domingo, 2 de agosto de 2009

El honor es su divisa

Para empezar, multiplicarles los honores. Estando así las cosas, la primera autoridad del Estado tendrían que ser las víctimas del terrorismo.

Mea culpa

Para terminar este terceto de comentarios dantescos, entonaré un mea culpa. Dije que el gran fallo de la Comedia consistía en condenar a cada personaje por un pecado, cuando la gente se condena sólo por todos, por el pack completo, pero que era un fallo necesario para la arquitectura de la obra. Eso dije. Pero estos días en que ando a vueltas por el Infierno con Dante y con Virgilio sopesando la carità del florentino, he caído en otra posibilidad. Al condenar a cada uno por un pecado, en la inmensa mayoría de los casos por un pecado público y reconocido por sus contemporáneos, está permitiéndose cumplir el complicado consejo: "Odia al pecado, pero ama al pecador". Gracias a ese sistema de compartimentos estancos, se condena terriblemente al vicio, pero no tanto a la persona.

sábado, 1 de agosto de 2009

Benedetta colei che'n te s'incinse!

Como sus tercetos, los comentarios a Dante se encadenan. Ayer citaba el único momento de toda la Divina Commedia, el único, donde se nombra a su madre. Que es cuando Virgilio le alaba su primera fiereza con un condenado de esta guisa: "Alma sdegnosa / benedetta colei che'n te s'incinse!" Qué raro, ¿no?, que salga a colación una madre precisamente para celebrar un desplante furibundo, y no en el Paraíso, naturalmente. Alighieri quedó huérfano de madre prontísimo y eso tal vez podría explicarlo. ¿O se estaría refiriendo a alguna altivez del carácter de su madre que le habría contado su padre, y estaría en el fondo diciéndose: "Bendita la rama que al tronco sale"?Pero yo prefiero poner los indicios en el haber de los poetas, mejor que en el debe, y más con el florentino. Así que por qué no pensar que con ese oxímoron (desdén-madre) nos está señalando que es Virgilio, que es el que lo dice, quien desconoce la ternura maternal, ésa que el cristiano Dante iba repartiendo, de hecho, por el Infierno. El amor de Dante por la Virgen y por santa Lucía, tan correspondido, nos indica que él sí que sabía mucho de delicadezas maternales.

viernes, 31 de julio de 2009

La carità

[En mi artículo del Semanario Alba para antes de las vacaciones de agosto recomiendo, como siempre, la Divina Comedia. Y aprovecho la ocasión para introducir una nueva impresión de lectura. Quería haber escrito un ensayo sobre el particular, fatigando estudios y monografías, pues es bastante probable que esto ya lo hayan dicho otros, pero la vida no me ha dado para más, sí que expongo mi intuición desnuda. Va:]
Como se sabe, Dante, en el Infierno, camina apiadándose continuamente de casi todos los condenados. Por piedad de ellos llega a perder el sentido. Según Borges, esto es una argucia literaria para dar más verosimilitud a la obra: los condenados lo estarían por Dios, y no colocados allí por el autor, que se enmascara en su lástima. Pienso que el motivo es aún más sutil y mucho más teológico. En el Infierno, Dante es el único cristiano. Lo guía Virgilio, que, como se repite sistemáticamente, no tuvo la fortuna de conocer a Cristo. En el canto IV del Infierno, donde se explica su situación, se dice que esas almas nobles sin bautismo, entre las que Virgilio se cuenta, tienen un semblante que no es ni alegre ni triste. La compasión que siente Dante, y que Virgilio no comprende, es, en realidad, un reflejo de la misericordia de Cristo, cuyas tristezas y alegrías llegan así incluso a las profundidades infernales.

Dante pone un cuidado especial, y de eso hablaremos más otro día, en diferenciar el reflejo de lo reflejado. ¿Recordáis que dijimos que Beatriz es una imagen divina, pero a la vez imperfecta, y que gracias al mal carácter de la musa se evita la idolatría? Pues bien, tampoco quiere Dante (ni puede) presentarse como un perfecto representante del amor de Cristo. Quizá por eso, muestra tanta inquina contra Filippo Argenti (Canto VIII). Su ataque de mala leche resulta tan sorprendente que el lector sospecha que tiene que tener un motivo personal, biográfico, que no se nos explica. En cambio a Virgilio, esa rabia repentina le entusiasma, y abrazándole exclama: "Alma sdegnosa / benedetta colei che'n te s'incinse!", o sea, "¡Viva la madre que te parió, alma desdeñosa!" Ya se ve que Virgilio andaba muy mosca con las ternuras que Dante venía prodigando con los pobres condenados.

Pero Dante, a pesar del abrazo, seguirá prodigándolas: confiesa en el Canto XIII que "Tanta pietà me accorà!" [¡Tanta piedad me azora!] En el Canto XIV es todavía más explícito: en el verso 1º justifica un gesto de cariño hacia un suicida con la palabra mágica "la carità", y sólo cinco versos más abajo describe los castigos de esta manera: "si vede di giusticia orribil arte", esto es, "se ve de la justicia el arte horrible". Qué contraste, eh. (Un contraste, por otra parte, irremediable.)

Que Virgilio representa el mundo precristiano está claro, además, por la insistencia con que llama la atención de Dante sobre personajes ilustres de la Antigüedad. Hay momentos en los que Virgilio parece fastidiado de tanto florentino, como pensando: "Vaya cateto localista que me he traído al Averno..." Igual que El Quijote, la Comedia es la historia de una amistad, de una larga conversación, y compensa oír sus acentos, matices y leves desencuentros.

lunes, 27 de julio de 2009

Compenetración

Aunque humana, Leonor es ideal. Esta mañana, en el desayuno, le veo unos pantalones medio de chándal, medio de tela, muy holgados, pero ajustados al tobillo con unas cintas, estilo —digo yo— ibicenco. No se los conocía y me gustan mucho. Exclamo: “Jo, qué moderna”. Ella responde: “¿Sí?”, y se pone a hablar de otras cosas. Pero al rato aparece por mi despacho completamente cambiada y me pregunta: “¿Te gusta más ahora?” “Me gusta ahora, claro, pero no más, antes también me gustaba…” Pone cara de sorpresa y protesta: “¿Pero no dijiste ‘qué moderna’?” A mí, cuando caigo, me da un ataque de ternura, de compenetración conyugal y de arrepentimiento, todo mezclado: “Huy, Leonor, perdona, a esas horas de la mañana uno no sabe lo que dice, estaba medio sonámbulo: era un piropo”. “Ah, vaya, qué piropo tan raro…” comenta, mientras sube corriendo, muy contenta, a ponerse de nuevo los pantalones ibicencos.

Dulce y salada

En la ducha se llora de maravilla, me di cuenta el otro día y hoy veo que es moneda corriente. Será porque la soledad, la desnudez, porque unas gotas llaman a las otras. Luego la mezcla del agua dulce y la salada queda bien, produce un llanto dulce. Aunque a lo mejor la similitud es aún más honda: las lágrimas también nos limpian, el alma en su caso. En la ducha, llorando, uno se lava por dentro y por fuera. Se sale nuevo.

Los tatarabuelos

Leonor es humana, aunque yo, en mi papel, la platonice un poco en estas páginas. Daré una prueba. Entre las cosas de mi abuela, a mi padre le tocó una pareja de retratos de mis tatarabuelos. Con pietas propia de Eneas, los mandó restaurar. Y ahora están flamantes, pero no caben en las paredes de su casa, atestada. Le propongo a Leonor acogerlos en la nuestra, más minimalista. Pero la casi siempre idílica se niega:

—No es porque sean feos, los pobres, ni porque sean de tu familia, eh, sino que los cuadros no son buenos.

Toma platonismo, muchacho, me digo.

domingo, 26 de julio de 2009

Compasión

Las llaves del coche, las de la casa, la cartera, la tarjeta de crédito, el móvil, las gafas, las gafas de sol, las gafas de buceo, el cargador del móvil, el portátil (para escribir este artículo), la conexión USB (para mandarlo por internet), el cargador del portátil, las pastillas para la alergia, para el estómago, para el dolor (posible) de cabeza, varios libros de poesía, una novela, una revista, un bloc para tomar notas, un bolígrafo, un lápiz, un sacapuntas, la cámara de fotos, el cargador de la cámara de fotos, la toalla, la protección solar, la maleta, la bolsa de aseo, el cepillo de dientes…

Todo lo anterior -y la seguridad de que me olvidaba algo- sólo para pasar un día y medio en casa de unos amigos a menos de cien kilómetros de mi pueblo. Mientras iba repasando las cosas que no podía bajo ningún concepto olvidar, he sentido una oleada muy grande de compasión por los veraneantes.

[Sigue aquí, pero el meollo sentimental del artículo es esto y punto.]

viernes, 24 de julio de 2009

jueves, 23 de julio de 2009

Rechazo

Es muy extraño, pero no tengo nunca la sensación de crecer como escritor cuando publico un texto que me gusta, del que quedo satisfecho. Sólo la tengo cuando, haciendo un esfuerzo, rechazo otro que no da la talla. Es como si entonces me subiera sobre el montón de papeles arrugados, y alcanzara un poco más alto.

miércoles, 22 de julio de 2009

Pesimismo

Qué pena (también en un sentido literario y egoísta) tener que escribir artículos como éste.

domingo, 19 de julio de 2009

Aguantó

Cuando envié el artículo, me temía lo peor.

Hoy puedo alegrarme con vosotros de que el chaqué aguantó, más o menos, gracias a una consistencia que, por momentos, parecía de plomo. Peor aguanté yo, claro, que sudé la tela gorda.

La boda, muy bien, gracias.

viernes, 17 de julio de 2009

Precisión

Que los puntos de vista no se conviertan en puntos de mira. ¿Un método? Mantener bien abiertos los dos ojos.

jueves, 16 de julio de 2009

Virgen del Carmen



Ni precoz ni procaz, mi primer soneto lo escribí a los veinte años y a la Virgen del Carmen. Mi padre tenía que dar un pregón y recurrió a mí, naturalmente, en busca de unos versos. Yo refunfuñé mucho, pero, como el hijo aquel que luego termina yendo a la viña, esa noche me puse a cumplir con el deber filial. Cuando me cuadró el soneto y echó a rodar [la cuadratura del círculo) no daba crédito. Estaba entonces en Pamplona y recuerdo muy bien aquella noche.

El soneto no es perfecto, para qué vamos a enredarnos. Tiene asonancias internas, ciertas rimas que rozan el ripio y está en la estela (nunca mejor dicho) de los de Alberti. Sin embargo, tiene vida propia, y no porque lo diga yo, sino porque la ha vivido. No lo he publicado jamás (hasta aquí y ahora), pero ha ido encontrando su camino, o sea, su rumbo. No sé cómo, llegó a la cabina de un velero de un señor de Jerez, y allí está enmarcado, y se recita en voz alta cada vez que se sale a navegar. Ha pasado, que yo sepa, a dos barcos más de la Bahía de Cádiz, y a las aguas del Caribe. Esto último lo sé porque fue el regalo de boda del señor de Jerez a un sobrino suyo, bohemio y marinero, que vive allá, dedicado a la navegación. Lo escribí con mi mejor letra, uf, en un pergamino, ay, lo enmarcaron y allí que se fue, a lo Stevenson, a surcar los mares del Sur.

