marisco a mi alrededor. No extrañaría eso demasiado a ningún madrileño, pues a los que venimos del Puerto de Santa María nos imaginan siempre entre fuentes de bogavantes. Como soy un poco tímido, el efecto lo completaba ruborizándome en las presentaciones, lo que me daba el tono colorado de la gamba cocida.

Hecho un anuncio ambulante de la gastronomía de mi pueblo, me paseé por las redacciones de Madrid. Parece que la socialdemocracia se impone: en todas partes me recibieron con los brazos abiertos.

martes, 24 de junio de 2008

La Biblioteca

Intento escribir este artículo mientras estoy de guardia en la biblioteca del instituto. El ruido es ensordecedor: charlas, risas, unos se levantan, otros se sientan, la puerta apenas para quieta. Los alumnos están de exámenes y la presencia en la biblioteca es voluntaria: o sea, que buenas intenciones (de ésas que empiedran el infierno y enternecen a los profesores) sí tienen.

Pero son incapaces de mantener la vista fija en sus libros más de cinco minutos. El zapping, el surfing por Internet, la I-Pod, los SMS, los chats y los videoclips han creado una atención que derrapa en las curvas. Eso nos afecta a todos y explica en parte el auge actual de la literatura fragmentaria: en narrativa, el microcuento; en poesía, el haiku; en ensayística, las minicolumnas como ésta y los aforismos. Así las cosas, tendríamos que adiestrarnos en una atención estereoscópica que nos permita disfrutar a la vez del Quijote y de las mínimas Obras completas de Monterroso.

Muy cansado de pedir silencio a voz en grito, pregunto a una alumna porqué viene a la biblioteca y no se va a hablar al bar o se queda estudiando en casa sola. “Necesito que me manden callar”, confiesa. Yo le agradezco la sinceridad. Para empezar, algo justifica este esfuerzo mío de pasarme la hora chistando y, para terminar, quizá ella, poco a poco, con ayuda, aprenderá a hacerlo sola, si quiere de veras. “Venga, estudia”, la amonesto.

lunes, 23 de junio de 2008

Google y yo

No pierdo pie con el Príncipe de Asturias. Tampoco con su hermano mayor, el Nobel. He participado como jurado en premios —bastante más plebeyos, por supuesto— y hasta gané alguno en los buenos viejos tiempos. En consecuencia, me cuesta tomármelos en serio. Y cuanto más importantes, peor. Sin embargo, cuando un premio de boato acierta, me alegro. Es el caso de Google, que se ha llevado el Príncipe de Asturias de Comunicación. Hay ahora quien recuerda que, según las bases, el premio tendrían que darlo a personas o instituciones, no a un motor de búsqueda. Da igual: es un premio acertadísimo.

Lo fácil con Google es quedarse en las anécdotas. Que se usa mucho para el cotilleo, por ejemplo. A mí me hace más gracia ver cómo trabaja para la vanidad. Cuando en mi blog nombro a cualquiera, me lee enseguida. Como si lo invocase. Todo el mundo teclea su nombre en Google, y cuenta las entradas que le nombran, y las lee con interés. Conmigo Google no es tan halagador, sin embargo. Busco “García-Máiquez” y la máquina responde con un endecasílabo burlón: “Quizá quiso decir ‘García Márquez’”.

Yo se lo perdono. Lo importante es que ha venido providencialmente para rellenar las lagunas culturales que me había dejado la reforma educativa de Villar Palasí, al que se le ocurrió el BUP. Con la LOGSE nos metemos mucho (y nunca será bastante), pero no está de más recordar que la decadencia educativa comenzó con aquel ministro de Franco. Lo contrarrestaron justo a tiempo para mí y para toda mi generación, Sergey Brin y Larry Page desde California con este motor de búsqueda que permite rastrear la red entera. Los datos que nunca nos enseñaron están ahora a nuestro alcance en cuestión de segundos. Uf, por los pelos...