Mientras echaban las cenizas de un difunto muy elegante a las aguas de la Bahía, lo recitaron, según me contaron después. De ahí pasó a su recordatorio, que no he visto. Luego, al recordatorio de mi abuela; y ahora mi padre lo ha escogido, junto a la imagen de la Virgen del Carmen de la entrada de casa, para el recordatorio de mi madre. Es un poema que me ha dado ciento por uno.

martes, 14 de julio de 2009

En la zapatería

Nada más verme, el zapatero hizo un leve gesto de sorpresa y saludo que me sorprendió mucho porque sólo había ido una vez hace siglos. Enseguida empezó a ponerse nervioso con el cliente anterior. Ese quería unos remaches en una lona para un camping, y el zapatero le exigía perentoriamente medidas, dobladillos, una tela más fuerte. De repente, se aburre del de la lona, le aparta, porque "lo suyo es muy entretenido", dice, y me cuela: “Y usted, ¿qué deseaba?” Apabullado por su amabilidad, pongo sobre el mostrador un par de mocasines. Lo mira detenidamente y se le ocurren nuevas mejoras, más baratas. Me pregunta para cuándo lo quiero, le contesto, tímido, aterrorizado, que me corre bastante prisa, y responde que claro, que sin problema. El de la lona y dos o tres señoras miran sin dar crédito. Cuando va a escribir el resguardo, levanta los ojos, me mira de frente y asegura: “¿Máiquez, verdad?” El corazón me da un vuelco de campana, pensando que ha reconocido al hijo de mi madre, que había sido clienta suya. Pero no; con la más franca de las sonrisas, añade: “Leo todos sus artículos en el Diario”. Y a mí, sediento, como ustedes saben, de reconocimiento y fama, se me cae, sin embargo, el alma a los pies.

lunes, 13 de julio de 2009

Kotomichi

Aquella vuelta de Sevilla bajo la amistad silenciosa de la luna no me habría recordado a Virgilio, vía Borges, si yo hubiese sido un japonés. Me habría recordado a Kotomichi, lo que tampoco hubiese estado nada mal:
Todo el camino
la luna siempre encima
acompañándome.
Y cuando abrí la puerta
también entró la luna.

domingo, 12 de julio de 2009

Campana de vacío

Un crítico de peso es una campana de vacío para su propia obra y hasta para sus opiniones. Sobre su obra está clarísimo. Criticar al crítico cuesta mucho si el nuevo crítico tiene a su vez obra propia o ya quisiera, como suele suceder. Temerá la contracrítica y, encima, sobre su juicio recaerá la presunción de resentimiento, si el crítico de peso le puso mal con anterioridad o no habló de él; o de desagradecimiento, si le puso bien. Esto, ojo, no es ninguna ventaja, pues es preferible un juicio negativo [inmejorable a veces, según quién lo haga y cómo] a nada. Por otra parte, tampoco resulta fácil aplaudir al crítico de peso: puede parecer peloteo o simple aplicación de la ley del Talión, aquella del elogio por elogio... Lo más seguro, por eso, es ponerse de perfil.

Pero incluso las críticas del crítico de referencia crean un raro silencio alrededor. Por ejemplo, mi intención era dedicar la entrada de hoy a Vicente García y a su libro Ahora. Pero veo que se me ha adelantado JLGM, citando incluso el poema que yo quería copiar, y me desinflo. ¿Parecerá que voy a rebufo?

Bueno, da igual, el poema merece la pena. Se llama "Los enigmas":

De niño ya te hablaban
de la vida y la muerte.

Qué fácil es hablar
de la vida y la muerte.

Cuándo sabremos algo
de la vida y la muerte.
Como estamos hechos a la triada de Miguel Hernández ("Llegó con tres heridas:/ la de la muerte, la del amor, la de la vida"), la ausencia del amor es otro enigma en este poema, un agujero negro por el que se agranda su vacío, y nos inquieta más.

sábado, 11 de julio de 2009

Negro con las negrillas

Con las negrillas, estoy negro. Ni son mías ni son legítimas. Al escritor le corresponde sugerir con el tono y la sintaxis, y a cada lector poner las negrillas y las cursivas que considere oportunas. Pero si no trampolinkeé este artículo de Alba fue por otro motivo. Los días finales del IES, cuando salió publicado, fueron amargos, entre otras cosas porque estaba tomando café con una compañera cuando aparecen dos alumnas bien guapas y se ponen a hablar con ella. Yo contemplo, ejem, la conversación. Hablan de un corto que han tenido que realizar como trabajo de fin de curso. "Qué interesante", digo. "¿De qué va?", me intereso. "Va del aborto", me contestan, satisfechas. "Ah", sonrío eginéticamente, temiéndome lo peor. "¿A favor o en contra?", pregunto agarrándome a una esperanza ardiente. "A favor, a favor". Y quedo muerto. Tenía claro, porque acababa de publicar este artículo, que si me hubiesen dicho que estaban a favor del tabaco, podría haberme puesto muy paternalista y dogmático, pero contra el aborto qué decirles. Intento, no obstante, una leve protesta, que ellas atajan con tópica naturalidad: "Es la vida de cada chavala". Me pasé la mañana haciéndome el encontradizo por los pasillos, bordeando los límites del pudor y de la discreción, para decirles, otra vez, que si estaban seguras, que si no consideraban la posibilidad de la adopción, que si la vida del feto. Con toda sencillez me contestaron, que sí, que no, que qué vida ni qué niño muerto. Yo sabía que no tenía nada que hacer, que mis ideas hoy por hoy no se pueden imponer ni defender fogosamente en público y menos en un instituto público. En general me alegro, como decía en Alba, pero en particular, por el nasciturus, lo siento muchísimo, y le cogí un poco de manía a este artículo, con lo que había disfrutado escribiéndolo... Por eso no lo trampolinkeé.

viernes, 10 de julio de 2009

Elogio de los semi-seguidores

El primer comentario a mi entrada de ayer, anónimo y animoso, decía: “Qué divertido. Semi-seguidora de tu blog, porque soy como tus alumnos, que no entiendo casi nada, estas historias cotidianas me chiflan. Gracias. Y arriba ese ánimo, hombre!” Pues muchísimas gracias, señora o señorita. Es a lo que aspiro: a unos cuantos semi-seguidores. Como todos, soy poliédrico, y no todos mis lados pueden gustar a todos, naturalmente, y ya me doy con un canto en los dientes con que alguno sí. Quizá ni casen entre ellos, mis lados, aunque yo —seamos sinceros— me veo de una pieza y muy jerarquizadito, pero vaya usted a saber. Sé que a ciertos amigos que me estimo mucho les incordian esas mismas entradas cotidianas mías y de mi anónima, y preferirían que aquí hablásemos siempre de hipálages, hipérbatos y metonimias. Pero con unos comparto la fe, con otros la frivolidad, con aquellos la literatura y con algunos (últimamente) la melancolía. Bien está si algo nos une de vez en cuando, sobre todo, si un puñado de vosotros os armáis de paciencia y me vais perdonando los otros extremos. (Podría ponerme estupendo y decir que ya me falta la seguidora total, la absoluta, pero os mentiría, y eso no. Mi madre también era una semi-seguidora, claro que más forofa y paciente que nadie.)

jueves, 9 de julio de 2009

Celo

Pukka se puso en celo, y ha sido bonito estos días y distraído verla jugar con Carbón. Sería más exacto decir flirtear: todo el santo día daban saltos --como muelles-- uno alrededor de la otra, y viceversa, ponían las orejas tiesas y los rabitos se balanceaban como parabrisas en noche de chubasco, de pronto corrían con una gran punta de velocidad en cualquier dirección y, luego, de vuelta. Se lamían. Se ladraban suavito, como quien se recita un madrigal. Pukka, que ya tiene diez años, estaba rejuvenecida. Teniendo en cuenta el desinterés mutuo que en líneas generales se profesan nuestros perros, verlos tan atentos enternecía. Pero no lo suficiente; y al final, para evitar un cruce peligroso entre teckel y fox-terrier de pelo liso, que a ver quién de vosotros después quería los cachorros, eh, hemos tenido que desterrar al pobre Carbón a casa de mi suegra. Que es estupenda, ojo, la casa, y la suegra más, por supuesto, pero pobre el perro porque hubiese preferido quedarse con, ejem, nosotros. Automáticamente, los perros, Pukka aquí, Carbón allí, se han apagado, como si les hubiésemos quitado las pilas, y nosotros un poco con ellos, la verdad.

miércoles, 8 de julio de 2009

Ojo con Cervantes

Ojo con Cervantes que no da puntada sin hilo. En mi artículo de hoy digo que don Quijote acaba suspirando "Yo sé quién soy", pero eso es un resumen rápido por razones retóricas. El "yo sé quién soy" con todas sus letras un pelo irreverentes lo pronuncia don Quijote tan pronto como en su primera salida, en el capítulo V de la primera parte, cuando más arrastrado está por su locura. En su agonía es obvio que está contestándose a aquello, pero lo hace con otras palabras y, sobre todo, con otro tono: "Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco, y ya soy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno". Sabe quién es, efectivamente, pero lo deja caer con mucha más delicadeza.

Razón de más para no ir haciendo una pregunta tan grosera al primer inocente que nos encontramos en una esquina.

martes, 7 de julio de 2009

¿Oigo voces?

Según la cola, o compro el pan en la baguetería legal o en una furgoneta pirata que trae un pan buenísimo de El Cuervo. Ayer, por suerte, en el establecimiento regular (en todos los sentidos) había una cola tremenda y me dirigí, con la conciencia relativamente tranquila, al señor de la furgoneta. Empezó a atenderme, pero le hicieron un pedido desde un coche parado en medio de la calle, y se abalanzó a ver qué querían. El hombre le tiene un miedo grande (y natural) a la policía y no quiere por nada del mundo que se le monte un sospechoso atasco alrededor. A su regreso, yo aceptaba sus disculpas, cuando de pronto me suelta, sin venir a cuento: “Ya lo dice el refrán: ‘Cuanto menos se lee, menos se escribe’” En mi vida he oído ese refrán, que es, además, un endecasílabo, y que me atañe de una manera espeluznante. Estoy tentado a acercarme hoy a su furgoneta para preguntarle si de verdad, de verdad, me dijo eso, o es que oigo voces. No sé si me atreveré. Mientras tanto, por si acaso, me he puesto a leer de nuevo.

lunes, 6 de julio de 2009

Vicente Núñez en el Barbero

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Ser es hablar con.

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Hay que tener mucho miedo para escribir bien.

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Lo demoníaco es actuar sin ser.

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Una libertad sumisa al imperio de la libertad se dictatorializa. La libertad es desobediencia de sí.

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La caridad es menos cara que el cariño.


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Una sociedad no degradada no es sociedad.


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Con un enemigo te bates; con un estorbo, tropiezas.


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Un escritor debe saber de antemano a quién no tiene que leer.


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Todas las posturas incómodas son elegantes.


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Baila quien no sabe andar.


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Tienen un concepto muy triste de la tristeza.


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Escribir es tener tertulia.

[De Sofisma, Renacimiento, Sevilla, 1994]

domingo, 5 de julio de 2009

Defensa del sms

No me escapo de la metaliteratura ni en los peores momentos. Muchísimos pésames que me están llegando vía sms o e-mail se avergüenzan y disculpan: "Esta no es la forma más apropiada". En mi contestación tengo que hacer, por tanto, una defensa de las nuevas tecnologías. La hago esgrimiendo a Bloy: "Un acto de amor nunca es ridículo" y un gesto de cariño y compañía, venga como venga, nunca, nunca es inapropiado.

Muchas gracias a todos.

jueves, 2 de julio de 2009

Nostalgia de Abel Feu

Al tercer e-mail en dos días corrigiendo cosas de mi reseña de Carlos Marzal en Poesía Digital, Javier García Clavel, su editor, se ha plantado, terminante: “¡Basta ya!”. Lo entiendo al hombre, por supuesto. Sólo se deja de corregir por aburrimiento o por la muerte del autor, dijo Borges, y yo no me aburro de perseguir la perfección, que me lleva muchísima ventaja.

En teoría, la publicación también calma (un poco) las ansias correctoras, pero ese calmante sólo funciona en papel. En Internet, no tiene efecto ninguno. Internet exacerba las ansias, porque se puede corregir infinitamente y porque no sólo suprime el espacio sino el tiempo. Cuando cualquiera busque en Google, ahora o dentro de diez meses o diez años, una reseña de Marzal podrá ver en un segundo, como recién salida del horno, la mía. No vale decir: “Lo escrito, escrito está”, que es una frase que me da especial rabia, y no solo por quién y cuándo la dijo, sino por lo que supone.

Me he puesto a recordar, con un ataque agudo de melancolía, los tiempos felices en que Abel Feu fue mi editor, en la revista Nadie parecía y en la editorial Renacimiento, cuando preparábamos Casa propia. Yo le telefoneaba infinidad de veces y a veces a horas intempestivas, incluso por una coma de más, o de menos, o por una titubeante, y él siempre se sorprendía con entusiasmo por los cambios (si eran buenos, que si no, no) y siempre, siempre, en todo caso me animaba a la obsesión: como Luis Rosales, corregía hasta en pruebas. Para él eso era un síntoma de la enfermedad de la literatura; y refunfuñaba de quienes no le molestaban ni una sola vez para cambiar nada. Además, como la publicación se solía retrasar bastante, siempre había tiempo, por suerte, para una penúltima revisión.

Claro que García Clavel, el pobre, podría decirme: “En pruebas, vale, pero es que tú corriges hasta con efecto retroactivo y en espiral”. Bueno, sí, es verdad, ya no revisaré más mi reseña, lo juro. Pero vosotros sí podéis leerla aquí. Tras los tres correos no está mal del todo, espero. Y si veis una errata o un fallo, no decídmelo, por Dios, que quiero seguir siendo amigo de JGC.

viernes, 26 de junio de 2009

No tengo arreglo

Veo en Esperando nacer una excelente nota de lectura sobre Cuentos de guerra de Léon Bloy, que leí hace tiempo. Voy asintiendo a todo: Hernán sabe de Bloy lo que no está en los escritos. Su cuento preferido es “El obstáculo”, del que no recuerdo nada. Voy corriendo, lo releo y realmente es admirable.

¿Cuál era mi cuento favorito? “La misa de campaña”, me respondo. Al mirar el índice compruebo que en verdad se titula “La misa de los cadetes caídos”. Aunque lo recuerdo perfectamente —título aparte—, lo releo. Habla de una compañía de jóvenes e ingenuos hijos de papá de las provincias del Oeste, que se han alistado por patriotismo, pero, de paso, para defender el Trono y el Altar, esas máximas revolucionarias, que dijo Baudelaire. Todos han adornado sus sombreros con altivos penachos de plumas, un punto pretencisosos . Creyéndose alejados aún del combate, empiezan a celebrar una misa de campaña, pero una bala perdida le salta la cabeza al sacerdote justo cuando acababa de exclamar: “¿Por qué estás triste, alma mía, y por qué te turbas?” Tras el desconcierto natural, el joven marqués Enguerrand de Bellefontaine, soberbio joven de veintidós años, aprovechando que, a pesar de todo siguen en retaguardia y que el hermoso altar está montado con primor, pide permiso para ir a buscar a algún otro sacerdote y continuar la misa.

Vuelve veloz con el párroco de una localidad cercana. Este al oír lo de la inesperada bala de su predecesor, ha contestado con calma: “Mi querido muchacho, estemos en paz o en guerra, la Misa se dice siempre en presencia del enemigo”.

Empieza de nuevo la misa. Según la liturgia, a partir de cierto momento el sacerdote no puede, bajo ninguna excusa, interrumpirse. Es entonces cuando aparece allí mismo una multitud de alemanes que ha roto las líneas defensivas. Los muchachos “decidieron, sin decir palabra, hacerse matar, no por Francia, ni por el Rey, ni siquiera por los Ángeles y los Santos del cielo, sino lisa y llanamanete para que esta misa pudiera terminarse”. Acabada la misa, cuando el sacerdote se volvió para despedir a los asistentes con su bendición, no vio sino las frentes sudorosas de los alemanes tras una muralla de moribundos y caídos.

(Al terminar el cuento escogido por mi memoria, he recordado lo que escribió aquí en un comentario Julio Martínez Mesanza una vez: “No somos lo que leemos; leemos lo que somos”. En esta entrada he vuelto a hacerme un autorretrato. (Me he dibujado muy favorecido, eso sí.))

jueves, 25 de junio de 2009

De buena mañana

El sol te ve cada día
nuevamente. Esta mañana
con qué ilusión, con qué luz
te iluminaba la cara.
´

miércoles, 24 de junio de 2009

Método Ruano

En la cena en casa de Begoña García González-Gordon me sentaron frente a Francisco Bejarano. Todo un honor. La cena transcurría deliciosa, y la conversación. Bejarano me había consolado al sentenciar: "Poesía hay que escribir poquísima". Por asociación de ideas (de los efectos a las causas), nos pusimos a hablar de columnismo. Nueva sentencia de Bejarano: "Con estos cuatro maestros del artículo es suficiente: Julio Camba, César González-Ruano, Agustín de Foxá y Wenceslao Fernández-Flórez". Dedicarme a lo mío --que es sumar-- me dio vergüenza, porque tendría que haber añadido, entre otros, al propio Francisco Bejarano y su imprescindible colección de artículos Las estaciones. Hubiese sonado a pelota. Por eso me hice un lío y puse peros. Dije: "González-Ruano está muy bien, claro, pero cuando uno se mete entre pecho y espalda los tres tomos de su Obra periodística (3098 páginas) acaba un poco cansado de la mecánica..."

Bejarano, que tiene porte de senador romano, no defendió a César, me echó una breve y fría mirada azul, no hizo una mueca, guardó medio segundo de silencio, y cambió de tema. Hubiese preferido un grito: "¡Estás tonto o qué!" o una pregunta sarcástica "Muchacho, ¿tú qué sabes?", pero la elegancia de F. B. me dejó devastado y muy arrepentido de haberle faltado al augusto González-Ruano.

Para purgar mi atrevimiento, el artículo de hoy lo he hecho según el célebre método Ruano, consistente en escribir del tirón y cuando uno llega al final, subir al primer párrafo, suprimirlo, y ya está. Muy justificado el método en este caso, porque el párrafo en cuestión salió caprichoso y egotista cuando el resto del artículo es, en general, básico y objetivo. Sin embargo, qué curioso (y serviría para reflexionar sobre los blogs) aquel primer párrafo es lo único que pega algo en estas páginas virtuales. Lo pego:
Como saben ustedes (entendiendo por ustedes a quienes me leen todas las semanas y, encima, recuerdan lo que escribí hace meses, o sea, principalmente a mi madre) y si no lo saben yo se lo digo, estudié en un colegio de educación diferenciada o no mixta. Mi recuerdo de aquel colegio es extraordinario. Ahora, como he repetido en alguna ocasión, soy profesor de secundaria en un instituto público y, por tanto, mixto. Y, aunque les parezca mentira, también estoy encantado. Se podría elaborar una teoría acerca de que lo ideal para un alumno es lo primero y para un profesor desde luego lo segundo, pero correría el riesgo de parecer demasiado satisfecho de mi suerte (que lo estoy).
A partir de ahí, el artículo es otra cosa.

martes, 23 de junio de 2009

Siesta a la sombra

El rumor de las hojas —de las hojas del ABC— que la brisa —esa señorita de provincias— se obstina en pasar.

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¿Qué buscará tan inquieta la brisa en el periódico? El tiempo para mañana, naturalmente.

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Al que dijo: “Siesta en la sombra./ El sol entre las ramas/ es otro pájaro”, le faltó precisión. Es un jilguero, está clarísimo.

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Y otro jilguero. Éste canta meciéndose de izquierda a derecha, muy tieso, igual que un cantaor por bulerías.

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El pobre gorrión también tiene derecho. ¿A qué? A posarse en estas líneas. Bueno, venga, de acuerdo…, pero que no cante.

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Etimología: jilguero viene de jolgorio.

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¿Diréis de algunas de estas notas aquello de aliquando bonus dormitat Homerus? Ay, ojalá.

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Los mirlos, como buenos burgueses, han colgado con cuidado sus levitas de una percha y están retirados en sus aposentos, descansando.
Románticos perdidos, ellos son más del crepúsculo.

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Kafka fue a visitar a Max Brod y, al pasar, me despertó. En vez de disculparse, dijo, de una manera infinitamente suave, levantando los brazos en un gesto de apaciguamiento, mientras atravesaba el jardín de puntillas: “Por favor, considéreme usted un sueño”.

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El canto de la urraca: despertador irrevocable.

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Los perros se toman la siesta con seriedad de auténticos profesionales.

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Las moscas, golondrinas del infierno.

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En el campo, en el jardín, donde gotea torpe, pegajosa, inútil por todas partes, se la llama “resina”, más que nada para maldecirla. Fuera de los libros de texto nadie usa ese nombre tan contradictorio de “savia”.

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Hay quien escribe con sangre. Yo también me mojo la pluma en las venas. Escribo con café, por eso mismo, insomne. (Estoy abusando últimamente.)

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¿Y no habrá tanta literatura bucólica porque no hay quien pegue ojo en los campos?
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viernes, 19 de junio de 2009

Mejor cuanto más lejos

Mis amigos lo saben. Se me da mucho mejor hablar por teléfono que cara a cara y mejor escribir cartas que hablar por teléfono. El sms lo manejo ya con una considerable soltura y en el recuerdo borroso (por ejemplo, en el de mis compañeros de colegio) doy mi perfil más favorecido (y más delgado). Para relacionarse conmigo, por tanto, mejor cuanto más lejos, como en el anuncio de la colonia que echan por Navidad, pero exactamente al revés.

No es por una cuestión olfativa, espero. Las razones, tartamudeos aparte, son variadas. Una, que mientras hablo por teléfono hago varias cosas —riego las plantas [eso es el psshhh que suena, advierto], conduzco o meto las tazas de café en el lavaplatos— y entonces estoy tranquilo, me abandona esa angustia que no me abandona cuando no estoy exprimiendo el tiempo a un ritmo de tres en uno, y me puedo explayar en la charla. Por carta aún mejor, porque el tartamudeo sólo sobrevive en algún titubeo sintáctico y ortográfico y lo de escribir es un vicio mío o una vocación [según se mire] que me calma la ansiedad.