Alessandro Baricco en su inquietante ensayo Los bárbaros concede a Google un papel central en la configuración de la nueva mentalidad mundial. Con algunos extremos de su libro es fácil discrepar, pero difícilmente se puede exagerar la importancia de Google, y Baricco, aunque lo intenta con todas sus fuerzas, no lo consigue. Sin Google, Internet sería un armatoste inmanejable y nosotros estaríamos mucho peor preparados. Desde aquí yo le otorgo al Premio Príncipe de Asturias el premio de mi aprobación y de mi aplauso. Esta vez ha acertado de pleno.

sábado, 21 de junio de 2008

Cocktail party

Qué serios, qué solos
estamos los vivos,

presentes sucesiones de monólogos.

(Lo peor: me empeño
en contar lo mío.)

viernes, 20 de junio de 2008

Castle

Estaba desbordado por las averías: el pozo sin agua, el ADSL se había ido (¿adónde?), era necesario revisar la electricidad, y todo en el mismo día. Mi mujer también se había ido, la muy ejecutiva, a su empresa, lejos. Llamar a los técnicos es echarle un lazo a un galgo. Y cuando llegan, es echarte la mano a la cartera, toda pulgas. Casi nada tiene remedio. Casi todo es culpa del técnico anterior. Y hay que cambiarlo. Así las cosas, tenía dos posibilidades: o echarme a llorar o recurrir a Chesterton, mi primo de Zumosol.

Preferí a Chesterton. Para él un problema es una aventura mal interpretada, mientras que un problema correctamente enfocado se convierte en una aventura. ¿También los amperios? También. Y como un recuerdo trae otro, estando ya por Inglaterra, me recité la cita: For a man’s house is his castle. ¡Oh mi castillo en ruinas!, pensé; o más exactamente, mi castillo asediado, no por problemas sensatos y ordenaditos, sino por un tropel revoltoso de ellos. Por “un ataque de comanches borrachos”, que diría Miguel d’Ors.

Entonces, de repente, me vi señor de la torre, cercado, sí, de comanches, pero señor al fin y al cabo. ¿Resistiría heroicamente el asedio? ¿Llegaría sano y salvo a la noche, al llamado “reposo del guerrero”? ¿Y podría apoyar mi cabeza (dolorida) en el hombro de la recién regresada y compasiva señora de la fortaleza? ¡Qué emocionante todo!

jueves, 19 de junio de 2008

María José Vela

En el IES de Valdelagrana los alumnos hacen un periódico. Para el periódico me hicieron una entrevista. Y para ilustrar la entrevista la profesora María José Vela ha hecho este cuadro sobre Casa propia:



A mí me gusta muchísimo. Podríamos maliciarnos que es por el principio del batracio ("El sapo a la sapa / la ve guapa") al tratarse de un cuadro sobre mi libro. Pero en mi descargo diré que cuando fui al Instituto hace meses y vi los homenajes de Vela a los poetas del 27 me parecieron mucho mejores que los cartelones oficiales de la Junta de Andalucía... y que la poesía de alguno de los homenajeados.

miércoles, 18 de junio de 2008

Érase una vez

Cuando el chiquitín empezó a gritar que el Emperador estaba desnudo, la gente en general se hacía cruces: “Qué mal educado, cómo chilla”. Insistía: “Va en pelotas, ¿no lo veis?, en pelotas, en pe-lo-tas”. Un notario o registrador de la propiedad se revolvió: “Pero qué novedad, chaval. Claro que va desnudo: a eso aspiramos todos. Es lo más sexy”. El Emperador sonreía ceremoniosamente, arrojando a su paso monedas y subvenciones para jolgorio del pueblo soberano. Cuando acabó el cortejo, el sastre cogió al revoltoso por una oreja y lo denunció por injurias. La jueza naturalmente le condenó: “Ha dicho ‘en pelotas’, huy, en vez de ‘con sutiles transparencias’, que es lo bonito”. La condena: un buen soplamocos. Mientras lo sacaban los alguaciles, avisaba la criaturita: “Llegará el invierno y os resfriaréis todos, todos…”