Para colmo, Josep Pla me ha complicado todavía más mis entrevistas presenciales. Me he puesto a leerle otra vez y estoy como siempre, pasmado por sus descripciones. Por ejemplo:
[El señor Girbal, gitano] sobre el tronco voluminoso de su cuello de emperador romano lleva un cuello planchado y un nudo de corbata pequeño y redondo como un
hueso de aceituna.
¡Como un hueso de aceituna!, ¿lo han visto? Ahí está el personaje y su circunstancia. O unas páginas antes:

[Hermós, pescador] se ha quitado la gorra de patrón de pesca y muestra una calva alargada, de un color blanco amarillento. Unas gotas de sudor, pequeñas pero individuales, le salpican la cabeza.
Uf. Quien alguna vez estuvo con un marinero recuerda (tras leer a Pla, claro) esas gotas pequeñas e individuales, exactas, doblemente saladas, en su cabeza.

Como si yo no tuviera poco con mirar el reloj disimuladamente, ahora, para emular a Pla intento sacarles un vivo retrato a mis interlocutores. Así que cuando me hacen una pregunta cualquiera me suelen pescar en la luna de Valencia, escrutando con esperanza la calva o mirando fijamente al nudo de la corbata. El teléfono es más fluido.

jueves, 18 de junio de 2009

Pisoteada

Pisoteada,
una imagen de Cristo,
rota, traslúcida.
Este es el haiku de Shuoshi que no logro traducir del todo. En japonés reza:

Zesukirishito .....fumare fumarete..... usetamaeri
y la versión inglesa que da R. H. Blyth:

Trodden on, trodden on,
The picture of Christ
Is worn away.

Habla, como los más nipómanos ya habrán adivinado, de esa ley por la que los funcionarios imperiales iban por los pueblos obligando a todos a saltar sobre una imagen de Jesucristo para dejar constancia de que no eran cristianos. No sé si Vicente Haya calificaría este haiku como "de lo sagrado", pero vaya si lo es. Esa imagen rasgada, desgastada, a través de la cual pasa la luz, nos permite entrever la trascendencia, una trascendencia propiamente cristiana además.

Mi versión está muy lejos de ser definitiva. Estoy contento de la solución que se me ha ocurrido para mantener la insistencia en el pisoteado, que es esencial, sin alterar las medidas del haiku, aprovechándome del título de la entrada. En cambio, me gustaría que el verso final no tuviese dos adjetivos. Me dije: "casi traslúcida", pero no transmite la idea de rasgada. Se admiten [se suplican] sugerencias. Lo importante sería que encontrásemos una versión ajustada. Yo me atrevo a poner ésta porque el otro día Luispa al menos me pidió que lo intentásemos y porque, aunque imperfecta, me ha servido para entender el haiku de Shuoshi. Y para repetirme, como una jaculatoria japonesa, la palabra:
Zesukirishito
Tiene tanta fuerza la palabra, pienso ahora, que bastaría algo mucho más desnudo:
Cuadro de Cristo
pisoteado, piso-
teado y roto.

miércoles, 17 de junio de 2009

Perros policías & gato metafísico

Uno prefiere a los perros, eso está claro. Pero como a la ocasión la pintan calva y aprovechando que en literatura uno puede acercarse mucho a los gatos y guardar, a la vez, las debidas distancias, les copio un poema de Víctor Botas:

..........GATO

Pavorosa inocencia la de este
que junto a mí dormita. Nada sabe
de su breve pasado y su futuro
incierto en todo, salvo en una cosa;
también él morirá. Se rasca el lomo,
se pasea por casa, sigue atento
cuanto pueda moverse; y ahí termina
su actividad de augur. (Tiene la panza
repleta y no le pide correr riesgos
para poder vivir). De tarde en tarde,
cuando se pone melancólico,
traza curiosos signos que no siempre
consigue descifrar. Entonces, pobre,
para animarle un poco, ronroneo.

martes, 16 de junio de 2009

Pero, ¿no habíamos quedado en que era lo único que no lo tenía?

Una funeraria llamada "El Remedio" así, de golpe, parece una broma pesada de humor negro. Dan ganas de dejar dicho en un testamento vital, como lo llaman, y también tiene tela el nombrecito, que por favor no recurran a los servicios de esa empresa. Claro que, tras unos mementos de reflexión, caigo en que podría ser un logrado capítulo epigramático de Exégesis de los lugares comunes de Léon Bloy. Sin embargo, ese libro contra las frases hechas no me resultó nunca el más convincente de Bloy, dicho sea con todos mis respetos. Chesterton habría hecho (hizo) todo lo contrario: coger los lugares comunes y demostrar la sensatez y la filosofía que encierran, frente a los estirados circunloquios de los profesionales de la profundidad. Cuestión de caracteres, supongo.

El coche fúnebre sigue delante de nosotros en el atasco y, finalmente, se hace la luz. Tendrían que usar como eslogan publicitario esta frase de Giuseppe Tomasi Di Lampedusa: "Mientras hay muerte hay esperanza". Lo malo es que para entender ese eslogan hay que ser italiano y haber crecido empapándose la Divina commedia, donde tan enseguida como en el Canto III se nos deja avisado: Questi non hanno speranza di morte. A mí, desde luego, a esperanza no me gana nadie, y, ya puesto definitivamente de buen humor, acabo convencido de que, si pudieramos preguntarles, casi todos los usuarios de la Funeraria El Remedio verían el nombre de la empresa la mar de bien puesto.

domingo, 14 de junio de 2009

La perla

—Describe la perla por la que arriesgas tu vida allá en lo hondo –le pedí al joven buceador de pulmones de acero.
—Es tan valiosa —me dijo—, que sería la joya en el palacio de un príncipe. Mi choza es el palacio de un príncipe porque, mientras que estoy allá en lo hondo, ella está allí, cocinando al mediodía, regando las macetas por las tardes. Por las mañanas se levanta conmigo y sale hasta la puerta a despedirme. El sol brilla sobre su pelo negro. El viento mueve su pelo como las olas de un mar muy alto. A veces he querido regalarle un collar con las perlas que voy sacando, pero ella no las quiere. No quiere más collar que el de mi abrazo.
[Sobre un microrrelato de Raúl Brasca.]

Haiku fashion

Los que amamos los haikus tenemos que prepararnos para lo peor, porque se han puesto definitivamente de moda. Hablábamos de moda, qué ingenuos, hace unos años, cuando sólo era entre poetas. Lo de ahora es bastante más grave. La prueba irrefutable de su celebridad completa es que una editorial dedicada al escaparate y a la actualidad, Temas de hoy, ha publicado un libro de haikus de Federico Jiménez Losantos, que no sé si os suena, pero que es un periodista bastante popular. El libro se titula La otra vida, el autor "se siente [sorprendentemente] cerca de la idea de lo sagrado en el haiku que Vicente Haya describe es sus antologías y ensayos" (p. 12) y tiene uno bueno:


El haiku, luz en la luz,
ilumina
lo que parecía claro.
Yo soy partidario de no tenerle miedo a las modas. También el soneto estaba de moda en el siglo XVI y fijaos, oh lectores, qué sonetos dio de sí el XVII (y el XX). La comparación está avalada por Octavio Paz que insistía en que el haiku es el soneto de oriente y por José Luis García Martín que recuerda que es el soneto de los vagos.

Esto de las modas, además, es engañoso a más no poder. No sé cuántos años hace qué José Cereijo dio su ramillete de haikus (son 12) a Abel Feu para que lo sacara en la colección de Los papeles del Sitio. Entre unas cosas y otras, se fueron sumando retrasos y han ido saliendo haikus a mansalva de unos y de otros. A mí me llegó el cuadernillo anteayer, en pleno empacho de haikus jimenezlosantianos (son 138). Pero éste, por eso ¿tiene menos dolorido sentir, es menos hermoso acaso?:


Pequeña flor
¿cómo cabe en tu aroma
tanto pasado?
Y ayer le leí a Vicente Núñez uno críptico y lúcido, escrito hace tiempo, por lo menos antes de 2002, por razones obvias, pero leído ayer, en plena vorágine, y qué importa:


No existen. ¿Dónde
sino en mi corazón
iban a estar?
Es muy curiosa la novedad tipográfica con que adorna los suyos Juan Bonilla, recogidos en la antología Defensa personal. Mantiene los tres versos, pero los escalona. Veamos un ejemplo, que es, de paso, un haiku juguetón y nostálgico, que eleva la mirada:

En el tejado

..................... la pelota embarcada

...........................................................sueña un partido.

Que yo sepa, es la primera vez que se presentan así en España. Andrés Trapiello, en la edición acorde de La Veleta del maravilloso Diarios de un holgazán, de Frutos Soriano, los va escalonando en la página, pero los haikus enteros, no sólo los versos. Sospecho yo que el afán de Bonilla es que los leamos casi como un único verso, como hacen los japoneses. Así subraya que lo importante es el número de sílabas y no el salto de líneas (y qué bien le habría venido esa lección, amén de las de Haya, a Federico Jiménez Losantos, por cierto). Pongo una muestra japonesa de Shuoshi (que no traduzco porque no lo consigo ni de la versión inglesa de R. H. Blyth, y mira que llevo meses intentándolo):

Zesukirishito .....fumare fumarete..... usetamaeri
Pero incluso cuando no se busca ninguna novedad, ni siquiera tipográfica, los haikus buenos saltan a la vista. De Miguel Agudo suelen preferir los lectores éste:

El camión de la basura
va recogiendo
la madrugada.
Yo, sin hacerle ascos al camión de la basura, me quedo con

Tarde tras tarde,
aleación de anciana
y mecedora.
Me quedo con él por su ternura, por su arrebato visual, por el prodigio de sus aliteraciones, por la juventud de la mirada del autor concentrada en la palabra "aleación" que se funde con "anciana" y, por contagio" con "mecedora", por la sensación que trasmite del paso del tiempo...

Si el haiku se pone de moda, bienvenido sea, nosotros nos arremangaremos. ¡Cuánto trabajo nos queda, separando el trigo de la paja, la paja del ojo ajeno y la viga del nuestro, etc! El haiku es el soneto del vago, eso lo sé por experiencia, pero al lector, en cambio, le exige un montón, ¿verdad?

Pero es un trabajo muy bien pagado.

viernes, 12 de junio de 2009

Donde Pascal me pega un pescozón

Ayer tarde se me apareció Blaise.
—¿Cómo está usted?, le saludé con una honda reverencia.
—Yo como nunca. El que está muy equivocado es usted, muchacho.
—Gracias…
—Bueno, sí, de nada. Vistos desde la eternidad, todos sois unos muchachos; precisamente el otro día estuve con Jiménez Lozano…
—No, si lo que yo le agradecía es que se tome la molestia de sacarme de un error.
—Ah, sí, perdone. En la eternidad, gozamos de cierta tendencia a irnos por las nubes, ¿sabe?, como tenemos todo el tiempo del mundo (y más)...
Vengo por la frase mía que usted corrigió con tan buena intención como escaso acierto.
—¿…?
—Veamos: yo escribí que sólo hay dos clases de hombre: los pecadores que se creen justos y los justos que se creen pecadores. Y usted, alma de cántaro, viene con eso tan jesuítico de los justos que se saben pecadores y tal. Así destroza la clasificación, no sólo la simetría de la frase francesa, que me importa un rábano. Y para colmo la destroza por egotismo, porque usted acaba siempre hablando de usted, pillín… Lo que es muy natural, muchacho, no se me amohíne.
Mire: los justos que se saben pecadores no son más que un subgrupo de la primera clase. Saben, como usted sabe, que son pecadores, nadie lo duda; pero aun así se creen justos y ése es el quid, ¿lo ve? Un subgrupo un tanto retorcido, aunque bien consciente.
En cambio, ¿no recuerda la irritación sorda que le han producido siempre esas personas buenísimas (pocas) haciendo tremendas protestas de su terrible maldad? ¿No se recuerda clamando, impaciente: "¡Pero qué sabrán estos cándidos, Dios mío!"? Pues sólo a ésos es a los que yo incluyo en la segunda parte de mi clasificación.
¿Lo coge ahora?
—Oh Blaise, sí. Lo siento mucho…
—No lo sienta, muchacho. Siempre es un placer verse citado en la blogosfera, aunque sea mal. Eso mismo le comentaba Stevenson ayer, sin ir más lejos, a Oscar Wilde.

jueves, 11 de junio de 2009

"Quiéreme cuando menos lo merezca

porque será cuando más lo necesite". Esta cita de Stevenson, en boca del Dr. Jekyll, me ha saltado a los brazos desde el libro de auto-mutua-ayuda El matrimonio. Una gran aventura.

Un compañero de trabajo me pilló leyéndolo en el bar del instituto y se quedó muy preocupado. O no. Le juré que era un regalo del autor. "Ya", contestó, pero pensando: "Ya, ya". Me aconsejó que cuando las cosas empiezan a ir mal lo mejor es dejarse de libritos y cortar por lo sano, que él lleva ya dos (matrimonios) y que, aunque ahora está soltero, es, por eso, un experto. Que a ver cuántas veces se casó José García Sáez, autor del libro, eh, eh.

Por razones obvias, no pude pasar de la página 12, pero la cita me basta y me sobra. Estoy por esculpirla en el dintel de casa a lo Skerryvore. Y a quien la acuse de interesada o egoísta, yo humildemente, si me deja, le recordaría que el modelo y fuente de todos los amores es el de Dios, que funciona igual. ¿O no les recuerda mucho la frase de Stevenson a la de Lady Julia en las escenas finales de Retorno a Brideshead: "The worst I am, the more I need God"?

"Cuanto peor soy, más necesito a Dios", y alguno podría objetar que entonces, si uno es bueno, no necesita a Dios y, de paso, tampoco que le quiera nadie, pero para contestar a eso está Blaise Pascal, nada menos: "Sólo hay dos clases de hombres: los pecadores que se creen justos y los justos que se creen pecadores". Que se saben pecadores, le corregiría yo a Pascal, aunque me cargase la simetría francesa de la frase.

Y todo esto lo fui pensando mientras el colega me contaba su determinación tajante ante las crisis matrimoniales, que no tienen remedio. Los cafés los pagué yo.

miércoles, 10 de junio de 2009

martes, 9 de junio de 2009

Cartas echadas

Como sabéis, para la juventud indígena de un pueblo de costa como el mío, el fin de agosto suele adquirir tintes dramáticos. En mi caso, adquiría tintas dramáticas, lo que era un consuelo. Se marchaban las veraneantas, pero nos intercambiábamos las direcciones y empezaba la temporada epistolar, que me gustaba casi tanto como la de playas. Oh los sellos, los sobres, la cuidada caligrafía, la nostalgia compartida, las tardes acortándose, todo, todo como en los poemas de Fernando Fortún, que leería mucho después, pero que vivía entonces...

Uno de aquellos cruces epistolares, tal vez el más breve, resultó decisivo. Aquellas cartas marcaron mi vocación, o al menos, puestas boca arriba, me la mostraron. Las dirigí a una chica monísima, de Badajoz. En la primera, deseando dar muestras de un fino temperamento artístico, metí un poema y un dibujo. En su contestación, ella se mostró entusiasmada con el dibujo. Del poema no decía nada de nada, un silencio total.

Fue el momento clave. Yo podría haberle mandado más dibujos y orientar mi carrera hacia las artes figurativas, que prometían más. Sin embargo, con una extraña conciencia de la gravedad de mi determinación, le mandé dos poemas, ni un solo dibujo. No contestó. Mi suerte estaba echada.

A veces la veo los veranos de nuevo por la playa. Se la ve muy contenta, con un marido que, la verdad, no tiene pinta de pintor, pero quién sabe. Yo sigo escribiendo, y tampoco me quejo.

lunes, 8 de junio de 2009

Saltar sin Red

Tenía prevista otra entrada para hoy, y mañana soltar ésta, coincidiendo con la presentación de Lo que ha llovido. Pero en mitad del salto del blogg al libro me he quedado paralizado y casi no puedo escribir. Lo explica muy bien Auberon Waugh en sus memorias, tituladas Will This Do? [¡buena pregunta!]
A través de toda mi carrera como escritor, he encontrado sólo dos actitudes posibles hacia mi trabajo. La primera es pensar qué vergüenza, qué horror, ¿cómo he podido escribir esta basura? La segunda es pensar cuánta inteligencia, cuánto talento, qué originalidad… y que nunca jamás escribiré nada igual en mi vida. Creo que esas exageradas reacciones suelen ser bastante comunes entre escritores. Mi padre estaba de acuerdo, sentía lo mismo.
Yo estoy de acuerdo, siento lo mismo, pero simultáneamente, sin solución de continuidad. Aun así pensaréis: “qué vanidoso”, y bueno, sí, pero también sincero. Y si os fijáis gana la angustia dos a uno: lo de la basura más lo de la seguridad de no escribir nunca más (dos) frente a la euforia (uno).

En este caso en concreto tengo una sensación muy grande de peligro. La de saltar sin red. Internet nos protege y un libro es la intemperie. En la presentación, precisamente, pretendo explicar este vértigo:

1) En el blog siempre tenemos la excusa de lo recién hecho, de la tormenta de ideas.

2) La misma distracción con que leemos en Internet (que es una de las principales razones para publicar en libro) es una capa que todo lo tapa.

3) Una entrada de blog se lee en cinco minutos [o menos] mientras que un libro exige dos o tres tardes enteras. Lo primero va entrando poco a poco, día tras día, indoloramente, y gratis; lo segundo, de sopetón, si entra, y previo pago, perdonadme, de 18 €.

4) La posibilidad de comentar en el blog hace que uno lea pensando en lo que dirá o puede decir, y eso implica menor exigencia. Lo sabía Ortega: en las conversaciones, mientras que el otro habla, uno aprovecha para ir pensando lo suyo. En el libro, no hay posibilidad de contestación, el soporte impone silencio y ese silencio tiene un precio, El autor debe pagarlo o ganárselo. Es una diferencia análoga a la que va de nuestras expectativas en una conversación y ante una conferencia.

5) Los comentarios fomentan la amistad. Incluso con muy viejos y buenos amigos, gracias a los blogs, he estrechado lazos. Esto, que en lo personal es maravilloso, repercute en la escritura, que se repanchinga, desinhibida, cálida, un punto impudorosa, ¿no?

6) Bastantes lectores del libro lo habrán leído ya en el ordenador. Para ellos, a pesar de las correcciones y de la selección, resultará inevitable cierta sensación de usado. Del déjà vu al déjalo hay poco trecho. La relectura es un honor que sólo merecen los más grandes.

“¡Vaya publicidad te haces!”, me reñirá alguno; por ejemplo, mi padre. Pero si en el prólogo reflexiono sobre la posibilidad de que el blog sea o no un género autónomo, ahora querría aprovechar la presentación para hacer el camino de vuelta con la experiencia del libro entre las manos, sin red. Pegar, por tanto, un doble salto [¿mortal?]

Además, no tengo pretensiones de grandes ventas. No es humildad, ojo, sino todo lo contrario: puestos a aspirar, no aspiro a las masas, sino a la levadura. Así que para qué venderme bien ni —mucho menos— engañar a nadie. Resultará más útil aclararnos un poco a fondo sobre este asunto de los blogs literarios, tan enredado. Para ello me acompañarán Enrique Baltanás y Juan Antonio González Romano, blogueros, entre otras cosas, extraordinarios.

Y no habrá red, pero tengo amigos que me van recogiendo entre sus brazos. No saben cuánto bien me hacen sus ánimos para empatar por lo menos ese partido del que hablaba Auberon Waugh. “Pero tú mismo lo dices, son amigos”. Objeción justa, de la que me enorgullezco, y a la que podría contestar con este poema tan chulo de Ezra Pound:
Yo junto estas palabras para cuatro personas.
Algunos más pueden oírlas.
Oh mundo, lo siento por ti,
tú no conoces a estas cuatro personas.
Pero prefiero, aunque nunca lo había hecho aquí hasta ahora, explicarme con un poema propio:
................ORGULLO

Lo confieso: mi vicio es la humildad.
Hace tiempo que siento que no sirvo
para cumplir mis sueños. Hace tiempo
que dejé de escucharme.

Si quise ser un caballero andante,
un amante feliz, un santo cotidiano
o un poeta mayor—si lo quise una vez—,
se me ha olvidado todo.

Hoy sólo me recuerdan aquéllos que me quieren,
me recuerdan o, al menos, me imaginan.
Reflejado en sus ojos, valgo el doble:
ellos son el orgullo que me queda.

domingo, 7 de junio de 2009

sábado, 6 de junio de 2009

Un conte de Noël

Ya sabemos de sobra que las buenas intenciones no salvan una obra de arte. (Tampoco las malas, ojo.) Y menos cuando las buenas intenciones han salido sin querer, si eso es posible, que sí. Pero aunque no sea una película magistral, no por eso tiene que dejar de interesarte.

viernes, 5 de junio de 2009

Apotegmas, apuestas

Las greguerías, hijas de su tiempo, son aforismos amorales, sentencias sinvergüenzas, niñas pijas.

*
El aforismo, ensayo del vago.

*
Humor negro: redundancia.

*
Amar: resumen infinito.

*
Vanidad, su nombre indica.
*
"Menos", máxima del aforista.
*
Sueño del aforista: entrar adentro. (El aforista ideal es el adentrista.)

*
Pero siempre sobra alg
o.

jueves, 4 de junio de 2009

¿Como García?

La literatura ya era para mí una fuente de felicidad antes de saber qué era la literatura. Para los indígenas de un pueblo de vacaciones, el final de agosto suele adquirir tintes dramáticos. En mi caso, adquiría tintas dramáticas, lo que era un cumplido consuelo. Si se volvían a Madrid o a Bilbao las veraneantas, empezaba la temporada epistolar, que a mí me gustaba casi tanto como la de playas. Oh los sellos, los sobres, la cuidada caligrafía, las dulces quejas, las sorpresas en el buzón, los anagramáticos remites, las animantes noticias de sus lentos aburrimientos ciudadanos, la nostalgia compartida, las tardes acortándose, el olor a lluvia, todo, todo como un poema de Fernando Fortún o una novela de Sánchez Mazas, a los que leería muchos años después, pero a los que vivía entonces...

En ésas, en los últimos días de agosto de uno de mis primeros veranos de adolescente, le pedí la dirección a una chica de nombre y apellido polacos, que iba, para colmo, a un internado inglés, en Hastings, creo recordar. Yo estaba teniendo muchas dificultades para escribir correctamente su apellido, y se lo dije, mientras le pedía que me lo deletrease. "Qué difícil, eh". "Pues en Polonia es muy conocido", repuso ella con una sonrisa sorprendida. "¿Sí, como aquí García...?" "No", contestó, "como aquí Borbón". "Ah", me sonrojé, vivamente impresionado; no en vano era un futuro lector de Sánchez Mazas y de Fernando Fortún.

miércoles, 3 de junio de 2009

Pájaros y maestros

En mi artículo, de los políticos no digo apenas ni pío.