martes, 17 de junio de 2008

Tal como fue lo cuento

Tengo clases de inglés dos días en semana. Viene la encantadora Patricia Walton, y charlamos una horita en el idioma de Shakespeare (P. W.) y de Toro Sentado (E. G-M.). La conversación no decae jamás porque cuando nos quedamos sin tema, antes de que pase un ángel, yo me lamento de mi pronunciación andaluza y tartamuda, y Patricia me consuela, ponderando lo bien que ella me entiende, mi vocabulario ingente y la extraordinaria fluidez. Así pasamos el tiempo. Otras veces Patricia trae alguna actividad, tipo LOGSE, para hacer la clase más dinámica y participativa. Esta vez se trataba de lo siguiente: ella me pasaba unas cartulinas con un nombre en mayúsculas y varios en minúsculas; yo tenía que conseguir que ella adivinara el nombre en mayúsculas sin recurrir en mi explicación a ninguna de las palabras en minúscula. Era una cosa entretenida. En ésas estábamos cuando aparece en mayúsculas: CONVERSATION. Yo farfullo: “The thing you do with me in these classes”. Ella, arrastrada por la emoción del juego, segura de acertar, exclama : “Flattering!”

domingo, 15 de junio de 2008

Noblesse oblige

Tanta exigencia de paridad para todo apesta a pansexualismo, ¿o no? ¿Por qué hay que escrutar tan simétricamente el sexo de unos y de otras para acceder a cualquier puesto? Y sobre todo, ¿por qué escrutar sólo el sexo? Podríamos proponer otras paridades: entre bajitos y altos; entre optimistas y pesimistas; o entre rubios y morenos, dejando una cuota, por supuesto, para pelirrojos.

Esto ya lo hablamos cuando Zapatero, empeñado en imponer paridades por todas partes, se emperraba a la vez en cargarse la paridad de la única institución paritaria de la historia: el matrimonio. Ahora los tribunales han decidido que es discriminatorio que los títulos nobiliarios se transmitan por línea de varón. El primogénito, hombre o mujer, heredará el título.

Lo inquietante es que así se arregla una discriminación, vale, la hecha por razón de sexo, pero se consagra a su vez otra más medieval todavía: la cometida por razón de primogenitura. El artículo 14 de la Constitución dice: “Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Pero aquí últimamente sólo se preocupan del sexo, como adolescentes. Lo denunciaba Joaquín Leguina con relación a las funciones del neo Ministerio de Igualdad, diseñado para promover la igualdad entre miembros y miembras, y hacer, mientras tanto, la vista gorda ante las demás desigualdades que hay en España, y creciendo.

En concreto, con lo de la aristocracia, la monomanía actual por el sexo se ve muy clara. Clara y ridícula. Quizá sea éste el último servicio que la institución preste a la sociedad, antes de quedar como un fósil decorativo. Si se quisiera anular en serio la mínima posibilidad discriminatoria habría que extinguir los títulos nobiliarios o dárselos a todo hijo de vecino, como el DNI.

Yo, desde luego, soy partidario de la última opción, y aún diría más: no hace falta que nadie te otorgue un título. Basta exigirse a uno mismo un comportamiento noble siempre. Precisamente esto es lo que ha venido faltando a la nobleza titulada y por eso se ven ahora donde están: en el papel couché y como punta de lanza de la ideología de género, pobres.

sábado, 14 de junio de 2008

Súplica

A menudo tengo la sensación de que soy, como escritor, un lápiz en las manos de otro. Os puede sonar pretencioso, pero fijaos que digo un lápiz, no una estilográfica. O también os puede sonar humilde, pero no olvidaos que digo de otro, nada menos. Y cómo os suene, no importa. Lo que de verdad me preocupa es que tendrían últimamente que sacarme punta.

viernes, 13 de junio de 2008

Aúpa Aído

A Bibiana Aído la están criticando mucho por lo de los miembros y las miembras. En realidad, habría que animarla. Lo suyo es un disparate, sí, pero digno de aplauso, un esperpento esperanzador, una catarsis, un tratamiento homeopático contra la tontería.

A mí la cursilería esta de ciudadanos y ciudadanas me conviene, ojo, pues negándome a usarla doy a mis textos concisión y cierta mordiente reaccionaria. Me preocupa, en cambio, que la cosa acabe afectando a los clásicos. Por ejemplo, Jesucristo, apiadándose de todos, dijo: “Bienaventurados los que lloran”. ¿Habrá ya quienes echen en falta un “Bienaventurados y bienaventuradas los que lloran y las que lloran”?

Si tanta confusión del género con el sexo la mantuviesen en el campo magnético de lo políticamente correcto, seguiría extendiéndose. Se suele ridiculizar en privado, pero en cuanto cualquiera coge un micrófono, recae. La única solución que veo es Bibiana Aído o la reductio ad absurdum. Tuvimos los jóvenes y las jóvenas. Y yo he escuchado a un inspector de educación exigirnos a los profesores y a las profesoras que cumpliésemos los requisitos y las requisitas. Pensé que ésas eran las plusmarcas, pero ha venido Aído.

Afortunadamente, gracias a zelotes de la ideología de género como ella, estamos dando todos un respingo reparador, que buena falta nos hacía. La miembra del Gobierno ha prometido seguir en sus trece… Seguiremos nosotros aído al parche.

jueves, 12 de junio de 2008

La dura competencia

No es bonito que los perros demuestren más alegría que yo cuando llega a casa Leonor. Sobre todo, Carbón. Él, nada más oír a lo lejos el coche, que identifica el tío, se va corriendo hasta la puerta a saltar de alegría y a jadear de expectación. Eso todos los días. Las veces que haga falta. A mí me cuesta mucho levantarme de la butaca, dejar a medias Las palabras de la noche de la Ginzburg, y dirigirme feliz hacia la entrada a ganarle al perro el pulso del recibimiento caluroso. Lo fácil es gritar “hola” desde el sillón, más que nada porque Leonor entra y sale como las olitas del mar, que vienen y van. Me cuesta levantarme y emprender un trote juguetón hasta la puerta, pero no puedo permitir que un bicho me ponga en evidencia. Es la lucha entre el instinto y la gracia sacramental. Antes de que os entristezcáis del todo por mí, os diré con orgullo que alguna vez le he ganado. Y la mayoría de las veces, bueno, pues son derrotas dignas casi siempre.

martes, 10 de junio de 2008

lunes, 9 de junio de 2008

Correspondencia Gide-Claudel

Copio la descripción que hace del volumen un librero de Barcelona:
Descripción: CORRESPONDENCIA. EPISTOLAR. Castellano. Ed. JOSE JANÉS EDITORI. Barcelona. 1952. 1 vols. 22x15 cm. Enc. TELA EDITORIAL CON GRABADOS DORADOS EN LOMO CON SOBRECUBIERTA ILUSTRADA. 336 pags. 1ª Edición. Retrato en frontispicio de los 2 escritores. Edición de la correspondencia mantenida por los 2 escritores cuando estaban aún con vida. Sobrecubierta ilustrada por Giralt. Leves roces en bordes de la sobrecubierta.
Se ve que el librero ha pensado que debe de ser un epistolario tan trascendente que ha tenido que especificar...

domingo, 8 de junio de 2008

Desnudos

Que la imagen me deja frío, diría, pero es quedarme corto. Llamándose Alaska y tan desnuda y a su edad, los efectos son heladores. La cantante, como saben, se ha desnudado para una campaña anti-taurina.

De tauromaquia hablaremos otro día. De Alaska, ya veremos. Hoy sólo comentaré la moda esta de desnudarse enseguida, como en los anuncios. A veces sospecho que les apetece posar y que la causa es la excusa. Con intenciones diversas y loables, hemos visto almanaques eróticos del cuerpo de bomberos, de unas azafatas, de unas presidiarias, de las madres de un pueblo sin guardería, de un equipo de primera regional, etc. Todavía queda quien considera estas iniciativas un método muy original de llamar la atención. La desnudez, según en qué casos, puede llamar desde luego la atención, quién lo niega, y ha dado momentos de gloria en el arte, pero en lo relativo a la originalidad del método no hay mucho que rascar. Lleva practicándose desde la noche de los tiempos, como es natural.