Ni cuento que el verano pasado, para espantar a las cotorras, leía en el jardín con una escopeta de plomos en el regazo. La imagen sorprendía mucho al vecindario, que en agosto es la familia de una amiga de la adolescencia [de la que hablaré mañana]. Se traían cierta guasa que, unida a la de las cotorras [tengo mala puntería], estuvo a punto de desmoralizarme. Por una vez, y sin que sirva de precedente -espero-, Leonor no me apoyaba. Le daba pena la posibilidad de una urraca moribunda. ¡O sea, que creía en mi puntería, oh! Entre unas críticas y otras, estuve a punto de abandonar, hasta que José Mateos me informó de que José Antonio Muñoz Rojas lee en su casa con una escopeta de cartuchos [siempre ha habido clases] entre las piernas. Tira contra las tórtolas turcas, cuyo zureo le parece un mal presagio. [Y eso que quizá no sepa que dicen decaocto]. Es un ejemplo del efecto benéfico, de reafirmación, que tienen sobre nosotros los maestros. Yo, desde entonces, no dejé la escopeta.

Por otra parte, si a alguien le extraña un artículo tan ornitofóbico en un poeta lírico, siempre podré alegar otro argumento de autoridad: Jaime Gil de Biedma y sus pájaros cabrones.

martes, 2 de junio de 2009

El gran río

En La Argentina, preguntado de dónde era, el poeta sevillano Aquilino Duque contestó que del otro lado del gran río. Le entendieron que era uruguayo y Aquilino, entonces, tuvo que explicarse mejor. Venía de España, el gran río era el Atlántico y lo decía así porque nuestra península y su continente son las dos orillas del español, el puente que las une.

Yo no estoy tan viajado como Aquilino Duque, pero también corro mis aventuras. En plena alarma mundial por la gripe A, quedé en Madrid con el flamante accésit del premio Adonáis, Alfredo Félix-Díaz, recién llegado de México. Había leído ya Si resistimos, su poemario y, fortalecido por la admiración, estaba dispuesto a arrostrar el peligro. La entrevista discurrió fresca y cristalina y una corriente de simpatía se estableció entre nosotros. El gran río resultaba fácilmente vadeable.

Justo el tránsito entre las dos orillas es lo más destacado de su poesía. El joven mexicano ha leído a fondo a los españoles Luis Alberto de Cuenca y Julio Martínez Mesanza, sin dejar por ello de escribir unos versos muy de allá. Se ve en “1928” un poema magistral, épico, sobre la represión a los cristeros. Y en sus corridos se escucha nítidamente la influencia del Borges de Para las seis cuerdas (1965). Los ríos más grandes se achican y las fronteras se diluyen gracias al idioma común y a la cultura compartida. Da gusto; y, para colmo de dicha, yo de salud muy bien, gracias.

lunes, 1 de junio de 2009

Una postal de Mario Míguez


Madrid, Mayo 2009
Querido amigo Enrique:
Desconectado lector, dices en tu prólogo. Ese soy yo. Desconectado, porque no me interesa la literatura, y menos en sus nuevas formas. Separado, cortado como estas flores ¿ves? que están en el Jarrón necesario, con el agua que las mantiene siempre vivas de verdad, el agua viva que no obtendrían de la tierra. Y en penumbra.
Pero he disfrutado mucho con tu estupendo libro, y te doy las gracias por acordarte de mí.
Un abrazo,
Mario

viernes, 29 de mayo de 2009

El paraíso es hacer el paraíso

He recogido la frase en Los confines. Andrés Trapiello es muy trabajador y, por eso, sabe de sobra de lo que habla su personaje Clau: "Eso es lo extraño. Nadie diría que en un paraíso siempre está todo por hacer, y hacerlo no causa impaciencia ni inquietud. Al contrario, cada cosa que se hace es placentera; el paraíso es hacerlas. El infierno es lo opuesto, no tener nada que hacer". Se trata del trabajo gustoso de JRJ, pero más allá. Yo lo escojo, a partir de ahora, como lema hermosísimo de mis afanes: "El paraíso es hacer el paraíso". Y regalárselo a los demás. ("Las puertas de la felicidad abren hacia fuera", nos recordaba Kierkegaard.)

jueves, 28 de mayo de 2009

Un matiz

Por lo que me he leído, puedo afirmar que lo mejor que he escrito es que “lo peor de escribir es tener que leerse tanto”. Y, sin embargo, de vez en cuando, una excepción. Repasando la entrada de ayer, por si conseguía poner una coma o quitarla, a la duodécima lectura más o menos, caí en un tic expresivo mío significativo. Los peores temores se me materializan. Sin embargo, las ilusiones y los sueños se me hacen realidad. O sea, que el materialismo es temible y la realidad, al revés, un regalo. No es mucho, un matiz, pero así nos vamos conociendo.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Una carne

Los cócteles son una demostración palpable de que el matrimonio es una sola carne. Una pareja ha tenido que asistir a uno de ellos y una vez allí se da cuenta de que sus peores temores se han materializado: no conocen a nadie en la sala, o apenas de vista, que es bastante peor. Se esconden en una esquina de la fiesta, sonrojados, sin atreverse a molestar a los altivos camareros, buscando con ojos de pez la salida, pidiendo la hora, hablándose en voz baja. Aplastados por el peso de su soledad.

Sí, pero esa soledad les pasa porque son un matrimonio, una carne. Si uno llegase al cóctel, y se encontrase allí con una chica que le gusta mucho, y consiguiese acapararla toda la noche en una orilla apartada de la vida social, qué delicia, ¿verdad? En principio, eso es lo que tendría que experimentar uno con su mujer, pero no lo hace. Ya sabemos el motivo: el sacramento.

¿Y no podría olvidarse la pareja de sus anillos y recuperar el entusiasmo de las primeras etapas del noviazgo? La vida moderna deja muy poco tiempo para la conversación burbujeante y el flirteo frívolo, ¿por qué no aprovechar este cóctel? Pues porque el estado civil salta a la vista, y un matrimonio solo en un cóctel parece que sólo quiere remediar la cena. Lo mejor, por tanto, es saludar al anfitrión, y escabullirse en ayunas cuanto antes. Reírse juntos en el coche y, ya en casa, escribir un artículo. Éste.

martes, 26 de mayo de 2009

Qué mérito el maestro

Algo bastante indiscutible es el talento literario de Jesús, con independencia de que sólo le veamos escribiendo una vez y sobre la arena. ¿Será esa imagen --me pregunto-- el lejano origen del libro de arena de Borges? En cualquier caso, sus parábolas o microcuentos, la difícil sencillez, las paradojas, las ironías, las intertextualidades, el uso preciso de la ambigüedad, todo, nos habla de un genio único. Y para apurar hasta las heces también el destino del escritor, incluso a Él (el leño verde), le atizan una crítica literaria: a sus discípulos por lo visto no les gustaban ni un pelo las comparaciones. Ah. Vaya. Lo ejemplar es cómo lo encaja Jesús, con una sonrisa de guasa y una mirada melancólica, sin justificarse ni una coma, qué mérito.

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
- «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.»
Les contestó Jesús:
- ¿Ahora creéis?
Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo.

lunes, 25 de mayo de 2009

De Cádiz a Catay

Ayer estuve en China. Fue gracias a Ezra Pound y a su famoso libro de traducciones, Cathay (1915). El primer poema es la “Canción de los arqueros de Shu”, escrita por Bunno aproximadamente mil cien años antes de Cristo. “Here we are” cantaban entre la nieve los arqueros en la frontera, hechos polvo, tiritando, tristes, aterrorizados, sin parar un momento por culpa de los mongoles, sabiendo que la vuelta es imposible, que el ejército imperial, tan deshilachado, no puede permitirse los permisos. Han visto cruzar a su general en una carroza y han quedado desmoralizados por el aspecto de esos caballos que fueron de buena raza, que estuvieron bien entrenados. Si hasta los caballos del general se desmoronan… Ellos tienen hambre y sed, y recuerdan que su enemigo es rápido. Añoran la primavera que dejaron atrás cuando partieron, con mimosas dobladas bajo el peso de sus flores amarillas. Van terminando su canción: “Our mind is full of sorrow, who will know of our grief?” Me nombran en Catay, hace más de mil años. Con ojos entrecerrados me atisbaron entre la bruma: yo sé de su pena.

domingo, 24 de mayo de 2009

Si lo hubiera sabido, futbolista

Estábamos en un ambiente bucólico: almorzando en una casa de madera y de campo. Éramos un grupo bastante grande de amigos o, para ser exactos, tres grupos bastante estancos de amigos. En el mío la conversación se centraba, naturalmente, en los hijos, supongo que como en los otros dos. Una amiga se quejaba preocupada-preocupadísima de que a su hijo no le gustaba el fútbol, y eso era una tara, no quería que fuese un raro, tenía que integrarse... Yo, queriendo animar, conté que a mí tampoco me gustaba. La madre entonces abrió los ojos con pavor --un rictus de sufrimiento cruzó su cara como un relámpago--, y suspiró. Otra, le pasó la mano por la espalda, confortándola.

sábado, 23 de mayo de 2009

Pedro Vasallo

P.V. es un alumno de mi IES al que yo apenas conocía de vista como el acompañante de otra alumna de Bachillerato, a la que conozco mucho mejor, pero no por lo que estáis pensando, pillines, sino porque es miembro del Consejo Escolar, como un servidor. Vasallo, sin embargo, salió del semianonimato hace unos días, cuando ganó el premio de microcuentos del IES, y sus profesores se hacían lenguas de su talento. Yo, muy picado (en la curiosidad, no en el orgullo), le pedí que me mandara su microcuento. Había visto un corto suyo en youtube, y estaba bien, aunque uno hubiese preferido algo más tierno. Le di mi correo, que memorizó. Al llegar a casa tenía su mensaje. Abrí el documento, y el microcuento era… de ¡22 páginas!

Al día siguiente le pedí explicaciones; y la que me dio demuestra, efectivamente, su talento: como no estaba seguro de si el correo me llegaría o a otro, mandó un relato premiado y publicado y, por tanto, con los derechos de autor indiscutibles. Brillante, ¿verdad? A mí no se me habría ocurrido.

Ya sobre seguro, me mandó su microcuento, que tiene un punto Poe muy bien llevado, con el fondo y la forma fundidos a plomo. Me he divertido mucho con la leve ironía de esta frase: “pensaba en aquella mujer […] a la que los más benévolos se enorgullecían en llamar Virginia”. Y me quito el sombrero ante la potencia del final sombrío: “Y mi alma, de esa sombra que se extiende por el suelo, ¡no se alzará nunca más!

viernes, 22 de mayo de 2009

Medio ambiente

Pensaba usarlo como una alegoría tenebroso-ecologista, pero después de que JLGM resaltase mi salada claridad, mejor lo dejo, que ahora mi objetivo es merecerme retrospectivamente sus palabras. Así que contaré los hechos desnudos, sin extraer conclusiones ni trazar paralelismos.