Aunque parece que no se dejan nada que enseñar, tras las fotos quizá se oculte la pobreza intelectual de nuestra época o su pereza. Esas causas cualesquiera, algunas razonables, no se defienden con razones. Hay quien se desnuda como si hiciese un silogismo irresistible, igual que otros recurren de forma sistemática al sentimentalismo más impúdico. El caso es no argumentar, que eso sí es embarazoso.

sábado, 7 de junio de 2008

Golpe de estética

Yo quería escribir una novela titulada Golpe de estética. Iría sobre un grupo terrorista especializado en hacer saltar por los aires los adefesios de edificios que afean nuestras calles. Los comunicados del grupo estarían redactados en octavas reales o en sonetos. Su anagrama sería el hacha y la rosa. Las compañías de seguros tendrían que subir las primas a los arquitectos vanguardistas y contratarían licenciados en Historia del Arte para hacer sus valoraciones de riesgo. A mitad de la novela habría una escisión en el seno de la banda entre aquellos que pretendían atentar contra María Teresa Fernández de la Vega y aquellos que pensaban —influenciados por el feísimo Sócrates— que nada es más espantoso que un crimen.

La trama daría juego a enjundiosas reflexiones estéticas con un trasfondo de actualidad. El Gobierno de turno intentaría negociar, sin duda. Ofrecería a los terroristas, con tal de que no volasen el Guggenheim, unos puestos de diputados en el Congreso. Habría persecuciones trepidantes y una historia de amor entre la jefa de policía, que iría paulatinamente entendiendo las razones de la banda, y un terrorista, apuesto y exquisito, que acabaría deseando ser atrapado por esa chica tan interesada en la pintura de Ramón Gaya, y tan interesante.

No escribí la novela temiéndome que, por coherencia con el argumento, tuviese que prenderle fuego al manuscrito. Me he limitado a soñarla cada vez que pasaba por delante de según qué edificios. Pero en vista de que yo no daba el paso, la realidad la ha escrito casi al pie de la letra. Frédéric Rabillet, un cartero de 29 años, lector de Hitler y de Lenin, se montó la Fracción Nacionalista del Ejército Revolucionario (FNAR). Este grupo terrorista unipersonal atentaba contra los radares de control de velocidad, despertando una enorme simpatía entre los conductores franceses. Finalmente Frédéric ha sido detenido cuando un artefacto le estalló en las manos.

Parece que el muchacho no va a poner más bombas. Mejor. Además ya ha demostrado de sobra y mejor lo que yo pretendía: la fascinación por la violencia, su creciente banalización y que ninguna causa, por absurda que sea, será jamás tan estúpida como la de los asesinos que ejercen en España el monopolio del terror.

viernes, 6 de junio de 2008

Entrada efervescente

Ayer por la tarde, en Las Ventas, al final de la calle Alcalá, las banderas tremolando al viento, y yo sentado prácticamente entre el Rey y Sabina, pero todos pendientes, asombro y admiración, de Tomás (ver para creer) y del toro y del otro toro, y de repente, tuve la certeza, a medias visionaria, a medias física, de que estaba en el ombligo de España.

Enseguida me acordé de El Cerro de los Ángeles, y me entró pena por mi paganismo y por el de mi patria. Pero no, no, no, me repuse enseguida. El ombligo de España estaba allí; en El Cerro, su corazón.

jueves, 5 de junio de 2008

Un dilema sexual

Ahora que estoy curado y tengo un oído finísimo, oigo el rumor de una sacra discusión que me llega del Paraíso. Dice Mario Quintana: “Lo más desconcertante de la muerte es cuando la gente descubre que el alma no tiene sexo” [Cuaderno H, 9º edición, Editora Globo, 2003, p. 152]. Replica Joseph Joubert: “Dicen que las almas no tienen sexo, pero por supuesto que lo tienen” [The notebooks. New York Review Books, 1983, p. 111]. Yo no sé qué pensar todavía. Más tarde, con la resurrección de los cuerpos, en el valle de Josefat, la cosa dejará de tener tanta importancia.

miércoles, 4 de junio de 2008

En principio, hablar de dinero es una ordinariez. También lo es salir en los periódicos más que en tres ocasiones: el nacimiento, la boda y la defunción. O sea, que en el artículo de hoy me cubro de gloria se mire por donde se mire. Qué tiempos.

martes, 3 de junio de 2008

Las estrellas

Entre los cambios que esto del blogg me ha supuesto, uno de lectura. Ahora busco como un explorador obseso la prehistoria del género, y me recreo pensando en qué bloggers extraordinarios habrían sido Eugenio d'Ors, Bernardo Soares o Bloy. Entre ellos, habría brillado con luz propia el Logan Pearsall Smith de Trivia. Observen qué entrada ésta:
..........................LAS ESTRELLAS

Ganando mi casa contra el viento y la lluvia a través de una noche oscura, un repentino chaparrón, más recio que los otros, me hizo ponerme a cubierto bajo un árbol. Pero pronto el cielo se abrió por el oeste; la luminaria de las estrellas se esparció desde detrás de las nubes. Yo estaba atónito ante su brillo, viendo como ellas colmaban la noche con su lustre. Así que continué mi camino acompañado; Arturo me seguía y se enredaba en un árbol frondoso, resplandecía, se ocultaba por momentos, y emergía triunfante, Señor del Cielo del Oeste. Avanzando por la carretera con mi gabardina y mis botas de agua, mis pensamientos estaban entre las
constelaciones. Yo también era uno de los príncipes del Universo estrellado; en mí también había algo que titilaba, que brillaba.

domingo, 1 de junio de 2008

¿Mande?

Guillermo de Torre, casado con Norah Borges, oía nada más que regular, pero ponía todo su empeño en participar de la conversación. Eso suponía interrupciones, repeticiones a mayor volumen, malentendidos. De Torre, encima, no le entraba por el ojo a su cuñado Jorge Luis Borges. Éste, observando cómo transcurrían las tardes, pontificó: “No hay peor sordo que el quiere oír”.

No querer oír es malo moralmente, pero quererlo hacer a toda costa es pesadísimo para los demás. La gracia de Borges radica en su egoísmo y, por eso, además de un chiste, es un síntoma. Yo ahora, en cambio, me siento solidario con los sordos. Solidario en el sentido estricto de la palabra porque un problema pasajero (dicen) me tiene como una tapia. Uno se pone bien en el lugar de los demás cuando la vida te coloca ahí a la fuerza. Pocas cosas tan mareantes y desorientadoras como no enterarte. Intelectualmente resulta agotador porque hay que construir grandes hipótesis para tratar de seguir a medias la conversación más trivial.

Como lo de Borges me tiene algo acomplejado, en vez de interrumpir la tertulia cada dos por tres, yo me entretengo solo jugando a las etimologías. Y es curioso que se asocien a la sordera palabras del ámbito militar como el “¿mande?”, para pedir una repetición, o como “estar teniente”, para describir nuestro estado auditivo. Quizá la asociación provenga del arma de artillería, donde los bombazos destrozarían los tímpanos. Con todo, no deja de ser tentador imaginarse cierta reticencia psicosomática de los mandos inferiores a entender las órdenes. Si fuese así, también podríamos decir “estoy funcionario”. O en los últimos tiempos, “estoy de lo más Rajoy”, al comprobar cómo éste no atiende a las inquietudes crecientes de sus votantes.

Bromas borgianas aparte, tiene un punto sórdido la sordera. Quien oye mal queda más aislado que los que padecen otras minusvalías. La importancia de la palabra para el hombre no se puede exagerar, y no es por casualidad que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad sea el Verbo, ni que fides ex auditu, esto es, que la fe se transmita precisamente por el oído. Cuando se me cure esta sordera, seré mucho más cuidadoso con los que no oyen bien, hablaré alto y claro y repetiré las veces que haga falta… ¿Qué? ¿Que qué? ¿Qué? Ah, ¿que y si no se me cura, qué? Pues ya ven: ármense de paciencia.