Cuando nos mudamos a la casa nueva, había conejos. Unos conejos gris marengo que tomaban el sol (y el césped) de buena mañana y a los que veía por la ventana, con su pinta tierna de canguritos de bolsillo. Pero los conejos, como vallamos la parcela y con los perros y puede ser que por el cambio climático, se extinguieron. Yo colaboré, lo confieso, arreándole una muerte digna a uno que pilló Pukka. Los echaba de menos, y mucho más ayer, cuando moviendo la leña salió disparada una rata gordísima, del tamaño de un conejo, un conejo del lado oscuro.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Confesiones varias

Todo empezó una noche de insomnio. La preocupación capital del columnista católico tiene que ser evitar el fariseísmo o, en un grado menor, el oficialismo, podríamos decir. (La preocupación del columnista laico tiene que ser evitar el tono de sermón laicista y el dogmatismo relativista, dicho sea de paso y aunque no sea mi problema.) El poeta católico tiene un problema similar: hacerse perdonar el atrevimiento de hablar de y, sobre todo, con Dios. Lo percibe muy bien Enrique Barrero en el soneto XXIX de su Liturgia de la voz abandonada (Cajasur, 2009):
Perdóname, Señor. Voy a tu cita
cargado de oraciones. Cuando llueve
la lluvia a bendecirte no se atreve
ni se queja la flor que está marchita.

La nieve que en alud se precipita
no te nombra, Señor. Es sólo nieve.
Y la blanca gaviota --vuelo leve--
ni oración ni alabanza necesita.

No te invoca la mar cuando la ola
se agita entre las crestas de la espuma
ni te imploran jamás los lirios quietos.

Perdona Tú, Señor, si mi alma sola
por alcanzar la luz entre la bruma
se esfuerza en escribirte estos sonetos.
No me cabe duda de que el Señor se lo perdona a Enrique Barrero, y se lo agradece. Mi problema como articulista es qué hacen los lectores conmigo. Mi admirado colega Carlos Esteban leyó mi artículo de Alba y me aconsejó que escribiese, de vez en cuando, una columna muy frívola. Por supuesto, le he hecho caso, ¡como si a mí eso me costase nada, si me sale solo!

martes, 19 de mayo de 2009

Elogio de la exageración

Antonio Machado lo supo: “A las palabras de amor/ les sienta bien su poquito/ de exageración”. Yo estoy de acuerdo, y, todavía más, creo que una pizca de exageración también les sienta de maravilla a las palabras de crítica literaria. Ojo, no para adornarse (si el libro es bueno) o para cebarse (si el libro es malo), sino para ser más objetivos. A la exactitud por la exageración, sería el método.

Lo explico. Mientras examinamos un texto, procuramos usar un instrumental ponderado y aséptico. Por eso, una vez que un juicio se tiene claro, conviene sacudirlo un poco en un sentido o en otro, para soltar esa frialdad de analista que se nos puede haber quedado entre los dedos.

Además, sucede que el arte verdadero está vivo, y crece. Lo he comprobado con asombro: años después, el libro que reseñé se ha hecho mayor y más maduro que cuando fue sólo una novedad. Las críticas, sin embargo, no crecen y, si no les dimos unos centímetros de ventaja, se quedan cortas enseguida. Con los libros mediocres pasa lo contrario. Aunque nada más salir parecían algo más, luego, como no tienen vida, o se pudren o se momifican. Una crítica negativa tiene que prever que, si algo es malo, seguirá empeorando.

No creo que esta columna en La Gaceta de los Negocios la lean muchos críticos literarios, pero no importa. Para todos es esperanzador ver que lo bueno mejora, y cómo lo hermoso brilla cada vez más alto, ¿verdad?

lunes, 18 de mayo de 2009

Pensado durante la homilía de ayer...

Tras el furioso anticlericalismo de muchos intelectuales se esconde la envidia del púlpito y de los privilegios de la palabra sagrada y preceptiva, y la vanidad de pensar que uno lo haría bastante mejor... Como eso es natural, lo más sano es reconocerlo con su poco de ironía, como hizo Quintana, o como hizo Logan Pearsall Smith. Si uno se reconcentra, puede acabar como el cuñado de éste, Bertrand Russell o como tantos otros, pontificando con toda seriedad. Cuánto más sincera esta prosa de Smith:

....................EN EL PÚLPITO

El vicario tiene ciertos gustos literarios; en su juventud escribió una “Oda a la luna”; y acostumbra a hablarnos de las dificultades que encuentra al componer sus sermones, semana tras semana.

Ahora bien, siento que si yo compusiese y predicase sermones, de ningún modo me confinaría a los temas trillados del vicario. Yo hablaría de la ira de Dios, y haría sonar la Última Trompeta en los oídos de mi pecaminosa congregación, rasgando los cielos y paralizando la tierra con los truenos y eclipses y terremotos del gran Día del Juicio. Después, podría refrescarles con altas e incomprensibles doctrinas, fuera del alcance de la razón: la predestinación, la elección, la reprobación, las coexistencias y las coeternidades de la indemostrable Triada. Y con qué santa vehemencia exclamaría y gritaría contra todas las formas del error doctrinal, contra todas las execrables hipótesis de los enormes heresiarcas. Luego habría muchas, antiguas, ilustradas y extravagantes iniquidades que denunciar; y espléndidas, olvidadas virtudes que inculcar: la pobreza evangélica, y la virginidad, esa joya preciosa, esa delicada guirnalda, tan preciada en el Cielo, pero tan rara —dicen— en la tierra.

Entre la variedad de dogmas y normas morales, son los más altos picos los que brillan para mí con cierto esplendor. Hacia esos radiantes Alpes conduciría, si yo fuera vicario, a mi rebaño a pastar.

sábado, 16 de mayo de 2009

El ciprés

¿Conocen la anécdota de aquel caballero que cada año cruza la calle para preguntarle al vecino de qué color quiere que pinte su fachada? No sé si será cierta, pero está bien trovada. Es el vecino el que la va a contemplar cada día y es justo que él elija el color. Cuánta elegancia.

Lejos de mí usar tan hermosa historia como indirecta sobre el ciprés de mi vecino, y más teniendo en cuenta que él me podría sugerir, con más razón que un santo, una amputación de las cuerdas vocales de mis vivarachos perrillos. Pero el ciprés de mi vecino se seca y el que lo ve pudrirse soy yo. Teniendo en cuenta que un ciprés, por sí mismo, en todo su esplendor verdinegro, ya es el árbol de los muertos, y que Miguel Delibes comparó sus frutos con calaveritas pequeñas, imagínense la impresión que causa un ciprés redundando, esto es, muriéndose.

Un ciprés en condiciones apunta al cielo. Un ciprés agónico parece la muerte según un materialista: se empieza a pudrir por sus ansias de Más Allá. Esta primavera salgo al jardín, miro alrededor, veo el ciprés de mi vecino y me parece que estoy en noviembre. Para conjurar los malos espíritus y tratando de animar al ciprés, recito, por encima de la valla, a Machado: “Con las lluvias de abril y el sol de mayo/ algunas hojas verdes le han salido”. A ver si le da por emular al olmo, y yo puedo anotar en mi note-book la gracia de una rama verdecida.

viernes, 15 de mayo de 2009

Otra entrevista

Transcribo trozos de la entrevista que Patricia Bins realizó a Mario Quintana para la revista Leia de octubre de 1985.

PB—Qué diferencia hay entre el niño Mario y el poeta Quintana?
MQ—Ninguna.

PB— ¿Puede usted recordar su primer poema? Y el que escribió hoy, ¿cómo es?
MQ— No puedo recordarlo. Comencé a hacer versos en cuanto a aprendí a leer. Seguro que el poema no funcionaba. Aunque el poema de un niño poeta es siempre el mejor poema del mundo. No puede no serlo: es el primer y deslumbrado encuentro de un alma con la poesía. En cuanto al poema de hoy, prefiero no citarlo, porque existe el peligro de que haya sido un desencuentro…

PB— ¿Qué le irrita más de los otros? ¿Y de usted?
MQ— Las preguntas íntimas. Las respuestas evasivas.

PB— Le gustan las mujeres hermosas. Su primera musa, ¿quién fue? Y Bruna Lombardi [Desde 1976 siempre van juntos a las tardes de autógrafos], ¿de qué manera entró en el papel de sus amores?
MQ— Bruna es, ante todo, mi mascota. ¿Nuestros amores? Bruna no me ama, sólo me adora. Esto porque un desencuentro de los husos horarios abrió una diferencia de 48 años entre nosotros… ¡Una pena! Pero felizmente el Tiempo nos dio tiempo de encontrarnos aún en esta vida, de volvernos grandes amigos. No puedo quejarme… porque Bruna es una de esas personas que compensan la vida.

PB—El futuro, ¿cómo lo imagina?
MQ— El futuro es una especie de banco, en el cual vamos ingresando, uno tras otro, los cheques de nuestras esperanzas. Vaya, no es posible que todos los cheques sean sin fondos.

PB—Y su visión del otro mundo, ¿De Dios, dioses y de los ángeles? ¿Del Diablo?
MQ— Lo sabré cuando toque… Tengo hasta bastante curiosidad —pero ninguna prisa— de saber coómo será el otro mundo. Dios está en todas partes. ¿Por qué buscarlo en el ruido exterior? Si está en todas partes, está dentro de cada uno de nosotros y a cada uno le compete descubrirlo, darle la mayor parte posible en nuestra vida terrena. De lo contrario nuestro Dios interior puede hasta morir, como acontece con los ateos. los positivistas, todos los materialistas. Ellos no saben que son el sepulcro de Dios.
En verdad, no importa si la gente creo o no en Dios, sino si Dios cree en la gente. Por mi parte, sólo creo en la segunda Persona de la Santísima Trinidad, en el Dios vivo, pues tenemos testimonio histórico de que Jesucristo vivió entre nosotros.
En cuanto a los dioses paganos, murieron de hecho, porque los poetas dejaron de invocarlos.
De los ángeles no puedo dudar en absoluto, en vista de la insistencia con que aparecen en mis poemas.
¿Santo de mi devoción? San Jorge, con su caballo y su dragón. Soy muy devoto de los tres.

PB—¿Qué obras o que autores ama más?
MQ— Antonio Nobre, Cecília Meireles, Camôes, García Lorca, Apollinaire, Verlaine, Racine, Shakespeare, el Nuevo Testamento, Dostoieski.

PB— ¿Qué obra suya le dio más placer? ¿Y mayor angustia?
MQ— Todas.

PB— Considerado hechicero y mago, ¿qué siente ante el misterio de crear?
MQ— Deslumbramiento y susto. Digo susto porque, para decir verdad, nunca pasé de aprendiz de hechicero.

PB— Cierta vez, al recibir una invitación de Manuel Bandeira, respondió que sí, que iría, y añadió: “Su deseo es una orden, pero ni se imagina lo aburrido que soy en los intervalos de mis poemas”. ¿Es verdad, se halla usted aburrido cuando no está en estado de gracia?
MQ— Otros me encuentran aburrido cuando estoy en estado de gracia.

PB— En el “Quien es quién” está registrado que Marío Quintaan es un “patrimonio universal”. ¿Cómo encara la prueba concreta de su inmortalidad?
MQ— Yo siempre me consideré un ciudadano del mundo, pero ¡patrimonio universal? Eso es otro cantar. Se alguien se considera un patrimonio universal, será que está loco… o que es un genio. Yo, ninguna de las dos cosas. Pasa que estoy de moda, lo que me me asusta un poco, pues me desvivo preguntándome: “¿Hasta cuándo durará esta inmortalidadicilla?

jueves, 14 de mayo de 2009

Ubi sunt?

Luis Rosales hijo no me lo discutió, pero puso una leve cara de sorpresa cuando yo comenté que más que Leopoldo M. Panero me gustaba su hermano Juan Luis. Me hice el firme propósito de releer a ambos. [Parece que estas comparaciones consanguíneas [lo saben Manuel y Antonio] son tan automáticas e inevitables que hasta yo caigo en ellas, con lo que las sufrimos en carne propia Jaime y yo.]

Como recordaba, hay un momento a partir del cual Leopoldo María te vuelve loco, y ya no hay quien le siga. Sin embargo, no se va ahora de mi memoria un poema suyo en prosa que es otro maravilloso Ubi sunt? Si Piedad Bonnett escribía desde la perspectiva del profe, LMP lo hace desde la del antiguo alumno, y es desolador. Diría que es lo mejor de su obra, si eso no significase nada. Es más: un poema extraordinario, que bien puede compararse con cualquiera de su hermano o incluso de su padre.

...................AL OESTE DE GREENWICH

¿Qué se hizo de la Tabla de Bacon, de la Velocidad, de la Energía, qué se hizo? ¿De la ecuación tarde o temprano resuelta, del problema imaginario, de la circulación y de la sangre?... ¿Dónde, dónde el meridiano de Greenwich, el ecuador, los polos, dónde la Tierra de Fuego, las minas de carbón o de platino? Y la vida reducida a una combinación de carbono, de hidrógeno, de oxígeno…
Alguna vez creí en los glóbulos blancos.
Alguna vez creí en la gangrena y otras enfermedades localizables.
Alguna vez creí que Fleming nos había liberado.
Alguna vez creí que tras del experimento de Michelson y Morley todo había terminado.
Hoy…
“Es la hora profesor”, de pronto una voz ronca.
“Es la hora profesor”… Hace tanto tiempo que fue la hora.

Hoy… Cae torpe, vanamente, la nieve, cubre espacios desiertos, fina nieve de inútiles nombres y cifras.

Hoy… El Tiempo, el Espacio… Solos, sin ecuación posible.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Mi cuarto a espadas

Lo mío mejor es la emulación. Así que para ayer tenía pensado echar aquí mi cuarto a espadas, a lo Baltanás, con unas notas crítico-detectivescas sobre La señora Cornelia, la ejemplar novela de mosqueteros de Miguel de Cervantes. Pero el entuerto de Trinidad Jiménez, ministra malandrina y algo bruja, hizo que a toda prisa acudiese, espada en mano, en defensa de los desvalidos. Tenía previsto (y, ay, escrito) un artículo sobre el Papa y Tierra Santa, que se quedará ya en el limbo del archivo de mi ordenador hasta el día del valle de Josafat. En periodismo, cuántas veces lo urgente desplaza a lo importante. O mejor dicho, lo trágico a lo trascendente, porque importante es todo.

(Y así vamos, corriendo de un fuego a otro, acordándome de Marta de Betania, que no escogió la mejor parte, pero qué remedio. (Y a ver si María, la contemplativa, tiene un arranque fraternal y me inspira un poema, que eso sí que lo tengo, uf, desplazado.))

lunes, 11 de mayo de 2009

Ni pío pero Pío pía

Moa, menos mal, lo enlaza. En su blog, Baltanás, de su espléndido ensayo sobre La Tragedia de Calisto y Melibea, no había dicho ni pío, pillín.

Discrepo de Moa cuando critica que se llame novelesca a Melibea. En realidad es un punto clave de la argumentación de Baltanás, y por otro lado introduce de lleno al libro en la tradición que luego seguirá El Quijote de literatura contra la literatura. Pero se lo perdono a Moa, al que debo el placer de haber leído este ensayo. Si llega a ser por Baltanás nos quedamos in albis.

domingo, 10 de mayo de 2009

Art. autobiográfico

Y eso de que este año, que no podía, es el que más feriante me he sentido, es la pura verdad. Qué raro es uno.

sábado, 9 de mayo de 2009

Feria de mayo en El Puerto

La luna ha leído a Lorca
(como es lógico) y anoche
le dio por posar de rosa.

Pero cuando fui a cortarla
para prenderla del pelo
de Leonor, clamó indignada:

“Una rosa es una rosa
es una rosa, y yo soy
leída pero no tonta.

“Busca una buena gitana
y, señorito legítimo,
le compras por un buen pico
una rosa colorada…
Tú déjate de metáforas”.

viernes, 8 de mayo de 2009

Convaleciente

Lo natural es que duelan
los ojos... Son tan pequeños,
tan grande la primavera.

Cuando los tengo cerrados
no me duelen...
------------------ Sin embargo...

jueves, 7 de mayo de 2009

¿Y Dios qué piensa?

Qué hermoso alejandrino de Tomás Segovia, que vale por toda una poética y, si nos ponemos literales, para empezar una oración:

Sé que lo sabes todo pero ¿te he dicho ya

Últimamente, debe de ser la conciencia, todo me pone de rodillas. Porque qué me dicen de este otro alejandrino de Federico:
¡Qué tragedia tan honda!, ¿y Dios qué piensa?
Y eso es todo: interesarse por lo que Él piensa, decirle lo que ya sabe.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Bien de ojo

Me han echado un bien de ojo. La intervención, quitando los primeros momentos en que no me pusieron anestesia, ha sido un éxito. Al principio, el anestesista, en vez de hacer lo suyo, estuvo leyendo mi ficha con enorme atención y al ver que vivo en la calle Sorolla (y a mucha honra, por cierto), no se le ocurrió más que recordarme que tiene premio. Yo allí, con el aparato ese de la naranja mecánica para tener abierto el ojo, me partía de risa, vaya. Pensé: "El premio lo tengo yo contigo, macho". Pero no lo dije por el síndrome de Estocolmo que embarga siempre al que está en una camilla, con un babi y cercado por bisturís. Solamente pensé: "Y este señor tan saleroso, ¿cuándo me inyecta?". La doctora, ni corta ni perezosa, empezó con lo suyo, que es el corte, en plan El perro andaluz. La cosa, por lo visto, iba de película, pero yo tuve que elevar una tímida protesta. Y entonces el del premio, dejó de hablarme por fin de las gambas de Romerijo, y me sedó. Todo fue como la seda, a partir de entonces.

No es lo único que ha salido bien. La columnita de ayer en La Gaceta de los Negocios no salió. A veces les entra una inyección de publicidad, y se comen mi página. Yo me alegro por ellos y me jorobo por mí. En cambio, esta vez, a toro pasado, me he alegrado por ambos y mucho. Anoche un anónimo me puso un punto sobre la i la mar de bien puesto. La imagen del monstruo amoroso de ocho extremidades viene de Platón, como mínimo. ¿En qué estaría pensando cuando leí El banquete, que no me acordaba de eso? A los muy comilones, como yo, nos viene mejor el peripatetismo, que en la mesa nos distraemos. En cualquier caso, el dato echaba por tierra mi columna, porque, por un lado, la imagen de Tejada se tiñe de amor platónico (al menos en su guiño intertextual) y el pretendido homenaje implícito de Marzal es homenaje, sí, pero a Platón, y no a mi paisano Tejada. Qué suerte que no se haya publicado. Para la semana que viene mandaré otra columna. Uf.

Qué pena no haber hecho esto con la columna de hoy y no poderlo hacer con todas: publicarlas primero aquí, aprovechar vuestros comentarios para limpiar, fijar y dar esplendor y, finalmente, ir a la prensa con todo ya muy bien prensado. Para esto los blogs son una maravilla. Cuando el próximo me comente que sólo sirven para los bombos mutuos y la autoayuda a la autoestima, me autodescojonaré, con perdón.

Ah, al platónico anónimo de anoche, muchas gracias.

martes, 5 de mayo de 2009

El monstruo

Nota.- Como se puede leer en los comentarios, hice mi artículo sin recordar una referencia fundamental. Me borro y les dejo con los sabios comentarios.

Acción de gracias

Todo indica que volveremos a vernos con visión estereoscópica. Con el toro delante (y uf, qué córneas tan astifinas), me vinieron de maravilla vuestros ánimos y apoyos. Para entonarme ojeé Los héroes de Carlyle. Ahora, a toro pasado, me avergüenza un poco haberos alarmado de más, pero cuánto me acompañastéis. Gracias mil.

domingo, 3 de mayo de 2009

Última tarde con estereoscópica

Sé que la intervención quirúrgica no será para tanto (ni para tuerto), pero mi amor a los ritos me tiene aquí planeando la tarde muy cuidadosamente, por si es la última con visión estereoscópica. Iré, para empezar, al Prado, roca española, a rendir honores al Greco y a Velázquez. Luego al Reina Sofía, a la librería, claro. Como es sobrenatural, iré a misa y miraré con intensa emoción cuando alcen la Forma consagrada. Después, ya al borde del día, entraré en un cine: Ponyo y el acantilado es la película escogida. Cuando vuelva a casa (de mi suegra), ya por la noche, intentaré contemplar a Leonor a la luz de la luna. Y si Madrid no permite esos lujos agropecuarios, la contemplaré a la luz de las lunas de los escaparates, sonriente y azul, en su ambiente.

viernes, 1 de mayo de 2009

13

No os asustéis porque hoy hable de suicidio cuando ayer no más lo hacía de mis desgracias. Simple casualidad: me ha tocado el canto XIII del Inferno. De hecho, me he llevado, gracias a él, una alegría vivificante, dicho sea con todos los respetos. Como aquel país tan vasto, del que habló Aquilino Duque, en que las aves migratorias se convertían en autóctonas, mi admiración por la Divina Commedia apenas tiene límites. Pero alguno hay, como obra humana que, aunque parezca mentira, es. El límite que a mí me estrecha, o mejor dicho, me estrechaba es que en el infierno, por unas elementales exigencias de la estructura, Dante se vea obligado a poner a cada condenado en el compartimiento de un pecado. Se da la idea así de que cada persona se condenó por uno, el suyo. Esto, que sirve, indudablemente, para meditar sobre la gravedad de cada acto, y que le sirve a Dante para ir dispensando su piedad y su compasión por la ciudad doliente, es, en realidad, abusivo. Un abismo invoca a un abismo y, para irse al infierno, hay que tener el pack completo, como pasa, uf, con las virtudes y el Paraíso. Sin embargo, he vislumbrado que Dante se dio cuenta del problema. Por encima de la necesaria arquitectura de su obra, nos lo avisa con un guiño. A ver si lo veis tan claro como yo. Sabiendo lo que le interesaba al poeta la simbología de los números no nos puede pasar desapercibido que el canto XIII sea el dedicado a los suicidas. El 13, como se sabe, es el número de Judas, recordando el número que hizo en la Santa Cena. Por eso trae mala suerte que haya 13 comensales. Según Dante, Judas está en lo más hondo del Infierno, con los traidores, dando incluso nombre a su lugar; y, sin embargo, su sombra se balancea entre los suicidas. No se le nombra, pero ahí está, siniestra. ¿Sólo el número 13? No. Sobre todo, que el epítome del suicidio sea el ahorcamiento de un árbol. Dato que es mucho más significativo si caemos en la cuenta de que el suicida que lleva la voz cantante es Pier Della Vigna, que se mató dándose un tremendo cabezazo contra un muro; y el otro suicida que habla algo, Rocco dei Mozzi, se ahorcó, sí, pero en una viga de su casa. El asunto no es muy alegre, no, pero el genio del florentino no deja nunca de deslumbrarme.